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Semana del Crimen

Que te maten en tu casa por ser gay es una posibilidad en Medellín

En la ciudad de la Eterna Primavera este tipo de homicidios son una constante. Asimismo lo son el silencio, la vergüenza, la culpa social de la víctima y la actuación apática de la justicia

por Julio C. Londoño Á.
21 Noviembre 2018, 6:00pm

Ilustración: VICE Colombia.


Artículo publicado por VICE Colombia.

"¡Esto se acabó!", respondió secamente Jonatan* ante la pregunta puesta en los ojos desubicados de su presa. Las palabras fueron la señal para que su cómplice subiera el volumen de la música en la sala y se uniera a la escena en la habitación. Entre los dos amarraron de pies y manos a Víctor, lo amordazaron. Lo amenazaron rozando su cuerpo con un cuchillo. Con la seguridad de que esa noche moriría, independiente de su nivel de sumisión o resistencia, Víctor decidió ahorrar fuerzas y ganar tiempo embolatando las peticiones de sus captores.

Iban siendo las 11 de la noche de un domingo a finales de noviembre de 2009. Cada intento infructuoso para acceder a las cuentas bancarias desde el computador de la sala era una nueva amenaza de tortura contra Víctor en la habitación. En un descuido de sus atracadores, se tiró a un lado de la cama y rompió con su peso la puerta vidriera. “¡Auxilio!”, gritó Víctor al correr la mordaza con su lengua, esperando que al menos su vecino de piso lo escuchara.

"Cometí ese error. Si yo grito '¡me están robando!', todo el edificio se solidariza. Pero al decir 'auxilio', quedó como una pelea de novios y la gente no le para bolas a eso", me cuenta Víctor, nueve años después de sobrevivir al ataque. "Yo en ese momento pensaba, esto es lo que le pasa a todos los maricas y uno piensa que es la persona extraña que entra al apartamento y los mata".

El caso de Víctor es una constante en los registros de agresiones contra personas LGBT, especialmente hacia hombres gays. Según las organizaciones Colombia Diversa y Caribe Afirmativo, Antioquia, en especial su área metropolitana, es la zona del país con mayor número de homicidios hacia esta población. Las víctimas suelen ser hombres mayores de 40 años, quienes son contactados por el agresor en algún bar, zona de encuentros sexuales (cruising) o aplicaciones de ligue (Grindr, Tindr, Hornet). Posteriormente son hallados en sus apartamentos con signos de tortura infringida con algún elemento de la escena (un cuchillo, cordones, bolsas, sábanas). La causa de la muerte suele ser estrangulamiento, asfixia mecánica o múltiples puñaladas.

Víctor corrió con algo más de suerte. El ruido puso en alerta a los captores. El cómplice huyó. Jonatan tenía mucho más que perder, pues se conocían hacía siete meses con su víctima: Víctor ya sabía dónde vivía y tenían varios amigos en común. Aunque el plan se hubiese ido al carajo, la premeditación de Jonatan siempre fue asesinarlo para eliminar cualquier evidencia. No habría otra justificación para lo que sucedió después: sacó de sus bolsillos un par de cuerdas y una bolsa plástica transparente con las que intentó estrangularlo. Sonó el citófono del apartamento. En el forcejeo, Víctor alcanzó a morderle un dedo y hacer un pequeño roto en la bolsa para ganar algo de oxígeno. La escena se llenó de la sangre del atacante. Cuando el cuerpo de Víctor se relajó lo suficiente, el atacante soltó su cuello y huyó. Víctor esperó un poco y cuando comprobó que el peligro había pasado, volvió a respirar.

En la portería del edificio el guardia intentó retenerlo. Jonatan exigía que le abriera, mientras cubría la herida en su dedo con la camisa ensangrentada, con la excusa de ir por una ambulancia porque Víctor se había accidentado. "¿Qué le hizo a don Víctor? Acabo de llamar a la Policía", alcanzó a decir el vigilante antes de que Jonatan se escabullera por la salida de vehículos. Lo encontraron corriendo a cien metros del edificio, lo llevaron de regreso para su identificación, por lo que supo inmediatamente que Víctor había sobrevivido, y luego fue trasladado a la Unidad de Reacción Inmediata para legalizar su captura.

Una hora después, mientras evaluaban sus heridas en una clínica de El Poblado (magulladuras en los brazos, algunas cortadas, dos dientes flojos y mucha indignación), Víctor recibió una llamada a su celular. Era Jonatan.

"Me dijo: Víctor, me cogió la policía, ayudame que me van a llevar para la cárcel. Yo solo le dije que les explicara todo a las autoridades y colgué", recuerda él. "Que te atraquen es muy maluco, que sea en tu casa es horrible, pero que sea alguien a quien le abriste las puertas de tu casa y tu corazón, porque yo lo veía como un hermano al que protegía simplemente, me tenía en shock. Ese tipo es un psicópata que cree que lo único malo que hizo fue dejarse coger de la policía".

