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Irak

Esta activista se dedica a liberar mujeres secuestradas por Estado Islámico

La periodista y activista yazidí Nareen Shammo ha conseguido liberar a muchas mujeres de su comunidad de las garras de Estado Islámico. Las jóvenes son raptadas para convertirse en esclavas sexuales y laborales.

por María Altimira
01 Diciembre 2016, 7:35am

Nareen poco después de la entrevista. (Imagen por Maria Altimira/VICE News)

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Se llama Nareen Shammo, tiene 30 años y cohabita con los escalofriantes relatos de cientos de testimonios que le hablaron del genocidio y siguen contándole los atropellos humanitarios que todavía se cometen contra su pueblo.

Los yazidíes, una comunidad kurda asentada desde hace 2.000 años en la zona del norte de Irak se convirtieron en agosto de 2014 en víctimas de la crueldad y las matanzas masivas de Estado Islámico cuando sus combatientes lanzaron una ofensiva en la región del noroccidental de Sinjar.

No era la primera vez que la persecución y la muerte golpeaba a este pueblo milenario. A finales del siglo XVIII, la comunidad yazidí contaba con 3 millones de personas, hoy, después de tres siglos de atrocidades, asegura Shammo, solo suman entorno a un millón.

Según datos de Naciones Unidas, al menos 5.000 hombres y niños fueron asesinados y más de 7.000 mujeres y niñas secuestradas por el grupo extremista en el terrorífico episodio de agosto de 2014. Los peshmergas kurdos, que solían vigilar la zona, los abandonaron a su suerte, explica la entrevistada, y se quedaron cercados y sin armas para repeler al enemigo, que avanzó sin dificultad. Muchos murieron de hambre y de sed al refugiarse en lo alto de las montañas.

Desde entonces, Shammo es una de las pocas voces de la esperanza para las mujeres yazidíes cautivas y obligadas a ejercer como esclavas laborales y sexuales. Desde Erbil, esta joven activista formada como periodista y miembro de la Initiative for Yazidis Around the World, empezó a tejer una red de relaciones y contactos para localizar a las chicas que fueron raptadas y ayudarlas en sus planes para escapar del brutal califato.

Hoy, y después de diversas amenazas de muerte, sigue luchando por ellas desde Alemania y viajando por todo el mundo para contar sus historias.

VICE News: ¿Cuántas mujeres siguen hoy cautivas en el Califato?
Nareen Shammo: De los más de 4.000 prisioneros que hoy están bajo el control de Estado Islámico, al menos un 80 por ciento son chicas y mujeres. El resto son niños y de los jóvenes no se sabe nada.

¿A ellos no los retienen?
Ellos simplemente desaparecen. Ya no les pueden lavar el cerebro como hacen con los niños de 6 o 7 años en los campos de entrenamiento donde les enseñan como funcionan las armas y les pasan vídeos para que vean como se cortan las cabezas y los cuerpos de los enemigos. No les sirven como esclavos sexuales y para trabajar en casa de las familias del Califato ya tienen a las mujeres.

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¿Este es el destino de las mujeres yazidíes raptadas por Estado Islámico?
Sí, y para ello las separan de su familia, muchas veces matan a sus padres y a los hermanos mayores. Entonces, las venden o las dan como regalo, como un trofeo de guerra. Las mujeres yazidíes trabajan en las casas de las familias de Estado Islámico o se ven obligadas a convertirse en esclavas sexuales. Muchas han sido vendidas y violadas más de 50 veces; a veces no lo soportan y deciden quitarse la vida. La mayoría eran muy jóvenes, tenían entre 9 y 10 años, cuando fueron raptadas y violadas por primera vez. Es muy duro y por eso muchas acaban suicidándose prendiendo fuego a su cuerpo o utilizando las armas de los combatientes del Califato.

¿Cómo las ayudas a escapar?
Hay mucha gente que lo hace posible. Empecé a construir una red de contactos en la zona dominada por Estado Islámico, son personas musulmanas que viven en un lugar controlado por los yihadistas, que simulan su adhesión al Califato para sobrevivir pero que me dan información para ayudar a las chicas. También recibo muchas llamadas de personas yazidíes que me contactan para darme el número móvil de sus familiares secuestrados.

'Muchas han sido vendidas y violadas más de 50 veces; a veces no lo soportan y deciden quitarse la vida'.

