Drogas

El club de la mariguana que fuma por la legalización en México

Xochipilli​ no sólo es un club para fumar de forma segura y legal, también ofrecen a sus socios asesoría legal y sicológica.

por Memo Bautista
31 Mayo 2017, 12:00pm

Mientras espera que lleguen los convocados para la junta, Jasiel acerca su rostro a un bong. Mete los labios en una abertura de la parte superior del cuerpo de vidrio de ese pipa tailandesa tan parecida a un narguile. Me llama la atención que está conectada a un aparato semejante a un pequeño portafolios. Aproxima una pajilla con fuego a un recipiente con mariguana e inhala con la boca. El tubo transparente se llena de humo y el hombre aspira profundamente para llevar la nube blanca, el espíritu del cannabis, a sus pulmones. Expulsa la humareda de su cuerpo y se sienta. Un chico se para frente a la pipa y realiza los mismos movimientos.

"Está bueno", exclama Jasiel con un tono de voz pausado. "¿Quieres wax?"

Estamos en una casa de la colonia Bondojito, en el norte de la Ciudad de México. Una pequeña recámara sirve como punto de encuentro de algunos miembros del Club Cannábico Xochipilli. Las paredes del lugar expresan la postura de todos los presentes respecto a la yerba: "En esta casa la mariguana es legal", leo en una calcomanía; "Cosecha tus derechos", dice otra frase en letras de colores dibujada en la pared de enfrente, debajo de una pala y dos rastrillos para jardinería. En otro muro destaca un póster con la figura del dios Xochipilli y el nombre del club. En un mesa hay una planta de mariguana hecha con una lata de cerveza.

No dista mucho de una reunión de trabajo entre ocho o diez personas, en la cual hablarán sobre los últimos detalles de un evento que realizarán pronto. Solo que aquí en lugar de la cafetera o el contenedor de agua caliente para el té o el café soluble, en la mesa hay un bong con wax —extracto del cannabis en cera— o alguien en un cómodo sillón prepara un churro.

"Teníamos un club, una casa que ocupábamos como casa club allá en Ecatepec; y ahí prácticamente vivíamos", me cuenta Jasiel Espinoza, un estudiante de la licenciatura de derecho en la UNAM y presidente del Club Cannábico Xochipilli. En ningún momento de nuestra plática pierde la coherencia a pesar del profundo jalón que le dio al bong, dosis que a mí me hubiera mandado a dormir. "Era una casa que nosotros rentamos y usábamos de oficinas, de guarida y de mucha cosas. Pero la tuvimos que devolver, ya no pudimos continuar allá. La idea es que podamos arrendar un espacio céntrico y que la gente pueda reunirse. Tenemos varios proyectos".

En efecto. No sólo se trata de un club para que el que consume de manera recreativa lo haga de forma segura y legal. Además ofrecen a sus socios asesoría legal y psicológica, dan información sobre el uso terapéutico e industrial de la planta, organizan eventos en los que se analizan muestras de mariguana para determinar su calidad, si tiene algún agente extraño, como pesticidas, y así reducir daños y riesgos al consumirla. También realizan actividades educativas para informar sobre los últimos descubrimientos científicos relacionados con el cannabis y así erradicar mitos y prejuicios con respecto a la planta. Lo que busca este grupo de personas es tener acceso de forma legal a la mariguana para uso medico, recreativo e industrial.


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"El club está dividido en varios sectores", me dice Jasiel. "Está el sector recreativo, que básicamente es la banda que está acá, que es la que siempre hace presencia fuerte en los eventos, que está compartiendo información y organizando. Está el equipo jurídico que está conformado por integrantes del club y por un despacho de abogados que nos dan el apoyo. Y también está la parte médica, que está integrada por miembros del club y el doctor Rubén Pagasa, que es un médico registrado ante la COFEPRIS (Comisión Federal contra Riesgos Sanitarios) para poder importar el aceite de CBD".

Hace un par de años, el 4 de noviembre de 2015, la Suprema Corte de Justicia de la Nación aprobó el consumo recreativo de la mariguana a la Sociedad Mexicana de Autoconsumo Responsable y Tolerante (Smart), encabezados por Francisco Torres Landa, a quienes la COFEPRIS había negado la autorización para sembrar, producir y consumir mariguana sin fines de lucro. El caso ocupó las primeras planas de los medios; la sociedad civil demostraba que puede provocar un cambio de paradigma respecto a la yerba y defender el derecho humano de libertad de elección. La noticia llegó a oídos de varias personas interesadas en la liberación de la mariguana, entre ellos Jasiel, a quien la idea de crear un club para consumidores le rondaba en la cabeza desde unos años antes.

