Cómo voluntarios de todo el mundo han transformado la crisis de refugiados en Lesbos

Fuimos a la isla griega de Lesbos para encontrarnos con las hordas de gente de todo el mundo que ha viajado hasta allí para tratar de ayudar después de horrorizarse por lo que estaban viendo en las noticias.

|
dic. 21 2015, 5:20pm

Foto di Nicola Zolin

Síguenos en Facebook para saber qué pasa en el mundo.

El viento barre con fuerza los escarpados arrecifes que se yerguen en el extremo norte de la isla de Lesbos, en Grecia. Un pequeño grupo de voluntarios avistan el horizonte a través de sus prismáticos. Allí, a lo lejos, en mitad del mar, una embarcación inflable da bandazos sobre las encrespadas aguas helénicas. Los voluntarios lucen chaquetas reflectantes en las que puede leerse la leyenda A drop in the ocean [una gota en el océano]. Se trata de una ONG que brotó de una página de Facebook durante el pasado mes de agosto, autofinanciada por sus mismos voluntarios. Estos forman una legión cada vez mayor de colaboradores de procedencia indiscriminada, que monitoriza la llegada de las pateras de migrantes procedentes de Turquía a las aguas de Grecia, les asiste en el desembarco y organiza su ayuda.

Una embarcación de salvamento turca asoma amenazante en el horizonte y se aproxima de manera paulatina a la patera hasta interponerse en los prismáticos de los voluntarios. Momentos después, los guardacostas turcos se alejan y anclan su barco distraídamente en las inmediaciones — es inevitable preguntarse cuán efectiva sería la ayuda de miles de millones de euros que la Unión Europea ha prometido a la administración Erdogan, para combatir la crisis de migrantes —. Pese a todo, levantn los ánimos de los que viajan a bordo.

Algo más allá, costa abajo, Joaquín Alcedo contempla el mar y se prepara para intervenir. Este joven de 33 años es uno de los varios integrantes del pequeño grupo de socorristas profesionales de Badalona que han viajado hasta Lesbos para rescatar a refugiados.

Se llaman Proactiva Open Arms, son de Badalona, trabajan sin cobrar y ya merecen la consideración de héroes en una isla donde han salvado más vida que nadie. De pronto la radio de Joaquín crepita y él atiende concentrado a un mensaje. Acto seguido, se relaja.

"Todos los pasajeros están a salvo. Ahora mismo Greenpeace les está remolcando", dice. El motor funciona, hace buen tiempo, no se insinúa una sola gota de lluvia. Todo va bien".

Uno de los miembros de la ONG A drop in the ocean supervisa los desembarcos. Imagen por Nicola Zolin.

El día que Calais se sublevó contra la ultraderecha y su política anti inmigratoria. Leer más aquí.

El bote inflable es remolcado suavemente hasta la playa de Skala Sikaminias, donde los embarrados pasajeros son recibidos por una delegación de anarquistas griegos que les reciben entre sonrisas al son de Khosh Amadid (bienvenido en persa). La mayoría de ellos son afganos. En los próximos minutos serán alimentados, vestidos y se les ofrecerá un té bien caliente. Son muchos los ciudadanos griegos que se han volcado en ayudar a los migrantes en el parque ateniense de Pedion Tou Areos, uno de los emblemas más tristes de esta historia. Allí, decenas de refugiados y de vagabundos pasaron los meses de verano protegidos bajo las sombras de sus árboles, antes de continuar, tras desmantelar sus campamentos en las islas.

Lesbos es una isla del mar Egeo que una vez fue conocida en su día por ser la cuna del Ouzo, el amargo aguardiente griego. Y, mucho antes que eso, fue la isla que vio nacer a la legendaria pionera de la poesía helena Safo, una mujer que proclamó a los cuatro vientos su amor por las mujeres en memorables versos alejandrinos. Claro que la leyenda de Lesbos escribió una nueva página en 2015, cuando la isla se convirtió en el escenario principal de una historia mucho más devastadora: la del masivo desembarco de refugiados y de migrantes llegados, sobre todo, de Siria, Irak y Afganistán.

