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Cultura

Así son de adultos los niños superdotados

Esto es lo que pasa con los niños de "altas capacidades" cuando crecen, y no todo es tan bello como lo imaginas.

por Pedro García Campos
30 Diciembre 2015, 12:00am

Después de hablar con cuatro superdotados la idea que más se repite es: "Éramos niños diferentes, y como diferentes nos tocó adaptarnos a los demás para no sentirnos marginados". Y aun así se han sentido raros o desplazados durante su infancia. No en casa sino en la escuela, donde se aburrían. Luego, de adultos, nuestros cuatro protagonistas han entendido que no había tal problema en la diferencia, solo que no habían descubierto en qué consistía ésta. Nadie se lo había explicado.

Son inteligentes y listos, mucho más que la media, y han conseguido desarrollar una carrera profesional. Pero también han tardado tiempo en canalizar su talento y acoplarlo a sus verdaderas aspiraciones. El sistema educativo falló en casi todos los casos y los obligaba a repetir patrones. "Me aburría, y si me aburría era por la incapacidad para encajar las rutinas", dice Lea. Y habla a propósito de la forma de aprender en clase, cuando uno ya conoce todo lo que le está contando el profesor. Ahí se crea una sensación de frustración, que luego es extrapolable a otras situaciones o momentos vitales.

Nos encontramos con cuatro adultos que han sido diagnosticados (es el término que se utiliza) como superdotados. Repasamos con ellos sus experiencias y hablamos sobre educación, infancia, empatía, relaciones sentimentales, fracaso, capacidad de adaptación, felicidad y depresión. En definitiva, sobre vidas de personas que, como nos dice Antonio, no se consideran Superman, sino Clark Kent.

Lea Vélez, 47 años. Guionista y escritora.

Todas las fotos de Iago Fernández.

VICE: ¿Cómo descubriste que eras superdotada?
Lea Vélez: A partir de que mis hijos fueron diagnosticados, que es un término feísimo. Así lo dicen, la primera vez que lo escuché pensé: "¿Es es una enfermedad o qué?" Y, aunque no lo es, sí es un handicap en muchos sentidos. Cuando iba a la escuela era la clásica niña que leía una cosa y se me quedaba. Y eso me parecía lo normal. No entendía por qué el colegio era tan aburrido. Pasé una infancia muy buena en casa, pero la escuela era una burbuja del horror. Yo me descubrí a base de observar a mis hijos y ver que eran igual que yo. Pero ellos sí han sido diagnosticados. Mi hijo mayor, de 7 años, hablaba muy temprano y preguntaba cosas de ciencia muy avanzadas. Vi una dinámica muy parecida a la mía. Me hice las pruebas y sí era.

Háblanos de tu carrera profesional.
He sido de buenas notas, y conmigo el mantra de los profesores era el de "si te esfuerzas puedes hacerlo mejor". Y no lo hice. No me ha ido nada mal. Pero es que yo tenía en mi casa un ambiente literario muy rico y eso es muy importante. Como era muy vaga, hice periodismo (risas), para evitar el latín, las matemáticas, las ciencias... y porque tenía que ver con la escritura. Como estaba despistada y no me veía buscando noticias por las calles, me apunté a la ECAM en la especialidad de guión. Y empecé a trabajar mucho en series de televisión, hasta que abrí la vía de la literatura.

¿Cómo acepta uno que es diferente?
Es una larga evolución, porque sí eres diferente a la media. No te sientes mejor, ni por encima, ni más listo. Al contrario, te sientes distinto, raro, fuera de la órbita y no sabes por qué. Es como el cuento de El Patito Feo, la infancia amarga no te la quita nadie. Cuando un psicólogo te hace unas pruebas y te dice por qué eres diferente ayuda mucho. También se siente un cierto rechazo por parte de la 'tribu', que percibe que eres distinto, que tienes otra manera de mirar o reflexionar y se pueden crear dinámicas de enemistad en la escuela. Y pocos profesores tienen la percepción de detectar a un niño con esa chispa. Yo tuve una que me protegió muchísimo, porque tenía muy claro quién era yo. Lo normal es que nadie lo detecte y no entiendes esa situación cuando eres niño.

