Cómo saber si lo que sientes es depresión o una profunda tristeza

Ambas se pueden confundir fácilmente.

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14 Abril 2019, 3:00pm

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Artículo publicado originalmente por Tonic Estados Unidos.

Es frecuente creer que estamos deprimidos cuando realmente estamos tristes o viceversa. Es fácil confundirse, ya que ambos estados se caracterizan por un bajón anímico. “Aunque no es en absoluto el único síntoma, tendemos a asociar la depresión con un estado de ánimo decaído”, señala Guy Winch, psicólogo de Nueva York y autor de Primeros auxilios emocionales: Consejos prácticos para tratar el fracaso, el rechazo, la culpa y otros problemas psicológicos cotidianos. “Pero no son lo mismo”.

Es normal que en algún momento de nuestras vidas anuncies dramáticamente que estás deprimida, por ejemplo después de haberla cagado en una relación o de haber decepcionado a tu jefa. Pero ¿cómo podemos saber si lo que sentimos es simple tristeza o depresión? ¿Cómo saber si estás atravesando un bache emocional o si formas parte de los más de 300 millones de personas que sufren depresión en todo el mundo?

Para empezar, piensa en la última vez que estuviste triste (siento hacerte recordar esto). ¿Qué provocó ese sentimiento? Quizá la muerte de un familiar o el comentario hiriente de un amigo íntimo. Fuera lo que fuera, la cosa es que seguramente te sentías triste por algo en concreto. “La tristeza es una emoción humana normal”, explica Marwa Azab, profesora asociada de Psicología en la Universidad Estatal de California, Long Beach. Es una respuesta saludable a cualquier tipo de pérdida, resultado insatisfactorio o comentario hiriente”.



La tristeza puede aparecer y desaparecer rápidamente; por lo general, se disipa cuando superas lo que fuera que te la provocó. Sin embargo, la depresión puede afectar a tu estado de ánimo y a otros aspectos de tu vida sin razón aparente, y es persistente. “Es una experiencia mucho más general”, apunta Winch. “Se trata de un estado emocional anómalo que influye en nuestro modo de pensar, sentir, percibir y comportarnos, y lo hace tanto de forma sutil como evidente”.

Según el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5), para que a una persona le diagnostiquen depresión clínica, debe presentar un estado anímico triste o deprimido o incapacidad para disfrutar cosas que solían brindarle alegría. Además, debe presentar otros cuatro síntomas de una lista que incluye factores como la fatiga, la falta de concentración, la falta o el exceso de sueño, los pensamientos suicidas, la pérdida de apetito o de peso y la lentitud de movimientos o al hablar. Si has experimentado alguno de esos síntomas durante al menos dos semanas, es muy probable que te diagnosticaran depresión.

Cada persona sufre este trastorno a su manera. Hay gente que se pasa el día llorando y gente que se vuelve insensible. “Es como si tuviéramos la visión nublada por un filtro gris que absorbiera todos los colores de nuestras vida”, señala Winch. “Acabamos con una visión anodina del mundo que nos provoca desapego y desinterés por cosas de las que antes nos preocupábamos”.

Ciertos factores aumentan el riesgo de sufrir depresión, como la genética; un estudio reciente reveló que el riesgo se duplica si uno de tus progenitores ha sufrido depresión. También aumentan las posibilidades para quienes han sufrido abusos, violencia o vivido en la pobreza, o tienen una visión pesimista de las cosas o baja autoestima.

También hay una diferencia entre la tristeza y la depresión a nivel neurológico. En el cerebro de la persona depresiva fluye menos sangre hacia la red encargada de la atención y más hacia la amígdala, el centro del miedo, explica Azab. “Por eso no es de extrañar que una persona con depresión se centre más en lo negativo, ya que el centro del miedo está hiperactivo”, añade.

Los desequilibrios químicos también pueden explicar los síntomas hasta cierto punto, apunta Azab. La depresión está relacionada con niveles bajos de serotonina, el neurotransmisor que regula el sueño; la dopamina, que controla los centros de recompensa y placer del cerebro; y la epinefrina, más conocida como adrenalina, responsable de la respuesta de defensa o huida del cuerpo.

En cualquier caso, solo un psicólogo o profesional médico está capacitado para dar un diagnóstico oficial, lo cual nunca es mala idea teniendo en cuenta que la terapia es uno de los tratamientos más comunes para la depresión. Otra opción son los antidepresivos, y si todo lo demás falla, la terapia electroconvulsiva (mucho menos agresiva hoy día de lo que reflejaba Alguien voló sobre el nido del cuco).

Winch recomienda no ignorar nunca los pensamientos suicidas, pero si tus síntomas son relativamente leves y no sabes si pedir ayuda, puedes seguir una serie de pasos para comprobar si mejora tu estado de ánimo después de una o dos semanas.

También recomienda hacer cardio cuatro veces a la semana (aunque es un tema muy debatido, los estudios demuestran que ayuda a aliviar los síntomas de depresión e incluso a prevenir futuros episodios), así como participar en actividades que antes disfrutabas, aunque no te apetezca nada.

Hagas lo que hagas, no te quedes en pijama sin salir de casa en todo el día. “Te haces un flaco favor, porque eso propicia un estado mental negativo”, señala Winch, en cuya charla de TED explica la importancia de la “higiene emocional”.

Azab sugiere adoptar una dieta saludable, intentar dormir entre 7 y 8 horas cada noche y esforzarse por mitigar factores psicológicos como la insatisfacción laboral o las personas tóxicas (algo que se dice pronto pero es complicado). Si pasadas una o dos semanas ninguna de estas medidas ha repercutido positivamente en tu estado de ánimo, pide cita con un médico o psicólogo.