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Tenía sólo 17 años y pertenecía a las FARC, cuando fue obligado a ejecutar a ocho amigos

Nicolás fue reclutado por la guerrilla colombiana cuando tenía 12 años, y en abril de 2015 se convirtió en un desertor. Su historia, la cual acepta narrar a VICE News, refleja las profundas heridas que ha dejado medio siglo de conflicto armado.

por Joe Parkin Daniels
19 Mayo 2016, 1:10pm

Imagen por Rodrigo Abd/AP Images

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Cuando Nicolás tenía 17 años fue obligado a matar a ocho de sus amigos. "Fue muy duro matarlos, obviamente", dice bajando la mirada mientras la voz se le corta, "pero una orden es una orden. Ni siquiera pude pensarlo".

Desde que tenía 12 años Nicolás formó parte del grupo guerrillero más grande de Colombia: las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia). Algunos de sus compañeros condenados a muerte tenían apenas 14 años y sus crímenes se reducían a tratar de escapar o quedarse dormidos durante una guardia. Quemar el arroz era una ofensa digna de ejecución en la selva. Si Nicolás se hubiese negado a llevar a cabo las ejecuciones hubiera sido asesinado.

Nicolás es ahora capaz de contar su historia ya que en abril de 2015, decidió dejar las fuerzas por su propia cuenta.

'Fue muy duro matarlos... pero una orden es una orden'.

El exguerrillero, que no ha podido estar tranquilo desde entonces, mencionó haber recibido amenazas, además de tener que mantener su pasado como rebelde en secreto. Después de haberse comunicado a través de intermediarios durante meses, Nicolás se mostraba cauteloso, siempre escaneando la habitación para ver quién lo escuchaba. Vestido con jeans y una camiseta, lucía fresco, pero vulnerable, por eso insistió en que usáramos un nombre falso para contar su historia.

Las FARC, el grupo formado en 1964, es protagonista del enfrentamiento armado que Colombia ha sufrido durante medio siglo, y que ha dejado más de 220.000 muertos, la mayoría civiles, desplazando de sus hogares a cerca de seis millones de personas. Otros grupos rebeldes y, sobre todo grupos paramilitares trabajando para el Estado, han contribuido a las matanzas. Al final, las atrocidades han venido de todos los frentes.

El posible tratado de paz entre el gobierno y las FARC será un momento decisivo para Colombia, ya que son muchos lo que han pagado el costo de esta larga guerra, entre ellos niños que han luchado en el conflicto.

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A principios de este año la Unidad de Atención y Reparación a Víctimas del Conflicto Armado documentó 8.942 casos de niños reclutados por grupos armados desde 1985, en tanto que una fuente de la inteligencia militar colombiana informó que rebeldes, como las FARC, encuentran reclutas fácilmente en las comunidades que están habituadas a las "bombas y balas".

Nicolás fue reclutado antes de ser un adolescente. Vivía con su familia en Putumayo, una zona rural rica en recursos naturales, ubicada en la selva sur que limita con Ecuador, y durante mucho tiempo fue una fortaleza rebelde.

"Reclutan utilizando todo tipo de métodos", asegura Nicolás nerviosamente, "están en todos lados, mandan gente a las escuelas".

Fue el novio de su hermana mayor, insurgente en las FARC, quien se encargó de su reclutamiento. Para Nicolás, así como para muchos otros, las carencias en su vida hicieron más fácil su adhesión a los rebeldes. Él simplemente se fue, sin decir adiós. Sólo su hermana sabía hacia dónde iba.

"Quería una nueva familia, lejos de mi padre y su esposa", dice Nicolás. "Me gustaban la camaradería y los amigos que hice".

Reclutar jóvenes menores de 15 años para "participar en actividades hostiles" es un crimen de guerra, de acuerdo a la Corte Penal Internacional, en tanto que las Naciones Unidas establece una edad mínima de 18 años para poder participar en cualquier conflicto armado.

'Reclutan utilizando todo tipo de métodos... mandan gente a las escuelas'.

