Tatuador trabajando
Foto: Albert Shakirov / Alamy Stock Photo 
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La industria del tatuaje en Reino Unido se enfrenta a un cambio irrevocable

Los desequilibrios de poder en la industria a menudo son fomentados por la falta de regulación, eso provoca que los casos de agresión sexual y racismo no sean controlados, pero los tatuadores están trabajando para cambiar la situación.
traducido por Daniela Silva
08 Julio 2020, 12:57pm

Artículo publicado originalmente por VICE Reino Unido.

Los testimonios de abuso dentro de la industria del tatuaje generalmente se limitan a conversaciones privadas entre mujeres. Dado que es una comunidad bastante cerrada con una jerarquía en la que los artistas más influyentes se encuentran completamente amparados en la cima, las acusaciones de agresión sexual y racismo por lo regular se vuelven secretos a voces, sin que nadie asuma las consecuencias. Pero al igual que la industria del cine, la tecnología y las apuestas, el mundo del tatuaje ahora enfrenta su propio juicio final.

A finales de mayo, innumerables mujeres comenzaron a hablar sobre las agresiones y abusos sexuales que han sufrido por parte de tatuadores hombres en el Reino Unido. Al compartir sus experiencias, principalmente en Instagram, empezaron a surgir testimonios similares de hombres que usaban su posición para aprovecharse de sus clientes, sobrepasando los límites, enviando mensajes sexualmente explícitos sin consentimiento y actuando de manera abusiva en sus relaciones románticas.

Una cuenta de Instagram llamada Tattooists Sexual Assault Survivor Support (TSASS) comenzó a recibir cientos de mensajes de mujeres presentando sus denuncias. Artistas de todo el mundo se reunieron bajo el nombre de "Artistas Tattoo Me Too Recovery" quienes ofrecen arreglar, rehacer o terminar los tatuajes de las víctimas que sufrieron abuso dentro de la industria. Después de ser exhibidos públicamente, dos artistas con sede en Norwich reconocieron su comportamiento en Instagram el 4 de junio y anunciaron su intención de abandonar la industria. Muchos otros artistas que tenían acusaciones en su contra se callaron, o simplemente las ignoraron.

A medida que se desarrollaba todo esto, empezaron a surgir conversaciones sobre el racismo sistémico dentro de la industria del tatuaje, a raíz del asesinato de George Floyd y las consiguientes protestas internacionales contra el racismo y la brutalidad policial. La tatuadora con sede en Glasgow, Charissa, que trabaja bajo el nombre de Rizza Boo, lanzó Shades Tattoo Initiative en junio como una plataforma educativa y una red de apoyo para los tatuadores negros en el Reino Unido. Los tatuadores británicos de alto perfil como Grace Neutral también usaron sus cuentas de Instagram para organizar conversaciones entre tatuadores negros como Charissa y Montana Blue, abordando la situación actual de los tatuajes y el racismo en la industria en general. Mientras tanto, la artista con sede en Nueva York, Doreen Garner, pidió a las personas que hablaran sobre sus experiencias de lucha contra el racismo en la industria del tatuaje, como el rechazo a los clientes negros, o que les cobren demás o les digan que los tatuajes "no se ven bien en su piel".

La industria del tatuaje se ha vuelto cada vez más diversa en la última década, debido a su popularidad y accesibilidad a través de plataformas de redes sociales como Instagram. Cada vez más mujeres, artistas negros y personas trans han podido ingresar a la industria trabajando en torno a los caminos más "tradicionales" y cerrados para tener éxito. Sin embargo, mientras el panorama del mundo de los tatuajes puede haber cambiado, la cultura y las actitudes dominantes se han mantenido prácticamente igual. Los artistas que abogan por el cambio con frecuencia se encuentran con la resistencia de aquellos interesados en aferrarse a la percepción occidental de la "tradición" del tatuaje que gira principalmente en torno a las imágenes blanqueadas de los militares, las pandillas de motociclistas y los prisioneros, todos comúnmente asociados con los "hombres blancos marginados". Si bien existe una larga tradición de tomar prestado de otras culturas dentro de la industria del tatuaje que puede inclinarse hacia la apropiación cultural, Charissa dice que el problema más importante es cuando "las personas de esas culturas no tienen voz ni un lugar adecuado dentro de la comunidad de los tatuajes".