¿Y puedes hablar con ellas por el móvil?
Muchas veces pueden salvaguardar el móvil durante un tiempo. Así sucedió en Kasir Almihrab [distrito de Tal Afar en el norte de Irak] en agosto de 2014. Los yihadistas metieron a 4.000 personas dentro de una misma casa y ellos solo eran 200, así que no podían controlar a todo el mundo. Había gente que escondía los móviles en su ropa o en los vestidos de los bebés, otros lo enterraban bajo tierra. Poco a poco, se quedaron sin batería o se estropearon, pero, al menos, ya sabíamos donde estaban. Luego, el Califato se cuidó de que no hubiera cobertura.

¿Qué te dicen cuando las contactas por teléfono?
Es duro, lloran, lloran mucho. Sabes que su vida está en peligro y sientes que la tuya no es más importante, que tienes que ayudarlas. En ocasiones, ya no pueden más y te cuentan que quieren matarse... Lo importante es que aguanten, que esperen al momento idóneo para emprender su huida.

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¿Y que pasa si, por ejemplo, se quedan embarazadas de sus explotadores?
De hecho, esta es una de las razones que, a menudo, las conduce a suicidarse porque saben que, con el niño, nunca podrán salir de allí. Ellos utilizan sus niños para retenerlas. Las hay como sucede en el caso de Nihad Barkat que huyen sin ellos. Nihad, por ejemplo, dice que la criatura es hija de Estado Islámico, pero sigue siendo algo muy traumático. Ella esperó a dar a luz para poder emprender la huida.

¿Cómo logran huir?
Con la complicidad de la red de contactos, estas personas que están dentro y también otras que viven fuera del control del Califato y que están dispuestas a ayudarlas. Pero también se necesita dinero para pagar a estos colaboradores los transportes de las chicas, los lugares donde van a esconderse. Lo más difícil, sin embargo, es salvaguardar su vida tras la huida, sobre todo teniendo en cuenta que muchas veces ya no les queda nadie, que sus familiares están muertos o desaparecidos. Al final de todo, esta su recuperación porque con todo lo que han vivido necesitan más de 10 años para tener una vida normal.

¿Te sientes sola en esta lucha?
Hay muchas mujeres que fueron secuestradas y que ahora se dedican a hacer los mismo que yo, ayudar a las que están dentro, dar charlas y hablar del problema para lograr el apoyo de otros países y de organizaciones internacionales.

¿Os apoyan?
No, en general es como si no les importara, como si a nadie le importara, pero a veces se consiguen pequeños avances como en Alemania, donde han acogido a 1.100 mujeres y niños que escaparon de Estado Islámico. Ahora van al médico, tienen una casa y pueden comer; es como un milagro. No están bien, pero tienen lo que necesitan.

Desde hace un año tu también vives en Alemania, ¿te fuiste de Erbil porque temías que te pasaría algo?
Yo he sido amenazada varias veces por Estado Islámico y por el gobierno kurdo. Lo que pasa es que, al principio no estaba asustada porque no prestaba atención a lo que estaba sucediendo. Es difícil porque tratas diariamente con mujeres que pueden perder la vida en cualquier momento. Pero al final, lograron asustarme. Entonces, me di cuenta que también peligraba la vida de mi hermano y que yo tenia que preservar la mía para seguir luchando por la causa.

¿Cómo fueron las amenazas?
Estado Islámico contactó conmigo varias veces porque encontraban mi número en el móvil de muchas chicas secuestradas. La última vez que me llamaron, me dijeron que sabían que yo vivía en Erbil y que si hablaba con chicas yazidíes que se hubieran convertido o si las ayudaba a escapar, me cortarían la cabeza.

El gobierno kurdo también me amenazó. A ellos les molestaba que dijera que los peshmergas nos abandonaron cuando los yihadistas entraron en nuestras ciudades y aldeas, yo hablaba de ello con los medios de comunicación y trataba de hacer encajar las piezas que no me cuadraban. Así que un día uno de sus representantes me llamó y me dijo literalmente que lo que había dicho en un programa de televisión sobre el asunto no era bueno para mi familia. Luego, en una ocasión, detuvieron a mi hermano, que acabó marchándose a Turquía. También me seguían e incluso intentaron atropellarme.

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