Cifras proporcionadas por el Instituto Colombiano de Bienestar Familiar indican que alrededor de 6.000 niños han salido de grupos armados durante los últimos 17 años, de cuales un 60% se encontraba alistado en las filas de las FARC.

Como parte de las continuas conversaciones de paz, el pasado domingo 15 de mayo las FARC lanzaron conjuntamente con el Gobierno un comunicado asegurando la liberación de todos los menores de 15 años. El anuncio también prometía una ruta para la liberación, así como un programa especial para atenderlos.

Al comunicado se suma la promesa del Gobierno para tratar a los jóvenes liberados como "víctimas" del conflicto, quienes no enfrentarán ningún cargo por los crímenes que hubieran podido cometer. Además se informó que los rebeldes de 16 y 17 años serán exonerados del cargo de "rebelión", aunque no podrán evitar los juicios posteriores al conflicto por crímenes más serios, como violación y asesinato.

Anteriormente, durante el proceso de paz, las FARC habían prometido parar el reclutamiento de menores, aunque esta es la primera vez que se ha logrado un acuerdo bilateral sobre liberar a aquellos que ya están en los campos.

'Aprendes combate, Marx y comunismo'

Nicolás se unió al frente 32 de las FARC, establecido en la espesa selva sur colombiana. El frente es responsable de llevar a cabo ataques en la infraestructura minera, en parte para llamar la atención de las autoridades, aunque también para poder pedir cuotas económicas a cambio de protección, conocidas como "vacunas".

"Vi cómo pasaba. Maletines llenos de dinero en efectivo, todo en pesos colombianos, entregado de manos de un chico de la compañía a las de uno de nuestros superiores", dice Nicolás recorriendo la habitación con los ojos. "Si el contrato era por 10 millones de pesos, la vacuna debía ser de 4 millones".

Pero no todo eran las petroleras. Las FARC también inculcaban las ideas revolucionarias clásicas de la izquierda, que sustentan casi todos los movimientos guerrilleros en América Latina desde los años sesenta.

"Una vez que entras, todo lo que aprendes, además del combate, es Marx y comunismo", dijo Nicolás. "Todos creen en eso".

Después de estar con los rebeldes por un año como miliciano, o tropa de apoyo, fue promovido a guerrillero, miembros experimentados del movimiento, lo que incluye entrenamiento en explosivos y comunicaciones. Desde entonces, dijo, el ascenso fue rápido.

'Vi cómo pasaba. Maletines llenos de dinero en efectivo, todo en pesos colombianos'.

A los 15, Nicolás dijo ya haber sido líder de tropa, a cargo de 16 personas. Con 16 años era la cabeza de su unidad, compuesta por 30 personas. Ya para los 17 se convirtió en representante de su compañía, responsable de 64 combatientes. Durante ese tiempo también fue parte del cuerpo de seguridad del comandante del frente. Testigos han comentado que el mando de las FARC promueve rápidamente a los jóvenes reclutas en un intento de hacerlos sentir elementos importantes de la organización.

Nicolás dijo que su deserción a los 18 años se vio beneficiada por el conocimiento adquirido sobre toda la zona que ocupaba la guerrilla en la selva. Después de haber esperado una noche lluviosa que pudiera apagar el sonido de sus pasos, huyó junto con sus compañeros, con quienes no ha tenido más contacto desde aquella vez. Contó cómo antes tuvo que liberar a uno de ellos, quien se encontraba atado a un árbol por haber intentado desertar anteriormente.

"Dejé de creer en todo eso", dijo visiblemente turbado, mientras recordaba su decisión de irse. "Pasé todo ese tiempo viviendo algo en lo que ya no creía".

Ese mismo año, Nicolás se aseguró de que ninguno de sus vecinos descubriera su secreto; y cuenta que ha recibido amenazas de muerte de las FARC, aunque no han podido rastrearlo.

"Tal vez se estén llevando a cabo conversaciones de paz, pero para ellos, cualquiera que deserte sigue siendo un sapo", término con el que designan a un traidor.

