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De Frida Kahlo a Britney Spears: platicamos con Avelina Lésper

Charlamos con la crítica de arte más controvertida y mediática.

por Pável Gaona
30 Julio 2018, 2:40pm

Foto por Pável Gaona.

Artículo publicado por VICE México.

En el pasillo del diario en el que trabaja, se acerca hacia mí Avelina Lésper. Con una cabellera azabache que le cuelga como cascada, unas gafas enormes que no dejan adivinar lo que dicen sus ojos y un rictus que tampoco trasluce muchas emociones, me tiende la mano. No se deshace en gestos de cordialidad, pero tampoco es grosera. Guarda la prudente distancia que tomaría cualquiera ante un desconocido con el que va a charlar por primera vez.

Ya instalados frente a frente, como en un performance de Marina Abramovic, Avelina al fin se retira las gafas. Sus ojos avellanados siguen sin mostrar fisuras en su estado anímico, algo que me permita reblandecerla y abordarla con más laxitud. Polemista como es, sabe perfectamente cuidar todos sus frentes, como un boxeador que está siempre dispuesto a esquivar cualquier golpe y devolver un certero gancho al hígado sin despeinar uno sólo de sus cabellos.

De ella conozco su renuencia a las ceremonias y los artificios. Y es por ello que, en un acto casi suicida, me decido a tirar sin mayor preámbulo la primera pregunta.

Foto por Pável Gaona.

VICE: Hace unos días te encontraste cerca de la Sala Ollin Yoliztli un grafitti con la frase “Avelina Lésper, me la pelas”. ¿Cuál fue tu reacción inmediata?
Ah, pues lo que sucedió: al momento de que me enteré, fui y me tomé una fotografía.

¿Pero te generó alguna emoción en particular?
Pues me interesó conocer a los autores porque lo sentí como una invitación al diálogo. Como una forma de decir: “a ver, aquí estamos, esto es lo que hacemos” y reaccioné en consecuencia: los convoqué al diálogo.

¿No te pareció un tanto rudo o grosero de su parte?
En lo absoluto. La crítica de arte se ha impregnado del vicio de la curaduría de utilizar un idioma artificial, inhumano, que no comunica. Eso que ellos hicieron a mí no me ofendió jamás, porque si me he sentido ofendida no voy y me tomo una fotografía ni le doy la difusión que le di. Me interesó saber que mi nombre y mi trabajo estaba en boca y en el pensamiento de artistas jóvenes, de grafiteros jóvenes. Yo no le vi ofensa en ningún sentido: ellos llamaron la atención con los medios que tienen y con el lenguaje que tienen. Yo no tengo por qué juzgar eso.

Esta invitación al diálogo que hiciste a través de tu página se volvió viral. La vi replicada muchas veces en Facebook.
Sí: tuvo 200 mil entradas.

¿Ellos ya te han contestado o contactado de manera directa más allá de lo que han declarado en sus redes sociales?
De manera directa a mí no, pero el organizador de la División de Grafitti de la Ciudad de México —que yo no sabía ni que existía—, hizo contacto con el autor, y él hizo contacto con el diario.

¿Hay alguna fecha tentativa para un posible encuentro?
Te doy la primicia: ya está pactado. El sábado 4 de agosto a las 11 de la mañana va a ser el encuentro con ellos en el Museo de la Ciudad de México. Por medio de ti, de esta entrevista y de la revista VICE, invito al público en general a que asistan, va a ser obviamente entrada libre como todos mis eventos. Van a estar Mufo y Neón (los autores), y van a estar dos grafiteros más que van a exponer sus motivos y voy a estar yo, que expondré los míos. Y habrá sesión de preguntas del público asistente.

Para Avelina, ¿existe algún grafitero que ya haya alcanzado el status de artista?
A mí me gusta mucho el trabajo de Shepard Fairey, me parece muy interesante. Pero en México estamos muy lejos de eso, porque como dije: no hay ese nivel de compromiso ni con lo que se quiere decir, ni con el lenguaje ni con la técnica.

