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Violaciones, secuestros y terroristas suicidas: la guerra de Boko Haram contra las mujeres

VICE News viaja al noroeste de Nigeria para reunirse y entrevistarse con algunas de las miles de mujeres que han sido secuestradas, y obligadas a casarse con milicianos yihadistas de Boko Haram.

por Sally Hayden
28 Abril 2016, 9:45am

Mujeres en un campamento de desplazados internos en Yola, en el estado de Adamawa. (Imagen por Sally Hayden/VICE News)

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[Los nombres de las víctimas de este artículo han sido cambiados para proteger su identidad].

Samira tiene 14 años. Y lo parece. Es delgada y tímida. De vez en cuando, desaparece de la conversación y ladea su cabeza en dirección al techo. Una diría al observar su sonrisa cautelosa que sonreír es un verbo que solo ha vuelto a conjugar hace desde poco tiempo.

Samira se pasó siete meses encerrada en una habitación. Allí fue violada de manera sistemática por varios hombres. Su violador fue casi siempre su "marido" — un guerrillero yihadista con quien la obligaron a casarse. Cuando su esposo forzoso salía a batallar, Samira se convertía entonces en la víctima de cualquier otro guerrillero que quisiera violarla o maltratarla.

Finalmente Samira logró escapar. Y cuando lo hizo corrió casi 300 kilómetros del tirón. Despavorida. Hasta la aldea de Maiduguri. Samira visualizó el perfil de la ciudad asomar en el horizonte. No sabía cuantos días llevaba huyendo. Justo al llegar al umbral de la aldea, se desmayó.

Ella es solo una de los miles de mujeres y de niñas que han sido secuestradas por Boko Haram, a la que se considera, oficialmente, como la organización terrorista más sanguinaria en activo en todo el mundo. Sus atentados y sus incansables masacres han provocado el desplazamiento de casi 2 millones de nigerianos y la muerte de cientos de miles más.

A principios de abril VICE News visitó el estado de Adamawa y el estado de Borno — dos de las zonas del noreste de Nigeria más afectadas por los siete años de conflicto — para reunirse con varias mujeres que habían sido secuestradas por Boko Haram. Todas las mujeres con las que hablamos fueron secuestradas por los combatientes yihadistas durante periodos de tiempo que oscilaron entre los dos días y el año. Todas ellas han logrado escapar durante las últimas semanas o los últimos meses.

Sus relatos han ayudado a iluminar los oscuros detalles de la salvaje e inhumana existencia en los territorios que controla Boko Haram. Allí mujeres y niñas son sistemáticamente violadas por los terroristas. Y allí, también, se llevan a cabo escabrosas estrategias para alentar y convencer a las rehenes de la organización de que se conviertan en terroristas suicidas. Muchas lo hacen.

Si bien al principio se creía que Boko Haram habría secuestrado a entre 500 y 2.000 personas, entre mujeres y niños, durante su insurgencia, ahora las ONG que trabajan en la zona creen que el número sería extremadamente más elevado.

A lo largo del último año y medio la organización yihadista ha pasado de controlar 19 de las 65 municipalidades de la zona, a controlar solo 2 de ellas. El brutal descenso de la estadística se debe a una ofensiva orquestada por el gobierno nigeriano largamente esperada. Un portavoz de UNICEF cuenta que solo este año, el ejército ya ha rescatado a 1.000 personas de su aberrante cautiverio.

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Samira fue secuestrada después de que los terroristas irrumpieran en su domicilio familiar, en una residencia enclavada en el municipio de Dikwa, en el estado de Borno. Cuando los yihadistas vieron a la adolescente le hicieron una propuesta de manera inmediata: o se iba con ellos o degollaban a su padre delante de ella, ¿qué prefería?

Samira nunca creyó tener ninguna elección. Se la llevaron al volante de una motocicleta hasta Bama, un municipio donde Boko Haram había desplegado sus cuarteles generales. "Había montones de chicas allá. Y también había muchos hombres. Nos tenían encerrados en un recinto acorazado", cuenta Samira.