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Mirando atrás, Nicolás subrayó la disciplina que debían seguir como rebeldes. A pesar de la camaradería y la retórica de la justicia social e igualdad, el comandante al frente nunca fue un "hermano", sino siempre un "jefe".

"No es fácil estar en la guerrilla. No puedes bailar, no puedes jugar, y tampoco puedes hablar con tu familia... Ahí se fue mi juventud", dice Nicolás, de ahora 19 años, respecto a los seis que pasó como rebelde.

Nicolás también habló acerca de lo requisitos para obtener permiso de los superiores antes de iniciar una relación romántica.

Cerca de un tercio de los miembros de las FARC son mujeres. El embarazo está prohibido y, añadió Nicolás, los anticonceptivos no son algo que los rebeldes entiendan debido a la falta de educación. También confirmó algunos reportes de que las combatientes embarazadas eran forzadas a abortar, incluso cuando el tiempo de gestación estaba avanzado, hecho que las FARC ha negado siempre.

"Si tienen hijos, no querrán quedarse", dijo el exguerrillero. "Así que las hacen abortar para que sigan ahí. Lo hacen a los seis u ocho meses de embarazo".

'Dejé de creer en todo eso'.

Nicolás también habló de la presión ejercida sobre los combatientes para tomar una postura estoica todo el tiempo. "Llorar está prohibido... demuestra que no eres fiel a lo que estás haciendo". Explicó que cuando se sentía perturbado por algo trataba de no pensar en ello, para evitar llorar.

De acuerdo a un reporte emitido por la doctora colombiana Natalia Springer, la prohibición de llorar tiene un particular impacto en el compás emocional de los menores combatientes, ya que les impide percibir el daño causado por la violencia de la que son partícipes.

Mientras los acuerdos de paz comienzan a hacer ruido ya que el pacto no está garantizado para 2016, las FARC han intentado separase de las acusaciones de abuso que hay en su contra. En diciembre los líderes rebeldes se disculparon por la masacre que tuvo lugar en el departamento oeste de Chocó en 2002, reconociendo por primera vez su responsabilidad por la muerte de civiles.

El acuerdo en el que se estipula que los soldados menores serán liberados de las filas rebeldes fue descrito en el comunicado emitido el domingo como un "voto de confianza". Aunque lo que se acuerda en las negociaciones no siempre se aplica en la selva.

Nicolás dijo que el grupo estaba reclutando menores aún, desde 14 o 15 años, cuando dejó el grupo el pasado abril, tres meses después de que las FARC había anunciado que dejarían de incorporar menores de 16 años.

Los grupos defensores de los derechos humanos también han notado que el reclutamiento de menores continua.

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Fuentes de la inteligencia militar creen que dicho reclutamiento podría estar motivado por un deseo de aumentar las filas rebeldes antes de su conversión en partido político. Cualquiera que sea la razón, Nicolás aseguró que es siempre peligroso enseñar a un niño a usar armas, que podrían negarse a dejarlas una vez firmada la paz.

"Los chicos en el campo aman las armas. Muchos de ellos no las soltarán. Es por eso que se unieron", dijo Nicolás.

Tales declaraciones alimentan el temor de que varios rebeldes desmovilizados puedan unirse a otros grupos armados o bandas criminales.

Olga Acevedo, quien trabaja en la ONG War Child Colombia para proteger a los menores víctimas del conflicto, dijo que la reintegración a la sociedad de jóvenes excombatientes puede ser particularmente difícil dada la falta de oportunidades.

"Si no tienen acceso a la educación, estarán siempre tentados a unirse a un grupo armado", declaró Acevedo.

Nicolás no dio indicios de querer regresar a las armas, pero su historia sugiere que su propia reintegración se ha visto obstaculizada por el hecho de que la gente desconfía de los rebeldes. De igual manera parece confirmar las advertencias de muchos pacifistas de que los rebeldes tampoco confían en los ciudadanos.

"Estas personas han pasado casi toda su vida en el miedo", dijo Liduine Zumpolle, director de Manos por la Paz, "no saben cómo confiar en la gente".

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