También has escrito que Banksy es pura moda. ¿Él no cumple con criterios estéticos o de contenido para ser considerado artista?
¡Ay no! ¡No! Si con algo cumple Banksy es con criterios mercadológicos y publicitarios. Es increíblemente fresa, es niñato y además es un farsante, porque además es un colectivo. No te vas a creer que alguien tiene los recursos para brincar de Palestina a Holanda en dos horas. ¡O sea, que no me haga reír! Y tiene un agenda política bastante clara: eso no solamente no es arte, ese es puro intervencionismo ideológico.

Del amor al odio: Avelina, el fenómeno mediático

¿A qué crees que se deba que hay gente que te reconoce y aplaude pero también hay gente que te tienen una profunda animadversión?
Mira, en general, yo he visto que no estamos acostumbrados a escuchar que alguien hable abiertamente de un tema, no sólo de arte. Hay una contradicción muy grande, porque en las redes sociales y el anonimato la gente se ha vuelto muy grosera. Todos los días están linchando a alguien en las redes. Y por otro lado esperan que hables de una manera inmaculada y políticamente correcta, o que disfraces tus afirmaciones y las que edulcores para ser agradable.

¿Por qué crees que exista este tendencia a perfumar todo con eufemismos?
Pues para generar más I like its, y eso es algo que a mí definitivamente no me interesa. Yo no soy la Señorita Simpatía, yo no escribo para caerle bien a la gente y para después ganarme un hueso en las instituciones. Si la gente quiere escuchar lo que veo y cómo lo veo, pues muy bien, y si no, también hay una infinidad de críticos que hablan de nada a los que podrían estar leyendo.

Te adelantaste un poco a una de mis preguntas: ¿Alguna vez te has visto como una funcionaria, desempeñando un cargo relacionado con la cultura?
Nunca. Jamás, no me interesa estar en ningún círculo del poder ni nada por el estilo. Me niego a pertenecer a eso.

Algunas de las críticas a tu crítica, se basan en que tienes una mirada muy clásica respecto al arte. ¿Cómo podrían crearse nuevas tendencias o vanguardias si únicamente valoramos o partimos del arte clásico?
Eso es falso. Mi visión es hacia la inteligencia, el trabajo y hacia la responsabilidad con la autoría. Ahora, la gente dice que defiendo lo clásico porque critico fuertemente un estilo artístico en el que no hay autoría, en el que no hay trabajo y no hay inteligencia. Si tu obra no es inteligente, si tu obra no es capaz de hablar por sí misma y si tu obra necesita toda una infraestructura institucional gigantesca porque saliendo de esa burbuja institucional recobra su estado de basura, entonces no es arte. Y eso no es clásico o no clásico: porque hay pintura muy mala, hay dibujo muy malo y hay escultura muy mala.

¿Sabes que se hacen memes sobre tu persona?
No, no lo sabía [titubea]. Pero es que yo no tengo redes sociales. Alguna vez un amigo me dijo que hay muchísimos memes sobre mí, pero no tengo la certeza.

Hay autores que sostienen que dos de los ingredientes principales del performance son provocar y crear tensión. ¿Podría ser Avelina Lésper una performer, aunque sea de manera irónica e involuntaria?
“To perform” no es otra cosa que actuar y yo actúo todos los días, todo lo que hacemos son acciones. Pero eso no nos convierte en artistas y yo no me considero una performer. Sobre esos que dicen que el performance “provoca y crea tensión”, yo puedo ver a dos taxistas agarrándose a golpes en la calle y no por eso eso va a ser un performance y mucho menos va a ser arte.

¿Y qué opinión te merecen performanceros como La Congelada de Uva o Abel Azcona?
Esa gente presenta cualquier zafiedad y la quiere hacer pasar por arte cuando no lo es. Son puras manifestaciones infracerebrales.