"La narrativa de que el tatuaje es una industria para hombres blancos es solo parcialmente cierta, y creo que debemos comenzar a releer la historia", explica Charissa por correo electrónico. "La industria no sería lo que es sin las personas de color. ¡Históricamente, los tatuajes vinieron de nosotros, las personas de color! El tatuaje no le pertenece a los hombres blancos, nos pertenece a todos, por eso este cambio que está sucediendo es absolutamente necesario".

"Tienen miedo de que las cosas cambien", dice Fidjit Lavelle, una tatuadora de 30 años con sede en Glasgow, a través de Skype. Una defensora desde hace mucho tiempo de las sobrevivientes de violación y abuso doméstico, Fidjit es mejor conocida por sus diseños de figuras con la cabeza parcialmente bajo el agua, que simbolizan ansiedad, depresión y trastorno de estrés postraumático, conocidas como "The Drowning Girls Club".

"Sienten que les están quitando algo, o que estás tratando de despojarlos de sus derechos o decirles lo que pueden o no pueden hacer, pero esa es una conclusión increíblemente extrema", dice, refiriéndose a la respuesta habitual de la industria hacia la agresión sexual. "Tienen esta idea de que 'ya nadie está a salvo' o 'todos serán expulsados'. Creo que la gente está usando la tradición como una excusa para no dar un paso adelante y hacer lo que se tiene que hacer porque les asusta, lo que me hace cuestionarlos. Si no has hecho nada malo, entonces no tienes nada de qué temer".

La figura predominante del " hombre marginado blanco" es una que a menudo paraliza la conversación sobre los tatuajes, ya que una alta proporción de hombres en la industria provienen de entornos difíciles o de clase trabajadora, y generalmente tienden a verse a sí mismos como izquierdistas o contestatarios. Muchos parecen tener dificultades para conciliar lo que está en su contra con su capacidad de infligir daño a los demás. Cuando los cuestionan, se ponen a la defensiva, al igual que sus fans. Exactamente el mismo problema se puede ver dentro de escenas musicales alternativas, con las cuales la industria del tatuaje se superpone, ya que las comunidades hardcore, punk y metal continúan plagadas de abusos y dominadas por hombres blancos.

Foto: 'Tattoo Age' por VICE

Los tatuajes se basan en un sentimiento mutuo de confianza y respeto. Las sesiones agotan física y emocionalmente y, además de estar en la posición vulnerable de que un desconocido altere permanentemente su apariencia física, los clientes también son más propensos a de por sí estar en una situación vulnerable. Por ejemplo, hay estudios que señalan que una de las primeras salidas para las personas que han sufrido traumas, es realizarse modificaciones corporales como una forma de recuperar el control de sus cuerpos y su entorno.

"A veces hay un profundo apego emocional con el diseño del tatuaje", dice Charissa. "Estamos cambiando su apariencia física, la piel de la persona, y esto requiere que hablemos sobre el tono y el color de la piel con mucha más frecuencia que en otras profesiones [...] Entonces nos enfrentamos a un conjunto único de problemas y micro-agresiones específicas, a las que están sometidas las personas negras dentro de los entornos de los estudios de tatuajes".

Se necesita una admirable manera de tratar a los clientes para que alguien se sienta cómodo hasta ocho horas seguidas mientras trabajas con su cuerpo de una forma tan íntima y dolorosa. Pero la mentalidad de la vieja escuela de los tatuajes es la que pone al artista en lugar del cliente primero. Al igual que los músicos o los artistas, las personas acuden a ellos porque les gusta lo que hacen y, por lo tanto, tienen el control de la experiencia. Esa mentalidad todavía prevalece hoy en día, y se complica aún más por la naturaleza desregulada de la industria.

El mundo del tatuaje no tiene una estructura organizada, un gremio profesional, ninguna verificación de antecedentes y nada parecido a un departamento de recursos humanos para supervisar los estándares de empleo. Para muchos artistas, eso es parte del atractivo (además: cualquiera que haya tratado con los cuerpos antes mencionados sabrá que hacen poco para combatir el abuso de poder en los lugares de trabajo donde existen). Eso significa que la gestión responsable debe provenir de la propia industria, lo que rara vez ocurre.

