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Cultura

Visitamos a Teresa "El Remanso" la influencer y dueña del mejor supermercado chino

Teresa tiene más de 34 mil seguidores en Instagram y encontró un nicho para publicar sus ofertas

por Imanol Subiela
28 Agosto 2018, 3:00pm

Fotos por Javier Ottone

Artículo publicado por VICE Argentina

Mientras algunos siguen soñando con que Argentina debe ser el granero del mundo, que se tiene que encargar de repartir comida para todos lados, otros reconocemos que los súper chinos son nuestros graneros: nos dan alimentos a diario, nos ofrecen buenas ofertas en fiambres y también alcohol a un precio más accesible que las grandes cadenas de supermercados, esos que se dedican a hacer publicidades patriarcales para el día del niñe.

Incluso en el marketing los chinos son más amables, el mejor ejemplo de eso es Teresa “El Remanso”: ella es china, tiene un súper en Carapachay, y se volvió una instagramer famosa gracias a los videos que hace para promocionar las ofertas de su mercado. Tiene casi 30 mil seguidores. Usa filtros, baila, actúa, disfraza a sus empleados de zombies, arma saludos de cumpleaños, muestra los productos que le mandan para que promocione, incluso se queja con las marcas porque los precios que tienen son muy caros.


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Así, Teresa viene a derribar esos prejuicios que tienen los vecinos ortivas de esta ciudad sobre la comunidad china: que son unos amargados, que nunca responden a nuestros saludos, que sus mercados son una mugre y que vienen acá sólo a hacer plata.

Teresa es increíblemente simpática. Se pasea por todo su supermercado y saluda a cada uno de sus clientes. De verdad, uno por uno. Saluda a todos. “Yo saludo porque cliente bueno y viene siempre y compra siempre”, dice teresa mientras se acomoda al lado de los lácteos para sacarse unas fotos.

Ella llegó al país en 2002, año siguiente de la crisis económica que terminó con el escape en helicópetro del presidente argentino Fernando De La Rúa. Pero la comunidad china empezó a llegar al país unas décadas antes. Según una investigación realizada por la Universidad de San Martín, las primeras oleadas de chinos —provenientes de Taiwán— arribaron al país en la década del 70 y el 80 y se dedicaron a instalar “supermercados, restaurantes, lavaderos de ropa y casas de revelado de fotos, rubros en los que no hace falta conocer demasiado el idioma del lugar de residencia”.

Cuando llegó tenía 16 años. Venía a reencontrarse con sus padres, que se habían instalado en Argentina unos cuantos años antes. Por aquellos años ella conoció a su actual marido, con quien tuvo dos hijos: viven en China con sus abuelos y vienen a visitarla durante sus vacaciones.


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La generación de inmigrantes chinos a la que pertenece Teresa se sumó a la reactivación que tuvo la economía del país post crisis y superpobló la ciudad de mercados a tal punto que desde hace dos años: el 24 de octubre se celebra el Día Nacional del Supermercado Chino. Sin embargo, esa saturación generó que algunos tuvieran que moverse a otras localidades para instalar sus comercios (ella tiene su súper en el conurbano). Otros, incluso se fueron a otras provincias.

En la investigación ya citada también se explica que “con la saturación de la ciudad de supermercados algunos deciden probar otros destinos, y otros, cambiar de rubro: venta de comida por peso o importación de juguetes y objetos de poco valor pero de consumo masivo provenientes de China para revender a bajo precio”.

Sin embargo ella sigue apostando por el super. “El Remanso” —así se llama su local— es un supermercado mucho más grande que cualquiera de los que hay en la Capital. Tiene verdulería, fiambrería, una gran góndola de lácteos y vinos. Sus pisos de porcelanato son brillantes, al igual que el acero de las cuatro cajas que tiene el súper. “Yo dueña de El Remanso, antes en super de Capital yo con otras familias y solo 20 por ciento para mi”, cuenta Teresa del local en el que trabajaba antes de montar este pequeño imperio del consumo doméstico.