¿Por qué no tienes redes sociales?
Me parece que en el momento en que yo empiece a preocuparme de lo que se diga de mí en las redes voy a empezar a influenciar mi forma de pensar y yo no quiero eso. Muchos intelectuales están pendientes por las redes y los ‘I like its’ y yo no quiero que eso me pase, porque eso sería una forma de prostituir mi pensamiento.

Alguna vez criticaste que la expo de Kusama era sólo un gran escenario para hacerse selfies. ¿Alguna vez te han abordado para tomarse una selfie contigo?
Infinidad de veces.

¿Y cuál es tu reacción?
Con todo el mundo me hago una foto. A mí no me gusta agredir a la gente que llega y te saluda. Es muy distinto que yo diga lo que pienso de una obra fútil que está hecha para ser escenario de selfies, a que sea grosera con una persona que quiere llevarse un recuerdo.

¿Estás al tanto de que un artista plástico, el pintor Juan Sainz, hizo una serie de retratos inspirados en ti?
No, me enteré cuando me enviaste una fotografía y pactamos la entrevista.

Te lo voy a mostrar en este momento, porque lo traigo conmigo. En este cuadro, Juanjo te pintó vestida como cajera de Oxxo, por la crítica tan categórica que hiciste al trabajo de Gabriel Orozco.
[Avelina toma el cuadro y lo examina detenidamente con rostro hierático]. Ah, mira, es justamente de una fotografía de Aldo, un fotógrafo que trabaja aquí en el diario. Qué curioso, creo que es de los pocos retratos que existen de mí. Muchísimos artistas, amigos, me han pedido que pose para ellos, pero es algo que no me ha interesado.

¿Qué opinión te merece?
Sólo voy a decir una cosa: si tienes contacto con el artista, dile que muchas gracias por tomarse el tiempo.

“Frida era todo, menos feminista…”

En tu texto Billboard afirmas que la música pop es desechable, que actualmente la música se rige por cuántas semanas permanece en el ranking de Billboard. ¿Qué música escuchas? ¿Hay alguna banda o vocalista que te guste?
Mira, yo siempre he renunciado al pop por eso que acabas de mencionar, porque es plástico y efímero. El pop obliga a los músicos a estar produciendo continuamente o si no los devora el olvido. Tendrían que estar haciendo lo que hace Madonna, que cada cierto tiempo tiene que publicar un álbum para seguir siendo relevante. Pero ni trabajar continuamente te garantiza la presencia en un capitalismo rampante y regido por la moda. Ahí tienes a Britney Spears, haciendo un show de quinta en Las Vegas. Yo en cuanto a la música prefiero lo que trasciende. ¿De la generación de los Beatles cuántos, además de ellos, trascendieron?

¿Entonces qué escuchas?
A mí me encanta escuchar a Bach.

¿Y qué te hace reír? Porque hay una percepción de una Avelina Lésper más bien dura.
Por supuesto que me río, pero también hay un problema y es que creo que la gente malentiende la felicidad. Estamos en una sociedad que se compró la idea de que la felicidad es traer la cara de póster de Coca-Cola. Yo puedo ser dura en mis aseveraciones, pero eso no significa que no disfrute la vida o lo que hago. Me encanta asistir a museos, me encanta asistir a exposiciones y es algo que gozo y disfruto mucho. Pero tampoco tengo que estarme riendo todo el tiempo para demostrar mi felicidad.

¿Cuáles han sido los mayores actos de intimidación que has recibido por decir lo que piensas?
Actos de antipatía muchos, pero hablando de intimidación, incluso directores de museos han escrito para que me corran de mi trabajo. Pero no por eso voy a comprometer ni callar lo que pienso.

