Una mujer gorda mira a una influencer de talla grande en Instagram
Identidad

El body positive ha perdido todo su significado en 2020

Descubrí el término por primera vez en 2014 en mi rol de editora de moda y belleza de talla grande. En 2020, es poco más que una palabra de moda.
29 Julio 2020, 2:25pm

Artículo publicado originalmente por VICE Reino Unido.

En 2014 me contrataron como editora de moda y belleza en un popular sitio web para mujeres con sede en la ciudad de Nueva York. Había estado escribiendo para la publicación durante un año previo a ese momento, cubriendo principalmente las intersecciones de moda y belleza con mi identidad como mujer gorda. Mis artículos generalmente funcionaban bien, lo suficiente como para obtener un trabajo de tiempo completo.

Afortunadamente, tuve grandes editores que, a pesar de no ser gordos, parecían preocuparse genuinamente por la aceptación de la gordura. Me animaron a contratar a mi propio equipo de escritores y, naturalmente, encontré un montón de personas que podían hablar sobre cómo el tamaño del cuerpo choca con la ropa y el maquillaje que usamos (o no). Juntos publicamos hasta 90 artículos por semana, la mayoría de los cuales ahondaron en la "positividad corporal". Durante los siguientes años, ese término pareció explotar en la conciencia pública. De ninguna manera fui la primera o la única editora que realizó este tipo de trabajo; simplemente lo hice en una época en la que el término se puso de moda.

La "positividad corporal" fue un término que descubrí por primera vez en 2012, a través de los blogs de moda de talla grande originales dirigidos por voces ahora legendarias de la industria: Gabi Gregg, Nicolette Mason y Kellie Brown, entre otras. Escribían sobre moda, vestían atuendos que tradicionalmente se consideraban "poco halagadores" en cuerpos más grandes, y hablaban sobre ser gordas de una forma que nunca había visto antes: no con desdén, sino afecto, tal vez incluso con la mayor autoestima posible. Incluso su uso neutral de la palabra "gordura" me dejó pasmada.

Estas mujeres que apoyaban la positividad corporal abrieron la puerta a mi propio descubrimiento personal del movimiento de aceptación de la gordura. Encontré defensores como Sonya Renee Taylor, Caleb Luna, Virgie Tovar y Jessamyn Stanley, quienes transformaron por completo la forma en que pensaba sobre la cultura de la dieta, la sexualidad, la representación en los medios, la salud física y el complejo industrial médico en general. Discutían la relación innegable entre el prejuicio contra la gordura y el racismo, algo que la socióloga Sabrina Strings cubriría a profundidad posteriormente en su libro de 2019 Temiendo el cuerpo negro: los orígenes raciales de la fobia a la gordura. De forma crucial, estas personas eran negras o de color (muchas también eran queer y de clase trabajadora).

En aquel momento, la positividad corporal me parecía la extensión sartorial del activismo en favor de la liberación de la gordura. Donde muchos activistas que apoyan la positividad hacia la gordura podrían enfocarse en abordar el sesgo de peso en la medicina o en las fuerzas policiales, por ejemplo, los que defienden la positividad corporal profundizan en las formas en que las industrias de la moda y la belleza han excluido históricamente a las personas gordas. Todos nos sentíamos como una pieza del rompecabezas de la aceptación de la gordura: uno que, en esencia, representaba un mundo libre de los prejuicios socioculturales relacionados con el peso —profundamente arraigados— que dañan a la gente (especialmente a las personas gordas) todos los días.

Sin embargo, la "positividad corporal" en 2020 luce un poco diferente.

"Creo que [la positividad corporal actual] significa mujeres delgadas, heterosexuales, sanas, blancas y cis", cuenta a VICE Michelle Hopewell, escritora y bloguera de talla grande. "Las personas gordas que aún logran existir dentro de esta positividad, y que generan un impacto y tienen seguidores, siguen siendo mujeres blancas".

Si bien una búsqueda rápida en Google del término muestra a algunas personas gordas, Hopewell tiene razón en señalar que casi todas son blancas o de piel clara. Sin embargo, la mayor parte de los resultados de búsqueda ni siquiera representan a las personas gordas, sino a las delgadas y sanas que podrían tener un pliegue solitario en la barriga (desde ciertos ángulos) o el leve indicio de una papada. La gente gorda —especialmente la de piel negra o de color— y queer está ausente.

