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Bienvenidos a Asgardia: La nación del futuro

Asgardia es la primera nación espacial, con voluntad de dejar de ser una idea en la web para volverse realidad: una comunidad intergaláctica que permita al ser humano abandonar este planeta decadente. Un argentino-asgardiano nos cuenta de qué se trata

por Ariel Pukacz
16 Marzo 2018, 3:00pm

Cortesía de Ariel Pukacz

Artículo publicado por VICE Argentina

El mundo es de los locos, de aquellos que se animan a concretar promesas que en una primera instancia parecen imposibles, casos sobran: desde las descomunales películas de Howard Hawks o Werner Herzog a La Sagrada Familia inconclusa de Gaudí, sin olvidar al tiránico buscador Google fundado por Larry Pages y Sergey Bin que se impuso como única opción validada para navegar Internet.

Asgardia es uno de estos descomunales proyectos, parece la última broma de L.R. Hubbard, el fundador de la secta conocida como Cientology. El magnate ruso Igor Ashurbeyli, harto de la abyección diaria terrícola decidió fundar la primera Nación espacial. Su capital le permitió elegir un nombre a lo grande, es arrancado de la mitología nórdica, se trata del paraíso manejado por Odín.


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Ashurbeyli puede parecer un loco, pero si nos abstraemos un instante toda Nación es en verdad una mera convención conceptual y geográfica, por lo que no es descabellado poder, al menos, plantear una nueva que funcione fuera del, cada vez más deteriorado, cuerpo celeste que nos tocó habitar. Ashurbeyli no fue el primero en plantear un espacio fuera de los países ya constituidos: Freetown Christiania es una comunidad autónoma que funciona en hangares en Dinamarca, Molossia es el microestado apócrifo de un demente que lo utiliza como atracción turística en Dayton, Nevada, El Principado de Freedonia fue una travesura adolescente surgida en los 90 con intención de establecerse en Somalilandia. Estos son algunos casos. La diferencia de Asgardia es que tiene una propuesta mucho más concreta y también ambiciosa, proclamarse como un espacio autónomo que pueda regir sus propias reglas y leyes en el espacio exterior y que no sea en el futuro monopolizado y explotado por las naciones más poderosas. Si bien puede sonar una desmedida idiotez, la realidad es que ya cuenta con 180 mil interesados en formar parte de este nuevo territorio que promulga la paz de los seres humanos y la habitación del espacio exterior en armonía: el grueso de sus voluntarios provienen de países de ideologías opuestas como China y Estados Unidos. Es por eso que Asgardia exige ser reconocida por la ONU, para poder hacer frente al abuso espacial, ya sea en recursos no renovables y toda posible legislación que sea necesaria.


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Asgardia se toma en serio la tarea de conformarse como la primera nación espacial y ser considerada por las Naciones Unidas: se ha hecho un llamado a concurso para elegir su himno, escudo, bandera y lema. En la actualidad figuran unos temporarios, los oficiales serán aprobados por el Parlamento. La bandera ganadora fue la diseñada por el turco Ahmet Alay, el escudo por el ruso Vyacheslav Kirievsky, el himno por el alemán Michael Klubertanz y el lema por el italiano Giuseppe Azzato. Esta última propuesta se inició con el pie izquierdo, en los comentarios de la página de un asgardiano se anuncia con la frase “con la ciencia viene la libertad, con la libertad viene la paz”, está mal traducida del latín, por lo que ya hay una primera situación corregir.

Cortesía de Ariel Pukacz

Asgardia pretende ser un espacio desmilitarizado conformado por un laboratorio ubicado en un satélite central anexado a diversos otros secundarios. Asgardia ha enviado durante 2017 un primer satélite al espacio, Asgardia-1. Funciona como una especie de los discos del Voiyager, con la bandera y diversos símbolos patrios, además de contar con un servidor en el que se podrá subir pequeños archivos de sus ciudadanos desde el sitio de Asgardia. La nave fue producida por la empresa NearSpace y preparada para su lanzamiento por Nanoracks LLC.

“El Reino espacial”, como se auto proclaman en su sitio, tiene hasta su propia moneda, el Solar, su lema (“una humanidad, una unidad”) y hasta su calendario. Todo parece tomado de la mejor ficción de Philip K. Dick o de David Foster Wallace pero no, esto está sucediendo, un Nuevo Orden parece aproximarse.

