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Este grupo de autodefensa está haciendo frente a los terroristas más sanguinarios del planeta

VICE News se reúne en Nigeria con el comandante del Grupo de Trabajo Civil Conjunto, un grupo voluntario de autodefensa comunitaria formado por civiles que ha sido decisivo en la batalla contra la violencia extrema del terrorismo yihadista de Boko...

por Sally Hayden
02 Mayo 2016, 7:50am

Imagen por Sally Hayden/VICE News

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El comandante del grupo de autodefensa comunitaria desliza sus dedos por las fotografías de su celular. Las imágenes ilustran la actividad de un grupo de WhatsApp al que han bautizado como "Sector 3". En la pantalla se ven los cadáveres de varias jóvenes. Sus cuerpos yacen sin vida boca arriba sobre un suelo arenoso. Tienen toda la ropa hecha jirones. Cuando te aproximas a la imagen distingues los cinturones explosivos que llevaban anudados a sus cinturas.

"Esta madrugada, a las cinco, han llegado cuatro terroristas suicidas al pueblo de Jimini", cuenta Abba Aji Kalli con la boca llena de orgullo. "Dos [de las mujeres] se han inmolado y otras dos han sido ejecutadas. Así que no ha habido ninguna baja entre los nuestros. Solo han muerto ellas, las terroristas suicidadas".

"Venían del bosque de Sambisa. Siempre vienen para atentar contra la gente del pueblo", continúa Kalli. "No hay nada más allá, así que siempre vamos con cuidado con quiénes sean que caminan en esta dirección. Nuestros voluntarios las advirtieron. Les pidieron que se detuvieran. Y entonces las bombas estallaron".

Kalli tiene 51 años y es ya un veterano comandante del Grupo de Trabajo Civil Conjunto (CJTF) un grupo de autodefensa paramilitar que ya cuenta con más de 26.000 voluntarios en sus filas. La organización fue fundada en 2013 en el noroeste de Nigeria con la intención exclusiva de derrotar a Boko Haram — la organización yihadista que ocupa el primer puesto del dudoso escalafón que encumbra a las bandas terroristas más sanguinarias del planeta.

Se sabe que los terroristas de Boko Haram han sido los responsables del secuestro de miles de mujeres y niños. Y que han asesinado a cientos de miles de nigerianos. Sus salvajes embestidas a lo largo de los últimos siete años explican el aumento de personas desplazadas en Nigeria desde 2009: son ya casi dos millones

Abba Aji Kalli, comandante estratégico del grupo de autodefensa civil JTF (Todas las imágenes por Sally Hayden)

El CJTF — que trabaja conjuntamente con el ejército nigeriano — reúne al grupo más grande de vecinos implicados en la cruzada de terminar con los siete años de insurgencia de los yihadistas. Muchos han perdido sus hogares y a sus familiares por culpa de la guerra terrorista.

Hablamos con ellos desde el interior de un automóvil en Maiduguri, la ciudad donde nació Boko Haram y la capital del estado de Borno, uno de los tres estados del noreste de Nigeria más castigados por el conflicto. Alrededor de 10 voluntarios del CJTF soportan los más de 43 grados centígrados de temperatura para dirigir un puesto de control en la entrada del campamento de desplazados (IDP en sus siglas inglesas). Su presencia resulta reparadora. En enero de este año 86 personas fueron asesinadas en un campamento cercano después de que dos terroristas suicidas consiguieran deslizarse hasta el interior del mismo y detonar sus cinturones explosivos.

Maiduguri — una ciudad de un millón de vecinos que cuenta con más de un millón de desplazados — se ha convertido en algo parecido a un cruce caminos para todos aquellos que luchan contra Boko Haram. Allí, miembros del ejército nigeriano, de la policía y de los cuerpos de defensa civil siguen activos, mientras que los consejeros de Estados Unidos y de Gran Bretaña y los marines han salido por patas de la oleada de violencia.

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El CJTF fue formado en junio de 2013 como respuesta a dos amenazas: la destrucción causada por la insurgencia de Boko Haram, y los asesinatos masivos y las violaciones de Derechos Humanos orquestados por el ejército nigeriano durante su errática persecución de la amenaza yihadista.

