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Europa

Por qué el acuerdo migratorio entre la UE y Turquía será un fracaso

Hablamos con organizaciones benéficas y con activistas pro Derechos Humanos para que nos cuenten por qué el nuevo acuerdo para deportar a sirios, iraquíes y afganos, de Europa, ni es eficaz ni ético.

por Harriet Salem
01 Abril 2016, 6:20am

Niños esperando para recibir comida en el campo griego de Idomeni. (Imagen por Harriet Salem/VICE News)

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Grecia sigue sumida en el caos más absoluto mientras se debate para implementar el nuevo acuerdo suscrito por los líderes europeos y el régimen de Ankara. El flamante y draconiano pacto implicará que miles de migrantes y refugiados de Siria, Irak, Afganistán y de otros muchos países tan pobres como devastados por la guerra y la violencia, sean deportados rumbo a la tenebrosa Turquía a partir del próximo 4 de abril.

Mientras la crisis de migrantes europea continúa abierta en canal, probablemente en su punto más nefasto desde que arrancara hace un año y medio, VICE News se ha entrevistado con representantes de organizaciones humanitarias y de derechos humanos para que valoren la situación. Aquí relatamos los motivos por los que todos ellos están convencidos de que el acuerdo será un fracaso a nivel ético, político y humano.

Turquía no es un país seguro

La disposición clave del nuevo acuerdo, la que dispone que todos los "migrantes irregulares", refugiados incluidos, sean deportados a Turquía, ha sido indiscriminadamente criticada y denunciada por todos los activistas pro derechos humanos, quienes coinciden unánimemente a la hora de señalar que el país que dirige Recep Tayyip Erdogan tiene unos antecedentes desalentadores y una siniestra historia en su tratamiento de los refugiados y de sus DDHH.

Se estima que actualmente hay en Turquía unos 2,7 millones de refugiados. Sin embargo, a día de hoy, todavía es hora de que el régimen de Erdogan satisfaga plenamente la Convención de Naciones Unidas sobre Derechos Humanos.

De hecho, los colectivos pro DDHH llevan documentadas múltiples violaciones de los derechos de los refugiados por parte de las autoridades turcas. Muchos de ellos habrían sido deportados a la fuerza a sus países de origen, especialmente a Siria y Afganistán.

"El acuerdo descansa en un principio erróneo; esto es: que Turquía es un país seguro. Porque el caso es que no lo es", afirma con rotundidad Gauri Van Gulik, subdirectora de Amnistía Internacional en Europa.

De hecho, solo unas pocas horas antes de que el acuerdo entrara en vigor el pasado 20 de marzo, Amnistía documentó y denunció el caso de un grupo de ciudadanos afganos que reclamaron haber sido obligados por las autoridades turcas a firmar una serie de documentos, antes de ser embarcados a un avión y deportados rumbo a Kabul.

A tenor del nuevo acuerdo, todos los migrantes que llegaron a Europa antes de que suscribiera el trato entre Turquía y la Unión Europea, deberían de tener la posibilidad de pedir asilo en Europa.Sin embargo, el tortuoso redactado dispone que su petición de asilo podría ser considerada como "inadmisible" si los solicitantes han llegado a Europa procedentes de "algún tercer país seguro" o "de un país del primer mundo", donde pueden recibir "protección suficiente".

Los miles de refugiados atrapados en Grecia dispuestos a desafiar el pacto entre UE y Turquía. Leer más aquí.

Comoquiera que la gran mayoría de migrantes han llegado a Europa a través de Turquía — un país que espera ser reconocido en breve por Grecia como un estado seguro donde alojar a refugiados, pese a las reservas de las organizaciones humanitarias — lo más probable es que ello se traduzca en una deportación indiscriminada de todos los recién llegados.

"Parece que antes que pedir el asilo por sus propios méritos, van a emplear el inadmisible razonamiento de que se va a facilitar el reasentamiento en un país tercero, como artimaña legal para deportar a miles de personas", cuenta Bill Frelick, director del programa de refugiados en Human Rights Watch. "Lo que están haciendo es respetar la ley escrita, pero no su espíritu".