Cortesía de Ariel Pukacz

La letra chica podría presentarse en la Constitución, un documento que apenas supera las 20 páginas y que se encuentra en los 12 idiomas oficiales de la Nación (lo más lógico pero poco práctico hubiese sido que se designara al idioma artificial Esperanto como lengua oficial). Su segundo artículo esclarece la voluntad de Ashurbeyli: “Los objetivos de Asgardia son: Garantizar la paz permanente en el espacio; Garantizar la igualdad de oportunidades en el espacio para todos los Asgardianos (sic), que residen actualmente en la Tierra, independientemente de su ciudadanía terrestre; Promover el bienestar de toda la humanidad”.

Hasta acá Asgardia me pareció un proyecto serio, si tuviese bitcoins no dudaría en invertirlos en esta demencial propuesta que nos ingresa a la idea que yo tenía del futuro cuando era chico, un futuro que no pensé que podría ver. En vez de invertir dinero decidí convertirme en asgardiano, por pura casualidad. Ingresé a su sitio, www.asgardia.space y comencé a navegarlo de manera arbitraria hasta toparme con un cartel para ingresar a mi cuenta asgardiana, debajo decía “¿No sos asgardiano todavía? Unite”. No lo dudé ni un instante. Hice clic y pasé a un breve formulario, tan simple como el que puede imponer Facebook o Twitter para hacer una cuenta. Me exigían mi nombre y apellido, mail y una contraseña, además de aceptar los términos y condiciones, y su constitución que ya tenía ciertamente estudiada. Antes de volcarme a un proyecto así con la potencialidad de salvar a la humanidad o de convertirse en un Cuarto Reich ciberpunk, decidí leer los Términos y Condiciones, algo que no hice jamás en ningún lado nunca. Me hizo ruido el primer párrafo, donde se indica lo siguiente: “Asgardia incluye Asgardia Society como así también a todas sus subsidiarias, sus afiliaciones y sus licencias que producen o distribuyen productos Asgardia. Un Producto Asgardia es definido como un producto de Asgardia, una subsidiaria, una filiación, proyectos en conjunto o licencias de Asgardia en cualquier idioma, sobre los cuales Asgardia tenga control editorial”. ¿Nación o empresa? Ahí comenzaron mis dudas sobre si encontraría la salvación en este proyecto, mis sueños mesiánicos comenzaban a desmoronarse, pero de todas formas quería intentar conseguir una remera gratis. Al seguir leyendo se mencionaba que al aceptar los términos y condiciones, estas regían a través de la ley de copyright austríaca, lo que me dio un breve escalofrío al recordar el nombre más infame de aquel país, el de Adolf Hitler.

Cortesía de Ariel Pukacz

Luego de una serie de puntos sobre infracción de copyright en los que también estaba aceptando cláusulas algo leoninas, aparecía una dirección a la que comunicarse en caso de que se tuviera algún problema, era la dirección de Lena de Winne, CEO de Asgardia, puesto que me resultó algo extraño al tratarse de una Nación, pero luego recordé la situación actual de Argentina, manejada por entidades similares.

Decidí aceptar las reglas y volcar mis datos, incluida mi nacionalidad terrestre y mi dirección. Al dar clic sucedieron dos cosas: me llegó un mail en inglés que indicaba: “Estimado Ariel 22 (supuse que ya había otros 21 Arieles previos a mí) bienvenido a Asgardia, la primera nación espacial”. Luego se mofaban de ser muy serios y me entregaban password y un link que decía “verificar ciudadanía” para corroborar mis datos y convertirme fehacientemente en un asgardiano. Accedí a un perfil similar al de Facebook en que figuraban mis datos y podía agregar otros como mi educación (cosa que no hice), a un costado figuraban diversas viñetas como: amigos, certificaciones, perfil de candidato, Mi Blog y más. Finalmente había un botón para leer la Constitución y otro para aceptarla. En hora buena, en tan solo 11 minutos me había naturalizado como Asgardiano. ¿Y ahora qué?

Cortesía de Ariel Pukacz

Lo otro que sucedió fue el acceso a una página en la que aparecían 12 cubículos discriminados por idioma, se trataba de los candidatos al parlamento. La lengua inglesa contaba con 67 asientos y más de 70 mil votantes, la lengua española seguía con 16 asientos y casi 19 mil votantes; seguía el chino con catorce escaños.

