Ilustración de @aca_ibanez

El éxito musical en 2019 depende de si las letras son tuiteables

¿Importa algo si no puedes mostrarlo en RRSS?

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07 Marzo 2019, 4:54pm

Ilustración de @aca_ibanez

Creo que el arte importa cuando mueve piedras. Y con ellas hace fuego. La música desde tiempos muy antiguos ha tenido un papel vital en el inconsciente colectivo. Ha logrado que los seres humanos modifiquen su comportamiento, sus maneras de pensar, escrituras y hasta ha ayudado a poner y quitar presidentes. Las letras de las canciones han sido pilares obligados en la constitución de la música como una de las actividades artísticas más importantes en la historia moderna. Su rol e importancia (dependiendo de la década) ha sobrepasado hasta la de la música misma. Y debemos entender que una canción tiene varias partes, y me gusta dividirlas en: melodía, armonía, ritmo y (a veces) lírica. Para mí eso es la música.

En mi crecimiento y desarrollo le ponía demasiado atención a las letras de toda la música que consumía. Era algo bastante peculiar: mientras más joven más importancia le daba. No sé si era una especie de superioridad moral, inseguridad o qué sé yo; pero para mí si una letra no me "tocaba" era muy difícil que la canción me generara algo. Pero estamos en el 2019. Año de los bots. De los algoritmos y de Instagram TV. De las fake news. De Trump diciéndole al presidente de Apple "Tim Apple" en vez de Tim Cook. Año en que los géneros musicales dejaron de importar.

Qué tiempos dorados aquellos cuando las letras de las canciones importaban. Los Cerati. Los Luis Alberto Spinetta. Los Charly García. Los Silvio Rodríguez. Incluso hasta Molotov tuvo una especie de impacto real en la sociedad con sus letras; para bien y para mal mis bbs. Hoy ya no importa si tu letra está escrita de una manera sublime. Hoy lo de Jorge Drexler es una abominación, y es mucho más importante lograr frases para que varias personas en el planeta tierra hagan lo que todos los seres humanos hacemos cuando encontramos algo que nos toca, agrada y gusta: tuitearlas.

Sigue tu camino que sin ti me va mejor
Ahora tengo a otras que me lo hacen mejor
Si antes yo era un hijo de puta, ahora soy peor
Ahora soy peor, ahora soy peor, por ti

Reggaetón, trap y hip hop hacen el amor con las listas de popularidad. El rock está abajo, peleando el descenso en la tabla. Y no es casualidad. Hagamos un ejercicio. ¿Qué piensan ustedes que tendrá más reacciones en RRSS? Un verso de "Ojalá" de Silvio Rodríguez o de "Soy peor" de Bad Bunny? Queremos inmediatez. Compartimos contenido como una forma de expresar quienes somos. Compartimos contenidos porque sentimos una necesidad imperiosa de compartirlos. Si tu obra, ya sea un libro, canción, texto, video, o lo que sea no es lo suficientemente importante para convertirse en contenido para RRSS de la gente de a pie, está destinada a fracasar. El mal llamado "género urbano" básicamente lo que ha hecho es capitalizar esto.

El trap de España siento que está entendiendo esto casi mejor que nadie. Doy el ejemplo de Pimp Flaco. Hoy tiene Cupido, una banda en la que une el pop, trap y Auto-Tune hermoso con las letras más tuiteables e Instagrameables y lo que sea. Captar las sensibilidad de una generación que vive con la cara pegada al teléfono es algo que la vieja guardia del rock n roll no ha sabido hacer.

Mi papá y mi mamá me hicieron la cara demasiado bien
La gente linda como yo no suele caer bien
Ser tan guapo no es tan guay como los feos creen

Y yo no quiero que me miren con envidia cuando me subo en el tren
Ni romperle el corazón a las mujeres que me ven
Si sabes alguien más guapo que yo, dime quién

C. Tangana empezó parte de esto también. "'Llorando en la limo' es mágica". ¿Han visto cuántas veces la gente comparte en RRSS lo infeliz que está o que tiene ganas de llorar? Hacer una canción que hable de lo infeliz que estás en tu limosina, bien exitoso, está bastante cerca de ser una genialidad contemporánea. Somos una generación bien triste y nos encanta demostrarlo en el único megáfono que todos los mortales compartimos. Las RRSS hermanos y hermanas.

Ey, perdí mis amigos
Mírame que mono llorando en la Limo (¡wow!)
Canta conmigo
Que le jodan al dinero, quiero estar contigo

Me ha cogío' la depresión en un Ferrari (uh)
Llorando a 180 parece un Tsunami (¡wow!)
Suena mi canción, estalla el party (¡party!)
Dios bendiga el reggaeton, Dios bendiga a Daddy

Estamos en los tiempos del meme. Del contenido viral y compartible. El meme se ha convertido en la vía de comunicación más eficaz posible. La mejor manera de marketear algo. Las grandes marcas están pagando a chicos que pasan todo su día encerrados en su cuarto fumando mota haciendo memes para que viralicen sus contenidos mediante memes. Es lo que hay y si no lo entendemos es mejor acostarnos a dormir. Y exactamente eso se traslada a la música. Al menos a la música popular. La que vende y paga rentas. J Bavlin y Rosalía. Dos fenómenos mutantes. Dueños y amos de las RRSS. Del contenido viral. Del meme. De las frases que se hacen tatuajes, tuits y estados de Facebook. Hicieron una letra (no sé quién fue) que reventó los estados de todas las redes. El higlighter. Las quince stories. ¿Hay algo con lo que nos podamos identificar más en el 2019?

