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Cultura

Mi experiencia como escritora fantasma

Me gano la vida escribiendo memorias, novelas, borradores y correspondencia personal para otras personas sin recibir crédito por ello.

por Angela Lovell
30 Julio 2015, 3:00pm

Foto por usuario de Flickr Hobvias Sudoneighm.

Hace poco escribí una carta a "mi abuela". Era un texto afectuoso, plagado de detalles sobre mi vida y con referencias a la suya. Lo curioso de todo es que ninguna de mis abuelas sigue viva. Ni siquiera conocía a la destinataria de mi carta. Simplemente me limité a escribirla en nombre de un cliente que me contrató para hacerlo.

Me gano la vida escribiendo memorias, novelas, borradores y, de vez en cuando, correspondencia personal para los demás. Cuando va bien el trabajo, mi sueldo es comparable al de un abogado reconocido y, al igual que ellos, cobro por adelantado. Nunca pensé que me dedicaría a esto, pero actualmente incluso me anuncio en páginas como Elance, LinkedIn y Twitter. Los encargos son casi siempre comunes —darle unos retoques a un discurso ya escrito o editar un texto—, pero a veces solicitan mis servicios para redactar textos más íntimos, como cartas, mails y mensajes de texto.

Recuerdo que, cuando vi al personaje de Joaquin Phoenix escribir cartas en nombre de otras personas al principio de Her, dije: "¡Jamás!". Pensé que era una versión de la comunicación excesivamente futurista y cáustica. Sin embargo, aunque esta profesión se mantiene bastante en secreto, los que la practican no. La gente acude a la personas como yo para que redactemos sus ensayos de acceso a la universidad, editemos sus perfiles en las páginas de citas o incluso que escribamos los votos de su boda.

Cuando empecé en esto, imaginaba que quien contrataba mis servicios eran personas sumamente ocupadas o incapaces de componer una oración simple. Pero con el tiempo me he dado cuenta de que estaba equivocada. La mayoría de las personas para las que trabajo tienen asistentes (a los que también les he escrito mails en nombre de mi cliente) y usan mis servicios como si se tratara de una suscripción para redactar sus mensajes con el tono adecuado. Todavía no se ha dado el caso de que me contrate alguien que realmente me necesite, lo que me hace sentir como una especie de artículo de lujo en épocas de bonanza y una ganga en tiempo de vacas flacas.

Son pocos los clientes dispuestos a hablar conmigo por teléfono, por lo que no tengo más remedio que hacerme una composición de sus "voces" mediante los mensajes que reenvían, las bromas que surgen entre ellos y los detalles que me cuentan sobre las personas a las que escribo en su nombre. Mi trabajo consiste en leer toda la correspondencia (ya sea una cadena de mails, de mensajes de texto o de cualquier otro tipo) e identificar su forma característica de expresarse. Fracasar en mi trabajo implica revelarse como una impostora, por lo que es muy importante dar con el tono adecuado. Desde que empecé a convertirme en una especie de camaleón de la comunicación, Aaron Sorkin y su séquito de personajes con registros intercambiables han perdido todo el interés para mí. Gracias a este trabajo aprendí a escuchar mejor, ya que me acostumbré a fijarme en el uso que la gente hace de las palabras.

Pero escribir para los demás puede ser muy emocionante. El propósito de intercambiar mails con alguien, o de enviarle una carta, es lograr cierto grado de cercanía con esa persona. Es una forma de reconocer su relación, lo que sientes el uno por el otro. Las palabras escogidas pueden reconfortar o transmitir cariño; son los pilares de las relaciones. Por ello, cuando ese proceso natural se ve alterado por cambiar la fuente del mensaje, las cosas pueden ponerse un poco raras. ¿Te ofendería saber que ese mensaje romántico te lo escribió un desconocido y no la persona que amas? ¿O te sentirías halagada porque se hubiera tomado la molestia incluso de contratar a un experto para redactarlo?

Los encargos más fáciles son los de gente que ha escrito mensajes estando borracha. Por lo general, el cliente me envía una captura de pantalla de la conversación y me pide que le escriba una respuesta. A menudo me piden que escriba respuestas a fotos de semidesnudos, eso es todo un reto. En esos casos, echo un vistazo a las conversaciones previas, trato de identificar el registro del cliente y redacto unas cuantas opciones para que escoja:

a) "Me gustaría más verlo en persona".

b) "Gracias por haberme ahorrado la clásica pregunta de: '¿Qué llevas puesto?'"

c) "¡Mándame otra, rápido! Me estoy quedando sin batería