Todavía no se ha facilitado ninguna fecha oficial para el arranque de las deportaciones, pero Grecia asegura que espera que el acuerdo sea "plenamente implementado" a partir del próximo 4 de abril.

"Europa está haciendo la vista gorda y ha recurrido a Turquía como subcontratista", explica Gulik.

Grecia ya está sobrepasada

Alrededor de 50.000 migrantes, la mayoría de los cuales desembarcaron antes de que suscribiera el acuerdo entre la UE y Turquía, se han quedado atrapados en Grecia, después de que la llamada "Ruta de los Balcanes", que solo el año pasado recorrieron cientos de miles de personas para alcanzar a pie el interior de Europa, fuese cerrada a principios de marzo.

Si bien desde el ejecutivo griego se ha exigido que se envíe un destacamento de 2.300 expertos a tierras helénicas — entre los que se contarían oficiales de aduanas, traductores y soldados — para ayudar con el colosal trabajo al que se está enfrentando, lo cierto es que pasan las semanas sin que ese destacamento se concrete.

El flagrante retraso ha convertido los improvisados campamentos desplegados en las islas griegas para acoger a todos los migrantes llegados después de la fecha límite 20 de marzo, en auténticos y monumentales centros de reclusión.

El sistema de registro de los refugiados recién llegados ha sido descrito a VICE News como 'una basura kafkiana'

El sistema para el registro de los nuevos refugiados en las instalaciones de la isla ha sido descrito a VICE News como una basura kafkiana; de hecho, el personal que trabaja en sus dependencias no está lo suficientemente preparado para gestionar las solicitudes de asilo.

"Decenas de entrevistas para el registro se han visto sistemáticamente retrasadas y la gente se siente cada vez más frustrada", relata una fuente anónima, que está familiarizada con los procedimientos habituales que se llevan a cabo en los campamentos.

La semana pasada la organización Médicos Sin Fronteras (MSF) anunció su retirada de uno de los campamentos más grandes de a isla, el de Moria, donde ha presenciado escenas de detenciones forzosas y donde cada día se organizan protestas para denunciar los atropellos a los DDHH.

"Hemos tenido que tomar la drástica y dificilísima decisión de rescindir nuestras actividades en Moria. Consideramos que seguir trabajando allí nos convertirá en cómplices de un sistema que nos parece tan injusto como inhumano", cuenta Marie Elisabeth Ingres, directora de la misión de MSF en Grecia a través de un comunicado.

"No permitiremos que nuestras labores de asistencia sean instrumentalizadas ni utilizadas para orquestar esta masiva deportación. Además, nos negamos a ser parte de un sistema que no ha mostrado el menor respeto humanitario ni se ha preocupado de prestar las garantías más elementales para proteger los DDHH de los refugiados y de los migrantes allí hacinados".

Truco o trato: Alemania cambia refugiados por apoyo al acceso de Turquía en la UE. Leer más aquí.

La semana pasada, el Alto Comisionado de Naciones Unidas de Ayuda al Refugiado (ACNUR) decidió hacer lo propio y retirar algunos de los servicios que estaba prestando en la isla de Moria, como los trayectos de autobús destinados a trasladar a los migrantes hasta el campamento.

"Nos vemos obligados a retirarnos para ser consecuentes con nuestra oposición a las detenciones forzosas. De tal manera, hemos rescindido algunas de nuestras actividades en todas las instalaciones cerradas de las islas", cuenta Melissa Fleming, portavoz de ACNUR, sobre la deserción parcial de su agencia.

"Sin embargo, ACNUR ha decidido mantener una mínima delegación para llevar a campo tareas de supervisión, con el objetivo de asegurar que se respeten los derechos humanos básicos de los refugiados, y para facilitar información sobre cómo formalizar las solicitudes y los trámites de asilo".

Mientras tanto, en la península griega, las autoridades están haciendo todo lo posible para ampliar una red de campamentos en los que gestionar las montañas de trabajo atrasado que empiezan a acumularse.

Actualmente, más de 10.000 personas, entre las que se cuentan centenares de niños y de mujeres, viven en condiciones extremadamente precarias en la isla de Idomeni, un campamento de refugiados improvisado que se levanta en la frontera grecomacedonia. Se estima que alrededor de otros 4.000, están acampados en otro enorme asentamiento desplegado en el puerto de Atenas.