¿Pa, pa, pa qué highlighter, si tú brillas sola?
Quiero ser el número uno en tu emisora
Si me convierto en surfista es pa' montarme en tus olas
Le pido a Dios que te cuide, pero tú te cuidas sola

He subio quince Stories
¿No lo ves?
Mira que quiero ser buena
¿No lo ves?

La necesidad de atención, pertenecer, y ser escuchados ha sido magnificada más que nunca por todas nuestras RRSS. Todos tenemos una opinión. Queremos que las demás personas cohabitantes de nuestro espacio social la conozcan. Y en secreto rezamos que nos contradigan para así crear una pequeña pelea de comentarios y sentir que el tiempo que perdimos en la escuela y la universidad valieron la pena. El arte responde a la coyuntura de la época en donde se encuentre. Hoy queremos y necesitamos pedazos de letras que nos hagan pertenecer. Sentirnos queridos en Twitter. Lograr esos 32 likes que tanto queremos.

Un amigo sociólogo me dijo "pareciera que no queremos pensar actualmente. Música que menos nos rete es la que más éxito va a tener. Solamente queremos bailar. Eso está bien, pero creo que es una característica de nuestra época". Y creo que ese buen hombre tiene razón. Queremos bailar. Necesitamos no pensar. La economía es una puta mierda. El cáncer es una maldita mierda. Le estamos pidiendo inconscientemente a la música popular que nos saque de esto. Que nos haga mover el culo y tuitear pendejadas. Anuel AA tiene destrozados a todos los usuarios de cualquier red con su "bebecita". El éxito de Anuel se debe a los memes y a twitter.com. ¿Cuándo había sucedido algo así en la historia? Nunca. Y es que de qué otra manera podemos medir el éxito de algo si no es más bien viendo cuántos memes se hicieron del tema en cuestión?

Hay una canción especial que siento que domina todo este tema que estoy tratando de abordar: "María" de Crudo Means Raw. La letra es el sin sentido más poético, simple, real y directo que he podido leer últimamente. Esta letra llana y humana podría ser un poema de Neruda.
O sea, ¿qué más real que decirle a María que sin ti ya ni sé qué haría? Nada.

Esto es para tí, María
Sin ti ya ni sé qué haría, María, María
La que compone los días, la que propone salida
Yo sigo en la mía, ey, yo sigo en la mía

Y bueno. Llegar a uno de los más importantes en esto. Benito Bad Bunny. El día que al conejito se le ocurrió el "no me vuelvas a decir bebé" el mundo empezó a girar de otra forma. Cambió la manera en la que respiramos, sexteamos a nuestras parejas y tomamos nuestro vodka tonic. Recuerdo cuando esa canción salió. Inmediatamente todas las RRSS se llenaron de esa hermosa frase. Y cada vez que estoy aburrido en mi Twitter, tuiteó esa frase y siempre tiene su respetable cantidad de bellas interacciones.

Antes estaba chido oír a Mozart. Luego a Chuck Berry. Los Beatles. Después a Poison. Quizás un poco después a Coldplay. Para luego terminar escuchando a Daddy Yankee. Odiarlo. Luego rescatarlo y hacerlo el músico más importante en español. Ser parte de la iglesia de Kanye West. Y hablando de ese señor West. Además de que quiero dejar en claro que él creó la música, vio venir todo antes que nadie. Como siempre. En "Ultralight Beam" entiende el futuro antes que el futuro terminara de ducharse.

Let's make it so free and the bars so hard
That there ain't one gosh darn part you can't tweet
This is my part, nobody else speak
This is my part, nobody else speak

Lo que más tenemos que entender es que cualquier cosa que nos haga querer compartir en algún lugar social que lleve nuestro nombre es porque tocó unas fibras gigantes dentro de nuestro corazón y cabeza. Las aprobamos. Tuitear "bebecita" en el 2019 es igual de importante que ser de izquierda o derecha. Es un manifesto, una declaración de principios. Nuestra personalidad y credibilidad está en juego. Esto nos coloca o descoloca para posibles chambas o poder entrar en un círculo social determinado. Nos separa de lugares indeseados y conduce a donde siempre, inconscientemente, quisimos estar y descansar. Estamos viviendo momentos complicadísimos de la historia reciente. El renacer del racismo. De la extrema derecha. Del estúpido odio entre razas y etnias. Pareciera que más bien estamos viajando a 1940 pero con conexión a internet y un router de WIFI en la mochila. Por eso viene siendo tan importante todo esto.

Por eso el artista (o lo que sea que quieran llamar) que tenga un poco de ganas de tomar prestado un poco de nuestro valioso y escaso tiempo para colarse dentro de nuestra plataforma de streaming o red social favorita va a tener que hacer lo más parecido a cogernos. Y bastante fuerte. Tendrá la misión de conquistarnos de la manera mas real, física y palpable posible en el 2019: colarse dentro de nuestras RRSS. Meterse en nuestro Twitter. En las historias de Instagram. En un pequeño estado de Facebook.

¿Ya entienden por qué es tan importante mostrar a nuestras parejas en RRSS y en ese preciso momento que las mostramos es que la relación es "oficial"?

El sentido de pertenencia y validación, mis hermanxs.

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