"La idea surge en la Facultad. Yo estudio derecho y hace como tres años un diputado en el congreso local del Distrito Federal presentó una propuesta de reforma para regularizar la mariguana o poderla regular. Entonces nuestro profesor de derecho administrativo de aquellos tiempos nos encargó hacer una investigación de esa situación", me dice.

Para entonces este sujeto llevaba varios años en la pacheca. "Desde los 14", asegura entre risas. Así que la tarea lo atrapó. Comenzó a investigar cómo eran los clubes europeos, sobre todos los de España: cómo se organizaban, cuáles eran sus estatutos, cómo era su actuar sin caer en la ilegalidad. Estaba seguro que no faltaría mucho para que en México la gente se organizara y se diera cuenta que es necesario legalizar la mariguana. Cuando escuchó la noticia del 4 de noviembre, supo que había llegado el momento.

Exactamente un mes después, el 4 de diciembre, 20 personas se reunieron en el Sanborns de los azulejos en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Karina Malpica, una psicóloga creadora del sitio Mind-Surf, donde informa sobre las drogas blandas con las que ha experimentado, entre ellas la mariguana, los convocó para conformar un club de cannabis. Ahí estuvieron Leopoldo Rivera Rivera, director de la revista Cáñamo México; Pepe Rivera, director del Instituto Mexicano del Cannabis; Eduardo Blas, fundador de Cannal; y por supuesto Jasiel Espinoza y Rafael Prado, también estudiante de derecho.

"No conocíamos a nadie", me platica Jasiel. "Para cuando ella nos encontró nosotros ya íbamos un poco más avanzados con la idea de un club cannábico. Yo lo había empezado ya con Rafael y con otras personas, con un médico, que ahora es el médico de la fundación, y un abogado, que ahora es el apoderado de la fundación. Cuando nosotros llegamos a esa reunión con todos los activistas cannábicos, lo que fuimos a decir es que ya estábamos haciendo el club y que se podían sumar los que quisieran. Y entonces empezamos a tener reuniones y para marzo o abril ya estábamos en el notario firmando escrituras".

Foto tomada del Facebook del Club Cannábico Xoxhipilli.

Así, más como un grupo de ciudadanos organizados para defender sus derechos que como activistas, comenzaron a visitar los festivales dedicados a la cultura del cannabis para inscribir a la gente que se quiera asociar al club. Ahí andaban en la calle durante la marcha por la legalización y en los eventos púbicos para pachecos. A uno por uno les contaban lo que querían hacer y cada uno firmaba. Así hasta que contabilizaron 1,800 solicitudes. Por supuesto hubo que hacer una depuración porque no todos los formatos estaban debidamente llenados. Al final la lista quedó en 1,400 personas, lo que ha convertido al Club Cannabico Xochipilli en el grupo organizado de consumidores de mariguana más grande del país.

"Ahora estamos dando credenciales. Nos están dando sus documentos, registrándose con nosotros de una manera más formal para que lo pueda registrar el notario público", me aclara Jasiel.

La idea es conseguir para todos los integrantes del club autorización de la COFEPRIS para el cultivo, transporte, procesamiento y consumo de cannabis con fines médicos y recreativos. Como saben que es muy probable que se los nieguen, están listos para realizar todos los trámites hasta conseguir que la Suprema Corte de Justicia de la Nación les otorgue un amparo, tal como sucedió con Smart.

"Nosotros queremos crear una sociedad autosustentable", me comenta Jasiel. "Queremos lograr un amparo colectivo para sembrar mariguana para 1,400 personas dentro de una asociación civil, en la que ellos aportan a cambio del suministro de esa mariguana en lugares cómodos, tranquilos y de calidad; y donde aportan para la subsistencia de la misma sociedad. Eso para nosotros los usuarios es algo hasta utópico, güey. No nos molesten, déjennos hacer nuestro desmadre y es nuestra onda. Y nosotros en nuestra asociación civil, sin fines de lucro, invertir todo ese dinero en la investigación médica, industrial y recreativa, que es la que nos importa y que nadie hace. Por eso necesitamos ser una asociación tan grande, para poder construir esta clase de información, de esta calidad, que es requerida, necesaria. Nosotros no cultivamos ahorita porque eso es ilegal. Públicamente somos consumidores y nos suministramos como podemos".

Foto tomada del Facebook del Club Cannábico Xoxhipilli.

