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En imágenes: los niños que luchan por una educación en Sudán del Sur

El conflicto ha dejado a casi 2 millones de niños sin escolarización en el país más joven del mundo. La violencia desatada recientemente en un campamento de desplazados de la ONU ha puesto de relieve la frágil situación de seguridad en la región.

por Kayla Ruble
29 Febrero 2016, 9:50am

Tabitha Nyapuop, de 12 años, fuera de su escuela en el campamento de desplazados de Bentiu en Sudán del Sur. Imagen vía Unicef

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Cuando hace dos años estallaron los combates en la ciudad de Sudán del Suru donde nació Nyaturo Diew, su escuela primaria fue destruida. La violencia en Bentiu obligó a esta niña de 11 años, a quien le gustaría trabajar en un hospital algún día, a no tener clases durante un año. 

Los combates en la ciudad también interrumpieron la educación de Tabitha Nyapuop, de 12 años, dejándola sin escuela durante casi dos años. Nyapuop cuenbta ahora que quiere tener la educación que su madre nunca tuvo, y que algún día le gustaría ser maestra y enseñar a una nueva generación de niños en la nación más joven del mundo.

Diew y Nyapuop son dos de los 1,8 millones de niños en edad escolar que se han quedado sin educación en el país de África oriental — el cual se independizó de Sudán en 2011 — a causa de un conflicto que se ha apoderado de Sudán del Sur desde 2013, cuando estalló la lucha entre el gobierno y las fuerzas rebeldes en Juba.

Nyaturo Diew en la escuela primaria de Dawa en la ciudad de Bentiu, Sudán del Sur. Imagen vía UNICEF

Este febrero se han producido nuevos enfrentamientos cuando se desató un conflicto en un campo para desplazados internos en la ciudad de Malakal, que dejó al menos 18 personas muertas y provocó la huida de unas 26.000 personas — más de la mitad de la población total del campamento. En total, el conflicto ha dejado más de 50.000 muertos en los últimos tres años, casi 2 millones de desplazados, y el 50 por ciento de los niños sin la posibilidad de acceder a la escuela — una proporción mayor que en cualquier otro país del mundo.

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"Quiero que mi casa vuelva a ser como era antes, que la gente pueda ir a la escuela y que haya paz", dijo Diew a principios de este mes, según testimonios recogidos por UNICEF.

Las niñas ahora pueden asistir a la escuela en Bentiu gracias a una iniciativa conjunta del gobierno de Sudán del Sur y la ONU que ha permitido abrir escuelas de primaria en todo el país desde el inicio de 2015. Muchos niños en Sudán del Sur llevan sin asistir a la escuela más de tres años. Para miles de niños pequeños, el conflicto ha sido impedimento incluso para empezar la escuela.

Tabitha Nyapuop, de 12 años, en la Escuela Primaria Naath en el campamento de desplazados de Bentiu en Sudán del Sur. Foto vía Unicef

"Un niño que no va a la escuela es un niño al que le han robado sus derechos y su futuro", dice Jonathan Veitch, representante de UNICEF en Sudán del Sur. "Las sociedades no funcionarán si no somos capaces de educar a nuestros hijos".

Alrededor de 360.000 niños están pudiendo asistir a la escuela como resultado del programa, y el objetivo es añadir otros 500.000 este año, si UNICEF logra recaudar los 75 millones de dólares necesarios.

Mientras tanto, la continua violencia ha moldeado un ambiente en el que más de un centenar de escuelas han cerrado, han sido destruidas o han sido ocupadas. Desde el comienzo del año, decenas de miles de personas ya han abandonado sus hogares o campamentos para desplazados debido a los combates y el hambre, en un país que aparece constantemente entre las naciones con índices de desarrollo humano más bajo.

Diversos conflictos mantienen cerca de 20 millones de niños de todo el mundo fuera de las escuelas, y dado que la educación no es vista como una herramienta de intervención central en respuesta a las emergencias, los programas que abordan esta situación en los países en guerra, como en Sudán del Sur, se encuentran habitualmente sin fondos suficientes. 

La falta de acceso a la educación es sólo un ejemplo de cómo la vida de la población de Sudán del Sur se ha estancado desde que comenzó el conflicto. Desde la pérdida de seres queridos hasta ser forzados a trasladarse a campamentos para desplazados por tiempo indefinido, las vidas de las familias se encuentran paralizadas.

Haj Abdullah Kuol durante una clase en la escuela primaria Dawa en Bentiu. Imagen vía UNICEF

"Toda la población se ha quedado atascada en el limbo, y mientras tanto los niños están creciendo y perdiendo la educación que es un aspecto fundamental", expresó Juliette Delay, responsable de comunicación global para el Comité Internacional de Rescate, durante una entrevista con VICE News el mes pasado .

Los enfrentamientos en un campamento de desplazados administrado por la ONU en Malakal ha sido el último incidente que muestra la falta de seguridad experimentada por la población del país, incluso para aquellos que viven en los sitios concebidos como "protección de civiles" (PoC, por sus siglas en inglés) dirigido por la ONU.

Según los informes, los enfrentamientos estallaron recientemente entre jóvenes de los grupos étnicos dinka y shilluk. El combate duró tres horas y la ONU dijo que las fuerzas de interposición dispersaron a la multitud con gases lacrimógenos. Los médicos de Médicos Sin Fronteras, informaron que dos de sus miembros forman parte de las 18 personas muertas, cuando sus instalaciones médicas ubicadas en el una zona de protección de civiles trataba decenas de heridos. Cientos buscaron refugio en el edificio durante los combates. El ejército nacional entró en el sitio al día siguiente.

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"Este ataque contra civiles es intolerable y exigimos que los grupos armados terminen con estas acciones", dijo Marcus Bachmann, coordinador de proyectos de MSF en Sudán del Sur, en un comunicado. "La gente vino al PoC en busca de protección y este debería ser un santuario respetado por todas las partes".

Alrededor de 48.000 personas vivían en el PoC de Malakal antes de los enfrentamientos de mediados de febrero, mientras que un total de 200.000 personas viven en sitios similares en todo el país. Cientos de miles más han sido desplazados y viven en condiciones más complicadas.

James Jidit Matai, de 14 años, en la Escuela Primaria Esperanza en el campamento de desplazados de Juba, donde vive con su tío. Imagen vía UNICEF

Condenando el ataque de Malakal, el Consejo de Seguridad de la ONU afirmó que el mismo podría constituir un crimen de guerra e instó al gobierno a investigarlo con celeridad, para garantizar la justicia y hacer que los responsables del ataque rindan cuentas.

Para Ryan D'Souza, defensor en el Centro Global para la Responsabilidad de Proteger, el último episodio de violencia es otro ejemplo de la incapacidad de la ONU para proteger adecuadamente a los civiles, inclusive de los abusos cometidos por su propio gobierno. D'Souza hizo hincapié en la importancia tanto de mantener a salvo a la población como de buscar la rendición de cuentas con el fin de acabar con la impunidad rampante en Sudán del Sur.

"La gente no puede comprender esta situación horrenda", afirma D'Souza, y agrega que las necesidades humanitarias en Sudán del Sur no tienen precedentes.

"Lo mínimo que deberían hacer es proteger a las personas dentro de los campamentos", añade, en referencia a las fuerzas de paz de la ONU. "Estas personas acuden a estas bases ya que creen que es la única manera de mantenerse a salvo y protegidas".

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