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Identidad

Intenté disfrutar el sexo en la ducha de todas las formas posibles

Convertí el sitio en el que cago, me paso el hilo dental y me espicho los granos en un lugar atractivo para tener sexo.

por Grant Stoddard
16 Septiembre 2019, 7:24am

Bonninstudio/ Stocksy

Artículo publicado originalmente por VICE US.

A mi novia le encanta el sexo en la ducha: empezó a lanzar indirectas en nuestra segunda cita y cuando llevábamos aproximadamente un mes de relación, después de haber practicado sexo en el tejado, en el campo, en un bar y en absolutamente todos lados menos el baño, por fin expresó lo que se había estado guardando.

—No te gusta el sexo en la ducha, ¿o sí?

—No es que no me guste —dije a la defensiva—, pero las veces que lo he intentado nunca ha sido como me lo imaginaba.

Según las representaciones del cine y la televisión, que formaron mi idea de lo que debería ser el sexo en la ducha, el acto es erótico, satisfactorio y no tiene complicaciones. Sin embargo, según mi experiencia es incómodo, extraño y me baja la excitación, lo cual me genera ansiedad por desempeño. Por suerte, a mis anteriores parejas el sexo en la ducha les parecía como el sexo en la playa o en el baño de un avión: tan problemático que no valía la pena.

Mi novia se desanimó cuando le dije que el sexo en la ducha no era mi cosa, así que decidí hacer el esfuerzo por indagar y resolver cómo superar los obstáculos para disfrutarlo.

Cuando me puse en le tarea, me di cuenta de que gran parte de mi reticencia estaba relacionada con lo poco sexy que consideraba el diminuto baño de mi apartamento enano en Chinatown. No había nada sensual en la iluminación, las paredes con azulejos, las lociones y los medicamentos desparramados por todas partes, y la cortina de la ducha de Ikea a la que le ha ido creciendo vida propia.

Luego de aceptar la realidad, empecé a intentar resignificar el baño como un lugar sensual: boté todas las cosas que no necesitaba; reorganicé los armarios, y ordené la zona de la repisa y del lavamanos para despejar el espacio y liberarlo de la pasta de dientes seca. Compré una nueva cortina de ducha y unas cuantas velas para que cuando mi novia me volviera a proponer tener sexo en la ducha no nos tocara hacerlo en un espacio tan alumbrado como un sitio de pizzas baratas a las 3:00 a.m.

Como normalmente tenemos sexo con música de fondo, también conseguí un parlante pequeño con bluetooth que resiste el agua y se pega a la pared. Así logré que mi baño pasara de ser el lugar en el que cagaba, me pasaba el hilo dental y me espichaba los granos, a uno que invitaba a tener sexo. Esto me permitió concentrarme en los retos ergonómicos que hacían de mi ducha una zona en la que cualquier erección se jodía.

Parte de lo que hacía que el sexo fuera incómodo tanto para mí como para mis parejas pasadas era, paradójicamente, lo seco que podía resultar. "El agua puede hacer que la lubricación natural se desvanezca y que el sexo en la ducha sea muy incómodo", explica la sexóloga neoyorquina Amy Levine. Cualquier tipo de lubricante será de ayuda para que el sexo en la ducha sea menos trabajoso, e incluso compañías como Trojan han diseñado lubricantes especiales que funcionan con el agua y son compatibles con los condones de látex y poliuretano (un material para las personas alérgicas al látex). Es posible que la viscosidad adicional que tiene el lubricante hecho para la ducha tenga un inconveniente: “Asegúrate de que lo pones directamente en el área en concreto donde quieres usarlo, no dejes que caiga ni una gota al suelo si no quieres resbalarte como un niño de ocho años en una fiesta de cumpleaños”, escribe un entusiasta usuario de Amazon en una reseña.

Cuando me puse en contacto con el famoso sexólogo Kenneth Play para hablar sobre los retos que supone disfrutar del sexo en la ducha, me contó con entusiasmo sobre una serie de trucos que había ideado para tener una mejor experiencia y me invitó a visitarlo con mi novia para que me mostrara en lo que había estado ocupado.

Entramos al ordenado baño de Play, y al momento me di cuenta de que había tenido los mismos impedimentos para disfrutar del sexo en la ducha que yo había tenido. Además de sugerir el uso de un lubricante viscoso y haber creado una iluminación atractiva, había colocado un taburete metálico en una esquina de la ducha. Según él, este permitía que la mujer o el pasivo se sentara en la ducha y pudiera practicar sexo cara a cara cómodamente mientras la pareja lo penetraba de pie.

"La mayoría de gente no es capaz de practicar sexo de pie durante mucho rato", dijo, añadiendo que es complicado y agotador a nivel físico cuando hay demasiada diferencia de estatura entre los dos miembros de la pareja o, en algunos casos, cuando esta es demasiado similar.

Encima del taburete instaló unas barras de apoyo, que aunque se suelen vender a la gente mayor o débil, son prácticas para los entusiastas del sexo en la ducha que quieran mantener el control y reducir las probabilidades de salir a urgencias después del coito. Claramente no están diseñadas para soportar el peso total de una persona, pero son muy útiles en un espacio poco estable.

A diferencia de la cabeza de ducha que tengo en casa, la de Play no era fija. Según un artículo de VICE de 2015, ese aparato puede llegar a ser el mejor vibrador de todos. Sin embargo, hay gente que prefiere masturbarse con un utensilio diseñado específicamente para el placer sexual. “Si prefieres utilizar un vibrador en la ducha, puedes cubrirlo con un condón en la parte superior y otro en la inferior para que sea resistente al agua”, me explicó Play.

Mi novia insistía en apresurarse para ir a casa y poner en práctica todo lo que habíamos aprendido: le íbamos a dar una oportunidad al sexo en la ducha sin el taburete ni las barras de apoyo.

Incluso con todos los consejos de experto y el ambiente de las velas, el sexo fue complicado; el éxito seguía siendo determinado por nuestra habilidad para llevar a cabo una serie de posturas complicadas en un estrecho y escurridizo espacio. El único mecanismo que resultó ser de ayuda fue un reposapiés que se pega a la pared y está diseñado para afeitarse las piernas más fácilmente.

A pesar de todo, persistimos. Intentamos practicar sexo por detrás: puso los pies en el reposapiés y las manos en la pared como si se tratara de una requisa. Nuestros 20 centímetros de diferencia nos hicieron temblar las rodillas. Sus 45 kilos de peso permitieron que ella colocara las piernas alrededor de mi cintura y lo ensayáramos cara a cara. Todo parecía marchar bien hasta que un pequeño movimiento en nuestro centro de gravedad fue catastrófico.

Puesto que la relación costo/beneficio del sexo en la ducha fue pésima, rápidamente descubrimos que el baño estaba lleno de posibilidades. Hay una repisa sobre la cual sentarse o inclinarse. En su casa tiene una bañera que le permite sentarse en el borde mientras yo la penetro de rodillas; sin embargo, es muy recomendable colocar una alfombra de baño debajo para no andar caminando por ahí de forma graciosa durante unos días. Créanme: el sexo no tiene por qué practicarse en la ducha, sino cerca de ella.

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