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Cultura

Platicamos con personas en un bar sobre sus peores borracheras

"No me preguntes cómo los dueños de la casa no se dieron cuenta de nuestros gritos y saltos, pero nuestra próxima idea fue quitarnos la ropa y correr desnudos hasta el próximo semáforo en rojo que viéramos".

por Diego Urdaneta; fotografías de María Villasmil
23 Noviembre 2016, 9:50pm

Foto vía.

Las borracheras son justas y necesarias. En algún momento necesitamos mandar todo al carajo, olvidarnos de nuestros problemas y de la gente que odiamos. Para lograr esto, llenar nuestros cuerpos del alcohol siempre es la solución más divertida.

Cuando estás bien pedo te encuentras en una situación de ganar-ganar. Los beneficios que te da el divino elixir que es el alcohol son invaluables, como estos, que son mis favoritos:

1. Tu ansiedad social disminuye y automáticamente puedes hablar con personas a las que, de otra manera, jamás les darías los buenos días. Así que bienvenida la conversación con esa chica o chico que llenas de likes en Instagram y en persona te le escondes.

2. Por un momento crees que eres Ernest Hemingway y empiezas a filosofar sobre cualquier aspecto de tu vida o la de tus cuates, incluso mostrando una curiosa sabiduría que va a aumentando a medida que tomas más cervezas.

3. Ya cuando estás hasta la madre comienzas a abrazar a todos tus amigos, amigas, y desconocidos, cantando canciones que en la luz del día te daría vergüenza escuchar.


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Ahora, es obvio que al estar bajo los efectos del alcohol estamos bastante cerca de cometer alguna estupidez. Quizás termines peleándote con tu mejor amigo, teniendo sexo con alguien que seguramente te vas a arrepentir, o escribiéndole a tu ex pareja sobre cuánto la extrañas, sólo para recibir un "¿estás borracho, pendejo?". Y en algunos casos más extremos, terminas detenido; todos sabemos que eso es más que posible.

Para confirmar estas suposiciones, fuimos a un bar a platicar con algunas personas sobre sus peores borracheras.

Omar, 20 años

Siempre vivo buenas experiencias con el alcohol. Unos tragos de Long Island junto a unas chelas me van de lo mejor. Normalmente suelo beber más de lo recomendado pero, hubo un día en especial que terminé en piloto automático. Fue en mi cumpleaños, fui a un after con dos amigas y un amigo, a uno de esos antros que siguen abiertos luego de que los demás están cerrados. La cuestión es que era un antro conocido por estar lleno de mafiosos, hasta los policías sabían de esto y no se metían ahí.

El ambiente del local era único, pero la condición para poder estar ahí y que no nos pasara nada, era que no miráramos fijamente a ningunas de las personas que andaban en el antro. Fue una noche de muchísimo alcohol, varios tipos de drogas, prostitutas en los pasillos consumiendo cocaína, narcos bailando cualquier reggeatón con poca luz y una iluminación azul que aún recuerdo. Incluso al ir al baño vi a una persona inyectándose heroína.

A medida que íbamos consumiendo más y más alcohol y se iba acercando el amanecer, el ambiente se tornaba muy pesado. Por momentos pensé que lo que estaba viviendo no era real y que se trataba de alguna película. Luego de la cuarta botella de ron, un amigo nos llama para ver el amanecer a orillas del lago. Fuimos a su apartamento, el cual estaba todo desordenado y mal oliente. Nos confesaron que llevaban días sin dormir debido a que tenían varias noches saliendo de fiesta y consumiendo mucha cocaína. Luego de que se vistieron, fuimos a trotar en las orillas del lago para ver a las chicas que acostumbran hacer ejercicio a esas horas. Luego de trotar, se nos ocurrió la brillante idea de hacer carreras de autos a ver quién llegaba más rápido al departamento.


