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guerras y conflictos

Cómo reconstruir tu vida en Irak con 3.000 ladrillos

Miles de personas han tenido que abandonar sus casas en Irak ante la ofensiva de Estado Islámico. Es el caso de la familia de Akida Yassin y su marido Mahmud Ibrahim, que ahora construye su nuevo hogar porque su vivienda quedó destruida por los...

por VICE News y Oxfam Intermón
16 Junio 2016, 9:00am

Akida Yassin y su marido Mahmud Ibrahim construyen su nuevo hogar. (Imagen por Pablo Tosco/Oxfam Intermón)

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Una tormenta de arena asoma entre las chimeneas de un pozo de extracción de petróleo. El viento se esfuerza por apagar la llama que se mantiene invicta. Y a lo lejos el pueblo de Bashir.

Todo ha quedado reducido a escombros, no hace falta levantar la mirada para ver el horror vestido de ruinas.

El silbido del viento y los cables eléctricos entre los escombros, el estruendo de un ladrillo cayendo en el zinc de lo que fue un techo y el crujir de las botas de Walid recorriendo lo que fue su barrio.

"Todavía no podemos regresar a los restos de nuestras casas, Estado Islámico ha dejado artefactos explosivos escondidos en casi todas las casas y aun seguimos buscando".

El pueblo de Bashir, en el norte de Irak, fue liberado de la ocupación de Estado Islámico por los Peshmerga y la milicia chií Hashd al-Shaabi. Más de mil familias huyeron buscando refugio, dejando sus tierras, su casa, sus animales, su vida. Hoy Walid recorre y custodia sus calles a la espera de que comiencen los trabajos de desminaje y la gente pueda volver a reconstruir sus vidas. (Imagen por Pablo Tosco/Oxfam Intermón)

Bashir fue liberado de la ocupación de Estado Islámico a principios de mayo, la ofensiva fue liderada por el ejército kurdo Peshmerga , la milicia chií Hashd al-Shaabi y las autodefensa turcomanas. Este crisol de etnias y sectas da algunas pistas del complejo mapa del conflicto iraquí.

Una guerra que a lo lejos parece anestesiada por tantos años de conflicto, una contienda por desgaste donde la población civil va siendo tomada de rehén y luego condenada por haber estado cautiva. Así las tribus, linajes y ascendencias del islam van marcando una línea del conflicto cada vez más sectaria: suníes contra chiíes, turcomanos contra suníes, suníes contra cristianos, kurdos contra árabes y como telón de fondo la ascendencia de los kurdos ocupando espacios de poder en el gobierno Iraquí, con su propia agenda de autodeterminación.

Mientras en el último año Estado Islámico ha perdido territorio y ha pasado de ocupar el 45 por ciento al 14 por ciento. En su huída deja ciudades repletas de explosivos ocultos entre las ruinas y la puerta abierta a la paranoia y la violencia sectaria que azota al país desde hace décadas. La guerra con Irán, la invasión a Kuwait, la ocupación americana, la persecución de kurdos y yazidies ha forjado un país donde los conflictos se dirimen empuñando un AK-47.

Los yazidíes temen regresar a Sinjar incluso después de la retirada de Estado Islámico. Leer más aquí.

Imágenes de la ciudad de Bashir. (Imagen por Pablo Tosco/Oxfam Intermón)

Más de 3,5 millones de personas se han visto forzadas a dejar sus tierras, sus casas, sus vidas. Han huido recorriendo el país buscando refugio, un lugar seguro donde dejar de sobrevivir y poder pensar en reconstruir sus vidas.

En los campos de desplazados en medio del desierto y las comunidades que dan acogida se afrontan los mismos retos, brindar refugio, agua, comida y recursos para rehacer sus vidas.

Organizaciones como Oxfam Intermón están proveyendo agua mediante la instalación de tanques o la construcción de pozos en los campos de desplazados y la rehabilitación de plantas potabilizadoras de agua que fueron destruidas por el conflicto.

Ibrahim, ladrillo a ladrillo

Un chorrito de agua apura una mezcla de tierra y pasto. Las manos de Mahmoud amasan el barro con ira, enojo y tristeza, amasa para apaciguar la nostalgia. Sus manos se afanan por mantener la mezcla húmeda contra el calor abrasador de las 8 de la mañana.

Ibrahim, su hijo mayor, arrastra una carretilla sin ruedas con la mezcla unos metros hasta donde esta Noura que rellena los moldes de donde salen perfectos bloques de adobe.

"Necesitamos fabricar 3.000 ladrillos para dejar de vivir en este antiguo gallinero y volver a tener una casa mínimamente digna".

Huyeron con lo puesto del pueblo de Bashir, cuando Estado Islámico lo ocupó. Mahmoud estaba en la planta de petróleo mientras comenzaba a escuchar a lo lejos el sonido de los morteros.

Si no combaten, ¿qué demonios hace un grupo de menonitas estadounidenses en Irak? Leer más aquí.

Akida Yassin, esposa de Mahmud Ibrahim, Huyó de Bashir a causa de la ocupación de Estado Islámico, junto a su familia encontró un refugio en el antiguo gallinero cedido por la comunidad de Srinja. Hoy construye los ladrillo de su nueva vivienda. (Imagen por Pablo Tosco/Oxfam Intermón)

Pidió a su supervisor salir del trabajo para rescatar a su familia, cuando llegó a Bashir ellos ya habían cogido algunas mantas y había huido del pueblo.

Encontraron en Srinja, el pueblo de su hermano, un lugar seguro donde refugiarse. Desde la terraza de la casa de su hermano podían ver las columnas de humo de los bombardeos y el estruendo de las bombas pulverizando su vivienda.

Mahmoud se apoya en la pila de ladrillos para tomar un respiro, "Pensamos que huíamos por unos días y que luego podríamos regresar, pero llevamos meses aquí en esta situación tan precaria".

Este gallinero en medio del desierto fue su refugio físico y mental, años de conflicto han hecho una llaga en estas familias que llevan décadas conviviendo con la cartografía del horror de la guerra.

Mahmoud coge su teléfono y empieza a ojear algunas fotos de su ciudad colgadas en alguna pagina de Facebook de algún vecino. Recorre virtualmente las calles de su barrio en busca de reconocer las ruinas de lo que fue su casa, a su lado ansiosa su hija se ríe a su lado esperando ver algo divertido en el teléfono de su padre

Pero al hoy liberado Bashir la familia de Mahmoud no va a volver, el hecho de pertenecer a la misma ascendencia islámica que el EI lo condena a no poder regresar a su pueblo.

"No es tanto el miedo el que me impide volver a mi ciudad, es que ya estamos agotados de tanta guerra y violencia, no podemos seguir huyendo toda nuestra vida".

Texto y fotos por Pablo Tosco/Oxfam Intermón. Síguelo en Twitter: @PavlobskiRoisen

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