Así es Alan Rusbridger

El hombre que ha dirigido ‘The Guardian’ durante 17 años y quien está dispuesto a revelar algunos datos incómodos del gobierno británico.

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28 Agosto 2013, 3:00pm


Ilustración por Victoria Sin.

Alan Rusbridger es conocido por muchos como un hombre solemne a quien le gusta definir a la clase trabajadora y dirigir The Guardian. Pero esta semana se convirtió en "la historia". Después de que el primer ministro británico David Cameron supuestamente diera el visto bueno al arresto de David Miranda, Rusbridger reveló que éste había supervisado la destrucción de los archivos relacionados con exclusivas sobre la invasión a la privacidad del estado de Snowden-NSA bajo las órdenes del gobierno.

Con sus acciones actuales lo suficientemente altas para pelear con Cameron a dos frentes, tal vez sea hora de observar a profundidad al hombre que ha dirigido su periódico por 17 años. ¿Cómo es la personalidad de Alan? ¿Disfruta de largas caminatas en el campo, restaurantes románticos, socializar con amigos y echarse en el sofá con un DVD, como el resto de nosotros? ¿O es alguna clase de loco a quien no le gusta nada de eso? ¿Y exactamente qué va a hacer para mejorar la calidad de sus recientes entregas de la columna Pass Notes?

Aquí hay una guía fácil para conocer Alan Rusbridger.

Nombre: Alan Charles Rusbridger
Fecha de nacimiento: 29 de diciembre, 1953
Cargo: Editor de The Guardian, editor en Washington de London Daily News, autor de libros para niños, escritor para series de televisión, defensor de la transparencia del estado, amante de la libre información.
Logros notables: Pionero de ser un editor de periódico "famoso" que no es odiado por todos.

NACIÓ EN RODESIA DEL NORTE.

Hey, ¡alguien tenía que hacerlo!

SIEMPRE HA ESTADO PRESENTE

El ciclo de vida de los dos editores anteriores de The Guardian fue de 20 años cada uno. Eso significa que Rusbridger es apenas el tercer hombre en el puesto desde que terminó el periodo de Anthony Eden como primer ministro en 1957. Sus 17 años pueden parecer mucho para ti o para mí, pero los editores de The Guardian son dinosaurios del periodismo. Quien sea que venga después probablemente definirá el paisaje post impreso hacia los 2030. O, igual de probable, será inmortalizado como el último editor de The Guardian de la historia.

ALGUNA VEZ FUE UN JOVEN CLIVE JAMES

Hoy en día nadie piensa en Rusbridger como un escritor, y ciertamente no como una estrella en ascenso que alguna vez figuraba como el sucesor de Clive James y Julian Barnes. Pero eso es lo que era. La columna de televisión de The Observer, que James convirtió en una institución nacional fue entregada a su compañero Julian, quien a su vez pasó el cargo de pensar ocurrencias sobre las blusas de Esther Rantzen a Rusbridger. Pero Al no fue tan exitoso como sus sucesores y se cambió después de que le ofrecieran un trabajo como reportero en Washington DC.

TIENE ÉXITO POR ENGAÑAR AL ZEN

Para parafrasear un poco; Rusbridger ha sido descrito como “El buda de las conferencias de prensa”. Cuando le ofreces historias a él, no pestañea, es neutral, un obelisco de piedra mirándote de vuelta. No es un hombre que golpea la mesa con su puño y exige chichis a cualquier precio, como lo haría un Kevin Mckenzie o un Larry Lamb. Su estilo es no dejar escapar nada.

Cuando John Major se pasó por el gabinete de Thatcher, observadores señalaron la manera en la que, por ser tan educado y cortés, dos personas con puntos de vista contrarios habrían podido tener una conversación con él, y ambos acabarían creyendo que él estaba de acuerdo con ellos. La vibra de Rusbridger es similar. Al conversar, es famoso por sus largas pausas. Se las arregla para crear un consenso en general, pero secretamente te apuñala en las pelotas cuando es necesario. Tiene un lado despiadado.

TIENE UNA CEJA QUE ESTÁ EN EL MEDIO

Alguna vez, The Guardian vivía al máximo su antigua reputación de un paraíso de arrogancia: educando y elevando a sus cifras demográficas de gente come-sandalias y viste-granola con artículos pesados de cosas pesadas que pasaban en Biafra o en la bolsa. Frecuentemente mencionado como un peso ligero, Rusbridger era la tendencia militante de los tradicionalistas. Tenía un sentimiento por lo popular, y no tenía miedo de seguirlo. Fue el primero en hacer "periodismo de consumidor" en The Guardian, ¿a dónde debería ir de vacaciones? ¿Qué debería usar una vez que estaba de vacaciones? ¿Qué aseguradora debería contratar para proteger lo que estoy usando mientras vacaciono? La clase de cosas que parecen común hoy en día, ¿pero en el contexto de lo que eran los periódicos entonces? Bueno, no hace falta decirlo, no faltaron los que lo odiaron.

