Libros y música entre noches y cocaína

Algunos artistas argentinos nos hablan de las drogas que consumen o consumieron para producir parte de su obra y vida

|
03 octubre 2018, 3:00pm

Artículo publicado por VICE Argentina

Está demostrado que la inspiración, esa serpiente etérea y venenosa sin territorio conocido, no existe. Lo que sí se vuelve real y palpable es la posibilidad de hacer ejercicio de la libertad individual para ir a buscar (donde sea) experiencias que detonen la imaginación y el devenir del cuerpo, de la acción y de las ideas en algo interesante y atractivo. Por ejemplo: que el tránsito por zonas no ordinarias de la vida cotidiana —esa parte que la sociedad burguesa considera ilegal por ser anticapitalista y estar más ligada al deseo que a la obligación— se conviertan en obras. ¿Cómo lograrlo? ¿adónde ir a buscar el material que nutre un trabajo que no sea común, corriente, habitual? algunos, porque cada elección es un mundo infranqueable, deciden mirar a las drogas y ver qué le pueden sacar además de momentos de evasión. Es decir: utilizar a las drogas como material de uso profesional —y combustible— para que el destilado de esa experiencia utilitaria se convierta en obra: una canción, un disco, un cuadro, una novela, lo que sea, pero obra. De The Beatles a Baudelaire, de Allen Ginsberg a Basquiat, de Bob Dylan a Aldous Huxley, hay artistas que buscaron en las drogas un camino para acceder a ciertas puertas de la percepción para crear. Un recorrido por artistas actuales que siguen —muchas veces de forma pasajera y fugaz— esa escuela, esa estela luminosa.

Luludot, artista plástica, poeta y cantante de Los Rusos Hijos de Puta

Mis canciones Carmelo y Castaneda hablan de viajes con sustancias. La primera es una experiencia en Uruguay en la cual sentimos conexión con la naturaleza y el cosmos, y entendimos lo importante que es saberse ser libre. Castaneda, relata algunos viajes que cuenta en Las enseñanzas de Don Juan. La mayoría de mis cuadros los pinté de la mano de los consejos de la planta sabia y santa.


Relacionados: Hongos alucinantes, porros con sorpresa, brownies gourmet y jarras locas. Los peores Bad Trips


Las drogas que me gustan son las que permiten generar una experiencia extrasensorial y aportan conocimiento y apertura. La marihuana ofrece apertura y te permite continuar con tus responsabilidades, incluso te potencia. el LSD o algún hongo son pocas veces por año la que permite el cerebro y el corazón procesar adecuadamente. Una vez que tenés una buena experiencia de novedad o sabiduría y sensaciones, te baja mucha información que tardas tiempo en procesar e incorporar. Si consumís drogas fuertes todos los fines de semana, probablemente no estés procesando nada de lo que te pasa por el cuerpo y estés gastando mucha plata.

Consumí LSD y hongos en situaciones que me permiten desarrollar alguna actividad artística y de búsqueda personal. Siempre compartí la experiencia con alguien de confianza que brinde contención. Consumí también MD para bailar y hacer el amor pero no me sorprendió y creo que la falta de profundidad en el flash hace que uno pueda repetirlo semanalmente y así ir perdiendo el poder que dan algunas sustancias. No me gusta la cocaína ni todo el círculo de vicio y vacío que genera: hace sentir a la gente un coraje que no tiene.

Roberto, músico e integrante de Atrás hay truenos

Roberto Aleandri

Utilizo las drogas para motivar la inspiración al momento de componer y trabajar las letras, la música y los sonidos. Sobre todo el mundo de los sonidos, para eso me gusta fumar marihuana y escuchar, ya sea trabajando en música propia o poniendo un disco. Me cambia la percepción automáticamente, encuentro detalles y aspectos de la construcción de los sonidos.

El proceso de composición y grabación del último disco (Bronce) fue largo, de muchas horas y sesiones y tuvo una filosofía hedonista, de búsqueda de placer, de sorprenderse, de maravillarse. En ese sentido, las drogas participaron y aportaron sus condimentos en diferentes momentos y situaciones, a veces inspirando y otras veces confundiendo, siendo parte del proceso.


Relacionados: Evacuaron un aeropuerto en Argentina por un grinder de marihuana


Las drogas están más que nada ligadas a mi relación con la música: ensayar, componer, aunque también las uso a veces para la recreación, pero fuera de la música trato de estar lo más tranquilo que puedo como para equilibrar un poco el universo. Por lo general cuando estoy haciendo música es cuando más se da o es el contexto que me gusta para usarlas.

