Los saharauis buscan sustituto a su líder durante los últimos 40 años

La muerte del presidente de la RASD y líder del Frente Polisario, Mohamed Abdelaziz, abre la puerta a posibles cambios en un conflicto bloqueado.

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01 junio 2016, 8:55am

Imagen por Luis de Vega

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Por vez primera en cuatro décadas el Frente Polisario debe buscar un presidente que sustituya a Mohamed Abdelaziz al frente de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Solo su fallecimiento este martes 31 de mayo a causa de un cáncer de pulmón lo ha apartado de ese puesto al que llegó tras la muerte en el campo de batalla de El Uali Mustafa Sayed en 1976.

Desaparece así la cara más visible de un pueblo que suele estar representado en el imaginario internacional por los rostros anónimos de los refugiados varados en el desierto desde que abandonaron sus casas hace casi medio siglo. ¿Quién será ahora el nuevo rostro de la autoridad saharaui?

Se han decretado 40 días de luto y, por el momento, le corresponde por ley afrontar el poder de manera interina al Presidente del Consejo Nacional Saharaui, Khatri Addouh. Posteriormente se convocará un congreso extraordinario en el que debería ser elegido el nuevo presidente y secretario general del Frente Polisario. Nada ha trascendido en círculos oficiales en las últimas horas sobre si el sustituto pertenecerá a la vieja guardia que se levantó contra los españoles hace ya casi medio siglo y después contra los marroquíes o será alguno de la generación crecida ya en los campos de refugiados del sur de Argelia.

Abdelaziz ha estado implicado en el movimiento independentista saharaui prácticamente desde que era un adolescente. Presionando a las autoridades españolas desde finales de los años sesenta, fue uno de los fundadores del Frente Popular de Liberación de Saguia el Hamra y Río de Oro (Frente Polisario) en 1973 en la localidad de Bir Lehlu.

Desde allí se emitió el comunicado oficial en el que no se ofrecen detalles del motivo de su fallecimiento. El gobierno español, que no reconoce la RASD, emitió también un comunicado lamentando la pérdida del "secretario general y líder histórico del Frente Polisario" y recuerda, sin salirse de su tradicional carril, que "defiende una solución política, justa, duradera y mutuamente aceptable" para la tierra que colonizó a finales del siglo XIX.

Unos sitúan el nacimiento de Mohamed Abdelaziz en 1948 en la ciudad saharaui de Smara. Otros en la marroquí de Marraquech, entonces bajo protectorado francés, donde su padre era militar y, además, acabó siendo incluido por el rey Mohamed VI hace una década en la caótica lista de integrantes del Consejo Real Consultivo de Asuntos Saharauis (Corcas) y en cuya nómina aparecían varias personas fallecidas.

Por eso, desde Rabat al difunto presidente Abdelaziz le llamaban a veces en tono de mofa el "marrakchi" (el de Marraquech). Uno de sus hermanos, Lahbib Erguibi, es un conocido abogado que ha asistido en El Aaiún, capital del Sahara, a numerosos saharauis perseguidos por la justicia marroquí. Se trata, por tanto, de una familia, como muchas otras, rota por el conflicto: el padre y un hermano médico, en Marruecos; el abogado, en la zona saharaui ocupada por Rabat y en el sur del reino, y Mohamed, en los campos de refugiados y en la franja de terreno del Sahara que controla el Polisario.

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Los discursos y declaraciones de Abdelaziz a lo largo de estos cuarenta años — los hubiera cumplido en efecto de líder el próximo agosto — han bailado sobre el escenario del optimismo frente a la deseada independencia. Y, sobre todo a partir de 1991, sus palabras han rondado en torno a la posibilidad de retomar las armas frente al enemigo marroquí. Pero nunca los saharauis han contado con apoyos firmes y suficientes en la comunidad internacional pese las resoluciones de la ONU, convertidas de manera sistemática en papel mojado.

Tampoco las tropas que lideraba Abdelaziz, que tantos quebraderos de cabeza dieron en su día aplicando la guerra de guerrillas, parecen hoy en día el ejército necesario para plantar cara a Marruecos. Es más, con la amenaza terrorista instalada en una región muy inestable e insegura, los tan cacareados ataques justificados por el hastío darían seguramente la puntilla a la remota posibilidad de que a corto o medio plazo los saharauis vean avanzar el proceso de autodeterminación.

