Ilustración por Mariana Cubillas

Mirá como nos ponemos

Con la denuncia pública de Thelma Fardín a Juan Darthes, el colectivo Actrices Argentinas resignificó una de las máximas machistas más recurrentes

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14 Diciembre 2018, 4:45pm

Ilustración por Mariana Cubillas

Artículo publicado por VICE Argentina

Calu Rivero tuvo que irse a Estados Unidos a ser DJ después de haber vivido un calvario con Juan Darthes, Carla Conte desapareció del medio después de negarse a que le recortaran la pollera en cámara, una mujer armó un blog para reunir denuncias contra los miembros de la banda de música Onda Vaga. Sandra Borghi denunció por acoso al periodista Victor Hugo Morales. En el 2013, Bertolluchi confesó en una entrevista que no se arrepiente de haber grabado una violación real, de haber acordado esa tarde con Marlon Brando, que usaría mantequilla como lubricante para violar a María Schneider —y así grabar una escena que luego quedó en la película El último tango en París— que no sintió culpa porque “quería humillación en vivo, libertad para crear”.

“Mirá como me ponés” dice un violador cuando se justifica, “mirá como me ponés" dice un golpeador antes del zarpazo, “mirá como nos ponemos” dijeron las actrices argentinas arriba de un escenario el martes 11 de diciembre en la ciudad de Buenos Aires.

Esa tarde, el colectivo de Actrices Argentinas hizo una denuncia pública y convocó a una conferencia de prensa. Thelma Fardín denunció a Juan Darthes por violación cuando ella era menor de edad en el medio de una gira por Nicaragua. En ese momento estaban grabando una telenovela llamada Patito Feo que la veía medio mundo en el 2009. Un caos psicológico para una adolescente lejos de su familia que convivía entre hoteles y estadios repletos de fanáticos. “Thelma confesó” dicen los medios, Thelma no confesó nada, porque no hizo nada malo. Thelma habló de algo que tuvo atragantado durante nueve años. Por el contrario Juan Darthes, que en ese momento tenía 45 años la tocó, la violó físicamente, mentalmente y hasta violó su confianza.

Thelma tuvo que volver a Nicaragua para hacer la denuncia porque la justicia Argentina se lo exigió, le exigió que vuelva al lugar dónde la violaron, le dijeron que en este país no se puede hacer nada. Entonces Thelma tuvo que viajar y llegar de nuevo a Nicaragua, un país en el que la hijastra del presidente Daniel Ortega acusó al mandatario de haber abusado sexualmente de ella desde los 11 años. Pero no pasó nada. Un juez lo desmintió.

Vemos a mujeres que se sacan los guantes y se bajan del ring. Una mujer dándose por vencida antes de empezar a pelear. Así son muchas historias, porque animarse a poner en palabras y que no se quiebre la voz es imposible, nadie se salva del llanto, ni siquiera las que escuchamos los testimonios. “Mirá como nos ponemos” no es solo a Darthes, es también a los medios, a la gente que no creyó y no cree en las denuncias anteriores, a productores y directores de la tv que dan protagonismo a actores con causas abiertas.

“Por suerte es de día. Falta mucho para la noche” piensa Belén sentada en el sofá de la casa de su tío, que abusaba de ella recurrentemente cuando se iba a dormir. Por qué volvías cada verano de Belén López Peiró. Una polifonía que relata un abuso que padeció entre los 13 y los 16 años de parte de su tío en el pueblo de su infancia. Hablan todos, habla ella, su madre, el marido de su madre, el hermano, el primer novio, la prima, la tía, el abogado, el fiscal, los vecinos, todos y todos preocupados de cómo este hecho puede afectar a un abusador, al pueblo, a su trabajo, a la familia.

Un sonido que se describe por sí solo en muchas voces y en un contexto. Callar a una mujer es callar a todas. Es desconfiar de sus palabras y poner sobre la mesa una pizca de duda y de cuestionamientos innecesarios. Escribe Belén, “Llamarlas víctimas es volver a garcharlas otra vez. Y otra vez. Es convencerlas de que les cagaron la vida, de que su historia empieza y termina ahí, con el tipo adentro. Les hacen creer que son a partir de él, que su identidad se construye a partir de la violación, que sus derechos fueron vulnerados y que ya nadie les va a garantizar que no se las vuelvan a coger. Las convencen de resguardarse puertas adentro, de cerrar las piernas, de que son responsables y que por eso merecen su propio castigo. Sí. Porque primero son víctimas de él y después de ellas mismas: una vez que él acabó adentro, ya están listas para acabar con la mierda que les quedó, con su vida. Sí, como escuchaste. Así que subte la pollera y preparate, que el próximo paso es desangrar. Pero por dentro”.

Ahora todas las personas cuestionan, opinan, preguntan, debaten. Algunas tenemos suerte y nos escuchan, a muchas no les creen si pasaron años, a otras les preguntan por detalles de horarios, días y noches que apenas rememoran en la nube de sus recuerdos. Porque no solo son víctimas, también responsables. Porque cómo te vestís, cómo hablas, cómo sos, cómo vivís. Somos las que buscamos, las que tocamos puertas y nos bajamos la pollera a gritos. Somos responsables de nuestra propia violación.

Poner bajo la lupa a un hombre sale caro, es cuestionar su hombría, su integridad, su orgullo, su machismo. Y después la culpa. Un tipo internado porque le causaste un infarto con una denuncia, una tía por cómplice, un productor por ausente, un padre por distraído, una pediatra por no notar, un abogado por pelotudo. Y nada es suficiente. Y rogás por dentro “que el tipo no se muera, que salga del hospital, que pagué por lo que hizo”.

“Hasta cuando les ponen un nombre te cogen. Llamarlos a ellos abusadores es hacerles un favor. Es reducir su locura, su perversión, a una minúscula muestra de negligencia. Es ponerles una etiqueta presentable a psicópatas que no solo se cogen a pibas por la fuerza o las desvirgan con sus dedos hasta sangrar, sino que también las golpean y les dan masa hasta volverlas polvo” concluye Belén.

Esto no se terminó, esto recién empieza. Ahora queda contar tu historia, una que no termina esa mañana, en esa tarde o esa noche. Nunca te había escuchado furiosa, es necesario.

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