'Mataremos a todas las trans': así les amenazan las bandas de El Salvador

La comunidad LGBT se ha vuelto particularmente vulnerable a los ataques de los criminales. Las personas transexuales son golpeadas y violadas por miembros de las pandillas, y cada año se registran unos 16 homicidios, según una asociación local.

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01 Mayo 2017, 1:05pm

Imagen vía GettyImages/VICE News

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Cuando en febrero, tres mujeres transexuales fueron asesinadas en menos de 72 horas en El Salvador, los activistas locales estaban devastados pero no sorprendidos: la serie de homicidios fueron solamente un ejemplo de la violencia que azota a la comunidad LGBT en el país.

"Han puesto la mira sobre nosotros", dice Sebastián Cerritos. Sus compañeros permanecen en silencio, sin moverse, mientras Cerritos habla. "Las bandas en un área de por aquí dijeron: 'vamos a matar a toda la gente transexual de aquí'".

Cerritos es coordinador de Astrans LGBTI, un grupo sin ánimo de lucro dedicado a ayudar a la comunidad LGBT en El Salvador, y no le faltan razones para estar preocupado. El Salvador está considerado como el lugar más peligroso en el mundo, fuera de las zonas de guerra, tanto así, que a principios de este año, el país celebró su primer día sin homicidios en dos años.

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Muchos salvadoreños viven bajo el control de las bandas criminales en la zona, mientras que a las orillas de las ciudades existen códigos implícitos impuestos por los delincuentes. Por otro lado, en los centros urbanos policías armados están en cada esquina, resguardando todo, desde tiendas de conveniencia hasta pastelerías.

En los últimos años, la comunidad LGBT se ha vuelto particularmente vulnerable a los ataques de los criminales. Las personas transexuales son víctimas de insultos y acosos sexuales en la calle, llegando incluso a ser golpeados y violados por los miembros de las bandas.

En El Salvador la esperanza de vida de una mujer transexual no llega siquiera a los 35 años, de acuerdo a la Asociación Internacional de Gays y Lesbianas, mientras que cada año se reportan 16 homicidios en el país.

"Estamos acostumbrados a la violencia", dijo Cerritos. "Sabemos que hay un riesgo cada vez que salimos a la calle".

El activista salvadoreño y sus colegas quedaron boquiabiertos ante los recientes asesinatos ocurridos en San Luis Talpa, a 30 minutos de la ciudad. En ese lugar, tres mujeres transexuales fueron asesinadas en un periodo de 72 horas. De acuerdo con diversos reportes, la tercera de ellas, Elizabeth Castillo, fue secuestrada, torturada y asesinada después de haber asistido al funeral de las otras dos chicas.

Cuando los oficiales hicieron la descripción del crimen mostraron poca simpatía, refiriéndose a ellas como "hombres vestidos con ropa de mujer".

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Astrans LGBTI dijo a VICE News que la ola de asesinatos ha provocado un gran de temor entre su comunidad, además de señalar la impunidad hacia los perpetradores de esos crímenes.

A pesar de que una ley que reconoce los crímenes de odio motivados por el género u orientación sexual fue aprobada en 2015, los activistas aseguran que nadie ha sido condenado por el asesinato de una persona transexual en el país.

"Seguimos sin saber quién asesinó a esas tres mujeres", añadió Cerritos.

Astrans LGBTI, fundada en 2007, dijo que ha tenido que intensificar su trabajo en la ciudad y en las áreas rurales desde el año pasado. Entre los servicios que ofrece están el tratamiento hormonal y la orientación sexual, los cuales han beneficiado a 83 mujeres transexuales y 26 hombres transexuales, aunque pueden brindar apoyo hasta a 200 personas en determinado momento.

Equipo de Astran LGBTI. Imagen vía Rossalyn Warren.

Los miembros del equipo que trabajan en la organización —aislados de su comunidad, muchas veces rechazados por su familia o amenazados— informaron que las personas llegan a ellos en un estado de desesperación.

"La gente llega llorando, asustada", dijo Cerritos. "Ponen sus esperanzas en nosotros porque hay muy poca ayuda aquí".

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De hecho, Cerritos conoce bien ese sentimiento. Después de decidir dejar de ocultar su preferencia sexual a la edad de 18 años, huyó de casa. Sintiéndose solo y sin salida, se dirigió hasta la costa, donde pensó en el suicidio como una salida. "Quería ver el océano, quería que fuera lo último que viera", dijo.

Sebastián Cerritos en las oficinas de la asociación. Imagen vía Rossalyn Warren.

Finalmente, Cerritos decidió regresar a casa, donde comenzó la universidad en 2014. Hoy en día libra sus propias batallas, así como las de las personas transexuales. En El Salvador, no tienen derecho legal a cambiar su nombre. Esto quiere decir que cuando Cerritos se gradúe de la universidad a finales de este año, no podrá usar su nombre en la ceremonia.

"Estoy peleando por poder hacer", dijo mientras se encogía de hombros.

Para la comunidad LGBT de El Salvador, ir a Estados Unidos es una esperanza. En un país donde los salvadoreños representan la cuarta parte de la población hispana, el país del norte significa una oportunidad para alejarse del hostigamiento.

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En 2015, dos miembros de Astrans LGBTI —incluyendo su presidente— tuvieron que dejar El Salvador después de haber recibido amenazas de muerte por parte de las bandas criminales, por lo que recibieron asilo en Estados Unidos.

Sin embargo, muchas personas LGBT en El Salvador parecen haber perdido las ganas de viajar a Estados Unidos desde que Donald Trump asumió el poder. Aunque Obama deportó más gente que cualquier otro presidente, el trato que Trump le da a las personas transexuales, así como su retórica sobre la migración, ha aumentado las preocupaciones de que los nuevos buscadores de asilo sean rechazados.

"Hasta ahora, la gente no se da cuenta de la magnitud del problema", explicó Cerritos, "y si continúan las deportaciones de Trump, tendremos más problemas".

Latinoamérica parece ser el lugar más letal para la comunidad LGBT. De acuerdo con un reporte, entre enero de 2008 y abril de 2016 se registraron 2.115 homicidios, de los cuales un 78 por ciento ocurrieron en Centroamérica y Sudamérica. De estos 29 fueron cometidos en El Salvador.

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