'La historia del refugiado es eterna'

Se estima que en lo que va de año ya son más de 460.000 los que han pasado por la isla. Casi siempre se les ve enfundados en chalecos salvavidas fluorescentes, y se han convertido en los iconos del éxodo de los refugiados que llegan a Europa. Su memoria ya está grabada a fuego en el recuerdo de los cerca de 90.000 habitantes de la isla. La mayoría de los habitantes de Lesbos, de hecho, son descendientes de los refugiados turcos que abandonaron sus hogares durante los años 20, tras el genocidio de los griegos pónticos.

La crisis humanitaria que azota a Lesbos a día de hoy ya se ha quedado a años luz de la que golpeó a la isla griega durante el verano, cuando aquellos que desembarcaban en sus orillas eran recibidos por un puñado de voluntarios locales y por los relajados turistas. Muchos de ellos colaboraron entonces en las tareas de conducir a los repentinos recién llegados rumbo al puerto de Mitilene. Los que no corrían esa suerte, la de ser conducidos, se enfrentaban a una caminata de más de 70 kilómetros a través de las montañas. Unos meses después de que la crisis haya despertado la atención de la opinión pública, existe una abigarrada profusión de socorristas, desde organizaciones locales sin ánimo de lucro, a ONG's internacionales. Unos y otros recorren la isla de arriba abajo, llegados de todo el mundo.

Hablamos con los migrantes afganos que se preparan para el duro invierno en las calles de París. Leer más aquí.

Para los isleños no siempre ha sido fácil lidiar con la repentina invasión forastera. Un informático nos cuenta ya tarde, en un bar de Mitilene llamado Tasos, las reservas que le despertaron inicialmente los recién llegados.

"En verano me convencí de que habíamos perdido la ciudad. Era como si ya no fuera posible regresar. O estar. Había migrantes por todas partes. Sin embargo, más tarde les vi llegar en barcas y escuché la historia de su sufrimiento. Entonces me puse a ayudarles. Conduje hasta allí y les llevé agua y comida. Mis ancestros son de Ayvalik, en Turquía — la historia de los refugiados es eterna".

Nuevos desembarcos en Lesbos, una isla que ya ha visto llegar a más de 460.000 refugiados. Imagen por Nicola Zolin.

Nadie quiere que se repita lo que sucedió el 28 de octubre, un día cuya memoria dispara la atención de ojos que están a leguas de distancia y provoca que arrecien las conversaciones. En Lesbos se recuerda aquella nefasta jornada como "el día de los Muertos". Entonces, las furibundas tormentas que azotaron el mar Egeo hundieron las desvencijadas embarcaciones pesqueras en que viajaban los refugiados. La gran mayoría de los 200 pasajeros que surcaban sus aguas naufragaron y se hundieron a pocos metros de la costa. Al menos 15 personas, entre las que había 10 niños, murieron en cuestión de 24 horas.

'Los botes en que viajan niños son los que dan más miedo'

Voluntarios, socorristas y periodistas parecen quedarse igualmente traumatizados cuando recuerdan cómo intentaron reanimar a un bebé después de otro. Los pequeños se les morían en las manos. Desde entonces, la morgue y el cementerio de Mitilene han sido desbordados por el número de muertos. De los 3.625 migrantes que han naufragado este año por todo el Mediterráneo, 600 lo han hecho en aguas del Mar Egeo y no lo han contado. Así lo expresa la agencia de Naciones Unidas de ayuda a los refugiados.

Los refugiados de Oriente Medio que desembarcan en Lesbos, especialmente los palestinos, podrían quedarse sorprendidos al ver como distintos individuos que visten camisetas que lucen en la estrella de David, extienden sus manos para ayudarles. Los miembros de la ONG israelí IsraAid llevan ofreciendo su ayuda en las playas de Lesbos desde septiembre. Salil, uno de sus integrantes, habla con VICE News mientras yace solo entre las rocas, poco después de que una flota de embarcaciones haya irrumpido cerca del aeropuerto de Mitilene".