Rabat, que reniega del referéndum e insiste en que no irá más allá de conceder al territorio en disputa la autonomía, ha tratado de empujar a las arenas movedizas del terrorismo al Polisario en más de una ocasión. Así sucedió cuando fueron secuestrados por Al-Qaeda del Magreb (AQMI) tres cooperantes, dos españoles y una italiana, en 2011 de un edificio de la administración del Polisario que no fueron liberados en Malí hasta nueve meses después. Muy probablemente el reino alauí no desaprovechará ahora la ocasión para tratar de desestabilizar al Polisario tras la muerte de Abdelaziz.

Mohamed Abdelaziz pasa revista a las tropas saharauis. (Imagen por Luis de Vega)

A pesar de estos vaivenes, el conflicto del Sahara Occidental sigue estando caracterizado por su inmovilismo. Parece que la quietud del desierto ha absorbido todo cuanto lo rodea y la toma de decisiones, anunciadas a veces a bombo y platillo, acaban brillando por su ausencia o convertidas en agua de borrajas. Por eso desde que acabó la guerra entre el Polisario y Marruecos y se firmó el alto el fuego en 1991 todo permanece atascado en la arena de las dunas o en el pedregal de la hamada.

Apenas un puñado de acontecimientos en forma de visitas de autoridades sobre el terreno, encuentros que no alcanzan el calificativo de negociaciones y algunos incidentes en la zona ocupada por Rabat han llevado al Sahara Occidental a la primera línea informativa. Pero la pereza es la característica esencial en un organigrama mediático cada vez más dominado por el "fast food" digital de la "noticia bomba" que pronto se olvida del fondo de los asuntos. ¿Qué habrá sido de aquello de "siéntate a tomar un té y hablamos"? que tanto gusta a los saharauis y que tan lejos queda del reporterismo actual.

En esa quietud y calma que imponen los usos sociales desérticos es en los que se apoyaba en cierto modo Abdelaziz cuando se le preguntaba — como hemos hecho yo y decenas de periodistas en numerosas ocasiones — si no era hora de dejar paso a otro líder, a un cambio en el Frente Polisario. La prioridad no era la democracia ni la alternancia en el poder, repetía, sino la independencia.

Ese era el escudo para defender su liderazgo, para justificar el freno a los opositores o las disidencias del cualquier tipo. Ese camino sin alternativas hacia la independencia le impedía mirar hacia otro lado pese a las contradicciones que afloraban cuando el presidente saharaui se atrevía a criticar el monolítico régimen de la casa real marroquí.

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El inmovilismo reina en ambos bandos y el pasotismo de la comunidad internacional se ha convertido en su mejor aliado. Como muestra un botón: ningún presidente del gobierno español de la democracia ha visitado un territorio que oficialmente sigue dependiendo de Madrid mientras no concluya el proceso de descolonización. Tampoco ninguno se ha manchado los zapatos con el polvo de los campamentos de refugiados de Tinduf (Argelia), ahora que está este término de "refugiado" tan de moda, donde miles de saharauis siguen esperando una salida con sus papeles de la administración española todavía en la mano.

Por eso la visita el pasado febrero a la excolonia del secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, que ha levantado ampollas en Marruecos, y el fallecimiento de Mohamed Abdelaziz pueden servir de acicate para que el conflicto se mueva en alguna dirección. Por un lado Rabat no puede mantenerse permanentemente enfrentada a las Naciones Unidas, de cuya misión, la Minurso, ha expulsado a muchos de sus integrantes.

Y por otro, tras cuatro décadas, el Frente Polisario no tendrá más remedio que buscar sustituto al líder muerto. Claro, que esto no significa que vayamos a asistir de manera irremisible a un cambio de tornas en la cansina dinámica imperante. Habrá nuevo líder saharaui pero ¿quién cree que va a haber nuevo discurso? Pocos.

En los próximos días los restos de Mohamed Abdelaziz descansarán en esa tierra prometida que sigue siendo el Sahara Occidental y cuyo futuro permanece a la espera de una solución que, de momento, también está enterrada.

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