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Este artículo se publicó hace más de cinco años.
Cultura

‘Joven y alocada’, la ex evangélica que ganó un Sundance

Entrevistamos a esta chilena bisexual, hiperconectada y con una libido de película.

por Ignacio Molina
09 Julio 2013, 3:00pm


Camila Gutiérrez, foto por Marialy Rivas.

Esta es la lista —abreviada— de fornicación en lugares públicos de Joven y alocada: “La vez que chupé una pirula [pito] detrás de la Facultad de Arte Universidad de Chile. Apoyada contra el lavatorio, en el baño del colegio evangélico, mientras mi ex ex ex ex me lo metía. Choro con choro [pepa con pepa] en el cuarto piso de Filosofía y Humanidades. La vez que me pajearon en los pastos de Juan Gómez Millas”.


Camila Gutiérrez, Marialy Rivas y Alicia Rodríguez en Sundance.

Joven y alocada es el alter ego de Camila Gutiérrez, una chilena de 27 años, ex evangélica, bisexual, hiperconectada y poseedora de una libido insaciable. Su cuenta de Twitter tiene 20.688 seguidores. Su cuenta de Facebook, 31.783. Su teléfono celular tiene algo así como 62 llamadas perdidas. Joven y alocada es también la película basada en su propia vida: una adolescente criada en una acomodada familia evangélica, y que tiene como vía de escape un Fotolog donde relata a destajo sus experiencias sexuales. Ella coescribió el guión con Marialy Rivas, una directora que, tras leer la bitácora de Camila, le propuso llevar sus relatos a pantalla grande. Y de Fotolog saltó a Sundance. Y de Sundance al mundo: Joven y alocada ganó el premio al mejor guión en la categoría World Cinema, del Festival de Sundance.  

El próximo mes, a través de Mondadori, aparece su primera novela. Una suerte de Menos que cero con evangélicos: “Es autoficción, abarca desde que mis padres se hicieron evangélicos, hasta después del estreno de la película”, cuenta.  Estando frente a ella, aprovecho para despejar algunas interrogantes que siempre atormentaron mi conciencia.


Alicia Rodríguez y Camila Gutiérrez: Jóvenes y alocadas. Alicia interpreta a Camila en la película.

VICE: ¿Qué es lo peor te ha pasado cogiendo? ¿Alguien te ha orinado, por ejemplo?
Joven y alocada: Nadie se ha cagado encima mío o huevás así que me darían paja. Aparte de cosas típicas como quedarme dormida, o que al huevón no se le pare el pico, recuerdo que una vez iba a hacer un trío pero la pendeja se puso a llorar. Yo quería culeármela y me importaba una raja el culeado. Partí besándome con ella y de pronto, cuando él intentó besarme, ella, que era su polola, se descompuso en llantos. Estábamos en una fiesta, así que tuve que irme a dormir a otra habitación. Todas estaban ocupadas, así que volví y me puse a dormir en el suelo, al lado de ellos.

Cuando apareció Joven y alocada te patrocinó la sexshop Japi Jane. ¿Qué te regalaron?
Un látigo y unas cuerdas para amarrarse contra la cama. También un vibrador, una suerte de pico muy bonito y grande. Te tenías que meter sólo una parte. Eso sí: nunca me lo alcancé a meter, se me perdió.

No te creo.
¿Por qué te voy a mentir, huevón? ¡La dura no lo alcancé a ocupar!


Un fotograma de la película Joven y Alocada.

¿Qué otros juguetes te regalaron?
Un vibrador más pequeño que era sólo para el clítoris; tenía forma de haba gigante. Te rodea por fuera y tiene distintas velocidades.

¿Sirve?
La dura, sí. Pero depende de lo que te guste. Hay gente que le gusta más que la penetren.

Cuándo estabas con esos aparatos, ¿qué fantasías te imaginabas para masturbarte?
¡Ándate a la chucha! ¡Eso es muy personal!

¿Conoces el porno enfocado en el mundo femenino?
No soy muy buena para el porno. Me gusta si lo veo con alguien, en contexto de culear. Si a la otra persona le gusta lo que está viendo, me caliento. Soy más de leer novelas y calentarme. La literatura da para imaginarse situaciones.


Un fotograma de la película Joven y Alocada.

Para hacer esta entrevista revisé tu facebook —el de Joven y alocada— y había un post donde escribías: “Llegué a la casa y me dio sueño, así que me hice una paja; no me dio sueño y me volví a pajear”. ¿Te acuerdas?
¡Jajaja! ¡No! He escrito muchas cosas. 

Entonces me imaginé que veías porno para masturbarte.
¿Pero tú ves solo porno para masturbarte?

No sé... Es algo espontaneo.
¿Solo viendo porno te corres la paja?

¿En qué otra situación puede ser? Mmm: quizás pensando en ex pololas.
Uno se puede masturbar por mil cosas. Una vez leí Los detectives salvajes y me calenté mucho. Estas semanas me he calentando con el libro que Reinaldo Arenas hizo antes de morir de sida. Escribe todas sus experiencias gays adolescentes.