Entre 2014 y 2018 se han presentado en Medellín cerca de 15 casos con características similares , según cifras del Sistema de Información para la Seguridad y Convivencia (SISC) de la Alcaldía de Medellín. Generalmente ocurren los fines de semana, casi siempre la madrugada del lunes, y suele tener lugar en la residencia de las víctimas. Tan sólo dos casos sucedieron en un motel y otro más en una reconocida zona de cruising de la ciudad: el Cerro El Volador. Pocas veces se logra la identificación de los agresores.

El caso más literal que confirma que las motivaciones de estos crímenes están estrechamente ligadas a la orientación sexual de las víctimas, se presentó el 12 de diciembre de 2016. Según el reporte del SISC, el cuerpo desnudo de un hombre de 51 años fue hallado en su apartamento del barrio El Velódromo, envuelto en sábanas y con signos de asfixia mecánica. A su lado, el anónimo agresor dejó una nota: "POR MARICA". Según la versión del compañero de apartamento y del novio, la víctima "tenía la costumbre de salir a caminar en horas de la madrugada por el sector y en algunas ocasiones, invitaba personas a su residencia que conocía en sus recorridos".

"Más allá del objetivo de robarlos, lo cual no siempre ocurre, este tipo de crímenes buscan enviar un mensaje de rechazo hacia la orientación sexual de las víctimas", explica el informe de Derechos Humanos de 2017 de Colombia Diversa y Caribe Afirmativo, "debido al exceso de violencia al que son sometidas y en ocasiones por las posiciones en las que dejan los cuerpos o mensajes escritos que dejan al lado de ellos".

Aunque el activismo LGBT en Colombia ha sostenido hasta ahora la tesis de que estos homicidios son motivados por el prejuicio, es decir, por unos preconceptos errados del agresor sobre la condición sexual de su víctima; lo cierto es que hay motivaciones más profundas que tienen que ver con las relaciones de género. Así como la violencia en las parejas heterosexuales se basa en la dominación del hombre sobre la mujer y se sustenta en el machismo, en los casos de violencias intragénero el agresor se aprovecha de la desigualdad de poder que logra tejer con una serie de vulnerabilidades que encuentra en la víctima.

Según cuenta Diana Ángel, fiscal seccional de Medellín encargada de los casos de feminicidios y crímenes de personas LGBT, "los pocos agresores que hemos judicializado se defienden aclarando que no son homosexuales. Yo tampoco creo que lo sean, suelen ser bisexuales, muchas veces con esposas e hijos, que ven en estos hombres mayores un modo de vida", explica la fiscal. "No se acercan porque se sientan atraídos, sino como un medio económico sustentado en un sentimiento de aversión". Es decir, además del odio hacia la condición sexual (propia y de la víctima), hay un aprovechamiento por parte del agresor de una serie de factores que hace particularmente vulnerables a los hombres gay a medida que envejecen: soledad, estabilidad económica, silenciamiento sobre su orientación sexual.

"Yo creo que él es un resentido social, pero además es homofóbico", me dice Víctor cuando le pregunto sobre los motivos que tendría Jonatan para atacar estos perfiles específicos. "Siente complejo con esa parte a pesar de ofrecerse como prostituto. Cuando se refiere a alguien en redes habla de las locas. Cuando en los bares le arman problema, trata a la gente de locas. Siempre hablaba de locas malucas. Es totalmente homofóbico. Para mí eso lo lleva a matar gente gay. Es una venganza. El tipo vive del crimen, pero adicional le encanta agredir a gente homosexual por el complejo que él tiene".

Por la investigación judicial, Víctor se dio cuenta de que Jonatan no había terminado el bachillerato, no era paisa sino costeño y nunca había trabajado en los ocho años que llevaba en Medellín. Tampoco pertenecía a una familia adinerada de Cartagena, sino que era el antepenúltimo de 10 hijos de una familia pobre. "Me di cuenta de que él me utilizaba como aval para conocer más gente, tenía muy buena química con todos mis amigos. Algunos, cuando supieron todo, me contaron que él les decía que vivía en el apartamento de enseguida y que por eso siempre coincidíamos en la rumba".

En realidad Jonatan vivía a escasas cinco cuadras, en un cuarto arrendado cerca al parque del Poblado, por lo que eran comunes los almuerzos juntos. La confianza llegó a tal punto de que Víctor lo dejaba solo en su apartamento. "Le gustaba que le prestara el computador para chatear", me cuenta. "Se entraba a Manhunt y yo veía que los perfiles que elegía eran personas mayores. Él tenía 33 años en ese entonces, yo 47. Pero vos lo ves y no te imaginas lo que él haría. Un camaján que a cualquiera le encantaría".

Con sus 83 kilos de batidos proteínicos y 1.83 metros de masculinidad exacerbada, el atlético y tatuado Jonatan representa la perdición para el típico hombre gay masculino colombiano. En su perfil de Grindr más reciente se define a sí mismo como "macho violador" en búsqueda de machos peludos. Es el típico "masculino por masculino", "discreto", que aclara que odia a las locas, al punto de ser capaz de tirarlas al río si se le atraviesan en su afán. Según su perfil en una página de Scorts, es militar retirado y lo que más le gusta de él es lo hombre que es y la capacidad que tiene para atraer a otros.

En resumen: una trampa.

