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Siria

Cómo una familia de EEUU acabó en la ciudad sitiada de Madaya y ahora lucha contra el hambre

Al menos cinco ciudadanos estadounidenses, incluidos tres menores nacidos en suelo norteamericano, están luchando por sus vidas ante la escasez de comida y medicinas derivada del asedio impuesto por Hezbollah en la ciudad de Madaya.

por Avi Asher-Schapiro
21 Enero 2016, 11:52am

Photo via EPA

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Los nombres de las fuentes sirias que aparecen en el artículo no son verdaderos, en su lugar y por razones de protección se han utilizado pseudónimos.

Heba se acuerda del último día que vio su huerta de manzanas, ubicada en la famélica ciudad de Madaya. Era el pasado 17 de junio — el día que la fuerza conjunta del ejército sirio y Hezbollah declaró como "zona militar" los suburbios de la ciudad. La milicia libanesa apoyada por el gobierno de Irán, que está luchando para defender al gobierno sirio de Bashar al-Assad, impuso un bloqueo dos semanas después, recluyendo a todas las personas que se encontraban entonces en la ciudad, incluyendo un pequeño contingente de las fuerzas rebeldes contrarias al régimen.

"Abandonar la ciudad no era una opción", explica a VICE News por teléfono.

Heba es sólo uno de los millones de sirios cuyas vidas han dado un vuelco de 180 grados desde que estalló la guerra civil hace 5 años. Pero, a diferencia de muchos de sus vecinos, ella puede comparar la destrucción que la rodea con los suburbios de Pensilvania.

Aunque no tiene la ciudadanía norteamericana, Heba vivió durante seis años en los suburbios de Philadelphia, donde dio a luz a sus tres hijos.

"La vida allí era totalmente diferente", recuerda. "Mucho más tranquila y segura".

Aunque Madaya está situada en las montañas a apenas 46 quilómetros al noroeste de Damasco, el bloqueo militar al que esta siendo sometida la convierte en una prisión al aire libre. Mientras la lucha se intensifica en el perímetro de la ciudad, la población de la ciudad, que se dobló hasta las 42.000 almas debido a la recolocación de civiles procedentes de poblaciones vecinas por parte de Hezbollah, sufre los avatares del sitio. 

La comida y las medicinas son productos escasos y escapar de Madaya es una misión imposible dado que la ciudad está rodeada de puestos de control y sus tierras perimetrales minadas.

Heba y su marido Tamir han estado tratando de obtener ayuda por parte del gobierno de Estados Unidos para conseguir salir de la ciudad.

"Si nos quedamos aquí", asegura, "el sufrimiento no acabará nunca".

La ciudad siria de Madaya recibe la ayuda humanitaria de la ONU para combatir la hambruna. Leer más aquí.

Activistas de defensa de los derechos humanos han conseguido entrar unas cuantas remesas de comida a Madaya durante los últimos meses, pero la Cruz Roja, Médicos Sin Fronteras y la Syrian American Medical Society confirmaron a VICE News que la ciudad permanece en una situación extrema de hambruna.

Operativos locales de ayuda humanitaria han informado de la muerte de 32 personas por inanición sólo durante el pasado mes. Los suministros alimentarios de necesidad básica son excesivamente difíciles de encontrar y una simple galleta cuesta unos 15 dólares.

"No puedes imaginar lo difícil que es cundo tienes un niño de tres años que está hambriento y llorando pidiéndote comida mientras tu no puedes ofrecerle nada" contó Heba. "Todo el mundo nos ha abandonado".

Esta testigo se trasladó a EEUU en 2000 para vivir con su marido Tamir, un sirio-americano que se había establecido al lado de Allentown y que había trabajado como chef en un restaurante griego. Tamir es el nieto de Ottoman un inmigrante que llegó a EEUU en 1907, luchó con el ejército norteamericano en la Primera Guerra Mundial y se convirtió en ciudadano estadounidense — como también lo hizo la tía de Tamir. El abuelo de Tamir volvió a Siria después de la guerra, y una rama de su familia vive ahora en Madaya.

Heba nació y creció en Madaya y aunque no cuenta con la ciudadanía estadounidense dio a luz a tres hijos mientras vivía en EEUU. El mayor de ellos, que ahora tiene 15 años, cursó secundaria en una escuela de Allentown. Sus hijos, aseguró, aún se comunican con algunos de sus amigos estadounidenses cuando la intermitente conexión a Internet se lo permite.