Entonces, en 2013, varios grupos de jóvenes empezaron a recorrer las calles de la ciudad con un variopinto arsenal de armas, como machetes, arcos, flechas, porras y puñales. Los jóvenes irrumpieron en las residencias de conocidos y sospechosos miembros de Boko Haram "asaltándoles hasta la muerte o entregándoles al ejército", según relató la ONG International Crisis Group en un informe publicado en 2014.

El grupo de autodefensa creció deprisa y empezó a organizarse con la ayuda del ejército, que dividió a sus miembros por unidades destacadas en distintas zonas de la región.

El grupo de autodefensa sería decisivo para desterrar a Boko Haram de Maiduguri en 2013 — algo que el ejército había intentado varias veces y en lo que había fracasado otras tantas —. Y sería igualmente instrumental a la hora de poner freno a los asesinatos y los atentados en la ciudad. Claro que, tal y como también se ha denunciado, los justicieros incurrieron igualmente en varios episodios de violación de Derechos Humanos.

Hoy los 26.000 miembros de la organización se reparten toda clase de ocupaciones: desde supervisar los puestos de control y proteger la entrada a las aldeas más rurales, hasta la ayuda en las operaciones que se siguen llevando a cabo en el territorio controlado por Boko Haram.

Y se han convertido, además, en los ojos y en los oídos del ejército, en una de sus fuentes más fehacientes de información sobre la inteligencia del grupo terrorista. El éxito del CJTF se explica por sus excelentes conocimientos sobre el terreno, siempre de primera mano, cuenta Kalli. "El ejército es casi un desconocido en la ciudad", comenta. "Nosotros conocemos bien el terreno, así que les suministramos información estratégica muy importante. A veces hasta les acompañamos al frente para mostrarles donde están los terroristas. Tenemos fuentes en todos los lugares que te puedas imaginar".

Según explica, hoy, tres años después de la formación del CJTF, el ejército ya no mata a civiles. "Ahora que tenemos al CJTF les podemos decir lo que tienen que hacer, y les mostramos quiénes son, realmente, los miembros de Boko Haram. Incluso a estas alturas, si dan con algún combatiente yihadista se lo llevan a la cárcel. Les interrogan y los envían a los tribunales".

Claro que el CJTF también ha sido acusado de cometer varias atrocidades. En 2014 Amnistía Internacional descubrió las imágenes de un vídeo en que se ve cómo algunos miembros del grupo y de soldados se dedican a rebanar pescuezos de yihadistas, antes de arrojarles al interior de una fosa común. Las imágenes son una prueba más de, hasta qué punto, todos los bandos enfrentados en el conflicto nigeriano han cometido los crímenes más abominables "impunemente", concluía el informe.

Violaciones, secuestros y terroristas suicidas: la guerra de Boko Haram contra las mujeres. Leer más aquí.

Pese a todo, los vecinos de Maiduguri, la capital del estado de Borno y el feudo original de Boko Haram, comparten la misma opinión.

"Esto era un infierno", relata una vecina a VICE News. "Vivíamos bajo toques de queda de 24 horas. Y luego llegaban otros de 12 horas más. Los militares maltrataban a la gente. Mataron a muchos de nosotros".

La vecina — que ha preferido ocultar su nombre — asegura que la presencia del CJTF ha hecho la vida mucho más fácil a todo los vecinos. "Antes todo el mundo era sospechoso. La gente pensaba: 'seguro que sabes algo y no vamos a dejar de presionarte hasta que confieses'".

Cuenta que había combatientes yihadistas por todas partes: ella misma iba al instituto con un chico que terminó afiliándose a Boko Haram. "Era muy testarudo. Y terminó abandonando sus estudios", recuerda. Por aquel entonces, los guerrilleros Boko Haram cobraban hasta 753 dólares por matar a alguien por encargo. "Imagínate lo que es esa cantidad de dinero para alguien que jamás ha tenido siquiera 100 dólares".