Nos encontramos con Samira en un día de lluvia. Nos reunimos con ella en el campamento de desplazados internos (IDP) de Sanda Kyarimi, un enclave gestionado por el gobierno nigeriano. Estamos en la capital del estado de Borno, en Maiduguri. Llueve a cántaros sobre los refugios improvisados para los residentes. El suelo está encharcado y los refugios están infestados de personas hacinadas en su interior, a menudo diez o más.

Una encuesta asegura que la juventud árabe rechaza a Estado Islámico y augura su caída. Leer más aquí.

Nos dirigimos hasta una antigua escuela y nos sentamos en unas sillas blancas de plástico. Parte del techo está derrumbado. En la pizarra, el trazo casi exangüe de la tiza permite leer: "Matemáticas, sistemas de números, multiplicación sucesiva".

El pomo de la puerta es un agujero vacío color piedra, de una piedra color melocotón, al igual que las ventanas. Varios niños se concentran en el exterior para escuchar lo que decimos. Cuatro o cinco se han encaramado a la repisa de la ventana.

Samira viste un vestido azul cielo y un pañuelo blanco que le envuelve la cabeza. Se acaricia la barbilla mientras habla.

"Mi situación era más fácil porque era la más joven". A veces los guerrilleros le daban dinero después de haberla violado. Ella dice que se compraba comida que fuera un poco mejor con ese dinero. "También me gritaban".

Mujeres caminando por un mercado de Maiduguri, en el estado de Borno, en Nigeria (Todas las imágenes de Sally Hayden/VICE News)

Entre los guerrilleros había muchos combatientes que se habían convertido al yihadismo, desertores de otros ejércitos y de otros países, como el Chad Occidental y Camerún, cuenta Samira.

El ejército nigeriano reconquistó la zona en que Samira fue retenida de 7 meses después de que fuera secuestrada. "Todos fuimos rescatados", recuerda. "Y en el camino nos separamos de ellos. Yo me puse a correr de un pueblo a otro. Muchas de nosotras corrimos desesperadamente, pero solo dos conseguimos escapar. A las otras las atraparon de nuevo. Los hombres de Boko Haram eran más rápidos que nosotras".

Samira lleva dos meses en el campamento de desplazados de Maiduguri. No tiene a ningún familiar cerca. Dice que aquí hay muy pocas cosas que hacer, a pesar de que está asistiendo a las clases que imparten los miembros de UNICEF. Sus padres también se están quedando en la ciudad. Ahora ya saben que está viva y dónde se encuentra, aunque todavía no han venido a visitarla.

Ella se considera afortunada: otra joven de 15 años que también fue secuestrada por los terroristas y que también está acogida en Sanda Kyarimiha ha dado a luz hace muy poco. Ahora los trabajadores sociales buscan a algún tutor que se pueda hacer cargo de ambos. De la jovencita y de su niño. En el campamento viven 100 menores que no tienen familia y hasta un bebé de 9 meses.

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"Cuando Boko Haram saqueó la aldea todo el mundo salió corriendo de manera despavorida", cuenta Saratu Zakaria, de 44 años, a VICE News. "Mis hijos siguieron a su padre, pero se perdieron durante la embestida".

Zakaria es de Gwoza, del estado de Borno. Aquel día ella perdió a sus cuatro hijos: tres niñas y un chico de entre 7 y 16 años de edad.

"Teníamos un lugar en el que a veces nos escondíamos. Era como un refugio para todos en el pueblo. Pero los terroristas también descubrieron aquel refugio y secuestraron a todo el mundo que encontraron metido en él".

Zakaria relata su historia a VICE News en un campamento enclavado sobre los terrenos de la iglesia de Santa Teresa, en Yola, en el estado de Adamawa, donde alrededor de 1.000 cristianos han conseguido un alojamiento temporal en un refugio de lo más básico.