El plan de reasentamiento europeo — concebido para los refugiados que llegaron antes de que se cerrara el acuerdo y para aquellos a quienes se ha reconocido oficialmente la condición de refugiados — avanza de manera exasperantemente lenta, mientras los países miembros se siguen peleando grotescamente por el sistema de cuotas (una fórmula ideada para repartir equitativamente a los migrantes por los 28 países comunitarios, cuyas imprecisiones siguen sacando a relucir la chapuza legislativa europea).

Las fronteras cerradas son el sueño de todo traficante de personas'

Fahd es de Raqqa, en Siria, la autoproclamada capital de la también autoproclamada organización yihadista Estado Islámico (EI). Fahd relata a VICE News que ha intentado contactar varias veces con el teléfono de asistencia de Skype, donde, presuntamente, se informa sobre el destino y las condiciones de las deportaciones.

Fahd quería saber en qué estado se encontraba la solicitud de asilo de su familia, pero nadie contestó al teléfono. "Cuando intenté personarme en la oficina de ACNUR me informaron que no podían ayudarme y me remitieron de nuevo al número de Skype", añade.

Hasta ahora, el programa ha orquestado más de 1.000 reasentamientos. Después de los atentados de Bruselas, Polonia anunció su intención de acoger a 7.000 refugiados más.

"La escasez de información es vergonzosa. La gran mayoría de la gente no tiene forma de enterarse de lo que está pasando. Además, tampoco se les está facilitando ningún canal para que se informen ni para que les cuenten qué está pasando", explica Matt Abud, director de proyectos en la organización Internews EU Refugee Response. "La gente no tiene ni idea de cuáles son sus posibilidades.

De hecho, a menudo, cuando escuchan las alternativas que se plantean, como el reasentamiento en la Unión Europea o el asilo político en Grecia, ni siquiera saben qué criterios de elección se emplean, qué limitaciones tienen o durante cuánto tiempo podría demorarse el proceso".

La gente no va a dejar de venir

Desde el 20 de marzo, la fecha en que el pacto entró en vigor, ya son 3.000 los migrantes que han llegado a Grecia en barco. Comoquiera que la gente no se puede mover y que las deportaciones todavía no han arrancado, el número de migrantes atrapados en el país heleno es cada vez mayor — cuando Macedonia decidió cerrar sus fronteras e impedir que los migrantes cruzaran a pie desde Grecia eran ya 30.000 las personas agolpadas. Ahora son ya más de 50.000.

En el campamento improvisado de Idomeni muchos migrantes han relatado a VICE News que cada vez aparecen más contrabandistas y traficantes de personas que prometen ser capaces de llevar a los refugiados más allá de los límites del muro grecomacedonio. Los precios que proponen van de los 200 a los 2500 euros, según cuál sea el destino final.

"Las fronteras cerradas son el sueño de todo traficante de personas", explica Lucy Carrigan, una de las responsables del departamento de comunicación de la organización International Rescue Committee, en Grecia. "Nadie está diciendo que esto tenga que ser gratis para todo el mundo, pero necesitamos que se ofrezcan soluciones que sean legales y seguras. Ahora mismo estamos ante un sistema que no facilita esas opciones. Y las únicas y funestas consecuencias de semejante comportamiento son que todas estas personas estén cada vez más desesperadas. Están huyendo de guerras y conflictos devastadores, y harán todo lo posible por llegar a Europa, por muy peligroso que les resulte".

Otra de las rutas que podrían empezarse a usar es el camino que separa a Grecia de Albania por tierra, un itinerario que debería de completarse bien a través de barco hasta Italia, o bien con un eslalon por distintos cruces fronterizos a través de los Balcanes.

"En última instancia la situación actual servirá para seguir engrosando los bolsillos de los traficantes de personas, mientras Europa será incapaz de impedir que la gente siga llegando y encontrando nuevas y más peligrosas rutas alternativas. Así pues, se trata de una situación en la que todos pierden", sentencia Gulik, la subdirectora de Amnistía Internacional.

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Mira la entrega número 11 del documental Greece's Impending Humanitarian Catastrophe: Breaking Borders (próximamente con subtítulos en español):

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