No es ningún secreto que los tatuadores que se identifican como mujeres, especialmente los artistas negros y de color, luchan por ganarse el respeto al principio, especialmente en los estudios dominados por hombres, donde tiende a haber más fanfarronería. Varias mujeres a las que contacté para este artículo me dijeron que han tenido que lidiar con situaciones en las que son ignoradas u obligadas a limpiar el estudio 25 veces seguidas sin ningún consejo o instrucción sobre cómo tatuar. Han trabajado en estudios donde los hombres hacen comentarios despectivos sobre los clientes o tienen sexo con ellos en el lugar de trabajo, o les han dicho que podrían llegar más lejos con su trabajo si publican "fotos obscenas o desnudos".

Los desequilibrios de poder en la industria no solo existen entre los artistas, sino también entre el artista y la persona que se tatúa. Más allá de cagarla con el tatuaje, hay poco o ningún recurso para cualquier persona que sufra daños en un estudio de tatuajes o, como es cada vez más común en estos días, un entorno en el que un artista trabaja solo o desde su casa. Como resultado, la conducta abusiva, las actitudes racistas y el abuso de poder a menudo están fuera de control.

"Me encanta el hecho de que es una industria underground, a pesar de que ya no tanto", dice Fidjit. "Eres libre de ser tu propio jefe y hacer lo que quieras, y es triste que parezca que eso tiene que terminar, porque esa es una de las mejores partes, pero hay muchas personas actuando irresponsablemente en la industria del tatuaje, sin darse cuenta de que la forma en que tratan y hablan con los clientes es algo de lo que deben preocuparse".

Lucy Pigeon, una tatuadora de Surrey de 28 años, fundó TSASS en febrero, inicialmente como un grupo de Facebook, luego como una página de Instagram en marzo, para abordar las actitudes sexistas en la industria, ayudar a las víctimas y compartir recursos. Lucy concibió TSASS como un espacio seguro para que las personas cuenten sus experiencias. "Creo que tener una persona anónima que te apoye y comparta la carga puede ser muy útil para mucha gente", me dice a través de Skype. "A mí me han agredido en diferentes ocasiones dos tatuadores, y era fan de su trabajo. Pensaba que no era lo suficientemente valiosa como para justificar arruinarles su reputación o su carrera, y todavía me siento culpable por eso, pero no niega el hecho de que deberían hacerse responsables. Eso contribuye a que la gente permanezca en silencio durante tanto tiempo".

En mayo, las personas comenzaron a publicar nombres, envalentonadas por las denuncias de algunos artistas de alto perfil. Tanto los artistas como los clientes empezaron a hablar sobre sus experiencias de conducta sexual inapropiada, algunos por primera vez en público y otros en privado. En pocas semanas, las páginas de TSASS y Tattoo Me Too Recovery Artists pasaron de tener cientos de seguidores a miles. Ambos grupos se inundaron de mensajes directos de personas que se animaron a hablar sobre sus experiencias. Al final de la primera semana, Lucy mostró que había pasado 70 horas en Instagram respondiendo mensajes. "Es abrumador, pero obviamente esto demuestra que hay una gran necesidad de que se hagan este tipo de plataformas para las personas", dice.

Esto es quizás lo más cerca que el Reino Unido ha estado de lo que sucedió en Norteamérica en enero de 2018, cuando cientos de mujeres acusaron a sus tatuadores de conducta sexual inapropiada. Un informe del sitio feminista Jezebel en ese momento lo llamó "la versión #MeToo de la industria del tatuaje", pero no ha pasado nada comparado con eso en el Reino Unido, donde los problemas dentro de la industria se ven agravados por las estrictas leyes contra la difamación que vulneran a quien hablan abiertamente del tema.

"Creo que a muchas de estas personas se les da un estatus de rockstar", dice Lucy, argumentando que ciertos artistas son puestos en un pedestal y protegidos por sus amigos, por sus seguidores e influencia. La gente tiene miedo de acabar con estos grandes nombres".

