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Los militantes islámicos del Jabhat al-Nusra no le temen a nada en Siria

Dicen que tienen a gente preparada entre sus filas y también siguen “Game of Thrones”.
07 Mayo 2013, 3:00pm

Miembros de Jabhat al-Nusra, el grupo yihadista más temido en Siria.

“¿Ameriki?” preguntó el yihadista, señalándome con una cara de desconcierto. Acababa de acercarme a él en una casa que sirve de base local para Jabhat al-Nusra (JAN), el grupo militante islámico más temido con operaciones en Siria. Hace un mes, sus colegas se apropiaron de una calle junto a la casa de mi contacto; bloquearon la calle y colocaron la bandera negra que usan como símbolo. Pasan el tiempo caminando por la calle, a veces salen en pickups, la cajas repletas de jóvenes vestidos de negro con lanzamisiles y cuernos de chivo.

A pesar de estar en compañía de algunos rebeldes del Ejército Libre de Siria, no me sentía del todo seguro acercándome al Al-Nusra. Periodistas más experimentados me habían advertido que tuviera cuidado con ellos y la administración de Obama acaba de nombrarlos un grupo terrorista. Aunque el vínculo con Al-Qaeda todavía no era oficial, se confirmó un par de días después. Además, esa mañana desperté a la noticia de que el FBI acababa de arrestar a Eric Harroun, un estadunidense que supuestamente luchó con Al-Nusra en Siria.

Al-Nusra y otros grupos islámicos llegaron a la ciudad fronteriza de Ras Al Ayn en la frontera de Siria, en noviembre, y, junto con el Ejército Libre de Siria, retomaron el lugar de manos del régimen de Asad, cuadra por cuadra. Más tarde, esta coalición se enfrentó contra la milicia kurda más poderosa en Siria, las  Unidades de Protección Popular (conocidas como YPG). El enfrentamiento duró meses antes de que se acordara un cese al fuego, y la ciudad quedó prácticamente dividida en dos, con el YPG de un lado, y el ELS y Al-Nusra del otro. Hace poco, Al-Nusra tuvo problemas con una brigada del ELS en Tal Abyad, pero todo regresó a la normalidad poco después.

En la base de Al-Nusra en Ras Al Ayn, el yihadista que me preguntó si era norteamericano, levantó su puño de forma exagerada e hizo como si me daba un golpe cuando confirmé mi ciudadanía. El hombre, un egipcio con los ojos bizcos que más tarde descubrí que trabajaba como el oficial de relaciones públicas del grupo y su orador, se rio con singular alegría.

“¡Cuidado, somos terroristas!” dijo su colega, un emiratí delgado con una barba que me recordaba a Orlando Bloom, antes de empezar a reír también. Después, emocionado, el emiratí me preguntó de qué parte de Nueva York era. “Ah, ¿Brooklyn? Sí, lo conozco. Estudié un año en Seattle”, me dijo.

Después hablamos de sus viajes a Detroit, Chicago y Disneylandia, el clima y los equipos deportivos en Seattle. “¡Vamos Huskies!”

Eventualmente, los otros miembros del grupo salieron, incluyendo al “gran jefe”. Las cosas se pusieron más serias. Nuestra petición de una entrevista fue rechazada. El hombre me advirtió sobre caminar por la zona, diciendo que podía ser peligroso, pero agregó que el peligro se debía a la posibilidad de un ataque del YPG o un bombardeo aéreo. Yilmaz, mi contacto, me había dicho que cuando el Al-Nusra se mudó a una cuadra de su casa, le preocupaba que su base fuera atacada pues sabía que estaba repleta de municiones y explosivos.

Dos hombres caminan por el lugar de un ataque aéreo del régimen en las afueras de Ras Al Ayn.

La presencia de Al-Nusra en Siria es un tema controversial entre los locales. Fayez Durbas no era un hombre religioso antes de la guerra. Vestido con una camisa Adidas de manga corta, pants y una barba recortada, Fayez me dijo que es miembro de la brigada Fatah del Ejército Libre de Siria, pero creía que pronto se uniría a Jabhat al-Nusra. “Trabajan para Dios, no por dinero”, me dijo. “Dan comida a la gente”.