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"Cualquier grupo de vigilantes del noreste ha sido algún vez referido al CJTF", cuenta a VICE News Faisal Wando, un ex funcionario de programas que trabajaba para el departamento del gobierno nigeriano encargado de combatir la violencia extrema. Wando habla desde un hotel en Abuja, la capital de Nigeria. Buena prueba de cuán caótica es la respuesta contra Boko Haram en el noreste del país es la confusión sobre quién pertenece realmente a qué organización: se sospecha que algunos ladrones y asesinos habituales habrían sido etiquetados como miembros de Boko Haram cada vez que incurren en delitos.

Lo mismo sucede con los grupos de vecinos y con muchos de los miembros de los grupos de autodefensa locales, a quienes se habría acusado de ayudar al ejército nigeriano, y a quienes luego habrían sido señalados como miembros del CJTF.

Según el recuento de Kalli actualmente existen 26.000 miembros de Boko Haram — de los cuales 200 serían mujeres. Y hoy en día, cualquiera puede acercarse a un puesto de control y decir que quiere unirse a la causa, cuenta Kalli. Por mucho que, antes de ser admitidos, todos los futuros combatientes tienen que pasar por una evaluación. Los motivos para aplicar varían, pero muchos de los solicitantes son víctimas, ya sea gente que ha sido directamente afectada por la violencia de Boko Haram, o que pertenecen a las fuerzas militares que se suponía que debían de protegerles.

Una mujer se sumó a la causa después de que su marido fuese asesinado por un terrorista suicida; otro que se alistó era el hijo de una pareja asesinada. Algunos voluntarios tienen otros trabajos, aunque loa mayoría están en el paro. Eso sí: todo el mundo tiene que estar disponible las 24 horas del día: cuando te unes a la lucha te pueden llamar en cualquier momento y tienes que acudir.

El grupo funciona bajo una estructura de comando militar. Tiene presidente, vicepresidente, secretario, y coordinadores de estado. A día de hoy, cada ayuntamiento del estado de Borno tiene su propio comandante, mientras que la ciudad de Maiduguri está dividida en 10 sectores, cada uno de los cuales cuenta con su respectivo líder.

Kalli me asegura que todos los miembros de las CJTF son mayores de 18 años. Claro que basta con darse con una vuelta por Maiduguri para comprobar que no es así. Se ve a chicos delgados que no pueden tener más de 16 años sosteniendo detectores de metales para escanear a los visitantes del campamento de Sandayarimi para los desplazados. Varios vecinos del estado de Borno relatan a VICE News que conocen personalmente a miembros de las fuerzas de autodefensa que no tienen más de 14 años.

'Empezamos con sables y con palos'.

De regreso en la capital nigeriana de Abuja, Heriju Gadazama, activista de la ONG local "La educación debe continuar" asegura que su organización ha ayudado últimamente a reubicar a una joven de 17 años que se había sumado a una fuerza de autodefensa en el estado de Borno. El día que la conoció la joven "iba armada con un rifle y estaba junto a su padre", explica. Gadazama recuerda que cuando le preguntó por qué estaba combatiendo ella sonrió y le dijo: "prefiero morir luchando antes que ser secuestrada por Boko Haram".

Miembros civiles de CJTF posan a la salida de la entrada de un campamento de desplazados en Maiduguri, en el noreste de Nigeria.

Alrededor de 1850 miembros de CJTF han sido entrenados militarmente gracias a la existencia de un programa del gobierno conocido como Programa para el Fortalecimiento de la Juventud de Borno. Aquellos que han sido entrenados cobran 75 dólares al mes, un salario que paga el gobierno, y les es dispensado un uniforme azul, por mucho que los miembros entrenados o no de las CJTF cumplan con idéntica función. Los políticos han elogiado a los miembros de las CJTF por su "entrega y compromiso" para conseguir la paz. Pese a todo, el programa está salpicado por la controversia: un antiguo funcionario del gobierno cuenta a VICE News que ha oído rumores de que los comandantes del CJTF están malversando parte del presupuesto destinado a reclutar a nuevos miembros en coches y en agasajar a sus múltiples esposas.

