100 años del Club América: conoce al Ritual del Kaoz

"El Ritual del Kaoz es una rebelión en nuestra vida. Somos una ceremonia del desorden".

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oct. 12 2016, 12:00am


Fotos por Annick Donkers.

Esta serie fotográfica fue publicada originalmente en septiembre de 2014.

Eric bebe un largo trago de cerveza y me grita: "El Ritual del Kaoz es una rebelión en nuestra vida. Somos una ceremonia del desorden". No hay tambores, pero el ruido asciende por el túnel 48 del Estadio Azteca. Estoy en medio de la celebración de una tribu: el América ganó en penales este juego y desde el inicio hasta el final, la barra conocida como Ritual del Kaoz no ha dejado de cantar, de alentar y de empujar. Ése es su ritual.

Un nombre así no se olvida fácilmente, se adhiere. Su origen es mítico: cuando Isra lo propuso en una chelería, hace 15 años, inspirado por Los Rituales del Caos de Carlos Monsiváis, comenzó a sonar la canción "Botas Negras" de Radio Kaos. En ese instante se despejaron todas las dudas. Era un designio, un llamado sobrehumano excitante. Tomaron el nombre como escudo y horizonte.

Fueron cinco los padres fundadores, quienes decidieron romper con La Monumental y terminaron iniciando una barra que denuncia la lógica del fútbol moderno y que hoy ondeó una bandera de Palestina. En medio de una coreografía del éxtasis, El Lobo rememora: "Yo empecé siendo de La Monu, pero no quería líderes, preferí ser parte de un monstruo de mil cabezas". Mientras se teje un cántico vociferante, no deja de sorprenderme la incandescencia de los testimonios, poblados de metáforas.

A nuestro alrededor se despliega un cerco de granaderos, menos poéticos. Para la hinchada de El Ritual son premisa de trabajo, al igual que tener que salir hasta una hora después que el resto de los aficionados. Para El Loiz —oriundo de Tlalnepantla y miembro de un subgrupo denominado "Brigada Azulcrema Antifascista"— está muy claro: "No somos una barra pagada por la directiva. Como no hacemos caso a sus órdenes, nos quieren reprimir, no nos dejan meter el bombo y la bandera, pero aún así aquí está la banda. Porque El Ritual tiene su ideología: es antifascista, antirracista, antihomofobia y antixenofobia".

Me sorprende lo que escucho. Es cuando entiendo que ya soy parte orgánica del desbarajuste. Mientras me dejo asombrar por la prosa de los testimonios, normalizo el increíble hecho de que esta ciudad hospeda innumerables mundos evanescentes, que con sus propias reglas, surgen y se hunden entre el orden y el desgobierno durante una misma tarde.

Origen y evolución

Fue un pequeño grupo el que inició un "amor suicida" (leyenda que se repite en varias de sus camisas). Isra narra la raíz de la tribu y su linaje: "Todo surgió por una escisión al interior de La Monumental. Quien había empezado La Monumental fue "Matías". A su grupo le daban boletos. La ruptura fue por visiones opuestas respecto a la forma de organización. Matías era autoritario y jerárquico, mientras yo creía en algo más horizontal y que había que poner límites a la directiva. En un partido contra Monterrey, nos quitaron dos trapos, que recuperamos después en un Atlante-Monterrey. Así fuimos formándonos como grupo, hasta tener la fuerza para romper".

Isra mira a la grada y remata: "Yo, personalmente, puse un nombre, pero la banda es la que le ha dado fuerza y contenido". Envueltos entre la marea de gente, me cuesta olvidar que está haciendo un Posdoctorado en Europa.

De la semilla original también se acuerda El Lobo, quien habla hasta por los codos, interrumpe cuando charlo con otros y se emociona siempre. Lleva 15 años en la cancha: "Tuve la oportunidad de colgar el trapo original de La Monumental. Eso lo dejé para crear algo nuevo, un Ritual. Hoy el RK (abreviación de Ritual del Kaoz) es como una familia: todos nos conocemos y salta uno por otro. Otras barras no tienen ideología ni folclore". Después de platicar conmigo, besa un vaso de cerveza que pasó por unas diez personas antes, se lo empina, y lo lanza por el aire para encabezar un nuevo cántico.

A El Hooligan lo entrevisté porque fue uno de los integrantes que sostuvieron una bandera de Palestina. Originario de Oaxaca, también es un viejo lobo de mar en El Ritual. Recuerda: "Cuando esto empezó sí hubo una ruptura, sobre todo en la forma de manejarse. Tuvimos diferencias de ideología y sobre cómo actuar en la animación desde la grada". Respecto a lo de Palestina en la cancha, explica: "Es una forma de apoyo en general a todas las luchas justas, a favor del pueblo que es reprimido de un país. No solo en Palestina. Aquí en México hay muchos pueblos y movimientos sociales que son reprimidos, aplastados. Nuestra ideología es en apoyo a todos los pueblos en lucha".