Las primeras veces que fumé marihuana no lo podía creer, fue una de las cosas más hermosas que experimenté, esas primeras veces que fumaba y ponía un disco, fueron reveladoras: como redescubrir la música. Se me abrió un mundo nuevo. También me pasó de tener un viaje feo. Recuerdo irme de lugares donde estaba todo bien porque me dio un ataque de pánico o paranoia, me pegó mal. Si bien las drogas pueden ser muy divertidas y reveladoras, también son muy movilizantes y te pueden desestabilizar y confundir, sobre todo si no venís bien o si estás cansado o agobiado. Hay que mantener un equilibrio, nadie más que uno sabe cuánto, cuándo, cómo, dónde.

Julián, músico, guionista y escritor

Julián Urman

Yo tenía un cuarto de cultivo en el patio de mi casa y un vecino se tiró desde la terraza de su edificio y cayó en el techo de este cuarto. De ahí tuve la obligación de escribir No te mates en mi verde cultivo (Tamarisco), que no es la historia del que se tiró, si no la mía y de las plantas de marihuana.

Cuando cayó el suicida yo estaba fumándome un porro, y ni me di cuenta al principio. Me acuerdo que hablaba por teléfono con una amiga; de pronto empezaron a tocar el timbre de casa: era la policía. Entraron, enfilaron directo para el patio. Escuché que uno dijo, “está acá”. “¿Quién?”, llegué a preguntar. “Se tiró un vecino, cayó en tu patio”, contestó un oficial. “¿Dónde en mi patio?”. “En el techo del cuartito”. Así empezó el día más bizarro de mi vida, entre subcomisarios, bomberos, curiosos y un muerto, que era demasiado grandote para que se lo llevara la morgue, con el que compartí más de ocho horas en las que nadie intentó abrir la puerta del cuartito para ver qué había adentro. Cuando me preguntaron, respondí: “cachivaches”.

Fumo marihuana desde los 14 años. Hoy la marihuana me ha sido de gran ayuda para dejar otra droga: el tabaco. Mi relación actual es terapéutica. Quizás siempre lo fue.

Gonzalo, escritor

Gonzalo Unamuno

Decidí incluir la cocaína en mi novela Que todo se detenga (Galerna) porque me permitía dar cuenta de dos factores: su cuota de época y contexto dado que mi personaje es un “noventista” escéptico y defraudado, y es en esa década donde el consumo de cocaína se masifica a niveles desconocidos en nuestro país. La segunda es que el personaje transita junto con la droga los distintos estados a los que te sumerge.

Yo no consumo cocaína, pero fue, después de la marihuana, la droga que más presencia y cercanía tuvo en los entornos por los cuales me movía en mi adolescencia. Durante seis o siete años tuve una relación muy cercana con un personaje mayor al que vi hundirse en su consumo. Pude ver la degradación a la que te somete esa adicción. Esta persona, a medida que el tiempo y la dependencia a la droga fueron pasando, empezó a pedir dinero prestado que después no podía devolver. Una noche me tocó timbre a las 3 am pidiéndome un par de zapatillas dado que había “canjeado” las suyas por unos gramos. Luego supe por su familia que había desembocado en el robo de todo tipo de objetos para seguir consumiendo. Así acabó por perder a todo su entorno afectivo, y quedó muy alejado de las posibilidades de reinserción.

Enzo, escritor y periodista

Enzo Maqueira

En Electrónica (Interzona) quería reflejar una época y una o varias generaciones que creyeron encontrar en la música electrónica y las drogas de diseño un camino hacia la felicidad. Las drogas, la electrónica y la historia que quería contar eran parte de un todo que no podía prescindir de ninguno de esos elementos.

Probé casi todas las drogas: marihuana, éxtasis, MD, LSD, DMT, hongos. Las utilizo socialmente y cuando quiero tener un viaje introspectivo, renacer, asomarme a lo que hay más allá de la conciencia. Entré por el lado de la exploración de las plantas mágicas y la psiconáutica y terminé bailando ocho horas de trance en un boliche. Las drogas me devolvieron algo de la espiritualidad que creí perdida, me hicieron reflexionar y me llenaron de ideas, me deconstruyeron, me abrieron la cabeza y el cuerpo. Algunas, como la cocaína, me hicieron sufrir y no las quise ver más.

Los viajes que más recuerdo son los que me hicieron sentir cerca de la muerte. No en un sentido del cese de las funciones físicas, sino de la supresión del yo. Hubo algunos con salvia divinorum que no voy a olvidar jamás: entendí qué tan insignificantes somos, me vi como átomos flotando en el universo; y otro al final de una noche de éxtasis, en un boliche, a la hora del chill out, unos túneles de luz por donde volaba y me iba hundiendo cada vez más profundo en algún plano de la conciencia al que nunca antes había entrado. También con hongos tuve una sensación fuerte de estar en un plano distinto, más allá de lo corpóreo. No me importa si es real o no, si está todo en mi mente o si de verdad: uno viaja y se contacta con otros planos de realidad.