Durbas nació en la zona rural de Alepo, pero ahora trabaja en un retén fronterizo en Ras Al Ayn. Dio crédito a Al-Nusra por la tregua en la ciudad y dijo que está muy feliz con la forma en la que han actuado; una felicidad que comparten muchos de sus amigos, quienes tampoco eran religiosos, pero que ahora admiran a Al-Nusra. “Cuando ven que Occidente y el resto del mundo no ofrece ayuda, acuden a Jabhat”, me dijo Durbas.

Los sentimientos de Durbas los comparten varias personas en la ciudad. Al-Nusra ha tomado el camino de muchos grupos de resistencia astutos: ofrecer bienes y servicios en las ciudades que ocupan. Resuelven disputas e intentan ofrecer justicia en un momento cuando el vacío de poder da cabida al caos y la criminalidad. Incluso existen rumores de un cristiano que contactó a JAN cuando su hijo fue secuestrado, aunque otros cristianos a los que conocí en la ciudad se rehusaban, por miedo, a hablar de ellos.

En las zonas kurdas de la ciudad, controladas por el YPG, es mucho más fácil medir los sentimientos hacia Al-Nusra. En estos lugares, cualquier avance islámico hacia territorio kurdo será recibido con una feroz resistencia. La población kurda más secular y progresista ve a Al-Nusra y los otros grupos yihadistas como una amenaza igual que el régimen.

Al-Nusra también ha intentado obtener el control de ciertos bienes cruciales como petróleo y granos. Montaser Al Khaled, un capitán desertor del régimen que ahora sirve como uno de los soldados de más alto rango del ELS en la provincia de Al-Hasakah, tiene una opinión negativa de ellos: “La gente aquí los detesta, no les gusta su comportamiento. Intentan controlar los recursos, intentan vender las cosechas y el petróleo”, me dijo. “Su objetivo es dictar el futuro del pueblo, no luchar contra Asad”.

Cuatro miembros de una brigada del ELS en las afueras de la ciudad.

Sin embargo, a diferencia de Al Khaled, muchos soldados del ELS parecen tener sentimientos encontrados sobre JAN, aunque luchan lado a lado en ocasiones. Muchos de los soldados más jóvenes los admiran por su habilidad en el combate, pues se dice que son sienten miedo en la batalla. Admiran el valor de los miembros de Al-Nusra y su dedicación al islam, a pesar de que varios de los soldados del ELS son bastante moderados. A veces hacen chistes sobre ellos. Cada que se hablaba de whisky o mujeres, señalaban a uno de sus amigos y gritaban: “¡Cuidado!, es del Jabhat” Algunas veces, bromeaban sobre llevarme con Al-Nusra cuando me unía a las conversaciones.

Marwan, un soldado kurdo del ELS que ha peleado en todo Siria, cuestionó las palabras de Al Khaled, y dijo que Al-Nusra tiene una cantidad considerable de defensores en Siria. “No todo el mundo apoya a JAN (esta zona no es para gente islámica) pero Jabhat ayuda a la gente. En Idlib, Alepo, Homs, todos aman a Al-Nusra porque les da comida, agua y ayuda”, me dijo.

Marwan me dijo que el ELS no puede hacer nada sin la ayuda de Occidente, pero que Al-Nusra no la necesita. Sin embargo, admitió que cuando el régimen caiga, el ELS quizá tenga que luchar contra Al-Nusra, y señaló que quizá entonces los estadunidenses le den armas al ELS para hacerlo. Por ahora, dice que: “En mi cabeza, estoy con ellos, aunque soy del ELS”.

Aunque tienen opiniones diversas sobre la popularidad de al-Nusra, tanto Marwan como Al Khaled están de acuerdo en el por qué de su éxito. “Por qué nadie en el mundo le dio armas al ELS, el ELS y Jabhat luchan juntos”, me dijo Marwan.

Al Khaled tomó una postura más directa. “La razón por la que Jabhat al-Nusra es tan fuerte son ustedes”, me dijo, refiriéndose a Estados Unidos. La escases de recursos en el ELS ha llevado a que la gente le abra los brazos a aquellos con dinero, armas y comida: Al-Nusra.

El YPG tiene un número considerable de mujeres en sus filas.

Cinco días después de mi primer acercamiento a la base de Al-Nusra, recibí una llamada del emiratí con el que había platicado sobre Disneylandia. A pesar de no tener permiso de sus superiores para realizar una entrevista formal, tanto él como el egipcio querían reunirse conmigo de manera informal para aclarar cualquier concepto erróneo que yo pudiera tener sobre sus creencias e intenciones. Me reuní con ellos en casa de uno de los locales, junto con dos soldados del ELS y mi contacto, Yilmaz.