Todos los miembros, entrenados o no, están armados — con rifles que han sido conseguidos de manera igualmente errática y azarosa.

"Empezamos con sables y con palos", cuenta Kalli a VICE News. "Más adelante descubrimos que el enemigo disponía de armas más sofisticadas, así que empezamos a aprovisionarnos de las armas de combatientes caídos. Al principio nos fabricamos nuestras propias armas y luego los militares nos dieron otras. De otro modo no nos podríamos haber batido en el frente".

'Boko Haram es una secta desprovista de religión alguna, ya sea cristiana o musulmana'.

Kalli explica que desea que VICE News deje bien claro que Boko Haram no es una organización religiosa. "Boko Haram es una secta desprovista de religión alguna, ya sea cristiana o musulmana — que te enseña a matar y a cómo obligar a la gente a que te siga. De tal forma que son una organización sectaria".

"Es un culto", continúa el comandante. "Les comen la cabeza. Les embaucan".

"Si te fijas, en Boko Haram nadie tiene un objetivo", cuenta Kalli. "Si me preguntas a mí, yo creo que el régimen anterior dirigido por Goodluck Jonathan — el dictador nigeriano que fue derrocado en abril de 2015 — financiaba a Boko Haram, porque era un régimen que no protegía a los nigerianos. No hicieron nada para combatirles, porque si lo hubieran hecho, si hubiesen hecho caso de la información que nosotros les dimos, a día de hoy Boko Haram ya sería historia".

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Ha pasado ya más de un año desde la largamente esperada ofensiva dirigida por el ejército nigeriano contra Boko Haram. La operación ha provocado que los yihadistas hayan perdido el control de 17 de las 19 áreas gubernamentales que ocupaban previamente. Y desde entonces las condiciones de vida en Maiduguri no han parado de mejorar. Pese a todo, la situación de seguridad que se vive fuera de la ciudad es difícil de contrastar.

¿Cómo distinguir lo que es un rumor, de lo que nos cuentan para engañarnos y cuál es la verdad?, se pregunta una trabajador nigeriano de la ONG. La noche antes de que VICE News se reuniera con Kalli dos personas fueron calcinadas en una furgoneta descubierta en una de las carretera principales que hay a la salida de la ciudad.

Igualmente, pese a que la situación ha mejorado, los secuestros y los asesinatos se siguen produciendo. A principios de abril 12 mujeres fueron secuestradas cuando se dirigían a recoger agua — los vigilantes que las acompañaban huyeron despavoridos ante la presencia de los combatientes yihadistas de Boko Haram. Igualmente, un atentado perpetrado a finales de enero en la aldea de Dalori dejó un sald ode 86 personas asesinadas. Sus cuerpos calcinados fueron descubiertos a posteriori.

De alguna manera, la capital del estado va retomando poco a poco la normalidad, a pesar de que, cada noche, a los nueve, se decreta el toque de queda para todos los vecinos. Todavía, a día de hoy, las matrículas de los vehículos del estado de Borno son de una ironía demoledora, casi agresiva, en todas ellas se puede leer la inscripción: "el hogar de la paz".

Las calles están surcadas por hileras de lilas indias. El asfalto está cubierto de pedazos de plástico quemado. Los niños, muchos de los cuales son desplazados internos, escarban entre los pedazos de basura en busca de algo que rescatar. Decenas de niñas vestidas con chilabas turquesa salen en tropel de una de las pocas escuelas que siguen abiertas. Algunos metros más allá de la miseria, se levantan algunos muros rematados por alambradas que protegen las pequeñas mansiones y las urbanizaciones en las que viven los más ricos.

Así quedaron las calles de Madiuguri, en el estado de Borno, después de las primeras lluvias torrenciales de 2016

Los vendedores callejeros despliegan sus limones, sus sandías, sus patatas gallo irlandesas — aquí consideradas un manjar. Para la mayoría de ellos el precio del combustible ha subido mucho más allá de su alcance.

