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antidepresivos

La ketamina es un antidepresivo probado, pero ¿deberíamos usarla?

Hablamos con una investigadora australiana para analizar los riesgos de usar ketamina para combatir la depresión.

por Katherine Gillespie; traducido por Daniela Silva
06 Agosto 2017, 1:00pm

Imagen vía Black Dog Institute

Este artículo se publicó originalmente en VICE Australia.

Durante décadas, investigaciones médicas han demostrado los efectos antidepresivos de la ketamina, que también es una droga asociada con los tranquilizantes para caballos. Y de acuerdo con la ley australiana, también es un anestésico, pero técnicamente se puede administrar "fuera de indicación" como tratamiento experimental.

La profesora Colleen, de la Universidad de Nueva Gales del Sur, es una de las principales expertas en la investigación de la ketamina en el mundo y lidera la acusación. Actualmente dirige la prueba más grande del mundo del uso de la ketamina como antidepresivo y la semana pasada redactó un informe en la revista académica Lancet Psychiatry, que explora los riesgos para la salud y los efectos secundarios relacionados.

El estudio de Lancet es crucial. Es un hecho que la ketamina es un antidepresivo eficaz, por eso el siguiente paso es averiguar qué significa eso en un contexto clínico. "El punto principal es que todos queremos que todos sean conscientes de que hay potencial para el tratamiento, pero hay algunos efectos secundarios graves con el uso repetido", le dice a VICE.


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Para ser más clara, la mayoría de los pacientes que viven con depresión y que son tratados con ketamina reportaron haber experimentando efectos secundarios. Los efectos secundarios más comunes eran: dolores de cabeza, mareos, disociación, presión arterial elevada y visión borrosa. Entre los riesgos más graves figuraban: aumento de ansiedad, agitación e irritabilidad, euforia y pensamientos delirantes.

Debido a que se usa cada vez más en la práctica clínica, es incierta la seguridad de la dosis repetida a largo plazo. Los datos sobre la seguridad de esta práctica, incluidos los resultados a largo plazo, son esenciales antes de que la ketamina se pueda utilizar en tratamientos clínicos.

Es importante destacar que Loo y su equipo encontraron que durante la mayoría de las pruebas de la ketamina como antidepresivo, estos efectos secundarios no se evaluaron ni se reportaron de manera correcta. Y casi todas las pruebas que evaluó como parte de su investigación fueron a corto plazo: los pacientes recibieron sólo una dosis de ketamina en una sola sesión, muchas veces experimentaron un alivio breve pero dramático de sus síntomas. La brevedad de la acción de la droga es una de las razones por las que los investigadores están quizás demasiado ansiosos por centrarse en sus efectos aparentemente milagrosos.

Colleen Loo

"La gente está tan emocionada que saltan directamente a usarla en la clínica y tal vez sin darse cuenta de que no es fácil pasar de dar una dosis única a dar una dosis repetida", explica.

Los riesgos asociados con el uso de ketamina parecen significativos, pero Loo advierte que todo esto suena mucho peor de lo que es. Todos los fármacos, acreditados o no, tienen efectos secundarios potenciales: cada paciente que haya tenido un tratamiento para la depresión contará la misma historia sobre probar con varias pastillas y dosis hasta que funcione y la ketamina está en una situación similar.

"Cientos [de medicamentos] se utilizan de manera segura. No porque no tengan efectos secundarios, sino porque sabemos cuáles son los efectos secundarios y hay instrucciones sobre cómo tomarlos de manera segura y de la supervisión. Tenemos que tratar de probar la ketamina de diferentes maneras para comprobar la eficacia y al mismo tiempo qué control de seguridad se requiere".

Loo ya tiene algunas ideas sobre lo que sí va a funcionar y lo que no. La clave de su investigación es el descubrimiento de que la ketamina administrada vía intravenosa crea más efectos secundarios disociativos que la ketamina administrada vía subcutánea a través de una pequeña aguja, muy similar a la que utilizan los diabéticos para administrar insulina. Es una gran diferencia: el 36 por ciento de los grupos de pacientes a los que no se les administró vía intravenosa informó que tuvo efectos secundarios, en comparación con el 72 por ciento de los pacientes a los que se les administró vía intravenosa.

Dado que la depresión afecta a cientos de millones de personas en todo el mundo, y que muchos se han encontrado medicamentos existentes que son inútiles e incluso perjudiciales, Loo argumenta que deberíamos poner mucha más energía en la investigación de la ketamina. Con el tiempo, podremos tratar la depresión con ketamina fuera de las clínicas experimentales y dudosamente legales.


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"Si lo haces con una supervisión cuidadosa y un monitoreo, creo que la ketamina se puede administrar de manera segura, pero si me preguntas cuál es el monitoreo que hay que hacer, la respuesta es que todavía no sabemos –y estamos trabajando en eso".

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