"Hubo una masacre, mataron a mucha gente. Y lo siguieron haciendo incluso durante después de la primera invasión", continúa Zakaria. "Yo presencié cómo degollaban a montones de mujeres y a infinidad de hombres".

"Cuando Boko Haram irrumpió, capturó al pueblo entero. Yo fue una las pocas que sobrevivió al ataque. Los terroristas precintaron la zona entera, se aseguraron de que no tuviéramos acceso ni a agua ni a comida. Y luego les decían a las mujeres que tenían que casarse, puesto que se habían quedado sin maridos. Eso fue lo que nos esperaba. Nos obligaron a casarnos con ellos después de habernos matado uno a uno".

Zakaria fue secuestrada en un campamento de Boko Haram durante ocho meses y seis días, hasta que consiguió huir rumbo a Camerún y, finalmente, consiguió regresar a Nigeria. Si bien consiguió encontrar a su esposo, dice que ahora "tienen problemas" — él desconfía de ella y no termina de creerse su relato de lo sucedido mientras estaba secuestrada. Zakaria asegura que se negó a convertirse al Islam y que nunca abusaron de ella sexualmente durante su encierro. Nadie sabe qué suerte corrieron sus hijos.

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Hace 6 días, Gloria, de 25 años, dio a luz a una pareja de mellizas.

"La gente me sugirió que abortara, pero yo no quería porque tenía miedo", explica la madre. En Nigeria el aborto es ilegal a no ser que sea necesario para salvar la vida de la embarazada — es posible abortar ilegalmente, pero también es muy caro.

Lo más probable es que los hijos de Gloria nunca tengan la suerte o la desgracia de conocer a su padre: un terrorista de Boko Haram que secuestró a Gloria y a su hermana en la ciudad de Dikwa, en el estado de Borno hace ya 9 meses, y que la estuvo violando durante varios días antes de dejarla escapar.

Durante aquellos días los terroristas se llevaron a Gloria descalza por varias aldeas. Escapó durante el periplo rumbo a una nueva aldea, donde los yihadistas fueron a seguir masacrando a civiles inocentes. "Un muy buen samaritano me trajo a este campamento", explica Gloria. "Estuve tres semanas hasta que, de pronto, caí enferma".

Un ingreso hospitalario confirmó que más que enferma Gloria estaba embarazada — algo que la etiquetará irreparablemente como a una "esposa" de Boko Haram.

Ahora está estigmatizada, algo a lo que es difícil escapar, puesto que el campamento está infestado y las condiciones son claustrofóbicas. Allí las mujeres duermen hacinadas en la misma habitación.

Las mellizas de 6 años nacidas de una mujer secuestrada y violada por un terrorista de Boko Haram

Aisha Shettima es la trabajadora social de Gloria. Se dedica a aconsejar a las mujeres que han sido secuestradas por Boko Haram para que estén juntas.

"Cuando [Gloria] llegó al campamento estaba muy enfadada", explica Shettima a VICE News. "Fueron necesarias varias semanas de terapia para que el trauma empezara a amainar. Sin embargo ahora, gracias a la terapia y a las oraciones las mujeres que están aquí se sienten mejor".

Normalmente hacemos terapia en el campamento. Yo les cuento que todo lo que ha sucedido es voluntad de Dios. Así que las ayudó a comprender y ahora su estigma se ha visto reducido".

Gloria es la más joven de 10 hermanos, algunos de los cuales han muerto. Antes de que la secuestraran vivía en Dikwa con su padre e iba a una escuela islámica. Ahora su padre se ha convertido en uno de los desplazados de la ciudad. Sin embargo, su padre está enfadado por todo lo que le ha pasado, de manera que ni la visita ni le dirige la palabra.

"Así es la cultura de este sitio", cuenta Shettima. "No es culpa de Gloria, pero su padre no está contento con lo que le ha pasado a su hija".