En la zona fronteriza de la ciudad cada día es día de mercado. Los puestos de comida y las furgonetas se acumulan y los sonidos de las bocinas orquestan la banda sonora del lugar, donde, de vez en cuando, también se escuchan las ocasionales discusiones entre conductores, taxistas, ciclistas y peatones.

Los puestos militares de control también son habituales, y hombres vestidos con uniformes verdes y gafas de sol se asoman a las ventanillas de los automóviles. A menudo se muestran contrarios a una simple sonrisa o un asentimiento amistoso, aunque por lo general te dejan pasar bastante deprisa.

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'Los combatientes de Boko Haram no podrán reparar nunca el daño que han hecho'.

El regreso a la normalidad en Madaguri y las destacadas victorias militares contra Boko Haram significan que ahora el CJTF se enfrenta a nuevos desafíos — como aceptar la operación militar del ejército nigeriano, que ha sido bautizada como "Operation Safe Corridor". Se trata de un programa que se ha propuesto reinsertar socialmente a los ex combatientes yihadistas de Boko Haram. A principios de abril, el portavoz del programa, el general Rabe Abubakar declaró a la BBC que los guerrilleros de Boko Haram que se habían rendido en las últimas fechas serían trasladados a los campamentos de desplazados donde se les enseñarían nuevas ocupaciones. La iniciativa se enmarcaría dentro de un programa de desradicalización.

"Lo más importante es conseguir que se puedan reinsertar en la sociedad. Habida cuenta de que han mostrado su arrepentimiento y su determinación a acogerse a nuestra iniciativa, considero que nuestra obligación es asegurarnos de que se conviertan en parte activa de la sociedad de este gran país", sentenció entonces Abubakar.

A Kalli, sin embargo, la idea no le hace tanta gracia. "Permíteme que te haga una pregunta yo a ti", responde cuando se le interroga sobre su opinión sobre los programas de desradicalización. "Si estuvieras en mi lugar y un desconocido llegara a tu ciudad, destruyera tu familia, quemara tu casa, matara a tu hermano o a tu madre o a tu hermana, y el gobierno le localizara y le mandara de regreso a tu mismo barrio.... ¿cómo te sentirías? ¿Permitirías que se quedara?

"Para mí los combatientes de Boko Haram no podrán reparar nunca el daño que han hecho... Jamás podré entenderles. Si nos encontramos con alguien que pertenece o ha pertenecido a Boki Haram lo único que podemos hacer es echarle, desterrarle".

E insiste: "para mí son el enemigo. Y si me los encuentro los exterminaré porque son el enemigo".

Una transitada calle de Maiduguri, en el estado de Borno, en el noreste de Nigeria.

Otra de las grandes preocupaciones que deberá resolverse es qué sucederá con los cientos de miles de miembros del CJTF cuando Boko Haram sea, finalmente, derrotado. ¿Acaso los numerosos colaboradores en paro de este grupo conseguirán desacostumbrarse a la violencia? ¿Acaso este sentimiento de poder que han experimentado durante todos estos años de batalla no se convertirá en una amenaza para el futuro de la zona y de sus habitantes?

"El gobierno federal necesita desarrollar una política coherente para lidiar con los grupos de autodefensa y sus miembros", concluye el informe del International Crisis Group. "Si el gobierno fracasa a la hora de lidiar con este asunto, las milicias podrían empezar a propagarse por todo el país. Y ello desencadenaría una nueva oleada de violencia, algo que dañaría todavía más la precariedad del estado de derecho en Nigeria".

La competitividad por conseguir trabajos en las fuerzas de seguridad es feroz. La semana pasada, la policía nigeriana reveló que un total de 705.352 personas se habrían presentado para alguno de los 10.000 trabajos ofertados por la policía del país. Sucede que muchos de los actuales voluntarios no disponen de la formación suficiente como para ser aceptados en la policía o en el ejército. Claro que ellos no desisten y se presentan igualmente.

"Hemos conseguido muchísimas cosas. Y tenemos prueba de ello", proclama Kalli, quien explica que tanto él como el resto de comandantes están presionado al gobierno municipal para que diseñe una programa destinado a emplear y a implicar profesionalmente a la juventud del estado de Borno. "Estamos interpelando al gobierno para que desarrolle un programa que apoye a los emprendedores, que les entrene y les respalde económicamente para que puedan emanciparse".

