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COLOMBIA

Los niños de estas escuelas de Colombia estudian entre las balas del ejército, la policía y la guerrilla

A la precaria situación de los colegios en San José de Apartadó, se agrega el peligro que corren los niños a quienes no se les garantiza el derecho a la vida. Los enfrentamientos entre grupos armados son parte de su vida y la firma de la paz una...

por Alejandra Machado
18 Julio 2016, 12:50pm

Escuela rural de la vereda La Hoz. Imagen por Alejandra Machado/Pacifista.

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Este artículo fue publicado originalmente en ¡Pacifista!, la plataforma de contenidos para la generación de paz de VICE Colombia.

– ¿Vamos?

– Ajá, vamos.

Vamos pa' que nos den plomo en el colegio. Eran dos jóvenes. Ninguno tenía más de 16 años. Bromeaban mientras pedían algo en una tienda del centro de San José de Apartadó, una comunidad del departamento de Antioquia, ubicada a 14 horas de Bogotá, Colombia. El colegio del que hablaban es el Centro Educativo Rural El Mariano, la principal institución educativa de la zona. Un lugar que desde la década de 1970 se han disputado guerrillas, paramilitares y Fuerza Pública.

El plantel educativo, construido en 2014, es un complemento de bachillerato y colegio técnico para la vieja escuela que lleva el mismo nombre. Ambas están funcionando y quedan en medio de la base del ejército y del comando de la policía de esa población.

'La escuela no garantiza el derecho a la vida para los estudiantes'

El 22 de julio de 2015, el Consejo Estudiantil por la Paz de la institución decidió entrar en paro. Buscaba que la base del Ejército no estuviera en el mismo predio del colegio. "Que se corrieran unos 500 metros, una distancia que garantizara la seguridad y la vida de los estudiantes. Salimos a marchar en Apartadó. Ellos –el ejército– dijeron que se iban a ir, pero lo que hicieron fue encerrarse, escarbaron e hicieron una trinchera. Se taparon con una muralla de tierra, pero no se fueron. Es que si usted mira, no hay más de 50 metros entre el colegio y la base", explica Ruber García, líder juvenil y celador de El Mariano.

Estudiar entre dos instalaciones que son objetivo peligroso en un territorio que ha vivido el conflicto armado durante más de treinta años ha obligado a los estudiantes de San José de Apartadó a esconderse en varias ocasiones de ataques y hostigamientos. "La escuela no garantiza el derecho a la vida para los estudiantes. Estamos en medio de montañas, a un lado, el ejército, al otro, la policía y, en los otros extremos, los demás actores armados. Entonces, cuando había enfrentamientos tocaba parar las clases. Cuando todo terminaba, los profesores mandaban para la casa a los estudiantes, porque ¿quién se va a quedar en este hueco en medio de las balas?", dice García.

Algunos combatientes de las FARC se niegan a dejar las armas. Leer más aquí.

En los últimos meses, las acciones ofensivas entre el Ejército y las FARC se han reducido. Este año, los estudiantes de El Mariano han podido recibir sus clases con normalidad. Sin embargo, la escuela ubicada en la vereda de La Hoz no ha contado con la misma suerte. El pasado 21 de marzo, quedó en la mitad de un enfrentamiento entre el la guerrilla de las FARC y Los Urabeños — autodenominados Autodefensas Gaitanistas y llamados Clan del Golfo por el Gobierno —. Por suerte, los estudiantes estaban en vacaciones de Semana Santa.

Argemiro Velásquez, vecino de la escuela, cuenta que el enfrentamiento se dio después de la una de la tarde. "Mis trabajadores estaban recogiendo frijol al otro lado del río, y yo me había ido a meterle candela a un rastrojo. Cuando los trabajadores venían se encontraron con los paramilitares que iban entrando aquí al potrero. Tenían un brazalete que decía "Frente Juan de Dios Úsuga", botas llaneras y fusil AK. Estaban hablando con los trabajadores, preguntándoles que si por acá había guerrilla, ellos les estaban diciendo que no, que por acá no habían visto nada, pero ellos dicen que no, y comienza el tiroteo. La guerrilla empezó a disparar desde la escuela".