Gloria lleva una chilaba rosa y tiene aspecto de estar preocupada y ausente mientras contempla a sus recién nacidas. Bromea sobre lo difícil que es sostenerlas a ambas a la vez. Busca desesperadamente que le presten dinero para comprar comida para celebrar un bautizo, probablemente mañana mismo — la tradición establece que los niños deben de ser bautizados como muy tarde una semana después de su nacimiento.

"Cuando vuelva a mi pueblo no sé qué voy a hacer", explica Gloria. "Solo Dios me puede ayudar. Me quedaré con los niños y buscaré ayuda. Es inconcebible que pueda hacerlo ahora, pero volveré".

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En la clínica de Malkohi un centro financiado por una ONG en la polvorienta Yola, en el estado de Adamawa, alrededor de unas 50 mujeres que han sido violadas por los combatientes yihadistas de Boko Haram dan a luz cada semana.

Fastsuma Mamut es una comadrona amistosa. Me habla de una mujer que ha sido paciente suya. "Se quedó embarazada en el asentamiento de Boko Haram. Tuvo un buen parto, pero no quiso quedarse con el bebé, a pesar de que estaba perfectamente sano".

La mujer y el bebé ya han sido dados de alta 24 horas después y se han ido de Maiduguro. No se sabe qué será de ellos, ni siquiera qué relación tendrán.

Fatsuma Mamut en el centro de salud de Malkohi, en Yola, en el estado de Adamawa, el hospital más grande del estado, donde varias de las mujeres violadas por los terroristas de Boko Haram dan a luz cada mes

Jitj Useni ocupa el cargo médico más elevado del centro médico de Yola. Claro que se trata de un cargo sin nombre. Useni se dedica a recabar datos sobre las heridas padecidas por las mujeres que han sido secuestradas por Boko Haram.

Useni es un tipo afilado que habla deprisa, y es el médico responsable de los centros de salud en los campamentos de desplazados de todo el estado. Se estima que solo en Yola hay más de 700.000 desplazados. En este hospital se les trata desde 2014, cuando los desplazamientos se dispararon hasta cotas sin precedentes.

Cuenta a VICE News que 270 mujeres han sido referidas para ser acogidas en terapias traumatológicas: algunas se despertaban en mitad de la noche, otras habían quedado tan perturbadas mentalmente que perdieron la capacidad de hablar.

Ex oficial nigeriano, acusado de robar 2.000 millones de dólares de los fondos contra Boko Haram. Leer más aquí.

Los niños que han sido secuestrados por Boko Haram están marcados físicamente por cicatrices. Otros tienen dificultades psicomotrices. Un niño, que ha sido recientemente tratado por un equipo de fisioterapeutas perdió la movilidad de sus manos. Se cree que se debe a que le habrían atado las extremidades durante largos lapsos de tiempo. Otros niños presentaban heridas de bala o de metralla. Estaban, literalmente, gratinados.

Useni subraya que los abusos también se pueden producir cuando las víctimas no están en cautiverio. Y entonces eleva su brazo y repasa algunos archivos acumulados en la primera cajonera de su escritorio. Desliza sus dedos sobre varios expedientes de violación, y cuenta hasta siete incidentes registrados en los campamentos para desplazados en el estado de Adamawa desde diciembre. De ellos, cuenta Useni, la mayoría serían mujeres, claro que una de las víctimas tenía 2 años de edad y no tenía padres. La bebé fue violada por alguno de sus huéspedes, alguna de las personas que se encargaban de cuidarla. Murió el mismo día.

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Recuerdo que cuando escapé había al menos otras 100 mujeres dispuestas a hacerlo", cuenta Hawwa.

Hawwa es madre de cuatro hijos. Se refiere a mujeres dispuestas a convertirse en terroristas suicidas. Hawwa fue secuestrada por Boko Haram durante más de un año. En el momento de nuestra entrevista solo lleva seis semanas en libertad. Se está quedando en un asentamiento improvisado junto a su hermano en Maiduguri.

Hawwa tiene 30 años y viste una chilaba rosa y un vestido de colores azul y amarillo. Mira al suelo mientras habla. Su bebé, desnudo, descansa sobre sus pantorrillas.