"La gente no quiere causar problemas o decir algo sobre alguien que creen que es influyente", coincide Fidjit. "Sin embargo, el punto es que [los artistas] saben que están en estas posiciones, por lo que sienten que pueden salirse con la suya, y lo hacen la mayor parte del tiempo, porque la gente no los desafía, los ven como algo mucho más de lo que realmente son. Hay mucho abuso de poder, donde [los artistas] saben muy bien que las chicas jóvenes los admiran y tal vez quieran comenzar a tatuarse. Eso se usa y explota todo el tiempo".

Charissa agrega: "Hay demasiadas historias de personas de color que tienen experiencias terribles en estudios de tatuajes. Una de las frases principales que estamos escuchando es que se hagan responsables. Creo que, dentro de los estudios de tatuajes, una gran parte de esto recae en los propietarios y gerentes de los estudios para asegurarse de que se mantenga un nivel de profesionalismo. He trabajado en muchos estudios y ese no es siempre el caso".

Foto: 'Tattoo Age' por VICE

En la última década se han abierto varios estudios, incluidos Saved Tattoo y Welcome Home en Brooklyn, y el New Language del este de Londres (cofundado por el artista nacido en Filadelfia Morgan Myers), con un espíritu espacial seguro, antirracismo, antisexismo, antihomofobia y antitransfobia como centro de su práctica.

"Creo que el mundo del tatuaje está experimentando un juicio final en el sentido de que la industria ya no puede tratar a los clientes como si fueran intercambiables o secundarios a la práctica: como campo se nos está exigiendo demostrar que valoramos la vida y la humanidad de nuestros clientes, no simplemente su valor comercial como clientes", explica Tamara Santibañez, artista de Saved Tattoo, por correo electrónico. "La práctica de esperar que todos los tatuadores se acerquen a su oficio de la misma manera puede suponer que si uno trata a todos los clientes 'de la misma forma' resultará en un servicio al cliente justo e igualitario. Lo que no se está tomando en cuenta es que cada artista y cada cliente aportan su propio conjunto de experiencias e identidades en el intercambio del tatuaje, y que lo que podría ser un trato justo para un cliente podría ser totalmente injusto para otro".

Antes de la pandemia, Saved Tattoo realizó eventos con la Women’s Prison Association (WPA) en Nueva York, ofreciendo cover-ups o modificaciones gratuitas de tatuajes en mujeres que han sido afectadas por la justicia. En colaboración con la WPA, Tamara organizó un taller fundamentado por las necesidades de los clientes con trauma o sobrevivientes de violencia. Recientemente se consolidó en un folleto gratuito llamado Trauma Informed Tattooing, que describe formas de integrar el consentimiento en el proceso del tatuaje, formas prácticas de tener en cuenta los límites y consejos para una escucha activa.

"Noto una tremenda desconexión entre la manera en que los tatuadores se perciben a sí mismos haciendo un buen trabajo y cómo podrían, a menudo sin darse cuenta, dañar a sus clientes", dice Tamara. "Es probable que los artistas que perpetúan el daño no reciban comentarios o revelen este hecho, y las personas en quienes se confía esa información tienden a ser mujeres, artistas queer y trans, así como negros, indígenas y otras personas de color, que son luego, incrédulos o rechazados por los tatuadores de la cultura dominante cuando intentan abogar por el cambio".

Estos folletos han comenzado a abrirse camino en la industria de boca en boca, y son un ejemplo del tipo de material educativo que podría guiar a estudios y artistas en el futuro. Pero la dinámica de poder que hace que el abuso no se controle en la industria puede ser invisible y difícil de nombrar. Como explica Tamara, pueden extenderse al "bagaje cultural, la antigüedad de la industria, el favoritismo de los estudios y una cultura que prioriza la posición de un artista del tatuaje como proveedor profesional y minimiza la experiencia que tiene un cliente al tatuarse". La deconstrucción es un proceso largo y lento, pero que actualmente está en marcha –poco a poco.

Puede ser una curva de aprendizaje dolorosa para algunos. Después de que se realizaron entrevistas para este artículo, algunos sobrevivientes dijeron que recibieron respuestas despectivas por parte de TSASS y de Tattoo Me Too Recovery Artists, minimizando sus experiencias y defendiendo al tatuador acusado si la persona que respondía lo conocía personalmente.