Recién se conocieron, en medio de una fiesta en la 'Cantina de Javi', Jonatan salía con un amigo muy cercano a Víctor. La ruptura de esa relación había sido la excusa para que Jonatan se acercara buscando refugio y consejos. Según Víctor, le dijo a este que su madre había muerto recientemente y que era corredor de bolsa pero andaba desempleado. Víctor adoptó rápidamente una posición paternal hacia él. Días antes del ataque, le prestó cerca de un millón de pesos para que, supuestamente, Jonatan pudiera expedir su visa estadounidense.

Cuando Víctor le contó al ex de Jonatan sobre el ataque, su amigo le confesó que la relación había terminado a causa de las extorsiones. Jonatan lo amenazaba de muerte si no le pagaba mensualmente seiscientos mil pesos. Nunca lo denunció.

Este punto es un factor que juega a favor de los atacantes y que revela la carga de silencio, vergüenza y culpabilidad con la que cargan las víctimas. Según explica la fiscal Diana Ángel, normalmente las personas que sobreviven o los familiares de la víctima, suelen ser muy reservadas respecto a la orientación sexual. "Esa reserva nos ha impedido hacer un rastreo adecuado", afirma. "Los familiares o allegados no brindan la información. En ocasiones les ofende la calificación LGBT y no quieren que el caso esté aquí porque se hace visible esa condición. Por lo general esta información la confirman los vecinos".

Para Víctor fue difícil dar con esta realidad. Lo primero que recibió fue una carta del consejo de administración de su edificio en la que lo declaraban persona no grata, según ellos, porque había puesto en peligro a todos los residentes por una situación privada que se había tornado pública. Además, le reclamaban que en el futuro fuera más exigente con el ingreso de sus invitados. Luego sus propios amigos lo culparon de lo que le había sucedido.

"A mí me dijeron que como no tuve nada con él puedo hablar tranquilo. No, para nada", difiere Víctor. "Usted se puede acostar con medio Medellín y nadie tiene por qué hacerle eso. Métase en la cabeza que eso no es un premio por haber estado con alguien. Muchos amigos me cuentan lo mismo y les pregunto que por qué no denuncian. Me dicen que la familia, que el trabajo. Con razón es que los atacantes repiten, porque nadie les pone freno".

Este silenciamiento se extiende hasta los juzgados, en los cuales, según cuenta Diana Ángel, persiste un fuerte grado de desconocimiento y reserva a la hora de analizar los casos en relación a la orientación sexual o identidad de género de las víctimas. "Los jueces guardan un silencio incómodo, como si les molestara hacer visible esta condición. Cuando uno dice LGBTI, ellos se alertan y preguntan, '¿Es que es un crimen de odio?', como si siempre fuera evidente el odio y no la condición de vulnerabilidad de las víctimas”.

Precisamente un mal registro a la hora de tomar la denuncia de Víctor cambió el rumbo de la investigación y lo puso de nuevo en peligro. El fiscal que recibió su caso en la Unidad de Reacción Inmediata le imputó a Jonatan los delitos de hurto calificado y agravado, pasó por alto que no era un desconocido y dejó de lado la tentativa de homicidio y el secuestro al que fue sometido Víctor por cerca de dos horas. Jonatan salió de la cárcel tres años después bajo libertad condicional.

"Después de que salió de la cárcel me lo he encontrado unas tres veces en los bares y siempre me amenaza de muerte. Yo no le paro bolas. A todos los amigos que saben, se les arrima en los bares y les dice que cuidado con hablar y si no se mueren. Él goza con hacerse respetar por miedo. A muchos les da miedo. Todos mis amigos cuando supieron me dijeron que dejara las cosas quietas. El tipo es muy peligroso, pero es más peligroso tenerle miedo".

Víctor no se dio por vencido y días después interpuso otra denuncia ante la Fiscalía por tentativa de homicidio y secuestro, pero el fiscal que llevaba el caso, Félix Horacio García Vargas, fue secuestrado en mayo de 2014. Sus captores lo torturaron mientras le sacaban información sobre sus cuentas bancarias. Días después, su cuerpo desmembrado fue hallado en tres maletas abandonadas en la autopista Medellín-Bogotá.

El caso de Víctor, aunque aparece activo en un despacho de la Fiscalía en la unidad especializada del Gaula de Medellín, permanece estancado desde hace nueve años. El fiscal García, encargado de los temas de estafas de menor cuantía y lesiones personales, sin embargo, corrió con más suerte ante la justicia. Su asesino fue detenido dos días después de que se hallara el cuerpo y condenado a 55 años de prisión por los delitos de secuestro extorsivo, homicidio agravado, tortura, hurto calificado y agravado.

Al comparar la actuación de la justicia en ambos casos, el mensaje social que se envía a las víctimas y a sus victimarios es una declaración abiertamente machista: ciertos hombres valen más que otros, de acuerdo a la posición social o a la valoración que esta haga sobre sus comportamientos. Y en gran medida el castigo por sus muertes será proporcional a esta valoración, por arbitrario que parezca. Así se reproduce el odio.

* Los nombres fueron cambiados para proteger la seguridad de la fuente.