ES EL PRIMER EDITOR DE THE GUARDIAN ABIERTAMENTE POST-POLÍTICO

Como Polly Toynbee, Diane Abbott, y demasiados nombres para mencionarlos, Rusbridger mandó al carajo sus credenciales de izquierda al mandar a sus hijos a una escuela privada, posiblemente tras confundir las palabras "socialista" y "socialité". Aunque tuvo una mejor excusa que la mayoría, al decir que nunca le ha importado un carajo la política.

Richard Gott, un ex editor de los suplementos de The Guardian, recuerda al joven Alan como políticamente desinteresado. "Fue a Nueva Zelanda cuando estaba bajo el sufrimiento de Rogernomics [políticas que Reagan introdujo por Robert Douglas, un ministro de finanzas laborales]. Llamó y me dijo que había una marcha del orgullo gay. Ese era su nivel de interés en las cosas".

Pero de nuevo, él era un hombre producto de su tiempo. Al rededor del tiempo en que Rusbridger se hizo editor, en 1995, la vieja derecha-izquierdosa ya se estaba derritiendo en una suave lámpara de lava de la Tercera Vía de Blair-Clinton. Rusbridger, con su cabeza perfectamente ovoide, sin rastro de dogma, se posicionó bien en una filosofía que la historia estaba creando: izquierda, derecha, mientras todos se hicieran ricos, ¿qué importaba? Entonces, su ideología fue que las cosas de diseño deberían se más redondas, y que todos deberíamos comer vegetales con nombres italianos. Y fue la ideología perfecta. Estos días su ideología es que deberíamos poder buscar recetas para vegetales italianos sin tener al gobierno espiándonos. De nuevo, es la ideología perfecta para nuestro tiempo y como tal se está convirtiendo en el héroe internacional de los liberales anti gobierno de internet.

NO ES ALGUIEN QUE SERÁ OLVIDADO POR LA HISTORIA

Después de que el Independent on Saturday empezara a hacer un suplemento, él estaba encargado de hacer una versión de respuesta para The Guardian. Esto lo llevó a juntar el equipo que lanzó G2. Él inventó Pass Notes (o al menos lo tomó de un periódico muerto) y fue el quién decidió que The Guardian debería tener su rediseño "Berliner" en el 2004. Estaba tan comprometido con esta idea que gastó hasta cien millones de libras al comprar dos nuevas imprentas para hacerlo. Una de esas, sin embargo, no ha sido usada, porque ahora todos leen The Guardian online. Y eso está bien, porque como un hombre que estuvo ahí desde que internet se escribía en mayúsculas, A-Ruzzer entendió que era algo grande. Sorprendentemente, esto lo separó de muchos de sus contemporáneos.

ES UN LIBERAL HIJO DE PUTA CON PEDOS

La relación de Rusbridger con su propio dinero es asombrosa. Es un tipo que, con 395,010 libras al año, fue pagado menos que Paul Dacre, de Daily Mail (400 mil libras) pero aún así más que la persona promedio quienes, por ejemplo, no se pueden permitir despilfarrar 25 mil libras en un piano. No hay nada de malo con eso. Es justo, hermano. Como sea. Has ganado eso solamente por inventar Pass Notes.

Excepto que Rusbridger parece conducido por la neurosis sobre su dinero. En un punto condujo un Volvo Estate. También tenía un G-Wizz, uno se esos pequeños carros ecológicos indios que van a 50 kilómetros por hora funcionando sólo con electricidad y praná. Ocasionalmente se nos ha permitido ser testigos de lo cómico que resulta la disonancia cognitiva cuando trata de explicar todo eso, como en esta macabramente incómoda entrevista de GQ, que es una buena muestra de las famosas pausas de Rusbridger. Cuando eres el segundo mejor de Piers Morgan, probablemente sea la hora de repensar tu estrategia.

ES UN ÑOÑO

A diferencia de Paul Dacre, quien probablemente tiene a un sirviente con guantes blancos que le lee Twitter mientras cena huevos de gaviota, Rusbridger es un miembro pagado de la carrera tecnófila, quienes son nuestros señores supremos planetarios. Él se mensajea a su iPhone para ponerle Google a su Google y meterlo a Google. Y le gusta.

Esto es en parte el porqué The Guardian ha pateado las pelotas de sus rivales informativos en términos de ser una lectura de web. Fue una de las personas encargadas de fundar lo que fue The Guardian Unlimited en 1995, cuando todo lo que había en internet era el Hampster Dance.