Ambas cuentas han pedido disculpas públicas desde entonces. En respuesta a una solicitud de comentarios para darle seguimiento al tema, Lucy dirigió a VICE a una declaración que se publicó después en el Instagram TSASS: "He cometido errores en mi esfuerzo por brindar apoyo, y lo siento mucho", escribió Lucy. "Solo soy una tatuadora y una compañera sobreviviente que intenta desesperadamente brindar un servicio que es claramente necesario". Tattoo Me Too Recovery Artists emitió una declaración similar, que dice: "Desde entonces, hemos aprendido mucho sobre cómo lidiar con estas situaciones y los sobrevivientes y trabajar en estrecha colaboración con organizaciones benéficas para poder ayudar a la industria en el futuro". (Tattoo Me Too tampoco respondió a la solicitud inicial de comentarios de VICE).

Quizás por sobre todas las cosas, esto resalta cuántas personas se han visto afectadas por el abuso dentro de la industria y las pocas oportunidades que ha habido para expresarlo. Si bien esta no es la primera vez que las mujeres en el Reino Unido se pronuncian, es uno de los esfuerzos más unificados para abordar el problema. Ha habido varias sugerencias sobre cómo mejorar las cosas, una de ellas es una verificación mejorada de DBS (Servicio de divulgación y restricción) que marcaría si alguien ha sido arrestado por un delito sexual, pero a Fidjit le preocupa el impacto que tendría en las personas con antecedentes penales en general.

"Tampoco creo que funcione, porque estas personas generalmente no tienen ninguna condena legal porque es muy difícil obtenerla", dice. "La mayoría de las personas no tienen una condena por violación, agresión sexual o abuso doméstico, y muchas personas tampoco han sido arrestadas por ello".

Tamara está de acuerdo: "Aunque creo que los tatuadores deberían tener más recursos para orientarse sobre las necesidades profesionales, al mismo tiempo creo que tratar de estandarizar esas necesidades y desempeñarlas con una sola organización dejaría de lado y marginaría aún más a muchas de las personas que tatúan que no son reconocidas por los artistas en los estudios".

Charissa, Fidjit, Lucy y Tamara creen que el hacerse responsable recae en última instancia en el artista, pero que los estudios ciertamente pueden hacer más para establecer estándares, expectativas y consecuencias para el comportamiento inapropiado de la comunidad. A medida que el tatuaje se vuelve más diverso, tanto en términos de su clientela como de sus tatuadores, cada vez es más importante que todos los artistas sean respetuosos y sensibles a las necesidades individuales de las personas. Sin embargo, en lugar de tratar de imponer una estructura más formalizada en una industria que nunca ha tenido una, los tatuadores parecen estar de acuerdo en que el camino a seguir es a través de una mejor diversidad de estudios, educación y una política de cero tolerancia.

"Los estudios de tatuajes pueden establecer el tono de las normas culturales que existen dentro de sus paredes, y pueden actuar como puntos de contacto para recibir comentarios sobre las experiencias de sus clientes", dice Tamara. "Si el mundo del tatuaje quiere ser tan individualista y autorregulado, las personas deben dar un paso adelante para ser realmente responsables, en lugar de utilizar esas cualidades de la industria para evitar un compromiso".

"Creo que el cambio proviene de personas que adoptan una política de cero tolerancia", dice Fidjit. "Así es como evitas que los agresores tengan éxito en la industria del tatuaje. Cuando estás informado de lo que son, no justificas sus acciones debido a su estatus. No les permitas trabajar en tu estudio, deja de darles un espacio en tu revista, deja de invitarlos a convenciones, deja de publicar su trabajo en las redes sociales. Diles sus verdades y deshazte de ellos. Nada de dobles morales, la misma regla se aplica a todos los agresores".

"Los tatuadores se deben educar sobre cómo hablar con sus clientes negros de una manera que sea más respetuosa y que sean conscientes de las microagresiones que podrían infligir a otra persona", agrega Charissa. "Si no puedes tomarte el tiempo para eso, entonces no creo que tengas derecho a alterar permanentemente el cuerpo de esa persona".

@emmaggarland

Nota del editor: este artículo se actualizó a las 00:31 a.m. del 7 de julio para incluir una cita adicional sobre políticas de cero tolerancia de Fidjit.