Le pregunto cuál es su parte favorita del mercado y me dice que la góndola de vinos y bebidas. Le pregunto si le gusta tomar mucho y me dice: “No, no mucho, mejor poco para estar siempre jóven”. Sin embargo, me cuenta que se permite una copa de vino los sábados a la noche y en verano, si hace calor, un poco de cerveza, pero no mucha. Lo que sí disfruta es el wiskhy: le gusta tomarlo con té, dice que es una bebida típica en su país.

La generación de inmigrantes a la que pertenece Teresa hizo que aumente sustancialmente la comunidad china que vive en el país. Según los datos del último censo nacional, realizado en 2010, si se tiene en cuenta a la primera generación de hijos nacidos ya en Argentina, la comunidad tiene cerca de 120 mil habitantes en el país —la misma cantidad de habitantes que tiene mi ciudad natal, Trelew—.

Los chinos representan la quinta comunidad de extranjeros más grande de la Argentina. Se ubican después de de la boliviana, paraguaya, peruana y chilena. En otras áreas se ubican mejor en el ranking: según el último informe del INDEC sobre comercio exterior, China fue el segundo socio comercial más importante del país. Los vecinos de Carapachay la tienen a Teresa de socia para sobrevivir al día día gracias a sus super ofertas y el gobierno Nacional tiene a China para… Bueno, no importa.

Según los datos oficiales el 68 por ciento de las exportaciones a China para junio de este año (último mes disponible) se concentró en dos productos: porotos de soja y carne bovina, deshuesada, congelada. Sin embargo, las exportaciones registraron una caída de 34,8 por ciento (unos 216 millones de dólares menos) respecto a igual mes del año anterior. En definitiva: no somos el granero del mundo, somos el granero de China.


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Teresa es consciente de la situación económica del país y mientras firma planillas para devolverle a unos proveedores que esperan en la puerta me dice: “Capital todo caro, todo sube y sube y acá más barato por eso El Remanso mejor acá”. También me cuenta que el alquiler que pagaba en el local donde funcionaba el super que tenía antes (y que administraba con otras familias) se había vuelto impagable para ellos y fue por eso que disolvieron la sociedad.

Una amiga que vivía en Carapachay la convenció de poner su súper en ese barrio y también de que se vaya a vivir al conurbano. “Acá más barato pero ahora todo sube, yo veo que sube harina y después sube fideo y después galletita y mi cliente compra mucha mucha galletita y yo no quiero todo caro”, me dice Teresa.

Efectivamente ella no quiere todo caro y es consciente de la inflación, de hecho en uno de sus videos se quejó de que la marca Menoyo, conocida por tener precios accesibles, había aumentado mucho. A las pocas semanas José Menoyo, fundador y presidente de la compañía, se apareció en El Remanso con regalos para Teresa (unos aceites “premium”) y la promesa de que iba a bajar los precios.

Teresa abrió su cuenta de Instagram hace menos de un año y ya es toda una influencer del mundo empresarial. Su carisma y sus filtros causan sensación y son mucho mejor aceptados, si lo comparamos con los instragram de otros empresarios (del mal). “Yo nunca pensé que instagram yo iba ser famosa porque acá famosa es flaca, joven, rubia y flaca”, afirma Teresa mientras hace con sus manos la figura de un cuerpo de mujer “perfecto”. “Gracias a Instagram tengo fan que viene una hora de viaje y compra en El Remanso y yo saco foto con ellos y mando saludo porque viene aunque llueve”.

Ella y su instagram son como un cuento de fantasía que se hace realidad en el conurbano. Es una fantasía que hace reir, que genera empatía y ganas de consumir (¡el triunfo del capitalismo!). Teresa es un híbrido increíble: mantiene sus costumbres chinas a la vez que es fanática de Messi y festeja el día de la bandera. Ah, también musicaliza El Remanso con cumbia villera. Teresa: gracias por tanto, perdón por tan poco.

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