¿Y es verdad que es más fácil de empatizar entre superdotados a la hora de las relaciones sentimentales?
El padre de mis hijos, que falleció hace tres años, era más superdotado que yo. Los iguales se reconocen en la manera de mirar, el sentido del humor, la ironía. Hay mucha gente que tiene alta capacidades y no lo sabe, pero hay ciertos patrones. En las parejas se ve, empatizas con gente que conecta contigo; además de listo, tiene que tener algo que te conecta con la mirada. En el caso de mi marido, todos sus amigos le decían lo inteligente que era, y yo tuve que tener un entrenamiento para atraparlo. Tuvo una infancia igual de miserable que la de todos los demás. Era inglés y en el sistema educativo allí había dos líneas: los listos y los revoltosos, vagos, etcétera. Él estaba en la segunda, y aún así fue el primer premio de matemáticas y francés de todo el colegio.

Y cómo defines en una frase qué significa ser un superdotado.
Es un arma de doble filo. Es maravilloso poder ver el mundo así y también peligroso, como caminar al borde de un abismo.

Pilar Novo, 45 años. Profesora de secundaria.

VICE: Hola Pilar, ¿cómo y cuándo descubriste tus altas capacidades?
Pilar Novo: Hace solo tres años. Tenía 42. Fue gracias a mi hijo, que a los 12 años tenía una situación difícil en el colegio. Pasamos un pequeño calvario. Cuando sucede, al principio no sabes por qué es. Mi hijo era muy razonable pero a lo mejor contestaba diferente y pensaba diferente. Claro, un adulto no se da cuenta, pero los niños lo ven diferente y en el colegio sufría mucho. Hasta que con 12 años le llevé a la Asociación Española de Superdotados y con Talento (AEST). Al llegar le conté el caso a su presidenta y al terminar de hablar me dijo que yo era superdotada, que me hiciese las pruebas junto con mi hijo. Nos las hicimos y el resultados fue que los dos teníamos Altas Capacidades.

¿Cómo ha sido llevar una vida sin saber que eras superdotada? ¿Nunca lo sospechaste?
Yo de pequeña era muy buena y siempre me intentaba adaptar. Era muy penosa e intentaba no hacer cosas diferentes a mis compañeros y amigas, que me querían mucho. Supongo que al ser tan razonable y tan responsable, más de lo normal, nadie se dio cuenta. También recuerdo qué pensaba de mis compañeros: "Pero cómo no se dan cuenta de esto" o "cómo no hacen esto o lo otro"... pero me acostumbré. Luego tuve un accidente muy grave: me atropelló un autobús y me dejó 15 días en coma, con un golpe muy fuerte en la cabeza que, por suerte, no afectó a mi capacidad.

¿Qué sentiste al saber, a los 42 años, que eras superdotada?
Ahora tengo mucha más seguridad en mí misma. Pienso más rápido de lo que hablo y antes se me trababa la lengua, y ahora no: eso me ha dado seguridad, por ejemplo.

¿Hay algo que según tu experiencia te diferencia radicalmente de los demás?
No me siento diferente a los demás. Soy igual que todo el mundo, aunque una cosa que me caracteriza es que siempre he tenido mucha empatía: puedo comprender muy bien a las personas. Tengo más facilidad y eso me permite ayudar a los demás.

¿Te facilita ese grado de empatía tu labor como profesora?
Sin duda. Me gusta ayudar a mis alumnos, comprenderlos y saber por qué no trabajaron un día. Y centrarme en ellos para ayudarles en sus problemas. Los problemas que puedan aparecer en las personas se pueden ver desde arriba, desde otro punto de vista, y no enzarzarse en discusiones. Saber que estamos aquí para ayudarnos e intentar mejorar. No hay más.

¿Cómo llegaste a ser profesora?
No estudié matemáticas. Estudie una carrera relacionada con los negocios y eso me dio las bases. Luego, después de 16 años sin trabajar dedicada a mis tres hijos, me saqué la oposición.

Antonio Ayuso, 67 años. Director comercial.

VICE: Antes de preguntarte por tu experiencia, nos gustaría que nos dieras tu definición de Altas Capacidades.
Antonio Ayuso: Lo resumo en una palabra: frustración. Tú fíjate si la gente le da importancia a la inteligencia que el mayor insulto es decir que alguien es 'tonto'. Hoy en día ser inteligente es lo más de lo más, y no serlo es lo peor. Por eso la gente llama 'tontos' a los futbolistas. La importancia es excesiva. Somos personas normales, con ese defecto, diría yo. Somos humanos como los demás... A veces mucho más porque somos más sensibles y más empáticos, y eso también nos hace sufrir más.

¿Y cuál es tu definición de éxito?
En esta sociedad hay pocos superdotados que tengan el perfil de personas exitosas, y pocas personas de éxito que sean superdotadas. Se necesita un perfil diferente: ser extrovertido, estar adaptado socialmente y creer mucho en uno mismo, y esa no es nuestra historia. Hay que ser alguien que proyecta esa fe en sus proyectos y los convierte en realidad. Nosotros somos antihéroes.

