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Identidad

¿Por qué ser una estríper lesbiana es más difícil de lo que crees?

Aunque la mayoría de los clubes de estrípers son conocidos por ser entornos heterosexuales, muchas mujeres queer están causando controversia en la escena.

por Sofia Barrett-Ibarria; traducido por Daniela Silva
24 Julio 2018, 4:00pm

Imagen cortesía de Gia Fagnelli

Artículo publicado originalmente por VICE Estados Unidos.

El primer trabajo de Venus como estríper comenzó cuando abandonó la universidad. Tenía 18 años y buscaba un trabajo que le permitiera tener su propio horario y ser su propio jefe, y "un día, en la universidad, dije: 'a la mierda esto, voy a ser estríper'", me dijo.

Sin embargo, a su novia no le encantaba la idea. "No le parecía que me quitara la ropa por dinero", dijo. Una vez que se separaron oficialmente, Venus dio su primer show.

"Nunca debí haber dejado que una perra que ni siquiera me importaba me dijera cómo debo ganar mi dinero", dijo Venus, quien usa su nombre artístico para proteger su privacidad. Su madre la corrió de su casa inmediatamente después de que comenzó a desnudarse, pero de lo único que se arrepiente, dijo, es de no haber empezado antes.



Venus aprecia ser independiente económicamente y la flexibilidad laboral que le da un trabajo así, pero es difícil, especialmente siendo una mujer gay. "Siempre pensé que [ser una estríper gay] era mucho más difícil que ser una estríper heterosexual porque tenemos que mentir y ser falsas mucho más que las otras", dijo Venus. "Escuchaba hablar a las chicas de lo guapo que eran los clientes y yo les decía 'acabo de perder un baile porque el tipo con el que estaba sentada vio que no me importaba nada más que ver a las que estaban en el escenario".

Aunque la mayoría de los clubes de striptease son conocidos tradicionalmente por ser ambientes heterosexuales, algunas ciudades como Portland atraen a muchas bailarinas como Iris. Explicó que trabajar en un club no solo ofrece libertad financiera, sino que afirma tu identidad y tu lugar en la comunidad queer local. "Como bailarina queer, ¡soy la mayoría! ¡Casi todas las estrípers de Portland que he conocido son queer, es increíble!" dijo Iris, quien también usa su nombre artístico para proteger su privacidad.

Con tantas bailarinas queer en la escena, no hay mucha diferencia entre los clubes de striptease queer y heterosexuales en Portland. Al igual que con cualquier trabajo, Iris dijo que tiene días buenos y días malos, y no cree que ser homosexual haga su trabajo más fácil o más difícil. Todo depende de "la calidad de los clientes", muchas son mujeres homosexuales. "Me encanta cuando las clientas queer ven mi cabeza rasurada y axilas peludas; saben perfectamente que soy queer y me guiñan el ojo como si supieran lo qué pasa", dijo Iris. "Por lo general nos halagan. Me felicitan por el vello de mi axila, y es muy divertido bailar porque a mí también me atraen".

Muchas bailarinas queer y lesbianas construyen sus propias comunidades dentro de los clubes de estrípers donde trabajan. "Ser una estríper queer es una experiencia especial", dice Gia Fagnelli, una estríper y artista drag con sede en Pittsburgh. Como estríper, ha trabajado en varios clubes que atienden a la clientela masculina típica, y "al menos un tercio de las bailarinas con las que he trabajado en clubes de todo el país son LGBTQ", dijo Fagnelli. "Agrega un nivel de compañerismo de la misma manera que cualquier otra identidad marginada encuentra consuelo al juntarse. He tenido el gusto de trabajar con clientes queer, y la mayoría de esas experiencias han sido poderosamente subversivas en un espacio (aparentemente) heteronormativo".

Para Fagnelli ser estríper le parecía "como a todos los demás, un concepto en la cultura pop". Recuerda que le encantaba "Private Dancer" de Tina Turner, y a veces veía a escondidas algunos episodios de G Chain Divas de HBO. "Estaba en el primer año de secundaria cuando dos de mis amigas mayores empezaron a bailar, y escuché algunos de los altibajos de sus experiencias", dijo. "Siempre tuve el instinto de que era algo que podía hacer si necesitaba hacerlo". Años después, dijo, necesitaba hacerlo. Después de dejar una relación abusiva y viajar por el país lejos de sus amigos y la comunidad, Fagnelli dijo que necesitaba "dinero urgentemente". Conseguir trabajo en un club pequeño le permitió comenzar de nuevo y empezar otro capítulo de su vida, dijo. "Encontré amistades, hermanas, una lucha completamente nueva, una salida transformadora para mi energía creativa en el trabajo escénico, y una oportunidad para recuperar mi cuerpo y mi voz".

Aunque encontró una comunidad entre otras bailarinas queer y lesbianas, Fagnelli dijo que algunas amigas y compañeras de su comunidad queer local no siempre fueron comprensivos o la apoyaron con su carrera. "Es una incomodidad generalizada, tener suposiciones de cómo es mi vida. Que es dinero fácil o consistente, que soy vulnerable o estoy empoderada por mi posición en esta industria", dijo Fagnelli. Durante los tres años que ha estado bailando, dijo Fagnelli,, muchas de sus parejas y citas también se han visto intimidadas por algunos aspectos de su trabajo, pero que está "aprendiendo a comunicarme de manera más efectiva y hacer cumplir mis límites viviendo mi vida sin complejos, para encontrar a las personas que quieran aceptarme como soy a su vez yo aceptarlas".

Como explicó Fagnelli, trabajar en un club de striptease puede ser "mucho más intelectual y emocional de lo que la gente piensa". Su trabajo requiere que lleve cuidadosamente los límites entre su vida personal y las fantasías de sus clientes masculinos para proteger su privacidad y seguridad física, y "todo es un flujo de límites e instintos". La mayoría de las veces, esto significa mantener privada su identidad de género y orientación sexual.

Hacer stripptease requiere principalmente de "vender una experiencia ilusoria", dijo Fagnelli, y mantener la fantasía solo es una parte del trabajo. "Cada cliente tendrá la oportunidad de decir lo que está buscando". Fagnelli decide cuánta información va a compartir "caso por caso", como cuando un cliente en particular no deja de molestarla, pero hacerlo puede ser riesgoso. "A veces, cuando le digo a alguien que no saldré con ellos y quiero que me dejen en paz, les digo que tengo esposa", explicó. "Así te puedes zafar del problema o hacer que haya más acoso".

Tanto dentro como fuera del club, ser estríper puede ser agotador para cualquier persona, independientemente de sus preferencias sexuales. "Es una experiencia realmente complicada", dijo, "pero es mi experiencia".

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