Pero es que te metes con todos. Recuerdo alguna vez leerte atacando la obra de Frida Kahlo e incluso a su persona. ¿Cómo te atreviste a hacer semejantes afirmaciones en un país en el que se tiene a Frida casi en un altar junto a La Virgen de Guadalupe? Vamos, que incluso está en los billetes de 500 pesos…
¡Jaja, pero que esté en los billetes no dice nada! ¡En México el dinero no vale y no alcanza para nada! [Avelina se ríe por primera vez mientras agita su abundante cabellera negra].
Volviendo al tema de Frida: claro que la gente se tomó muy mal eso, sobre todo porque en México la figura de Frida es un gran negocio. Pero eso no quita que haya tenido un conocimiento muy limitado de la anatomía y eso es claro en su obra.

Pero eso no es todo, como dices, la han encumbrado como si fuera una virgen y han mitificado su vida. Gente que sufre hay mucha y eso no los vuelve artistas. Ahora incluso la quieren poner cono icono feminista y eso ya es el colmo del absurdo, cuando las preocupaciones de Frida eran todo menos feministas: sufría porque no podía parir y en eso se le iba la vida. Esa visión no tiene nada de feminista, está mucho más cerca de una persona de pro-vida o de esas asociaciones que reducen a la mujer a ser meras fábricas de hijos.

Y sufría también por los engaños por Diego.
¡Exactamente!. ¿Quién podría llamarse feminista cuando sus preocupaciones son que no puede tener hijos o que su marido la engañe?

¿Eres feminista?
No. No al menos como se ha entendido el feminismo. No creo en las cuotas de género y como ya te dije, no creo que por ser mujer yo deba tener un cargo público, que es algo que no me interesa. No creo ni en eso ni en el lenguaje inclusivo.

“Yo no quiero ser recordada, si quieren que me olviden”.

Salvador Dalí dijo alguna vez que no podría estar en un país más surrealista que sus pinturas. ¿Qué Zona de la Ciudad te gusta?
Me fascina el Centro Histórico de la Ciudad de México. Particularmente el Primer Cuadro y sobre todo lo que se relaciona con el Templo Mayor.

¿Qué consejos le darías a los jóvenes en un México desigual en el que pocos tienen acceso a las academias o a la educación de calidad?
Que vean todo el arte que puedan y que practiquen. Hay muchas exposiciones gratuitas o a muy bajo costo. Que practiquen mucho y que se comprometan realmente con lo que quieren decir. Un lápiz no es algo caro. Una hoja de papel no es cara. Conozco jóvenes talentosísimos que se han formado a sí mismos a base de pulir su técnica. Pero no hay arte si no hay un compromiso con el lenguaje y con la autoría.

¿Y qué hay de las becas?
Lamentablemente muchas veces no es el camino, porque se las asignan a quien quieren. A mí me frustra y me da una rabia impresionante ver que hay gente que tiene resuelta la vida y que además está recibiendo una beca por parte del gobierno.

Finalmente, ¿cómo te gustaría ser recordada?
Yo no quiero ser recordada, si quieren que me olviden. Si quisiera ser recordada hubiese sido artista. La obra es la que trasciende, es atemporal. Lo que se dice alrededor de ella, no. Olvídate, que se olviden todos.

Se acaba la pelea. Nos levantamos del ring; ella incólume, yo con algunos moretones, pero saludable. Y como en toda justa deportiva que se precie de serlo, reconocemos y agradecemos al contrincante la batalla sucedida. Ya de vuelta en el pasillo, la actitud de Avelina es otra. Mucho más relajada y casi amistosa, me invita a acudir al encuentro con los grafiteros que se dará el próximo sábado. “Allá nos vemos”, me dice. Y antes de que el pasillo se la lleve por donde vino, le pido un par de fotografías con la obra de Juanjo Sainz. Ella accede gustosa e incluso imita la pose del retrato. Como en un juego de espejos, Avelina se sostienen a sí misma, ad infinitum. No es la Señorita Simpatía, me queda claro. Y ojalá nunca lo sea, porque esas abundan. Son las críticas comprometidas, informadas y mordaces, las que nos hacen falta.

@PaveloRockstar