¿Has tenido fantasías sexuales con personajes animados?
A Sailor Júpiter la encontraba hermosa, pero era más como estar enamorada. Ella era deportista, cocinaba, me gustaban sus ojos y piernas largas. Tenía una vecina que tenía un poster de Sailor Moon en su pieza y yo podía quedar horas mirándolo. Tenía 11 años y sentía amor por Sailor Júpiter. Siempre me enamoraba de monos animados, pero ella fue mi amor más grande. También me enamoré de Mireya de la primera generación de Robotech. Recuerdo, también, que Música salía en pelotas. Ella era rarita, pero muy mina. En un momento todos los personajes la veían bañándose desnuda en el río, y yo sentía esa calentura y a la vez extrañeza porque se me parara el choro al verla.


Contraparte de la primera novela de Camila. Aparece la primera semana de agosto por Mondadori.

TODOS AL INFIERNO

Camila está escribiendo el guión de una segunda película. Es la historia de Princesita, un caso que sucedió en el sur de Chile: “Trata sobre una niña de once años que creció en medio de  una familia-secta donde creen que ella es la escogida para tener al mesías que va a salvarnos del fin del mundo —dice—. Si bien es distinta a Joven y alocada, menos pop,  habla sobre lo mismo: cómo la religión llega a modificar las relaciones familiares a tal punto que se vuelve irreconocibles”.

¿Cuál es la historia detrás de la verdadera Princesita?
Su familia la dejó de enviar a la escuela: la tenían encerrada en casa, vestida de blanco, y ahí la adoraban. Ella se transformó en una pendeja que trataba de hacer lo que quería en ese contexto restrictivo. Decía: “Quiero comer chocolates porque Dios lo ordena”, y se los daban. Pienso que era su forma de sobrevivir en ese mundo de mierda. Después se la llevaron al Servicio Nacional de Menores y a la familia la procesaron por tenencia ilegal de armas. Eran una secta paramilitar: tenían libros sobre Vietnam, ropa militar y películas del género. Se preparaban para una guerra contra el mundo no evangélico. Como todos los religiosos que hacen esa separación mundo/nosotros. Mi iglesia también hacía esa mierda, sólo que no andaban con escopetas. Nosotros éramos “salvos” y los otros se iban al infierno.

¿Tú creías en el infierno?
Sí, por supuesto. Y tenía miedo. Demasiado miedo. Recuerdo que todas las noches, antes de ir a dormir, pensaba: Por favor, que no me muera esta noche porque no me quiero ir al infierno. Siempre me sentía en una condición de pecadora.

¿Hasta qué edad oraste? ¿Hasta qué edad fuiste evangélica?
Hasta los 17, justo cuando dejé de creer en el infierno. Le conté a un amigo y el huevón fue corriendo a acusarme con mi mamá. Después ella llegó enojada a la casa a retarme porque yo no creía en el infierno. En esa época mi mamá quería que me liberaran de demonios.

¿Un exorcismo?
Los evangélicos le dicen liberación. Es un proceso donde oran por ti, te ponen las manos encima y tú empiezas con vómitos y convulsiones. No sé si será autosugestión o son esos misterios de Dios que hacen que uno piense: Oh, ¿será verdad está mierda? Recuerdo que la primera vez que vi una liberación era pequeña. Vi a una pendeja que convulsionaba y gritaba con voz grave. Cada vez que recuerdo eso me pregunto: ¿Jesús existe? ¿El diablo existe? ¿Mis papás estaban en lo correcto y me voy a ir al infierno?


Camila Gutiérrez.

FLOGGER

¿Qué querías transmitir cuando comenzaste a escribir tus experiencias en Fotolog?
Quería entretenerme, no había más mística. Tenía 21 años y la pasaba la zorra haciéndolo. Tuve dos Fotologs: “Soiebangelica”, sobre mi pasado evangélico, y otro de historias sexuales, “El gemir de los gemires”, un homenaje al Cantar de los cantares, de la Biblia. Era, además, un intercambio de ideas con los lectores; por ejemplo si yo hablaba sobre hacerme una paja, me posteaban sobre cómo ellos se hacían una paja.

¿Te llegaban ofertas sexuales?
Una vez un huevón que me conocía de la universidad —pero que nunca me había hablado— me posteó en el Fotolog. Después nos juntamos y culéamos. Otra vez estaba en el patio de la universidad y una pendeja —que sabía sobre “El gemir de los gemires”— me pasó un papel con el Skype de otra pendeja que no vivía en Chile pero a la que le gustaba mi Fotolog. Me dijo: “Agrégala”. Me cuestionaba mucho eso ya que como era insegura pensaba que tenía que culearme al que se fijara en mí sólo porque lo había hecho. Era una culpa religiosa.

Ahora con la película te deben hacer más ofertas. Vía facebook, twitter...
La dura: sí. La otra vez me escribió un pendejo ofreciéndome un trío.

Van directo. Ni siquiera te sacan a bailar.
Claro, ellos piensan que porque escribo de lo que escribo, de inmediato me los voy a querer culear. ¡Como si yo me quisiera culear a todo el mundo! ¡Me quiero culear a alguna gente nomás!

Ve el trailer de Joven y Alocada aquí.