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A media carrera, uno de los autos empezó a fallar y nos quedamos varados en plena calle. Unos policías nos vieron y empezaron a revisarnos —todos estábamos llenos de drogas—, por suerte uno de mis amigos tenía un pasaporte canadiense y nos dejaron ir antes de que nos encontraran algo. A medio camino nos detuvieron otros policías —probablemente alertados por los que nos detuvieron primero— y estos sí nos encontraron todo lo que teníamos y terminamos detenidos esa noche. Tuvimos que ofrecerles nuestros relojes, dinero, teléfonos y más pertenencias para que nos soltaran. Como esto no fue suficiente para ellos, llamaron al padre de uno de mis amigos y bueno, la cosa se puso peor. Nuestros padres aún nos tienen en la mira desde ese día, no nos dan lana y nos hacen la vida imposible.

Ferguson, 32 años

Ya siento que estoy un poco viejo para poder seguir con el ritmo de las borracheras de mis veintes. Ahora prefiero venir y tomarme unas chelas en la barra del bar y listo, irme a mi casa sin hacer el ridículo. La peor de mis borracheras comenzó con un error que no le deseo a nadie: mezclar licores. No sé en qué parte del cerebro del ser humano está la brillante idea de mezclar ron + cerveza + tequila + aguardiente + vodka. Todo comenzó mientras estaba en casa de mis amigos de la universidad, jugando dominó y escuchando metal. Nada dañino ni del otro mundo. Un disco de Metallica llevó a otra botella de ron, un disco de Slayer a una de vodka, para terminar con shots de tequila mientras sonaba Motorhead. Ya luego que nuestros cerebros obviamente no funcionaban, decidimos irnos caminando a la 1 de la madrugada a un concierto de bandas de punk debido a que éramos cinco chicos malos con playeras negras y bastantes pedos. Entramos al concierto y empezamos a ver a las bandas. Varios de mis amigos eran músicos, y como cualquier músico ebrio que está viendo a otra banda, empezamos a criticarles hasta la manera de tomar un poco de agua entre canciones.

En el concierto vendían cervezas y obviamente teníamos que comprar. ¿Qué concierto puedes ver sin tomarte unas cervezas? La cuestión era que ya nosotros estábamos fuera de nuestros cabales. Como a la quinta cerveza, uno de mis mejores amigos me dice "ya no aguanto esta mierda, ¿a que no te montas encima de la tarima y brincas como loco?" Me ofreció por esto una cantidad de dinero que ni recuerdo y lo hice. Me subí a la tarima cuando estaban cambiando de bandas y empecé a brincar y decir barbaridades en el micrófono. Justo antes que llegaran los de seguridad a bajarme de la tarima, pasó lo peor.

Esto era un evento de bandas emergentes en un bar de mala muerte, y todo era de mala calidad, hasta la tarima. Debido a lo vieja y obsoleta que estaba la tarima y a mis constantes saltos, el piso cedió y quedé con 30 por ciento de mis piernas atrapadas en el agujero que se formó. Fue terriblemente bochornoso y gracioso a la vez, tuvimos que irnos del local y nos vetaron por un rato. Al otro día no entendía por qué tenía en mis piernas pequeñas heridas y algunas astillas.

Diego, 20 años

No sé si a ti te pasa, pero a mí lo que me hace darme cuenta de que estoy borrachísimo es cuando empiezo a "desconocer" a la gente. Te explico: me pongo impertinente y no me importa si estás con tu novia, tu madre, o tu mejor amiga, mis comentarios o acciones probablemente van a ser vergonzosas, y es mejor alejarse de mí o darme un buen golpe y llevarme a mi casa a dormir.


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Estaba en la fiesta de graduación de un amigo. Lo que más me gusta de las graduaciones y bodas es la cantidad de comida y alcohol gratis que hay, siempre es inagotable y me encanta. Ya como a las 3 de la madrugada, cuando se estaba montando una banda que ni recuerdo quiénes eran, empecé a buscar a mis amigos para estar acompañado en mi borrachera. Salí un momento a fumar un cigarro y llegó un amigo con un porro, lo fumamos a escondidas y volvimos a la fiesta. Me puse más feliz y me desinhibí aún más, y casi al mismo tiempo llegó un amigo con su novia a la que todos sabíamos que él estaba poniéndole los cuernos.