La bloguera de talla grande Amena Azeez está de acuerdo. "En India, la positividad corporal ahora se ha reducido al 'amor propio'", explica. "Es una forma más divertida de decir: ‘Amo mi cuerpo que no es esbelto’. La positividad corporal ha perdido todo su activismo y fuerza política, y se ha convertido en una tendencia, un hashtag, una herramienta de marketing".

La autora y activista por la liberación de la gordura Virgie Tovar cuenta a VICE que la positividad corporal en su encarnación actual no es suficiente para combatir el sesgo anti-gordura subyacente. "La positividad no es lo que necesitan las personas más vulnerables de la población", dice. “A las personas gordas se les niega atención médica, dignidad, empleo y humanidad. Kiese Laymon ha señalado que si eres gordo y negro, tienes un riesgo potencialmente mayor de ser detenido por la policía. Esto es una emergencia".

Para analizar el fomento de la liberación del cuerpo, Tovar explica que hay tres dimensiones para la injusticia corporal.

“Existe la intrapersonal: cómo te sientes acerca de tu cuerpo; la interpersonal: cómo se sienten los demás sobre tu cuerpo y cómo lo tratan; y la institucional, qué tan bien se te permite maniobrar entre los entornos sociales y los sistemas, como el acceso a vestimenta, empleo, atención médica, espacios físicos, etc., según tu cuerpo. El activismo en favor de la gordura está realmente enfocado en estas tres dimensiones, pero su interés principal se centra en la dimensión institucional. Con la positividad corporal, el esquema se invierte y el interés reside esencialmente en la primera dimensión: cómo te sientes contigo mismo".

Siendo sincera, no hay duda de que, a veces, he contribuido al debilitamiento de este movimiento. A medida que el término “positividad corporal” empezó a cobrar cada vez más fuerza durante mis días de editora, demostrando ser un tema que llamaba mucho la atención, mis redactores y yo comenzamos a usarlo con más frecuencia. Es posible que hayamos pegado la etiqueta "positividad corporal" en una publicación que celebraba a Kim Kardashian por mostrar una estría, solo para descubrir más tarde que también estaba promocionando paletas para suprimir el apetito.

Sé que permití que palabras como "radical" se usaran en artículos que describían a personas delgadas, blancas, convencionalmente atractivas y ricas que evitaban las fajas (como cuando Emma Watson se negó a usar un corsé). En aquel entonces dijimos: "todos los cuerpos son buenos cuerpos" sin darnos cuenta de que ese eslogan podría conducir a la eliminación de los cuerpos que no son tratados como buenos.

"¿Cómo pueden todos los cuerpos ser buenos cuando no todos tienen el mismo nivel de respeto, acceso y representación?", pregunta Azeez. “Cuando decimos 'todos los cuerpos son buenos' asumimos que todos los cuerpos reciben el mismo trato, lo cual es falso. Los cuerpos gordos todavía son vigilados, censurados, ridiculizados y abusados. El eslogan ‘Todos los cuerpos son buenos’ le dio a las personas no tan esbeltas una forma de hablar sobre ellas y reprimir la conversación sobre cuerpos de mayor tamaño".

Incluso en mis propios artículos sobre gordura, al menos en mis primeros años de escribir públicamente, nunca abordé mis privilegios como latina pequeña, medianamente gorda, y no tan morena. No fue mi prioridad buscar y contratar escritoras supergordas (aquellas que usan una talla 6XL o superior, muchas de los cuales están excluidas de la mayoría de las colecciones de ropa de talla grande), o escritoras negras. Aprendí mucho al fracasar y recibir críticas, pero en ese momento, lamentablemente, había contribuido a un problema mayor.

Tess Holliday. Foto: AdMedia/Newscom/Alamy Live News

Si nos fijamos en los momentos positivos con la gordura que fueron monumentales en los últimos años, por desgracia siguen siendo excepciones. Por ejemplo, en 2015, Tess Holliday se convirtió en la primera modelo visiblemente gorda en firmar con una agencia convencional. Ha salido en varias portadas innovadoras, como en Self en 2018 y Cosmopolitan ese mismo año. Cuenta con más de dos millones de seguidores en Instagram, lo cual es increíble. Aún así, Holliday no ha acumulado la misma cantidad de seguidores que modelos más "curvilíneas" como Ashley Graham (que tiene la asombrosa cantidad de 11 millones de seguidores en Instagram) o Iskra Lawrence (4.5 millones). Ambas tienen figuras "con curvas en los lugares correctos", que sin duda son más agradables para el público general.