Una de las últimas escabrosas estrategias concebidas por los cerebros de Boko Haram ha consistido en convencer a niñas y a mujeres para que se inmolen. En febrero dos mujeres asesinaron a 56 personas en un campamento para desplazados en Dikwa. A principios de mes, mientras VICE News estaba en Maiduguri, cuatro mujeres fueron aprehendidas conforme se acercaban al perímetro de la ciudad. Llevan varios explosivos atados a sus cuerpos.

"Boko Haram celebró una ceremonia espiritual", cuenta Hawwa. "A las niñas no se las obliga, pero cuando la ceremonia ha concluido muchas niñas y mujeres se ofrecen voluntarias".

Hawwa dice que los guerrilleros yihadistas de Boko Haram se dedicaban a leerles leyendas espirituales a las prisioneras. Y acto seguido preguntaban por voluntarias. "Muchas chicas jóvenes, e incluso otras mayores y casadas alzaban sus manos y entonces eran separadas. Y a partir de ahí eran agasajadas, les daban todo lo que querían y les decían: "a partir de ahora os vais a dedicar a esto y si lo hacéis de la manera adecuada iréis directas al cielo", recuerda Hawwa. "Es una artimaña psicológica. Es como se hace".

Las suicidas eran celebradas, continúa Hawwa. "O sea, en Boko Haran no tienen recursos para celebrar nada. Simplemente celebraban gritando y disparando y prorrumpiendo sus mantras".

Una mujer camina a través de un campamento de desplazados improvisado en Maiduguri, en el estado de Borno.

A Hawwa, que entonces estaba embarazada y tenía tres hijos se la llevaron de Madaguli, en el estado de Adamawa. Dio luz a su cuarto hijo estando secuestrada. "Raptaron a muchos de nosotros. Nos llevaron hasta los matorrales. Nos trataron como a animales. Cuando las fuerzas de seguridad se aproximaban nos cambiaban de sitio. Así vivíamos. Era un infierno".

"Éramos un grupo grande de secuestrados. Había niños y mujeres, muchas mujeres. Nos obligaban a cocinarles. Yo fui una de las más afortunadas porque les cocinaba, de manera que no me convirtieron en esclava sexual. A las otras las violaban y las sometían".

Según cuenta, aquellas mujeres que tenían ahorros consigo conseguían que los terroristas les compraran comida. Pero, de otro modo, te obligaban a comer lo que te daban. "La comida no era buena. Nunca nos daban mantequilla. No había ingredientes para hacer sopa".

"Y si querías casarte, entonces te permitían que lo hicieras", continúa.

"Si eres mujer es un mandato, una obligación. No es una opción. Te obligaban a hacerlo. Y si no lo haces, cada mañana se dedican a azotarte — 10 azotes. Algunas se avienen a casarse porque quieren tener una vida más estable, tener recursos para poderse sustentar, porque si te casas ellos te lo dan todo. Claro que aquellas mujeres más testarudas, las que se resistían, eran castigadas cada mañana con 10 latigazos constantemente".

A la izquierda Haruna Thuma, de 65 años, cuya esposa fue abducida por Boko Haram. Thuma volvió a casarse recientemente con una joven de 23 años.

Hawwa también asegura que varios terroristas extranjeros se presentaron hasta los cuarteles generales. Estos iban vestidos de negro, solo hablaban inglés o árabe y llevaban banderas de Estado Islámico — la misma bandera que meses más tarde, en marzo, Boko Haram también adoptaría como suya tras haber jurado fidelidad a la organización yihadista. Los combatientes extranjeros se acercaron a visitar el recién inaugurado Califato de los terroristas — una zona del tamaño aproximado de Bélgica desplegada alrededor de Gwoza — una región que la organización criminal ocupó entre agosto de 2014 y marzo de 2015.