'¿Quién se va a quedar en este hueco en medio de las balas?'

Los guerrilleros se ubicaron a tres metros de la escuela, una mata de tagua y unas piedras les sirvieron de trinchera. Los Urabeños, que estaban subiendo a la propiedad de Argemiro, respondieron al ataque. La casa de los Velásquez y la escuela quedaron en medio del fuego cruzado. Ambas fueron impactadas.

La escuela de La Hoz, como muchos otros centros educativos veredales en San José, fue construida por la Junta de Acción Comunal. Está hecha de tablas y zinc, el piso es de tierra y no tiene servicios públicos. Estas escuelas, casi en su totalidad, cuentan con un solo profesor y con un restaurante escolar. Las provisiones deben ser recogidas en el colegio principal, a más o menos seis horas por un camino de tierra y piedras.

Las huellas de la presencia guerrillera en la escuela de Mulatos Medio. Imagen por Alejandra Machado/Pacifista.

En Mulatos Medio, otra vereda de la zona, con una fuerte presencia de las FARC, las condiciones no son mejores. Allí, la escuela son los seis troncos de madera que sostienen un techo de palma que deja entrar el agua cada vez que llueve. En cuatro de esos seis troncos están pegados, sobre los dibujos hechos por los niños, varios adhesivos que dicen: "FARC-EP. Bloque Comandante Efraín Guzmán. Quinto Frente. Hemos jurado vencer y venceremos".

Adiela Álvarez, líder de la comunidad, cuenta que la escuela "en la época de la violencia, y a pesar de los combates, siguió funcionando. Las ganas de estudiar nos impulsaron a seguir. Paraba si había enfrentamientos, el profesor mandaba los niños para la casa y, cuando todo se calmaba, seguíamos las clases. Aquí estudié yo y aquí estudian mis hijos. Así nos tocó estudiar. Pero cuando llueve les toca arrinconarse a todos mientras escampa para irse a sus casas, los que tienen que cruzar el río dejan los cuadernos por ahí en un huequito, rogando que no se les pierdan, para no mojarlos".

'La escuela no garantiza el derecho a la vida para los estudiantes'.

Aunque la escuela de Mulatos Medio queda en el centro de la vereda, una estudiante como Daniela*, que tiene 12 años, debe salir de su casa las 7 de la mañana, pasar un camino selvático, atravesar el río y algunos potreros para llegar a clases a las 9 de la mañana. La jornada termina a las 3:00 de martes a jueves. Los viernes es sólo hasta el medio día porque el profesor tiene que desplazarse hasta Apartadó.

Pedro*, que tiene seis años, también hace un recorrido de más o menos 40 minutos para llegar a sus clases. "Cuando el río está crecido — dice su madre —, me toca llevarlo, porque me da miedo que se me ahogue, pero el resto, él se va solo". Manuela* tiene la misma edad de Pedro. Alguien le pregunta qué pasa cuando llueve en medio de las clases. Ella sonríe y encoge los hombros. "Nos mojamos", responde.

La metodología de la escuela de Mulatos Medio es la de Escuela Nueva, la misma que utilizan en La Hoz y en muchas otras escuelas veredales en todo el país. Entonces, Daniela, Pedro, Manuela y otros veinte niños de distintas edades y en distintos grados, reciben clases en el mismo espacio y al mismo tiempo. Sin embargo, para Mario Velásquez, coordinador del programa de Educación para la Paz y el Posconflicto de la Gobernación de Antioquia, "eso no es un problema. Se ha manejado con unas cartillas que se les dan a los docentes y que les permiten desarrollar las clases correctamente con esa metodología", dice el funcionario.

La Alcaldía de Apartadó asegura que tiene prevista una inversión de mil millones de pesos en las escuelas del corregimiento. Imagen por Alejandra Machado/Pacifista.

A pesar de las precarias condiciones en que se encuentran más de la mitad de las 31 escuelas de San José de Apartadó, la Cátedra de la Paz se tiene que impartir. Bien sea en un colegio como El Mariano, bien acondicionado aunque en medio de dos instalaciones militares, o sobre el pantano y bajo un trecho de palma, como en la escuela de Mulatos Medio. "Sin decir que esto no se pueda solucionar, de hecho hay que solucionarlo, hay que dictar la cátedra y paralelo a eso trabajar en la infraestructura", afirma Velásquez.

