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Cómo escapé de Boko Haram: la historia de una mujer secuestrada

VICE News ha estado en el norte de Nigeria con una víctima de Boko Haram. La mujer consiguió que la organización yihadista la liberara en compañía de sus cinco hijos después de “simular que estaba loca”.

por Sally Hayden
03 Mayo 2016, 9:40am

Photo par Sally Hayden/VICE News

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"A mi esposo lo ejecutaron delante de mis narices, le degollaron diez hombres", recuerda Naime Buba. "Quemaron nuestra casa. Y mucha gente fue asesinada. Sobretodo hombres", sigue relatando este testimonio.

Está sentada en una silla blanca de plástico debajo de un ventilador. En el respaldo de la silla se lee la inscripción: "Gracia de Dios". Más allá del pequeño recibidor, la temperatura ha rebasado lo 45 grados centígrados. Para Buba este refugio es un respiro respecto del polvoriento y abrasivo campo de refugiados en el que vive ahora junto con otras 5.500 personas más. Se trata del campamento NYSC de Maiduguri, situado en el noreste de Nigeria. Y es solo uno más de los muchísimos campamentos en los que habitan los cerca de 2 millones de desplazados de la zona.

Buba es también una de las muchísimas víctimas no registradas provocadas por los siete años de insurgencia de los combatientes de la organización yihadista nigeriana Boko Haram — actualmente considerada como la organización terrorista más sanguinaria del planeta.

Buba es de Bama, una aldea que fue constantemente atacada por los guerrilleros. Al principio, los terroristas dirigieron sus ataques contra las barracas militares allí desplegadas. Una vez se hicieron con el control de la base de militar, los yihadistas aprovecharon el enclave para lanzar su ofensiva para conquistar el resto de la aldea en septiembre de 2014. Buba cuenta que fue convertida en rehén hace exactamente 1 año y 10 meses.

"El día que me secuestraron a mí, secuestraron a muchas mujeres más. La mayoría de ellas eran de mi vecindario", recuerda. "Hubo muchas que huyeron, pero yo tenía a mis hijos conmigo. Así que no pude correr y dejar a mis hijos atrás".

Buba tiene cinco hijos — tienen 11, 9, 7, 5 y 3 años de edad.

Estuvo encerrada como rehén durante tres meses por los terroristas de Boko Haram, una organización a la que se conoce proverbialmente por sus maltratos a las mujeres.

Los yihadistas no solo obligan a sus rehenes femeninas a contraer matrimonio con ellos y convertirse al Islam, sino que también las violan incesantemente. Y no solo eso: también se han documentado varios casos en los que los yihadistas convencen a chicas muy jóvenes para que se conviertan en terroristas suicidas. Así lo cuenta Buba, como muchas otras antes que ella. "Las obligaban a casarse. Y disparaban a las que decidían no", recuerda.

Durante aquel tiempo, los yihadistas incrementaron su cerco a Bama, la segunda aldea más grande del estado de Borno solo por detrás de su capital, Maiduguri. Los terroristas ejercieron el control de la aldea hasta marzo de 2015, cuando fueron derrocados por el ejército nigeriano. Buba recuerda que durante su cautiverio "había muchos combatientes yihadistas viviendo en la ciudad — pero no pude contar cuántos eran exactamente".

Cuando se le pregunta por cómo eran los guerrilleros, contesta que: "son gente corriente, solo que de pelo sucio, de rostros y cabezas sucias. Estaban convencidos de que luchaban por una causa justa y de que lo hacían respetando al islam".

'Cuando empecé a simular que estaba loca me dejaron junto a mis hijos'.

Buba — una mujer de confesión musulmana — asegura que los miembros de Boko Haram nunca intentaron convencerla de que se uniera a su causa. "No hicieron nada parecido. Lo que sí es verdad es que poco después de secuestrarnos nos llevaron hasta un recinto cerrado y nos encerraron bajo llave. Cada vez que venían a traernos comida y todo lo demás, la mayoría de mujeres encerradas cocinaban para ellos".

Buba solo veía una manera de salir. "Decidí simular que estaba mal de la cabeza, que estaba loca. Me dedicaba a ponerme mugre por el cuerpo y por todas partes", recuerda.

"Me unté la cara y el cuerpo con barro, con mugre. No fue tan fácil convencerles. Tuve que emplear todos los recursos que estaban a mi alcance. Hasta aceite vegetal, lo que fuera. Me lo rociaba por encima. No fue nada fácil".

"Cuando empecé a simular que estaba enferma me dejaron con mis hijos", recuerda.

"Y entonces ellos quisieron abandonarme, porque estaban convencidos de que había enloquecido, que ya no tenía sentido estar a mi lado", recuerda. "Fue cuando me soltaron. Una vez empecé a hacerme la loca dejé de ser de utilidad para ellos. Fue así de sencillo. Solo entonces, dejaron que me largara".

Este grupo de autodefensa está haciendo frente a los terroristas más sanguinarios del planeta. Leer más aquí.

Buba y sus cinco hijos caminaron descalzos durante tres días sin comida. Pasamos mucha hambruna, llegué a pensar que moriríamos. "En un momento dado creí que iba a perder a mis hijos".

Buba se señala sus pies descalzos para mostrar los partes de su planta que fueron raspados y magullados por los afilados y secos matorrales por los que caminaron. A las pocas horas de caminar, tenían los pies cubiertos de llagas.

"Cuándo llegamos aquí a mis hijos les admitieron en un centro médico del campamento. Allí les trataron", recuerda.

Las condiciones de vida del campamento de Maiduguri están lejos de ser ideales y sus residentes apenas disponen de privacidad. Viven más bien hacinados y se les alimenta dos veces al día a base de arroz, judías, harina de maíz o de sopa.

Buba no ha recibido atención terapéutica alguna — a pesar de que admite sin tapujos que se despierta a menudo por culpa de las pesadillas, de sueños infaustos que la retrotraen a los días de cautiverio.

"Si lo comparas con lo que es vivir secuestrados por Boko Haram, se podría decir que aquí estamos bien", cuenta Buba. Claro que, al igual que otros muchos aquí, Buba se pregunta cuándo será seguro regresar a su hogar — el gobierno, de hecho, es partidario de que los desplazados regresen a sus pueblos de origen; claro que las ONG que trabajan en la zona aseguran que tal sería una temeridad y que es muy peligroso.

Durante su periplo por el norte de Nigeria, la delegación de VICE News escuchó múltiples denuncias de asesinatos y de secuestros, muchos de los cuales estarían sucediendo en las zonas más rurales de la región.

"Solo deseo poder regresar a casa una vez las cosas vuelvan a la normalidad", asegura Buba, claro que no tienen la más remota idea de cómo se las arreglaría para subsistir una vez allí.

"Antes mi marido era nuestro sustento, él traía de vuelta a casa todo lo que se encontraba por el camino. Así que no sé a qué me dedicaré cuando regrese".

Sigue a Sally Hayden en Twitter: @sallyhayd

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