El emiratí decidió que la yihad era su camino cuando tenía 22 años. Aunque estudió en Estados Unidos y Australia, se enamoró de los videos yihadistas que veía en internet y eventualmente decidió que esa vida era lo que quería. Sus padres creen que vive en Turquía y trabaja para una compañía, y su actividad favorita antes de unirse a Al-Nusra era ver Game of Thrones y Troya.

El diálogo empezó con una clase de historia sobre el islam. Después tuvimos una discusión sobre Al-Nusra. Me dijeron que el islam era una religión de paz, que ésta era una guerra defensiva. Les pregunté sobre un video reciente de una decapitación y me dijeron que eso es lo que pasa en una guerra. Dijeron que Irán era el enemigo y que los chiítas no eran verdaderos seguidores del islam, pero después agregaron que no impondrían su ideología sobre nadie. Culparon a los líderes chiítas, y no a los chiítas en sí, por cegar a la gente.

Tenían una racionalización brillante para cada una de mis críticas. Cuando los cuestioné sobre los derechos de las mujeres, me dijeron que está bien que las mujeres caminan en minifalda en Estados Unidos pero no desnudas, y que las cosas son relativas. Me dijeron que en Occidente había reglas similares a las que tienen los islamistas desde hace cien de años, ¿pero cómo sabemos que Occidente no cambiará de parecer en los siguientes cincuenta? Durante la Edad Media en Occidente había incesto y las mujeres no podían heredar dinero, pero esto nunca fue así en las zonas islámicas, ¿por qué habrían de confiar en los estándares occidentales?

Un soldado de Al-Nusra.

Cuando les pregunté cómo habían entrado a Siria y cómo habían empezado a dar órdenes a los sirios, me dijeron que nosotros estábamos fumando cigarros y que eso no les causaba problema. Dijeron que si un hombre quiere cometer un pecado religioso, deberíamos hacerlo sin que nos vean, en secreto, en casa… pero que tampoco aprueban a alguien que cometa pecados religiosos en secreto. Los islamistas tienen reglas estrictas que han sobrevivido durante mil años y siguen siendo muy estrictos con las bases de estas leyes, pero encuentran la manera de adaptarse y modernizarse cuando hace falta.

No odian a los estadunidenses sólo por el hecho de serlo, odian sólo a aquellos que quieren luchar contra ellos. Dicen que no les gusta cómo Occidente intenta promover el islam moderado entre la gente, que la gente quiere la sharia y que las únicas personas en Siria que tienen miedo de Al-Nusra son personas ignorantes del islam. Dicen que la separación de la religión y la política es una idea occidental. Dicen que los medios occidentales mienten cuando dicen que Al-Nusra está repleto de personas sin educación, pobres y retrogradas; dicen que hay muchos hombres occidentales y educados entre sus filas.

Por último, se preguntaban por qué los medios occidentales intentaban tergiversar la verdad sobre el islam. Me dijeron que leyera el Corán y que visitara la página de Aaron Zelin, Jihadology, para encontrar la verdad sobre sus creencias.

Cuando terminé de platicar con los soldados de Al-Nusra, nos alejamos caminando mientras Yilmaz sacudía la cabeza y murmuraba: “Los jóvenes, ellos están bien. Pero los cerebros… ellos son los malos. No son buenos para Siria”.

Jabhat Al-Nusra es quizá la fuerza rebelde más fuerte en Siria. Los soldados, unos cinco mil, conocen lo que es pelear, no tienen miedo y son disciplinados. Ya han dado varios golpes al régimen y continúan trabajando para ganarse el corazón y la mente de civiles y rebeldes. Han prometido llevar su lucha contra Hezbolá y es muy probable que terminen enfrentándose al YPG una vez más.

Algunos, como Marwan, creen que eventualmente los elementos seculares del ELS se opondrán a Jabhat, o viceversa, una vez que su enemigo común haya caído y ya no tengan una razón para permanecer unidos. Por ahora, lo único seguro es que seguirán siendo una pesadilla para el régimen de Asad y los países árabes y occidentales que buscan la manera de apoyar a los rebeldes.

Sigue a Danny en Twitter: @DGisSERIOUS

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