Loyds, escritor y abogado

Loyds

Empecé a moldear un personaje cínico de clase acomodada que despreciara al resto de la gente. La idea era hacer un fresco de un sector pudiente que había notado que no estaba retratado en la literatura. Cuando empezó a cobrar forma, me di cuenta que necesitaba que fuera frenético, que la cabeza le fuera a mil. El combustible perfecto era la merca. El personaje de Johnny pedía merca a gritos. La novela acabó llamándose Merca.

Consumo irregularmente drogas de manera recreativa, con amigos, en ocasiones especiales. Tengo la suerte de nunca haberme enganchado con nada.

Una vez, un amigo coordinaba una suerte de retiro espiritual. Al llegar, me toca en el cuarto con otro amigo y cuando empezamos a desarmar el bolso lo veo que saca una petaca. Tomo un sorbo de whisky y le digo: el combustible ideal para hacer menos torturante esto. Entonces el otro saca una bolsita de merca y me contesta: ¿vos te pensás que yo voy a venir a un retiro espiritual sin aditivos? Y así fue que terminamos los dos rabiosos interactuando con Dios. Terminamos conectados con la energía del retiro y con los demás que habían ido.

Malen, conductora radial, poeta, música

Malén Denis

Me interesa lo tenso de la realidad para crear. Y las drogas son parte de la realidad. Son catalizadoras de estados anímicos, propedéutica de cierto lugar no tan cómodo: uno puede observar aspectos que a simple vista aparecen como naturales, pero al estar bajo un estado de percepción alterada resultan trascendentales para comprender que eso que llamamos realidad quizás sea un estado simulatorio.

Nunca consumí para crear, pero sí para lidiar con situaciones, estrés social o apatía, y cumplieron su cometido porque en gran medida escribo en torno a mi relación con las cosas y las personas y las drogas. Nunca necesité drogarme para escribir, pero no puedo decir por eso que no me hayan ayudado a hacerlo, quizás simplemente por presentarme situaciones, llevarme a lugares incómodos o extraños a los que no hubiera llegado. Tengo un libro llamado Buscar drogas en wikipedia, esa línea está en un poema pero más que la experiencia fáctica de la droga, lo que intento nombrar es la idea de buscar algo donde no vas a encontrarlo, buscar algo que pertenece a otro sistema material.

Nunca estuve enamorada de una droga, fui una pothead y dejé, tuve un romance con la cocaína y dejé, ahora me caen bien las drogas que llamo del baile y me llevan a algo corporal y simple que me interesa para explorar cierto estado de antineurosis. No consumo nada de forma constante.

Fernando, periodista

Fernando Soriano

Después de muchos años de trabajo cubriendo el tema, transformé este tema en la idea de libro: la sociedad (y eso incluye funcionarios del Estado, legisladores, policías y medios de comunicación) piensa la cuestión de la marihuana desde una base de prejuicio y desinformación y también hipocresía. El disparador del libro Marihuana (Planeta) es el absurdo de la prohibición, la injusticia que se da con sus consumidores y con la fama de la planta, los argumentos débiles en contraste con los misterios mágicos: su psicoactividad, sus atributos medicinales, su nobleza como fibra, su influencia en artistas, o su espacio esencial en ciertas religiones. Quería contar eso, su propagación a lo largo del tiempo y las culturas y también aportar las consecuencias del prohibicionismo.


Relacionados: Una noche en la gran fiesta


Tengo una relación de empatía y respeto con la marihuana. Consumo de manera casi constante pero con la intención de buscar lugares diáfanos, que pueden ser de creatividad, relajación o placer.

Zafé de los brazos de la ley varias veces, algunas con chamuyo y otras con ojete. Alguna incluso en un aeropuerto nacional, gracias a la comprensión de un agente. Recuerdo mi primer viaje, en un recital de Gustavo Cerati en Obras, recuerdo lindas noches de amor y cielos inmensos sobre la orilla del Paraná en Corrientes, risas por aquí y por allá. Y recuerdo a Fidel, el perro de un amigo, que tenía una relación de odio con el padre de mi amigo y de amor con la madre y entonces nunca no hacía un escándalo cada vez que el señor quería meterse en la cama. Una noche nos comió el porro, salimos sin saberlo y a la vuelta, cuando llega mi amigo la madre muy alterada le pide al hijo que vea al can porque, lejos de haber querido atacar al padre como cada noche, estaba echado a los pies de la cama, panza arriba y cuando le hablaban no movía ni una parte del cuerpo, excepto por su cola.

Sigue a Walter en Twitter

Más VICE
Canales de VICE