Según parece el gobierno está haciendo caso de tales llamamientos. Hace dos semanas el ayuntamiento de Borno anunció que tiene previsto crear un nuevo título para la integración juvenil, especialmente dirigido a todos aquellos que han trabajado para los CJTF. La intención sería crear una agencia cuyo objetivo sea crear trabajos y cooperar con el ejército para que las fuerzas armadas puedan, igualmente, "reclutar a un buen número de ellos".

La administración ha anunciado, de hecho, que más de 1.000 de los miembros de los grupos de autodefensa comunitaria serán contratados para que trabajen en el servicio de bomberos del estado, mientas que a todos aquellos que gocen de educación superior se les ofrecerán trabajos como funcionarios civiles.

Algunos miembros de la CJTF reunidos en un puesto de control a la salida de uno de los campamentos de desplazados de Maiduguri, en el estado de Borno.

Pese a todo, lo cierto es que las infraestructuras han quedado seriamente derrumbadas y que la economía del gobierno local está muy maltrecha. De tal modo que vaticinar el éxito de alguna de estas iniciativas parece ligeramente temerario. Kalli, de hecho, considera que la zona tardará muchos años en recuperarse de los destrozos y de la devastación en la que ha quedado sumida. Él estima que tendrán que pasar otros 50 años antes de volver a la normalidad. "Boko Haram ha conseguido hacer lo que quería hacer desde el primer momento: destruir el noreste de Nigeria. Hemos perdido a muchísima gente. Y la verdad es que nuestra economía está completamente por los suelos".

"Si el gobierno se decide a emplear a los jóvenes, a darles algo que llevarse a la boca, yo creo que, entonces, nos libraremos de que la insurgencia vuelva a afluir en el futuro", opina. "Si el gobierno se ocupa de proteger a los suyos como es debido — con una buena educación, con empleos, salud pública... — entonces la delincuencia se reducirá.

"La comunidad internacional nos debería de ayudar", abunda Kalli. "Muchas ONG están en Maiduguri. Y están ayudando a los pobres. Así que con la ayuda de la comunidad internacional y con la ayuda del gobierno de Mohammadu Buhari, están haciendo todo lo que pueden. Pero lo que nos hace falta realmente es la intervención de la comunidad internacional para ayudar a la gente a no descarrilar".

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A largo plazo, la zona tendrá que combatir las causas que subyacen bajo este cruento conflicto — deberán de preguntarse por cuáles han sido los recursos de Boko Haram, de dónde han llegado todos los apoyos que ha recibido y cómo llegaron a convencer a los guerrilleros del norte de Nigeria para que se sumaran a la causa y combatieran en su nombre. Muchos han acusado al gobierno de Nigeria por haber dejado a los territorios del noreste del país abandonados a su suerte durante años. Muchos son los que han señalado que los asesinatos extrajudiciales y otros abusos cometidos por las fuerzas de seguridad delatan un elevado grado de resentimiento — claro que Kalli tiene igualmente claro que los occidentales también tienen que asumir su parte de culpa en todo eso. "Yo tengo muy claro que las grandes potencias... que ellas son las grandes responsables de que exista el terrorismo en todo el mundo. Si Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania y todos los demás dejarán de vender armas, entonces el terrorismo no existiría".

La violencia en Oriente Medio se recrudeció fatalmente después de la intervención de Occidente en la guerra de Irak, cuenta. Y lo mismo está sucediendo en el caso de Nigeria. "La gran parte del salvaje arsenal armamentístico de Boko Haram ha llegado desde la confederación de Libia", relata. "¿Y dónde te crees que consigue Boko Haram su munición? Pues de los occidentales, obviamente".

El CJTF ha sido "un hijo de la necesidad", finaliza Kalli. "Nos han puesto entre la espada y la pared, puesto que ni estamos seguros en las manos de Boko Haram ni estamos seguros en las manos de las fuerzas de seguridad".

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