Y es que, de acuerdo con las autoridades, una de las razones para que persistan las dificultades de infraestructura es que muchos de los predios donde están ubicadas las escuelas veredales en San José de Apartadó no son propiedad de la administración municipal. Estos terrenos fueron cedidos por habitantes que los ofrecieron para que sus hijos tuvieran un lugar donde recibir sus clases. Hasta el momento solo hay doce predios legalizados por el municipio y esto ha impedido que las administraciones hagan las inversiones necesarias.

"Hay unas adecuaciones que las tiene que hacer el municipio y otras que las puede hacer la Gobernación. También hay que mirar cómo está la situación legal de esas escuelas, porque por ley el Estado no puede invertir en infraestructura educativa cuando el predio de la escuela no pertenece a la administración municipal", explica Velásquez.

Tenía sólo 17 años y pertenecía a las FARC, cuando fue obligado a ejecutar a ocho amigos. Leer más aquí.

Para el funcionario, la situación no es tan complicada, solo hace falta voluntad política para legalizar los predios. Pero eso — la voluntad — es lo que ha faltado, según los líderes campesinos de San José.

"Eso es un negocio de yo con yo. ¿Por qué no legalizan? Porque la serranía del Abibe tiene títulos mineros, entonces si le dan escrituras a la escuela, tienen que legalizar los predios de los campesinos también. Entonces por eso no lo hacen, no les interesa. Eso es una forma de victimizar el pueblo, negándole el derecho a la educación. Algunas escuelas no tienen energía y jamás han tenido conectividad. Los niños no saben qué es Google", afirma el líder campesino Felipe Otagrí.

Por su parte, el secretario de Educación de Apartadó, Clarildo Mena, reconoce que en ese municipio las inversiones más urgentes en infraestructura educativa son las de San José. Por esta razón, afirma que la administración separó un presupuesto de 1.000 millones [unos 330.000 dólares]. "Lo que se está haciendo es legalizando predios, porque no se puede invertir sin hacer eso. No sabría decir una fecha exacta para comenzar, porque apenas estamos iniciando el Plan de Desarrollo. Pero se piensa dar inicio este año", asegura Mena.

Mientras esas inversiones siguen pendientes, a juicio de los líderes, tampoco se han adoptado medidas para garantizar la seguridad de los estudiantes.

Mario Velásquez responde que lo que ocurre en las escuelas de San José se repite en otras regiones de Antioquia. Cuenta que en Ituango, por ejemplo, "tenemos escuelas en medio de campos minados, y los niños tienen un protocolo; salen de la escuela y siguen siempre el mismo camino, se colocan unas banderas donde está el campo minado para que sepan por dónde deben pasar. Nuestros niños siguen siendo vulnerables en muchísimas partes del departamento".

'Los niños no saben qué es Google'.

Siguen siendo vulnerables a pesar de que para los campesinos de zonas como San José, la paz es un hecho. Lo dicen sin pasar por alto que viven en un corredor de guerra que el Estado parece haber olvidado. A pesar de que los caminos son trochas que ellos mismos abrieron a machete, de que en muchas veredas no hay acueducto ni energía y mucho menos conectividad. A pesar de que la mayoría de sus escuelas siguen en medio de la violencia y se caen a pedazos.

Allí, en una de esas veredas, un grupo de campesinos se reunió el pasado 23 de junio entre la oscuridad que siempre los acompaña en las noches. Sintonizaron Radio Nacional, con una señal que llegaba apenas por momentos, para escuchar las noticias sobre el acuerdo de cese al fuego firmado por el Gobierno y las FARC. Uno de ellos no logró disimular las lágrimas: "Ahora sí vamos a vivir bueno los campesinos. Bueno, si esos acuerdos se cumplen así tal cual como están", dijo. Siguieron escuchando las voces que salían del radio. Comentaron entre ellos que eso que se firmaba en Cuba, tan lejos de San José, podría ser el primer paso para que el Estado pague la deuda histórica que tiene con el campo.

*Los nombres de los niños han sido cambiados.

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