A través de las conversaciones —que hago siempre a gritos y con señas— pude palpar que hay un sector formado por ideologías complejas y bien masticadas, mientras otros miembros se concentran en el espectáculo deportivo, siguiendo un código de conducta mínimo. El Ritual no es homogéneo. Pienso que tiene razón El Lobo. La banda ritualera es un monstruo de mil cabezas.

El Ritual, hoy

Después de platicar con El Hooligan —debí indagar sobre los méritos para ese título— voy con Francisco, El Paco Mentiras, de San Andrés, Guadalajara. Él se concentra en la vigencia del espíritu fundacional: "El Ritual es un sentimiento muy grande. Yo entré cerca de los 15 años. Alentamos con el corazón. El que no tiene varo va y consigue para ir a ver al Ame, nadie nos patrocina. Mi familia también le va, estamos siempre presentes". Le pregunto si realmente toda su familia es fanática del América: "Mi hija se llama América Renata", responde sonriente.

Eric, El Moreno, es actualmente "El Capo" de la barra. Tiene el carisma de un líder nato. Los demás lo rodean y asienten cuando me comparte su visión. "Lo que nos gusta lo manifestamos, y si es en la tribuna, ¿qué mejor? Yo de niño entrenaba en el club. No me gustó la mafia de Televisa, de que América es el niño bonito o que tienes que pagar. Hoy aquí estamos anti Televisa, pero Televisa es el dueño del club".

Luego de un respiro largo, se moja los labios. Algo se cuece en su cabeza. Me dice con la mirada clavada en mis ojos: "Nosotros nos organizamos con respeto y dignidad. Nosotros tenemos tres túneles, caben cerca de tres mil personas. Nosotros traemos muchos proyectos sociales: queremos que muchos niños puedan venir a los estadios, pero con esos precios, está cabrón. Así es el fútbol moderno. Nuestro proyecto es que cueste diez pesitos, pero con una grada llena y sin violencia. Nosotros queremos una comunión de jugadores, directiva e hinchada, pero sin que nosotros perdamos nuestra autonomía".

Su voz es calmada, tersa. Continúa: "Ellos nos tienen con un cerco de granaderos. Muchos de la directiva son esclavos del dinero. Nosotros de la pasión. Queremos ir conquistando países para llegar más lejos. Por eso somos "La banda que manda en dos países". En Estados Unidos —por lo mismo de la migración—, ya que la mitad de la banda está allá. Estamos orgullosos porque cuando juega el América, también allá va a recibirlos nuestra banda".

En el transcurso de la tarde y hasta entrada la noche, hablé con la banda y con El Moreno de muchas cosas que no saldrán del lugar donde se contaron. Rescato una síntesis de la pasión que éste siente por El Ritual:

"Las rucas van y vienen, el amor va y viene, el equipo se queda".

Posdata

Tras la victoria del juego, las pantallas del estadio enfocaron a señoras comiendo, a niños que distraídamente mordisqueaban la punta de su sombrero azulcrema y hasta a señores bigotones que no caben en su camisa ochentera de Zague. Ahí ni rastro de El Ritual. Son incómodos de muchas maneras. Su distancia con la directiva y el malestar con Televisa son conflictos invisibles al espectador de sillón, ese que escucha a los medios repitiendo que la violencia siempre viene de las gradas. Rodeado de granaderos, danzando entre una tribu invisibilizada y luego de aguardar una hora extra para salir, mis conclusiones son muy distintas.

Una de mis palabras favoritas es "caos". Lo atribuyo en parte a que siempre me he sentido como un incorregible ser primitivo. Pero en el fondo, sucede que me gustan las posibilidades que se abren en esos momentos en que algo inesperado y magnífico ocurre. Es excitante cuando estás ante ciertos peligros y no sabes el curso que tomarán los eventos. Con el tiempo, te crece el colmillo, aprendes que si se sueltan los dados, no puedes adivinar las caras que mostrarán pero adquieres la certeza de que alguien ganará y alguien perderá. Descubres que lo que vives no es un permanente caos externo, sino las tramas de una perplejidad interna.

El barullo de la multitud nos vuelve un poco filósofos. Pasa en el tráfico, la procesión, la hinchada, la marcha, el metro y el tianguis. Son los rituales del caos. Disfrutarlos es un delicado arte que consiste en dejarse devorar.

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@CesarAlanRuiz

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