Empecé a decir cualquier estupidez y terminaba la frase con el nombre "Fernanda", que era el nombre de la chica con la que estaba engañando a su novia. "Este trago me hace recordar a Fernanda" y cosas estúpidas así. Mi amigo empezó a matarme con la mirada pero yo no me podía detener, hasta que les dije "ya, si todos la conocemos, la relación de ustedes es el trío más conocido de toda la ciudad, no sean penosos".

Obviamente la novia de mi amigo tenía sus sospechas y le derramó encima el trago que tenía en la mano y se fue del lugar. Yo aún juraba que había sido muy gracioso hasta que vi la cara de todos mis amigos. Me tuve que ir de la fiesta porque todos me dijeron que mi amigo me andaba buscando para literalmente romperme la madre.

Sergio, 21 años

Tenía 14 años, estaba en casa de mi ex novia con sus amigos y era una de esas noches en las que queríamos tomarnos todo el alcohol que sus padres guardaban en el bar. Luego de bebernos todo, empezamos a recolectar lana entre los que estábamos en la casa para seguir tomando. Luego de contar el dinero nos dimos cuenta que sólo nos alcanzaba para licores muy baratos, pero ya con lo pedo que estábamos no nos importó.

Recuerdo que compramos tres botellas cuyo logo era la cara de un pirata, y no eran tres botellas de un solo licor. Eran ron, vodka, y otra que no recuerdo, pero todas de la misma marca. Empezamos a vomitar dos de las personas que estábamos en la casa, así que sabíamos que el licor del pirata no era nada bueno. Lo próximo que recuerdo fue que empezamos a caminar por la zona y nos subimos al techo de la casa de una señora, a brincar y gritar idioteces.


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No me preguntes cómo los dueños de la casa no se dieron cuenta de nuestros gritos y saltos, pero nuestra próxima idea fue quitarnos la ropa y correr desnudos hasta el próximo semáforo en rojo que viéramos.

Luego de ese recuerdo, lo próximo que me vino a la mente fue mi cuerpo en el piso de mi casa, mirando al techo y pensando en que había corrido desnudo para llegar a mi hogar, pero con la ropa en las manos. No dormí en el piso, dormí en el retrete ya que pasé todo lo que restaba de la noche vomitando. Lección: nunca tomen ningún licor el cual su logo sea un pirata.

Pamela, 20 años

Estábamos tomando whisky, ron y vodka en el departamento de uno de mis mejores amigos debido a que se había mudado, todos andábamos celebrando. Ya muy ebria me lancé a la piscina y me rompí la barbilla, pero esto no me detuvo y seguí tomando, la celebración tenía que seguir. Recuerdo que en mis tragos a veces caía un poco de sangre. Debido a lo borrachos que estábamos todos, decidimos tomar una ducha para bajar los ánimos. Luego nos acostamos a dormir para poder seguir con la fiesta cuando despertáramos.

Al otro día, nos dijeron que teníamos una habitación de hotel disponible para nosotros y decidimos inventar un juego. Nos tomamos todo el licor que quedó de la noche pasada y nos pusimos de acuerdo para que la primera persona que consiguiera a otra para tener sexo, se quedaba con la habitación del hotel. Obviamente no valían novias ni novios. A continuación empezamos a escribirle a cualquier persona que tuviésemos en nuestros teléfonos con las que pensábamos que podíamos tener alguna oportunidad de tener sexo.

Lamentablemente no gané, pero lo peor de esto fue haber participado. Ese domingo, cuando desperté en mi casa y acabó la fiesta y la celebración, recordé que me había roto la barbilla y me di cuenta de todas las conversaciones que tenía ahora en mi teléfono de chicos cachondos queriendo tener sexo.

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