Debajo se encontraban los perfiles de los candidatos, con una foto, sus propuestas, país de origen y popularidad y la opción de votarlos. Andrés López Muñoz, 43 años, español, científico, plantea sus propósitos y planes para la campaña electoral:

“Desde el punto de vista científico y médico, una de las preguntas que planteo y presento es la importancia de la gravedad, la atmósfera, la radiación y la rotación en el espacio (aunque si todo se genera artificialmente) y en qué sentido podrían afectar estos fundamentos astro físicos esenciales a los ciudadanos de Asgardia si se presenta el caso de una visita de retorno temporal a la tierra. Existen notables alteraciones funcionales y fisiológicas en el organismo humano y en otras especies del planeta, incluso si un satélite creado es perfecto y funciona en condiciones óptimas. Creo que todo esto debe ser dominado y estudiado a fondo por los ingenieros espaciales y los profesionales de la salud. ¿Qué pasará con los hijos de futuras madres, si desean visitar la tierra, habiendo nacido en una gravedad, atmósfera, radiación, velocidad y rotación diferentes? asimismo, propongo como una opción viable, la creación, aquí en la tierra, de un lugar dedicado exclusivamente a la formación de ciudadanos que, en el futuro, vivirán en la nación espacial de Asgardia. Este lugar debería ser como una escuela donde habrá un chequeo médico exhaustivo (periódico), un entrenamiento general y personal para la vida en el espacio y el manejo de posibles incidencias. Igualmente, el aprendizaje y la educación con el objetivo de recibir información sobre las instrucciones y aprender todas las doctrinas y los estatutos de la nación espacial. En resumen, sería como un "campus universitario".


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Para bien o para mal, los ciudadanos de este nuevo proyecto parecen tomárselo con seriedad lo que me lleva a pensar en lo desastrosa que es la vida en nuestro planeta como para que más de un cuarto de millón de personas se quieran ir a la mierda, a vivir en condiciones extrañísimas en las que no se saben las consecuencias, financiadas por un ruso al que ni conocen. Por otro lado, no se si pensar en una estafa maestra o en si se trata en verdad de un nuevo tipo de secta o culto. Eso de que con intentar no se pierde nada todo se convierte en una falacia absoluta, sino díganselo a las víctimas de Jim Jones en Guyana o los Davidianos en Waco, Texas. De todas formas, decidí presionar el botón que había a un costado que me animaba a postularme a mi mismo con la frase “¿No te gusta ningún candidato? Postulate a vos mismo”. Primero se me exigía inventar un slogan: “Una Asgardia, un universo” fue lo máximo que dio mi creatividad a las apuradas, pero luego se me pedía una foto de mi documento de identidad y mi Curriculum Vitae, no hubo problemas. Estos llegaron cuando se me exigió una recomendación, yo soy hasta entonces el único asgardiano que conozco, por lo que no pude ser avalado por ningún otro y por lo tanto, no me logré presentar a las elecciones: la primera discriminación sufrida en esta utopía.

Cortesía de Ariel Pukacz

Decidí entonces ir a la página de preguntas frecuentes para ver si se me resolvían algunas dudas sobre mis deberes cívicos. A medida que comencé a leer me aburrí porque me di cuenta de que son cosas que no me terminan de interesar ni en el país que habito, por lo que decidí pasar a las secciones más entretenidas: ESPACIO, que es donde todo se vuelve un asombroso cuento de ciencia ficción.

Ahí se aclara que Asgardia es una entidad independiente pero que ha colaborado con la NASA para enviar su satélite, y que pretenden crear una nueva plataforma legal para la exploración del espacio profundo, elemento crucial para el avance tecnológico y la expansión científica fuera del planeta. Se aclara que por las complicaciones que presenta el espacio exterior (falta de oxígeno, radiación, etc), la idea es crear unas arcas espaciales que sobrevuelen la atmósfera y que permitan la vida humana con su fauna y flora, con la idea de que sirvan en caso de que la humanidad deba abandonar la Tierra o incluso utilizarlas con fines turísticos, y algún día como medios de transporte que nos lleven a la Luna u otros cuerpos celestes. Los otros puntos abarcan desde su servicio de salud (por ahora nulo), a medios de comunicación y propuestas culturales (actualmente cuenta con una galería de arte online). Estos puntos evidencian que Asgardia es una propuesta que todavía se encuentra en un estado endeble pero que avanza firme para convertir nuestro mundo y existencia en el futuro que fantaseamos de niños. Mientras se desarrolla, yo espero paciente que las propuestas se cumplan, y si no es así, no es la primera vez que una nación me falla.