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Cultura

En defensa de la bisexualidad masculina

Las ideas anticuadas sobre quién puede tener qué tipo de sexo son injustas para todos.

por Monica Heisey
27 Junio 2013, 3:00pm

A principios de la década pasada, hubo un gran alboroto por algunos estudios que pretendían demostrar que la bisexualidad masculina no existe. “Eres gay, heterosexual o estás mintiendo”. El consenso general era que, si un hombre era bi, era porque estaba pasando por una etapa, un lapso temporal de sexualidad omnívora en esta dicotomía homo/hetero. Los científicos incluso llegaron a realizar experimentos en los que hombres y mujeres que decían ser bisexuales eran conectados a un pletismógrafo (detector de erecciones) mientras veían porno. Mientras que las mujeres se excitaron tanto con videos gays como heterosexuales, los hombres tendían a sentirse afectados únicamente por uno u otro.

Estos descubrimientos, aunque difícilmente útiles más allá de confirmar que los detectores de erecciones son una realidad, y el hecho de que un equipo de personas haya pasado varios años estudiando a otras mientras veían porno y registrando su nivel de excitación, hizo que los medios y el mundo LGBT prácticamente se alborotaran. Periodistas y académicos escribieron sin cesar sobre el “mito de la bisexualidad masculina”, citando también otro estudio que sugería que 40 por ciento de los homosexuales se habían identificado como bis en algún momento de sus vidas, antes de elegir un lado, como buenos hombres que saben tomar decisiones.

La marcha del progreso continuó hasta 2011, cuando investigadores decidieron volver a visitar el tema. Esta vez, no era suficiente identificarse como bisexual; si querías tener ese detector de erecciones amarrado al pito, tenías que haber estado de relaciones de largo plazo con ambos sexos. Los resultados cambiaron; estos hombres se mostraron mucho más excitados por los dos tipos de pornografía. Por fin, el estigma que rodea a la bisexualidad masculina había desaparecido para siempre.

¡Mentira! Seguimos siendo terribles en cuanto a identidades sexuales alternativas se trata.

La gente es más receptiva al tema de la bisexualidad hoy en día (incluso el vocero de la comunidad LGBT estadunidense, Dan “los hombres no pueden ser bi” Savage, se ha retractado), pero admitir que una orientación sexual particular existe, no es lo mismo que aceptarla. Además, todavía es más difícil ser parte de la comunidad LGBTQ que ser un heterosexual cualquiera. Sin embargo, ¿cuántos de nosotros somos realmente heterosexuales?

La escala de Kinsey tenía seis puntos, y sólo dos de ellos son completamente hetero u homosexuales. Desde la década de 1860, Karl Ulrichs publicaba investigaciones que sugerían que hombres y mujeres podían no sólo ser bisexuales, sino que existían dos formas distintas de bisexualidad: conjuntiva y disyuntiva. Conjuntiva implicaba: “ama a los dos, coge con los dos”, mientras que disyuntiva era más del tipo “coge con los dos, ama sólo a uno”. Tiene sentido. Conozco lesbianas a las que de vez en cuando se les antoja cabrón el pene, pero que no soportarían estar con un hombre a largo plazo. Lo mismo pasa con los gays obsesionados con las tetas, más allá del “lindas boobs, nena”. La gran mayoría de los heterosexuales seguro ha activado su pletismógrafo interno con un poco de porno queer. Lo sé.

Para en el 2013, parece que muchos de nosotros podemos reconocer que está mal considerar a los bisexuales como unos cerdos mentirosos y pervertidos, o cualquier otro estereotipo. La mentalidad de “tu vida es una mentira” detrás de los estudios de principios de la década pasada parece cosa del pasado. Pero espera. Sí. Lamento informarte que, hasta donde sé, prácticamente nadie cree que se pueda ser realmente feliz siendo bisexual. Al menos no si se es hombre.

Imagínate esto: todos en una fiesta comparten historias de aventureras sexy. Dos chicas confiesan haber tenido cosas con otras chicas en la universidad, porque ¿por qué no? La gente se ríe o aplaude o susurra. ¡Qué revelación tan divertida! Un hombre en la fiesta agrega: “Una vez le chupé el pito a alguien, sólo para probar”. Grillos. El disco se raya. Una bola de pelos rueda para la pista. Todos están impactados y dejan de compartir historias y la noche termina antes de que se derramen las primeras lágrimas en las escaleras.

Esa noche, cuando el hombre que compartió demasiado se va a casa, su novia está confundida y nerviosa. ¿Ha estado saliendo con un “gay” todo este tiempo? ¿Por qué le diría eso a todos sus amigos? Qué vergonzoso. Lo mismo sucede con los threesomes: un “buen” threesome involucra a dos chicas y un pito, mientras que dos hombres y una mujer es lo que se conoce como “el threesome del diablo”. He visto relaciones abiertas en las que la mujer puede hacer lo que sea, incluso estar con otras mujeres, mientras que el hombre permanece monógamo y fiel, feliz de gozar un poco de esa acción lésbica.

Quizá nos hayamos relajado con los hombres bisexuales, pero aquellos hombres que han degustado un pito todavía son víctimas del “gay, heterosexual o mentiroso”. Incluso en un contexto casual, las mujeres tienen más libertadas que los hombres, quienes tienen prohibido participar realmente en actividades bisexuales disyuntivas. Es el elefante en la habitación. ¿Pero por qué? ¿Por qué la idea de dos mujeres es recibida siempre con dos gigantescas erecciones de aprobación, mientras que la acción hombre-hombre es “Oigan, muchachos, qué asco”? ¿Por qué una relación lésbica en la universidad es algo lindo, mientras que una chupada experimental después de la práctica de futbol convierte a alguien en un HOMOSEXUAL DE POR VIDA?

Creo que tiene que ver con ideas anticuadas sobre el género y la sexualidad. Según esta mentalidad, la sexualidad femenina es pasiva y sumisa: “Uuuu, ¿otra chica quiere jugar con nosotros? ¡Suena divertido! Hagamos cualquier cosa siempre y cuando estemos complaciendo a alguien que no seamos nosotras! Nos encanta ser sometidas”; mientras que los hombres prefieren penetrar suaves receptáculos con sus enormes penes.

Maduren.

Me gustaría hacer un llamado a un “supérenlo” colectivo. Las ideas anticuadas sobre quién puede tener qué tipo de sexo son injustas para todos, y hay muchos hombres, familiares, amigos y parejas, que se sienten obligados a reprimir sus saludables deseos sexuales, con tal de evitar ser juzgados. ¿A quién le importa? ¿Por qué no pueden hablar de ello con la misma libertad que las mujeres? Comerse una hamburguesa no anula toda posibilidad de vegetarianismo; sólo quiere decir que se le antojó algo diferente ese día. Aquellos que piensen lo contrario pueden comer pito. Y contarme cómo les fue, pues seré completamente comprensiva de su derecho a hacerlo, tengan o no tengan uno parecido.

Sigue a Monica en Twitter: @MonicaHeisey