Él vio el potencial. Discutió por fundarlo y lo convirtió en algo a lo que te gustaría ir.  La ventaja de ser el primero fue amplia y The Guardian ahora atrae en la región algo así como 80 millones de usuarios únicos al mes, lo que los hace la novena fuente de noticias en el mundo. En 2012 el Mail Online dio un salto para convertirse en la primera fuente de noticias en el mundo, pero en general The Guardian aún hace más dinero en lo digital, con más o menos 45 millones de libras.

RAZÓN POR LA QUE EL INTERNET ES LO MEJOR #178: RESULTA QUE LOS PERIODICOS SON CAROS DE OPERAR

Cada semana The Guardiangasta en King's Place, y el periódico pierde un millón de libras. Así es. Para contextualizar: imagina una bonita casa en Londres en un vecindario decente siendo tragado cada semana. Después de un año una cuadra entera de Kentish Town ha desaparecido. Después de otro, ya no habrá la mitad de Newington Green.

ÉL HACE PIA-PIA-PIANO

El astuto hombre escribió un gran libro. Es una de esas memorias de "auto-búsqueda" que son muy fashion. La escuela de publicación de tipo "Historia De Un Hombre Ordinario Que Trata De Superar La Muerte De Su Padre Escalando El Kilimanjaro Con Un Refrigerador Y Cómo Aprendió Que En Realidad Todas Sus Batallas Eran Con El Hombre Interior". Se refiere a sus intentos de aprender una pieza de piano realmente difícil en una tarde en su vida. Básicamente es un episodio extendido de Fakin It con chistes literarios y un poco de historia sobre lo que es ser un editor del siglo 21, tomando café con Julian Assange, telefoneándote con el hijo de Gadafi y holgazaneando en albercas de la Toscana.

En él, Alan recuenta cómo dejó de tocar el piano cuando era adolescente y lo retomó más tarde en su vida. Naturalmente hay una carrera del camino-no-elegido de la mediana edad en él. Quién sabe, tal vez si Alan no se hubiera unido a la Cambridge Evening News cuando dejó la universidad, sería el nuevo Listz en este momento, desgarrando de arriba a abajo las salas de conciertos de Europa, una chica diferente cada noche, destrozando bares del caliente Romanticismo blanco como el Yngwie Malmstein del mundo clásico. Para él es difícil reconciliarse con sus sueños frustrados de su vida como el Solemne Alan, Tienda de Muebles. Pero lo ha logrado. Al escribir un libro sobre eso. Solo llámalo el Nick Hornby del piano. (No lo hagas).

DEJÓ DE SER EL MEJOR PARA SER ÉL MISMO

Alan apareció como el editor de The Guardian en una película de Bourne, pero Peter Capaldi fue escogido sobre él para la película de Wikileaks, The Fifth Estate. Lo que debe de ser devastador.

ES UN MALOTE

Iain Duncan Smith alguna vez advirtió: no subestimen la determinación de un hombre callado. Y aunque IDS estaba salvajemente equivocado sobre sí mismo, si hubiera estado hablando de Alan —un hombre que se describe a sí mismo como "el tío solitario de Harry Potter"— habría estado en lo correcto. Digo, el hombre tiene la cabellera de News of the World colgando en su oficina. Y esa no fue la primera batalla que Rusbridger peleó y ganó.

Comenzó su carrera mandando a un ministro del gabinete —Jonathan Aitken— a la cárcel por perjurio después de que su calumnioso caso contra el periódico colapsara. Continuó arrestando al Neil Hamilton por aceptar sobres cafés y picando a las ballenas azules corporativas como Trasfigura y BAE Systems. Estos años no se va tanto tras ballenas como por pequeñas galaxias, como la NSA. Como un hombre que, como reportero primerizo, una vez sacó una historia de la cabeza de su propia orquesta. Al se ha probado a sí mismo ser ambos, determinado y sin sentimientos en su búsqueda de una buena historia. Incluso si eso significa, como se anunció esta semana, tomar unos grandes imanes y un martillo y golpear hasta el final una MacBook para "destruir" los datos de la NSA y prevenir que sean dados de vuelta al gobierno británico.

Para un hombre tan modesto, que tiene algo no solo por encarar a aquellos con el poder, pero también por hacerlo con un sentido teatral. Consigue tener la parte noticiosa, pero no deja de agregarle un travieso sentido de evento. La destrucción fue sólo traída a la luz esta semana pero el evento en sí se remonta al 20 de julio. Rusbridger había archivado, mantenido su polvo seco, esperaba el momento óptimo para lanzar una fresca revelación al coctel. En cara a esa clase de feroz autocontrol, Cameron, May, GCHQ y todos los demás deben continuar justificadamente nerviosos.