"Vi a muchos de ellos... En los matorrales vi a más de 20. Parecía que estuviesen siendo recibidos en el Califato por los líderes. Se dedicaban a dar vueltas por el vecindario. Pero no podían expresarse ni hacerse entender porque no hablaban el idioma local".

"Llegaron portando la misma bandera que Boko Haram, la bandera negra con la inscripción árabe, igual que la de ISIS. No dejaron de venir durante todo el tiempo que estuve allí", ha contado a VICE News. "Normalmente se quedaban en el Califato. Y allí estuvieron hasta que el personal de seguridad se hizo con el control del lugar".

Hawwa relata lo que vio durante el tiempo que fue prisionera. Según cuenta Boko Haram está perdiendo fuerza a pasos agigantados. "Ni siquiera se les puede derrotar porque ya no les quedan balas con las que defenderse. Están pasando por apuros económicos, así que están hasta hambrientos. Apenas les queda arsenal para luchar".

Una mujer camina calle abajo en Maiduguri, en el estado de Borna

Hawwa intentó escapar en sendas ocasiones, ambas a la desesperada. El primero fue abortado por la presencia de un río demasiado caudaloso como para que lo pudiera cruzar. "Cuando estábamos allí nos dieron caza y nos llevaron de nuevo rumbo a su cuartel general. Al resto de las prófugas que huyeron conmigo las amordazaron y las degollaron. Yo me salvé por mi hijo. Sabían que si mataban a la madre el niño sufriría. Escapé por los pelos".

La segunda vez tuvo más suerte todavía. "Nos escapamos sobre las 8 de la tarde que es la hora a la que acostumbran a rezar. A partir de ahí nos dedicamos a correr y a correr. Al romper el alba encontramos el camino e nos fuimos en busca de las fuerzas de seguridad".

Cuando logró reunirse finalmente con su hermano, Hawwa fue informada de una tragedia. Su marido había sido asesinado mientras ella seguía secuestrada. Hawwa dice que desde entonces no ha recibido ninguna sesión de terapia y que las autoridades no le han ofrecido la menor explicación sobre lo sucedido.

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Bulug Bglanda es un activista de 50 años que trabaja para una ONG local en uno de los centros de desplazados de Maiduguri. Según relata a VICE News se encuentra a la espera de ser entrenado por la Organización Internacional de Migraciones (IOM) para ayudar a mujeres a regresar a sus vecindarios después de haber sido secuestradas.

Cuenta cómo ha aprendido, particularmente, a conseguir que algunos maridos que rechazaban a sus mujeres entren en razón y se avengan a darles la bienvenida. "Vamos al marido y le decimos que necesita tener paciencia, porque todo lo que ha sucedido ha sucedido a la fuerza sin que su mujer prestara su consentimiento. Si una mujer escapa la sometemos a pruebas de VIH y si da negativo, nos la llevamos de nuevo de vuelta a casa con su marido".

No existe ninguna tarea fácil. Más allá de la vanguardia de la lucha, la vida sigue para las mujeres que han huido de Boko Haram. Hace dos semanas se vivió una celebración en uno de los centros de desplazados. Haruna Thuma, de 65 años, se casó con una joven cristiana de 23 años de su municipio. Celebraron su boda en las instalaciones que ocupa la iglesia de Santa Teresa, en Yola, el mismo santuario en el que acamparon junto con otros 1.000 desplazados. Muchos de los desplazados que compartían refugio con ellos se acercaron a felicitarles.

A Thuma le separaron de su mujer y de sus hijos hace más de dos años, un tiempo durante el que ha podido averiguar cuál fue su suerte. A su primera mujer la obligaron a casarse con un guerrillero de Boko Haram. Y también la obligaron a convertirse al Islam. Thuma asegura que está convencido que su mujer hubiese preferido morir antes que cambiar de religión. "Para mí la religión es muy importante".

Si su esposa regresa, Thuma está seguro de que no la ayudará — él ha seguido haciendo su vida. "La vida nunca volverá a la normalidad para ella", sentencia.

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Mira el documental de VICE News: La guerra contra Boko Haram:

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