‘La guerra de los bosques’ en Canadá termina en un acuerdo de paz

En la década de los 90 tan solo un cinco por ciento del inmenso bosque Great Bear, en Canadá, estaba protegido contra la explotación forestal. Ahora, después de una larga campaña de boicot, el 85 por ciento del bosque ha quedado protegido.

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04 febrero 2016, 8:25am

Imagen vía Jens Wieting

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Esta era una guerra que llevaba echando humo desde hacía más de una década y en la que estaban en juego los árboles de un inmenso bosque al que se le conoce como Great Bear Rainforest. El conflicto enfrentaba a los conservacionistas canadienses, los indígenas de la zona y la industria de la madera. Los enfrentamientos entre todos ellos parecían condenados a postergarse eternamente. Sin embargo, la interminable batalla por la explotación forestal y los derechos de la tierra alcanzó un inesperado armisticio este pasado lunes. Entonces, el gobierno de la Columbia Británica canadiense anunció que la llamada "guerra de los bosques" había llegado a su fin: la paz está en camino. 

El acuerdo alcanzado protegerá a la gran mayoría de las mayores junglas tropicales del planeta, y prohibirá la explotación forestal en el 85 por ciento del área salvaje más remota de la zona, que es la que se extiende entre la Columbia Británica y Alaska. Hasta hace dos décadas, tan solo el 5 por ciento de los 6,4 millones de hectáreas (16 millones de acres) de selvas tropicales del planeta estaba bajo protección.

El restante 15 por ciento, alrededor de 550.000 hectáreas (1,4 millones de acres), pertenece abierto a la explotación forestal. Sin embargo, será regulado bajo nuevas y más restrictivas normativas forestales.

El acuerdo ha sido celebrado por ambas partes como un victoria para el hogar donde vive el incomparable oso de Kermode, un formidable mamífero de pelaje blanco.

Imagen vía Wikimedia Commons / Maximilian Helm

El oso de Kermode es primo del oso negro y es único en la zona. Su pálido pelaje, es producto de un gen recesivo que se encuentra en uno de cada diez cachorros. Además, el pintoresco mamífero fue la criatura que bautizó a las llamadas 'Great Bear Rainforests' (junglas tropicales del Gran Oso). Fueron los conservacionistas locales quienes acuñaron el término en la década de los 90. La fauna de los bosques tropicales en que se encuentra al oso de Kermode, también son abundantes en lobos, osos grizzly y salmones .

"No debemos subestimar la grandeza de este acuerdo", asegura a VICE News Jens Wieting, un activista climático asociado al Sierra Club de la Columbia Británica. "Los bosques tropicales del Gran Oso conforman una superficie mayor que Suiza, Holanda o Bélgica. Y lo cierto es que la gran mayoría de las junglas tropicales del planeta ya han sido destruidas".

Además de prohibir la explotación forestal en 3,1 millones de hectáreas del bosque, el acuerdo de paz reconoce también los derechos de los aborígenes a decidir y repartir los ingresos obtenidos con la madera. El acuerdo será convertido en ley durante la próxima primavera, y contempla que el gobierno autonómico de la zona compense a los indígenas con el pago de 15 millones de dólares. Además, la nueva normativa pondrá fin a la caza furtiva de los osos grizzly en las tierras proverbiales de los indígenas de la Columbia Británica — a pesar de que la caza de osos seguirá siendo permitida.

El presidente de la Columbia Británica, Christy Clark, describió el acuerdo como "un pacto histórico" en un comunicado publicado este lunes.

"El Great Bear Rainforest es un tesoro global y a partir de ahora corresponderá a todos los habitantes de la Columbia Británica protegerlo como se merece", ha contado Clark.

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Las negociaciones sobre el acuerdo han sido genuinamente exitosas, puesto que no solo contemplan el papel de la industria y de los activistas medioambientales, sino porque también incluyen directamente en su redactado a los 26 grupos indígenas que viven en la enorme superficie de los bosques — el acuerdo se refiere a las naciones indígenas como a gobiernos autónomos.

Dallas Smith, presidente del consejo tribal de Nanwakola, celebró el acuerdo y ha proclamado que las largas negociaciones han forjado el camino para garantizar la mejoría de las relaciones entre los indígenas y la provincia, unas relaciones que han sido siempre proverbialmente tensas, y que han desembocado en varias situaciones hostiles, casi siempre relacionadas con discusiones sobre los recursos naturales y su aprovechamiento.

"Nos complace haber desarrollado herramientas como los Acuerdos de Compromiso Estratégico y los Protocolos de Reconciliación, cuya existencia nos permitirá seguir recorriendo el camino hacia el auténtico respeto mutuo y la absoluta reconciliación", ha expresado Smith en un comunicado.