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En la sala Mexica del Museo Nacional de Antropología hay un muro de color rojo. En uno de sus lados se encuentra una escultura de tezontle que fue desenterrada a mediados del Siglo 19 en las faldas del volcán Popocatépetl, muy cerca de Tlalmanalco, en el Estado de México. Se trata de una figura humana sentada en un pedestal con las piernas cruzadas, los brazos suspendidos, la boca semiabierta y la cara hacia el cielo. Es Xochipilli, el Príncipe de las Flores. Sin embargo, la divinidad náhuatl, a pesar de su nombre, no es príncipe de todas las flores.

Desde finales de los años 50 el etnobotánico estadounidense Gordon Wasson se dio a la tarea de relacionar el estado de éxtasis en que parece estar Xochipilli con las plantas que están labradas en su cuerpo, todas ellas psicoactivas: capullo de sinicuichi, flor y zarcillo de ololiuqui o maravilla, flor de tabaco, cacahuaxóchitl y dos especies de hongo, uno de ellos el Psilocybe aztecorum Heim, que es alucinógeno.

"Su rostro, sus ojos, todo nos está indicando que verosímilmente está en un estado de trance, a lo que alguien ha dicho que (…) ha consumido teonanácatl, los hongos alucinógenos", dice para un programa de TV UNAM el doctor Miguel León Portilla, el máximo experto en filosofía náhuatl. "Es posible, por qué no. Sabemos que los antiguos náhuatl los consumían en algunas fiestas y en determinadas ocasiones para estar en contacto con los dioses. En el cuerpo del dios se ven una serie de flores y también en el pedestal sobre el que descansa. Son flores, muchas de ellas de plantas alucinógenas. Está el dios en ese éxtasis de la flor y está también en el otro encanto que se produce por obra de la música, de la danza y de las melodías".

Por esta razón la figura del dios Xochipilli fue tomada como símbolo del movimiento para recuperar el derecho a alterar la propia conciencia. Es tan importante para el club que por eso ostenta el nombre de la divinidad y su figura es parte de su logotipo. Hasta se encuentra en sus playeras. No solo eso. En un rincón de la recámara en que estamos hay un pequeño altar con Xochipilli como el agasajado y cada vez que se refieren al dios el tono de voz es solemne.

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Jasiel no parece el estereotipo anticuado del fumador de mariguana, el stoner. De hecho, ninguno de los que estamos en esa pequeña recámara. Nadie usa dreadlocks, ni descuida su apariencia. Al contrario, Jasiel es lampiño, delgado, de cabello corto; los que traen barba la tienen bien cuidada.

"¿Si yo quiero ser miembro del club cómo le hago?", pregunto.

"Ser consumidor es necesario", me responde Jasiel.

"Ya sea fumada o en aceite o en algo, pero sí debes usar la planta", me dice otro sujeto que poncha un porro.

Me intriga. Conozco a mucha gente que no consume mariguana pero está a favor de su legalización. ¿Por qué alguien debe ser usuario para unirse al club?

"Nosotros decidimos que por ahora fuera un requisito que ya fumaras, para que no fuera a tomarse como que nosotros estamos invitando a la gente a fumar. Porque eso no es lo que nosotros estamos haciendo", responde Jasiel. "No estamos invitando a que la gente fume; nosotros estamos invitando a los que ya son consumidores a que hagan uso de ese derecho. Porque ese es tu único derecho en este país con la mariguana: consumir tus cinco gramos en circuito privado, en estancia privada. Ese es tu único derecho en este país. Entonces, güey, ejércelo".

"¿Qué otros beneficios hay si me asocio?"

"Las asesorías jurídicas. Nosotros estamos al pendiente de la gente cuando tiene problemas jurídicos. Hemos ayudado, sacado del juzgado cívico a las personas que se han llevado por posesión de mariguana. Y eso es bueno porque quién te pone un abogado gratis. La neta. Es bien fácil, sólo es explicarle a la gente cómo defender sus derechos. A mí me han dicho desde siempre, es que eres activista. Pero no, no somos activistas, somos un grupo de ciudadanos que quieren ejercer un derecho. La gente debe saber sus derechos para poder defenderse en este país donde nadie sabe nada y donde existe la ley del más fuerte".

El consumo de drogas en México no está penado pero sí su posesión si rebasa la cantidad permitida. En el caso de la mariguana, el Artículo 479 de la Ley General de Salud señala que están permitidos cinco gramos de cannabis Sativa, Indica o mariguana. Sin embargo, de acuerdo al Artículo 475 de la misma ley, su comerció y suministro, aun gratuito, tiene pena de cuatro a ocho años de prisión y de 200 a 400 días multa.

