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'Y tú más': Turquía, Rusia y las acusaciones cruzadas de comprar petróleo a Estado Islámico

Putin y Erdogan se acusan mutuamente de comprar petróleo a Estado Islámico. Incluso aunque eso fuera cierto, el tamaño del mercado petrolero de Estado Islámico es tan pequeño que no importaría. ¿Asistimos a una táctica para desviar la atención?
04 Diciembre 2015, 1:14pm
Foto via EPA

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En una versión diplomática de la respuesta infantil "y tu más", Rusia y Turquía se acusan mutuamente de comprar petróleo a Estado Islámico (EI). Durante la semana pasada, tanto el presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan como el presidente ruso, Vladimir Putin, hicieron publico respectivamente lo que ambos describieron como una clara evidencia de los lazos del otro en el mercado negro del petróleo, mientras que al mismo tiempo proclamaban su inocencia de cualquier tipo de trato con Estado Islámico.

El negocio del petróleo de Estado Islámico es, sin embargo, prácticamente irrelevante en el mercado global. Arabia Saudí, por ejemplo, genera más ingresos petroleros en un día de lo que Estado Islámico hace en todo un año, utilizando incluso las estimaciones más altas que circulan sobre la capacidad petrolera de Estado Islámico. A pesar de este hecho, la acusación de "hacer dinero con petróleo yihadista" se está convirtiendo en un golpe geopolítico.

El miércoles, autoridades militares rusas ofrecieron una conferencia de prensa donde afirmaron estar en posesión de "pruebas contundentes" de que Turquía es cómplice de la financiación del grupo extremista a través de la compra de petróleo. "Presentamos evidencias de cómo se lleva a cabo el comercio ilegal de petróleo para financiar a grupos terroristas", expresó el viceministro de Defensa ruso, Anatoly Antonov. "La primera plana política de ese país — el presidente Erdogan y su familia — están involucrados en este negocio criminal".

Para no ser menos, el mandatario turco Recip Tayyip Erdogan replicó el mismo día. "Nadie tiene derecho a calumniar a Turquía", dijo. "Turquía no ha perdido sus valores morales para comprar petróleo a una organización terrorista". Si esas acusaciones rusas pudiera ser probadas, aseguró que renunciaría a su cargo.

Y luego, el jueves, Erdogan subió la apuesta haciendo algunas acusaciones. "¿Quién compra el petróleo de Daesh? Permítanme decirlo: George Haswani, poseedor de un pasaporte de Rusia y de nacionalidad siria, es uno de los mayores comerciantes de este negocio", dijo, usando el término árabe para referirse a Estado Islámico.

Es cierto que el Departamento del Tesoro de EEUU anunció sanciones contra George Haswani la semana pasada, llamándolo "hombre de negocios sirio que sirve como intermediario para la compra de petróleo por parte del régimen sirio a ISIL." [siglas en inglés para referirse a Estado Islámico de Irak y el Levante]. Pero el gobierno de Estados Unidos no ofreció pruebas que vincularan a Rusia en la pista del financiamiento terrorista.

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Las acusaciones, por supuesto, van mucho más allá de quién compra petróleo a quién. La semana pasada Turquía derribó un caza ruso que había cruzado su espacio aéreo. Ese jet era parte de una fuerza rusa enviada a Siria a finales de septiembre para ayudar al líder del régimen sirio, Bashar al-Assad. Turquía da apoyo a muchos de los grupos rebeldes empeñados en el derrocamiento de Assad.

La obsesión por el petróleo, sin embargo, pasa por alto algunos hechos básicos sobre la oferta de combustibles fósiles de Estado Islámico, y en cómo estos factores afectan a la financiación global del grupo.

Los activos de petróleo del grupo son increíblemente pequeños bajo normas internacionales. Estado Islámico tiene el control de algunas plantas modestamente productivas en la provincia de Deir Ezzor, que, según David Butter, experto en energía de Oriente Medio del think tank Chatham House, alcanzaron su punto máximo en la década de 1990.

Estado Islámico no tiene ni la capacidad de refinación, ni los conocimientos técnicos, ni el capital para conseguir que sus modestas plantas realicen una producción completa. De hecho, estas plantas están operando, como máximo, a la mitad de su capacidad, afirma Butter. Luego, ese petróleo se vende en la propia boca del pozo, por un precio muy bajo. "No me sorprendería si venden a 5 o 10 dólares el barril", expresó Butter en octubre. Actualmente, en el mercado internacional, el petróleo tiene un coste aproximado de entre 40 y 50 dólares el barril.

Las estimaciones más optimistas de los ingresos del petróleo de Estado Islámico son de alrededor de 500 millones de dólares al año, cerca de un 0,25 por ciento de los ingresos anuales de Chevron.

Desde que EEUU y Francia recrudecieron los bombardeos sobre los activos de petróleo de Estado Islámico  tras los ataques de París del mes pasado, las plantas alrededor de Deir Ezzor están produciendo cada vez menos crudo. Al mismo tiempo, Estado Islámico está teniendo que gastar más dinero para mantener los pozos en funcionamiento. El New York Times informó el martes que Estado Islámico está aumentando los sueldos a los ingenieros petroleros, ya que muchos de los técnicos cualificados huyen de su territorio.

Estado Islámico obtiene la mayor parte de su dinero en efectivo al apoderarse de los bienes de la población civil bajo su control, una práctica de la que Rusia y Turquía no participan.

A todo esto ¿hay algo de cierto en las acusaciones cruzadas de Rusia y Turquía sobre la compra de petróleo a Estado islámico? Aymenn al-Tamimi, un compañero del Foro Oriente Medio Reino Unido que ha estudiado el único documento presupuestario filtrado de Estado Islámico, está convencido de que la obsesión por los ingresos del petróleo es infundada. Los comerciantes que compran este petróleo al lado de los pozos, explica, no son miembros de Estado Islámico, sino contrabandistas que venden pequeñas cantidades de petróleo y mantienen viva la economía local. "Creo que la suposición de que todos los aspectos de la industria del petróleo están vinculados a Estado Islámico es equivocada", sentencia.

Según Al-Tamimi, el número de 500 millones de dólares es enormemente exagerado porque se basa en un precio del barril de petróleo de alrededor de 20 dólares. "Se han visto recibos con precios más bajos que eso", comenta.

Pero esto no quiere decir que tanto Turquía como Rusia no tengan cierta responsabilidad en el éxito de Estado Islámico.

Rusia ha pasado las últimas seis semanas bombardeando a muchos de los enemigos más potentes de Estado Islámico, incluyendo a la filial de Al-Qaeda en siria, el Frente al-Nusra y a las fuerzas del Ejército Libre de Siria respaldadas por Estados Unidos. Por su parte, Turquía está llevando a cabo una campaña de bombardeos contra los kurdos, cuyas fuerzas de lucha son las únicas que han demostrado ser capaces de batir a Estado Islámico sobre el terreno.

Desde esa perspectiva, las acusaciones de compra de petróleo terrorista de ambos líderes tienen más probabilidades de ser una táctica de distracción, destinada a desviar la atención de la complicidad de ambos países en la durabilidad del nefasto Estado Islámico.

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