Has sido, vendedor, empresario y director comercial. ¿Cómo llegaste a esta profesión?
Descubrí que era superdotado por mí mismo. A los 19 me hice el examen de orientación profesional y en el Cociente Intelectual (CI) obtuve 142. Me quedé muy asombrado, porque no me creía tan inteligente, pero me dio seguridad y me hizo darme cuenta de mis capacidades. Me cambió la vida: estudiaba matemáticas y abandoné los estudios, y pasé un tiempo un poco despistado. Luego hice unos cursos de programación cuando salieron los primeros ordenadores, pero acabé como visitador médico. Apenas había empezado y me llamaron para ser programador IBM en Chrysler, y después de un tiempo me di cuenta de que lo mío era ser comercial, y entré en una empresa internacional.

¿Has ganado mucho dinero con tu trabajo?
Sí. He sido director comercial y también fundé mi propia empresa, y fui inversor inmobiliario de los que dan ideas sobre plano. Pero a los 38, sobre todo por culpa de mi empresa, que vendía un producto desfasado, me arruiné y tuve que empezar de nuevo. Tenía mucha ambición, varias propiedades y mucha juventud, y lo perdí todo.

¿Crees que la sociedad tiene una percepción equivocada de los superdotados?
Mucha gente cree que ser superdotado es llevar la S de Superman en el pecho, pero en realidad no somos Superman, sino Clark Kent.

Federico Fernández (46 años, Psicólogo)

VICE: ¿Qué es para ti ser superdotado?
Federico Fernández: Es una cualidad. Algo orgánico. Como tener los ojos azules o las piernas fuertes. Tengo una hija de Altas Capacidades y trato de decirle que no es algo que presumir. Solo se puede presumir del producto del trabajo que consigas con tu esfuerzo.

Valorando tu experiencia, ¿el factor de alta capacitación ha sido algo positivo o negativo en tu vida?
Hay mucha gente que sigue en ese cliché del éxito basado en ganar dinero o ser la portada de una revista, y más en la sociedad de la información en la que vivimos, pero yo lo relaciono con ser feliz.

¿Tuviste dificultades?
La verdad es que tuve compaginar estudios y trabajo desde muy temprano. Pero era un chico muy social, porque tener altas capacidades te da eso: capacidad para el camuflaje.Siempre he tenido mucha facilidad para relacionarme. Lo que sí recuerdo es el silencio de la gente, que a veces se quedaba y se queda callada cuando se profundiza en algún tema. Con el tiempo me he dado cuenta de que era más problema mío que de mis interlocutores.

¿Qué tipo de música compones?
Hago electrónica con un toque clásico, porque también toco el piano.

¿Te gustó la música desde pequeño?
Es curioso, y va a sonar un poco pedante, pero cuando era niño lloraba escuchando música, y siempre me interesó mucho, tanto como los idiomas. De pequeño también lloré al darme cuenta, con siete años, de que había suficientes bomba nucleares como para acabar con el mundo entero, o al tomar conciencia de que mis padres se iban a morir alguna vez.

¿En qué has trabajado? ¿Cómo terminaste ejerciendo psicología?
A los 17 años empecé a trabajar en asuntos de la cámara de comercio alemana en Madrid, y al mismo tiempo empecé a estudiar la carrera de Matemáticas, pero me pareció un rollo. Luego me matriculé en ingeniería desSistemas, pero me saqué las asignaturas de varios cursos que me gustaban y lo dejé otra vez. A los 30 descubrí que tenía altas capacidades, después de hacerme un examen, y me di cuenta de que si no entendía a los demás era mi problema, así que tenía que empezar por entenderme a mí mismo. Pero también comprendí otra cosa: que en nuestra sociedad te piden que acabes una carrera y estudies también las asignaturas que no te gustan. Me licencié en psicología a distancia, mientras trabajaba, y ahora tengo mi consulta y estoy desarrollando una App orientada a la relajación.

¿Cómo te sentiste al saber que eras superdotado?
De algún modo siempre lo supe, y mis amigos y mi entorno me decían que no hacía falta que me hiciese la prueba, que lo era sin duda. Pero yo necesitaba el papel.

¿Has utilizado alguna vez lo de ser superdotado para ligar?
No. Además, por mi experiencia, a las chicas no les gustan los chicos con más verbo de lo normal.

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