Apenas el 28 abril de 2017 la Cámara de Diputados aprobó el dictamen de las comisiones de Salud y Justicia, a través del que se autoriza el uso de la mariguana con fines médicos y científicos. Sin embargo, a decir de Jasiel, es una reforma que no le sirve ni al uno o dos por ciento de las personas enfermas de este país porque se deja de lado el problema real: los consumidores, sea médico, recreativo o industrial.

"Sólo están dando un mecanismo. Lo que están haciendo es que sólo se puede importar el medicamento, es lo que hacemos nosotros ahora", me indica con un tono de frustración en la voz. "Tú estás enfermo, tú tienes diabetes, tienes que ir con el doctor, el tiene que hacerte un historial clínico, tiene que hacerte un pedimento, una serie de documentos con los que tú vas a ir a la COFEPRIS a solicitar que te autoricen la importación del medicamento y luego vas a ir, lo vas a comprar, vas pagar tu importación y te va a llegar. Es un proceso de mucha lana, largo y estamos hablando de algo que se puede suministrar en el sistema público de salud únicamente autorizando el cultivo. Y no le quieren entrar".

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Entre la plática Mario, uno de los integrantes del club, coloca en una charola transparente un grinder para triturar la mariguana, un pequeño recipiente de vidrió con wax, un huaje que contiene los cogollos, un paquete de sábanas de papel arroz, un ganchillo y una pieza de madera parecida a un incensario. Luego se sienta en una silla y coloca la charola en sus piernas. El hombre mete al grinder un cogollo, tapa el contenedor y gira una palanca unas cuantas veces. Vacía la yerba triturada en la pieza de madera, extiende dos sábanas y comienza a ponchar el cigarro.

"Si nos remontamos más atrás, antes que se iniciara la prohibición pues ahora sí que todos los que son ancianos sabían de los usos y los beneficios que tenían por ser usuarios de cannabis", me platica Rafael. "Y no necesariamente eran pachecos", le contesto.

Las manos de Mario trabajan hábilmente. Con los dedos toma un poco de mariguana y la distribuye en el papel arroz que ha colocado uno en la orilla del otro para hacerlo más largo. Cada tanto lo ensaliva para que se vaya armando el cigarro. Su labor no le impide opinar.

"Ford hizo un carro con todo y hasta combustible con cannabis. Se pueden hacer hasta casas", añade sin despegar los ojos de su tarea. "Un árbol lo talas y tarda un chingo en forestar y el cáñamo puede estar forestando cada tres o cuatro meses. No esperar años a darle en la madre a un árbol".

Ahora Mario derrite un poco de la cera, la recoge con el ganchillo y la embarra por la superficie del cigarro. Con los restos de la marihuana hechos polvo —el kiff— impregna todo el porro.

"¿Por qué no implementarlo?", comenta Rafa. Guarda silencio y enseguida suelta una frase que puede resumir su papel en la lucha por la legalización de la mariguana: "Es muy feo que no te dejen hacer todo lo que puedes con una planta".

Mario termina el cigarro, lo debe sostener con las dos manos pues es muy largo, casi del tamaño de un lápiz nuevo. Lo prende con una pajilla de cáñamo y una gran bocanada de humo le tapa el rostro. Pasa el cigarro por la derecha.

Mientras fumo me doy cuenta que soy un ñoño en lo que se refiere al consumo recreativo de mariguana. He fumado la yerba en porro y en toda clase de hitter, y he comido galletas con mantequilla cannábica, pero jamás había consumido wax, no eh fumado en bong y, por supuesto, era la primera vez que probaba un churro forjado de esa forma. Paso el cigarro y le hago entonces una pregunta muy personal a Jasiel: ¿por qué fumas?

El chico ríe, le gusta el cuestionamiento, le da la oportunidad de expresar ese amor que tiene por la mariguana. "La pregunta es por qué no hacerlo. No mames, la vida es otra". Jasiel entonces se torna reflexivo. "Este mundo es bien caótico. La planta te ayuda bien padre a sacar eso que hay en ti que ya toda la gente tiene oculto, bien reprimido. Toda la gente está a la defensiva y nomás viendo como apañar y cómo chingar. Y la mota te hace sentir empatía con la banda y querer colaborar y comprender. Yo veo la vida de las personas y cuando los veo de malas lejos de juzgar trato de comprender: Pobre carnal, qué ha de estar sintiendo en su corazón para estar actuando así. Y esas cosas, la neta, las veo estando pacheco. No me clavo ya en cosas que no debo". Jasiel deja su asiento, se incorpora entusiasmado. Sonríe. "No mames, te da un chingo de risa, te da un chingo de hambre. ¿Qué puede salir mal?"

Yo creo que tiene razón. Me llega de nuevo el cigarro. Fumo.

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