Es fundamental tener en cuenta que la carrera de Holliday sigue siendo una excepción en sí misma. Es la única modelo visiblemente gorda que ha obtenido tal reconocimiento global. ¿Cuántas personas conocen los nombres de La'shaunae o Essie Golden? ¿Cuántos conocen los nombres de las modelos negras gordas que continuamente están creando imaginarios asombrosos, sin duda dignas del estatus de supermodelo?

Claro, mucha gente ama a —y se siente incentivada por— la rapera Lizzo, ¿pero cuántas de esas personas se oponen vocalmente a las bromas sobre gente gorda cuando las escuchan, o les piden a sus marcas favoritas que hagan ropa de talla grande, o defienden a su amigo cuando el médico le dice que baje de peso para curar esa erupción en la cadera? ¿Cuántos actores visiblemente gordos han llegado a la pantalla sin que la narrativa de sus personajes se canalice hacia la pérdida de peso? ¿Cuántos países han tomado medidas para que sea ilegal la discriminación por el peso de una persona en la fuerza laboral? ¿Cuántos médicos están dispuestos a recetar medicamentos a algún paciente gordo más allá de los consejos para perder peso?

En 2018, Self prometió renovar sus reportajes (sobre salud y otros temas) para que fueran más inclusivos y menos anti-gordura. Ese año, el Huffington Post también publicó un artículo que se compartió en todo el mundo, titulado: "Todo lo que sabes sobre la gordura está mal". Llevó el tema de la "salud en todos los tamaños" a nuevas audiencias, y por un momento me pregunté si sería algún tipo de catalizador. No lo fue. En todo caso, la aceptación de la gordura se ha alejado cada vez más del mainstream desde entonces.

Como la autora Kelsey Miller escribió en su artículo "Cómo la blancura mató al movimiento de la positividad corporal", "las modelos esbeltas no han sido reemplazadas, aunque algunas modelos ligeramente menos flacas (como Graham y Lawrence) están en la mezcla. "Dieta" sigue siendo una palabra desagradable, pero ha sido rebautizada exitosamente como "bienestar", al igual que las compañías de pérdida de peso como Weight Watchers.

La realidad actual que tenemos que enfrentar es que la liberación de la gordura necesita mucho más que la positividad corporal en 2020. Sin embargo, como dice la escritora Gina Tonic, "Prefiero la distinción, ya que la positividad corporal general ha pretendido fijarse en las personas gordas o sus raíces de aceptación de la gordura durante demasiado tiempo".

No hay duda de que en su encarnación actual, la positividad corporal logra ayudar a algunas personas y eso tiene mérito. Como Tovar reflexiona, la positividad corporal de hoy en día parece centrarse y ayudar principalmente a "mujeres blancas cisgénero y heterosexuales a quienes habían enseñado a odiar sus cuerpos; quienes disfrutaban de ver a las chicas gordas en atuendos lindos viviendo nuestras mejores vidas mientras nos enfrentamos a la fobia contra la gordura".

Sin embargo, cuando se trata de mujeres gordas atractivas, necesitamos mucho más que esa vibra de bienestar para garantizar nuestra supervivencia. El amor propio no puede ser el principio y el final de la conversación sobre la liberación del cuerpo cuando la seguridad de los cuerpos gordos está literalmente en riesgo. Si las personas más delgadas, más blancas, más privilegiadas, generalmente menos queer —muchas de las cuales han aprendido mucho y han recibido ayuda de las voces en favor de la gordura— realmente se preocuparan por la gente gorda, se darían cuenta de ello.

Como Hopewell plantea: "Creo que la reflexión más profunda para mí es: cuando nos ayudamos y aprendemos a superar el odio a nosotras mismas, ¿cómo nos comprometemos a hacer el trabajo de abogar por las personas gordas que sufren discriminación y desigualdad? Porque siempre se ha tratado más sobre: "¿Me amo a mí misma?", pero también se trata de cuestionarse: "¿Tengo las mismas libertades para vivir una vida plena e igualitaria?".