Los refugiados de Siria están atrapados entre infiernos

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Los refugiados de Siria están atrapados entre infiernos

El fotógrafo de guerra, Giles Duley, pasó una parte del último mes en el Campamento Zaatari, en Jordania.
15 Mayo 2013, 3:00pm

Conocí al fotógrafo de guerra Giles Duley hace un mes, para platicar sobre su trabajo antes y después de perder tres extremidades en Afganistán. El viaje más reciente de Giles desde nuestra conversación fue a Jordania, donde documentó la llegada de refugiados sirios, tras un largo viaje por la frontera. Este es su recuento sobre los recién llegados al campamento Zaatari. – Jamie Collins

Por las noches hay un frío tan terrible que me he refugiado en una cabina portátil repleta de doctores de UNHCR. Nos sentamos a tomar té, luchando contra el cansancio, esperando. Es casi la 1AM y todavía no hay señal de la llegada de refugiados. Impaciente, salgo para acompañar a mis colegas, quienes comparte un cigarro bajo la noche sin estrellas. De repente todos guardamos silencio, en la distancia se escuchan camiones, y en medio de la noche helada comienzan a llegar. La primera en aparecer es una pequeña niña, de unos cinco años, vestida con un abrigo color crema y caminando con un propósito en los ojos, seguida por dos jóvenes madres con sus hijos envueltos en cobijas para protegerlos del frío. Se abren paso hasta una tienda de recepción estilo militar donde serán procesados, recibirán alimento, atención médica y por último serán colocados en un área dentro del campamento Zaatari.

Observo mientras llegan más y más; decenas, cientos y, para el amanecer, casi 2,000. Un hombre con traje que sostiene la mano de su hijo; una pareja de ancianos que se esfuerza por cargar sus escasas pertenencias; una mujer embarazada en lágrimas; un joven arrastrado por el terreno accidentado en su silla de ruedas. Cada rostro atormentado; marcado por el cansancio, la incertidumbre y el miedo. Las escenas reminiscentes de tantas guerras previas, imágenes en blanco y negro de civiles desarraigados, obligados a huir únicamente con lo que pueden cargar, recuerdos de vidas pasadas. Pero este no es un pasado terrible, es el presente; la difícil situación de aquellos desplazados por al guerra en Siria, una guerra cada día más violenta y brutal. Los números son casi incomprensibles: más de 70,000 muertos, más de cuatro millones de desplazados y más de un millón de refugiados registrados por la UNHCR. Sólo en Jordania, hay 340,000 refugiados, muchos en las tiendas de Zaatari. Se espera que este número alcance un millón para finales de año.

Aquellos con aluna discapacidad crónica o relacionada con la guerra enfrentan los más grandes retos. Temerosos de busca tratamiento en los hospitales del gobierno, no tienen opción más que huir de Siria. Aunque la organizaciones caritativas como Handicap International, ofrecen fisioterapia y algo de ayuda, la realidad de vivir en un campamento con una discapacidad es difícil de superar. Muchos deciden dejar el campamento y rentar casas privadas en la zona. Sin embargo, las rentas se han casi triplicado, los fondos son limitados y muchas propiedades son inadecuadas.

Durante los siguientes días me dedico a concer y fotografiar a los refugiados, a escuchar sus historias. Hombres, mujeres y niños que son individuos detrás de los números, personas que lo han perdido todo, el control de sus vidas, y ahora enfrentan un futuro poco prometedor como refugiados. Sin hogar, sin seguridad alimenticia, sin trabajo, sin escuela, con servicios médicos limitados y muchas veces con familias que mantener. Saber que esta es su única opción me hace pensar en el infierno que deben haber dejado atrás.

Este conflicto es insoportablemente complejo, las respuestas casi no existan y las que hay son debatibles. Sin embargo, mientras discutimos los pros y contras de armar al Ejército Libre de Siria, la línea roja que se cruzará con el uso de armas químicas y las ramificaciones de una intervención, parece que estamos olvidando esta simple verdad. Cada día, civiles inocentes mueren, o son mutilados y obligados a huir a una vida como refugiados. Debemos hacer de su protección y cuidado una prioridad no debatible.

Campamento Zaatari, Jordania. 30 de marzo de 2013.

Sigue a Giles en Twitter: @gilesduley

Ve más de su trabajo aquí.