La salud de la tía de Tamir empezó a empeorar en 2006, y la familia decidió volver a Madaya para poder hacerse cargo de ella. Compraron un huerto para cultivar manzanas y exportarlas, pero los conflictos que asolaban al país arruinaron sus planes mucho antes. El huerto está ahora más allá del perímetro de control impuesto por Hezbollah.

Madaya ha sido un caldo de cultivo de la actividad de los opositores al régimen desde que las protestas contra Assad florecieron en 2011al calor de la llamada primavera árabe.

'Los niños están comiendo hojas de los árboles': el nuevo infierno sirio se llama Madaya. Leer más aquí.

Durante seis meses, Madaya y la vecina ciudad de Zabadani se han convertido en una compleja pieza del juego de la gallina que se está librando en Siria, donde todas las partes implicadas esperan que el desgaste acabe por motivar la retirada de su contraparte.

Muchos de los combatientes que han luchado contra el régimen de Assad en la ciudad pertenecen al grupo islamista Ahrar al-Sham, responsable del sitio a dos ciudades norteñas que defienden el gobierno de Assad: Fua y Kefraya. Hezbollah sólo permite la entrada de comida a Madaya y Zabadani cuando los rebeldes también permiten la entrada de provisiones en estas ciudades sitiadas que están bajo su poder.

Los locales estiman que no hay más de 300 combatientes rebeldes en Madaya, una pequeña porción de los 42.000 residentes que están como rehenes. Heba no está particularmente interesada en la política — no participó en las protestas en contra del régimen — y no siente simpatía ni desdén por ninguno de los combatientes que viven en la ciudad.

"No tenemos nada que ver con esta guerra" pero "nos van a hacer pagar por ella".

Cuando el primer bloqueo fue impuesto en la ciudad, Heba y su familia empezaron a racionar su comida, comiendo sólo una vez al día.

"Cuando no nos quedaba comida, arrancábamos la hierba del jardín y nos la comíamos", relata. Ellos mezclaban diferentes hierbas con agua como sucedáneo de la comida.

Cuando el sitio empezó a recrudecer la situación de los ciudadanos a finales de octubre, Tamir mandó un mensaje a la embajada de EEUU en Beirut. VICE News obtuvo una copia del e-mail gracias al primo de Tamir, Hussein Assaf. Él es un sirioamericano que vive en Filadelfia y está intentando siguiendo con preocupación la situación a la que se enfrentan sus familiares sometidos a este dramático sitio.

"Nos quedamos atrapados, tratamos de salir de aquí pero no había salida posible y la vida, aquí dentro, sin comida ni medicamentos, es imposible", escribió Tamir en el e-mail enviado el pasado 17 de octubre. "Estamos al borde de la muerte, necesitamos vuestra ayuda tan pronto como sea posible".

El adjuntó su numero de seguridad social al mensaje para que verificaran su estatus de ciudadano estadounidense.

La ONU dice que hay que evacuar a 400 sirios que sufren por inanición en la ciudad de Madaya. Leer más aquí.

La embajada de EEUU le contestó en un mensaje que parecía contener una especie de formularios y que compartió con VICE News. "Estimado señor", reza el mensaje, "desafortunadamente no podemos prestarle ayuda en este aspecto. Le aconsejamos que considere otras opciones".

VICE News también comprobó la ciudadanía de Tamir, así como la de sus tres hijos y su tía, que se quedó ciega tras los bombardeos que impactaron en la casa familiar el pasado mes de agosto y un montón de vidrios rotos se incrustaron en su cara.

VICE News se puso en contacto con el Departamento de Estado de EEUU interesándose por la situación de la familia de Heba.

"Cuestiones de privacidad nos impiden aportar ninguna información sobre casos específicos", dijo un funcionario del departamento de Estado sobre el asunto. "Mediante la presencia checa autorizada sobre el terreno, estamos haciendo todos los esfuerzos posibles para ayudar a los ciudadanos estadounidenses que están tratando de abandonar siria.

Pero Heba dice que se ha puesto en contacto con los diplomáticos de la embajada de la República Checa en Damasco — que intermedia en nombre EEUU — y que le han dicho que no pueden hacer nada para ayudarlos.

Mientras tanto, Hussein, el primo de Tamir, está furioso con el gobierno de EEUU por no haber admitido la situación por la que pasa su familia. Él piensa que sus allegados en Madaya deberían haber sido considerados cuando EEUU negoció con Irán para la liberar de prisioneros el mes pasado.

"Me enojé tremendamente", recordó. Hussein lamentó el hecho de que, para el gobierno estadounidense. "parece no somos suficientemente americanos".

Sigue a Avi Asher-Schapiro en Twitter: @AASchapiro

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