Imagen vía Jens Wieting

El acuerdo anunciado el lunes es el resultado de las negociaciones entre los conservacionistas y la industria, unas negociaciones que arrancaron hace más de una década. Sin embargo, no puede decirse que haya sido la mediación del gobierno la que haya sembrado las primeras semillas de la paz. El mérito corresponde, más bien, a la acción coordinada entre los indígenas y los activistas, quienes han trabajado conjuntamente para cambiar las fuerzas económicas que controlan la industria forestal — una acción que, básicamente, consumaron a través del ejercicio de un boicot contra la misma —, una estrategia que ahora se está contemplando emular en otras partes de Canadá.

A finales de los 90 las organizaciones Greenpeace, FoestEthics y el Sierra Club empezaron una campaña de presión política y económica dirigida contra los compradores de la madera canadienses, para que estos dejaran de comprar troncos cortados en los bosques tropicales de la Columbia Británica. Los activistas quisieron llegar hasta las últimas consecuencias y se encargaron de llevar consigo a los representantes de grandes firmas alemanas y estadounidenses de compradores de leña para calibrar el impacto de la explotación forestal en el bosque. Finalmente, hasta 80 empresas distintas se avinieron a comprar sus troncos en otros destinos. Para cuando llegó el año 2000, las empresas y los conservacionistas ya estaban sentados en la mesa de negociaciones con el firme propósito de llegar a un acuerdo.

"Ha sido una historia que arrancó en el conflicto y que ha encontrado la forma de llegar a la colaboración", ha comentado Wieting, el miembro del Sierra Club. "La gente de todo el mundo ha conocido la existencia de este lugar, ha terminado preocupándose por su fauna y nos ha ayudado a ejercer presión sobre empresas que se dedican a la explotación forestal, además de tender cables para que el gobierno de la Columbia Británica encuentre soluciones a la situación".

Sin embargo, por mucho que en la Columbia Británica se haya alcanzado la paz, lo cierto es en Canadá existen otras zonas forestales sumidas en estridentes conflictos.

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En Quebec, la llamada formación indígena Cree Nation se ha manifestado en contra de un nuevo acuerdo sobre la gestión de los bosques que ha firmado el gobierno local. El acuerdo llegó como consecuencia de una denuncia interpuesta contra el gobierno del Quebec por James Bay Cree. Sin embargo, tanto los líderes indígenas como los conservacionistas dicen ahora que el acuerdo alcanzado se ha quedado muy corto a la hora de proteger determinadas partes del bosque boreal en que viven los renos locales. Y esta es solo la punta del iceberg de una guerra que se remonta a 1971, cuando largas franjas del territorio de los Cree fueron inundadas, saqueadas y deforestadas para construir una presa hidroeléctrica.

Imagen vía Jens Wieting

Mientras tanto, la industria de la madera de Quebec se ha dedicado a amenazar con abandonar en masa el Consejo de Ayuda Voluntaria a los Bosques — un plan destinado a garantizar las actividades forestales sostenibles y a preservar las buenas relaciones entre la industria, los activistas y los pueblos indígenas — si la organización introduce nuevas y más estrictas normas, los grupos de presión de la industria aseguran que las nuevas medidas, inicialmente propuestas a la administración de bosques canadienses por Greenpeace, cerrará molinos, mientas que la mayor compañía de madera del Quebec, Resolute Forest Products, ha decidido querellarse contra Greenpeace Canadá por difamación.

El temor a tamaña amenaza ha provocado que a lo largo del último mes, numerosos grupos medioambientales estadounidenses hayan empezado a ejercer presión política y económica sobre los gobiernos del Quebec y de Ontario, para que ambos tomen medidas para proteger la conservación de los bosques. Los activistas han sugerido que en caso de que no cuenten con el certificado de la autoridad gestora de los bosques canadienses, un distintivo que sí protege al Great Bear Rainforest, las consecuencias económicas para la industria de la madera serán funestas.

Wieting tiene esperanzas en que el modelo implantado en la Costa Oeste sirva como hoja de ruta para alcanzar la paz en los bosques orientales.

"La primera conclusión es que es fundamental unir los puntos que vinculan a los conservacionistas y a los derechos sobre la tierra de los indígenas", ha expresado Wieting.

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GREAT BEAR RAINFOREST 2016
Zonas protegidas y zonas Medioambientales preservadas.

% porcentaje de bosque que queda fuera de los límites de la explotación foresta

Unidades de restauración paisajística

Las unidades de protección paisajística dispondrán al menos de un 30% de sus áreas de bosque en reservas forestales. Estas se exigirán en superficies paisajísticas que presenten déficits significativos en crecimiento debido a las explotaciones forestales recientes.

Imagen vía Sierra Club

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