"La mayoría ni se dan cuenta de que somos israelíes", explica. "La mitad de nuestro equipo es palestino, de manera que solo con escuchar a alguien que habla en árabe ya se quedan más tranquilos. Cuando llegó el primer barco yo estaba aterrorizado: me encontré con cuatro pasajeros inconscientes. Los barcos en los que viajan niños son los que más asustan. Aquí estoy a solo hora una de casa, pero parece que sea otro planeta".

Así es cómo un barrio español y sus vecinos musulmanes combaten el terrorismo. Leer más aquí.

El flujo de medios de comunicación y de voluntarios en la isla ha vivido momentos de auténtica tensión. El 4 de diciembre, el fotoperiodista de AFP Aris Messinis fue presuntamente golpeado por un grupo de socorristas voluntarios. Messinis se encontraba documentando la llegada de migrantes con su cámara. A menudo sucede que los voluntarios se ponen demasiado sobreprotectores y se incautan de los objetivos de lo fotógrafos. Entonces estallan las discusiones.

"Todos se vienen aquí porque han visto las fotos", murmulla un fotógrafo.

Yoris, un médico holandés, observa cómo una manada de voluntarios revolotean ante un flamante grupo de recién llegados. "Yo no soy de los que abraza la gente cuando llega aquí", explica. "Soy un profesional y solo pretendo hacer mi trabajo. Hay demasiados voluntarios allí afuera, y es algo que me conmueve. Pero lo que falta es un poco de coordinación".

'Nuestro objetivo es permitir que puedan disfrutar como niños, aunque solo sea durante un rato'

En el campamento de Moria, las condiciones también han mejorado drásticamente. Allí la gente espera a registrarse poco antes de ser transportada rumbo a Atenas, un trayecto que acostumbran a emprender alrededor de 48 horas después de haber desembarcado. A principios de diciembre, centenares de ellos fueron repartidos en escuálidas tiendas de tela cerca de las desembocadura de ríos convertidos en el desagüe de inenarrables cloacas. Allí se quedarían atrapados durante días o semanas. Hoy la escena se parece más a un festival surrealista. Las fogatas motean las colinas, los acordes de Johnny Cash conquistan el aire y varios animadores se esfuerzan por mantener a los niños ocupados.

"Nuestro objetivo es permitirles que puedan ser niños, aunque sea solo durante unas horas. Unas carcajadas bastan para ayudar recuperar la memoria de la risa, algo psicológicamente de lo más recomendable", relata a VICE News Ulduz, una actriz sueco iraní que trabaja para la ONG Payasos sin fronteras. "Los padres se quedan más tranquilos y es como si se acordaran de cómo se jugaba con sus hijos. Yo vi llegar mi primer barco ayer… pero me permito pensarlo porque es algo que no puedo hacer".

Para Noorullah, un refugiado afgano, cruzar el mar no ha sido el momento más dramático de su periplo. A la espera de recibir los documentos para inscribirse, recuerda vivamente los días que caminó sin descanso para salir de Afganistán. Noorullah tuvo que cruzar las montañas de la cordillera del Baluchistán, evitar a contrabandistas, que a menudo secuestran a gente, y también a los soldados de gatillo fácil en la frontera iraní.

'Cierra tus ojos e imagina que estamos bailando'

"Cuando llegamos, una señoras nos dieron agua, algunos periodistas británicos nos dieron la 'bienvenida' a Grecia y la Comisión de Derechos Humanos nos transportó en autobús", cuenta. "Esa fue la parte más feliz".

Algunos bromean sobre sus traumáticas travesías. Al otro lado del campo de Moria, hay un grupo de periodistas kurdo iraquíes exiliados apiñados bajo los focos y la valla de alambre y púas ubicada junto al registro. Aral Kakl, un productor en Sky News árabe, y su nueva esposa Shevin, tuvieron que huir de Irak después de las amenazas de muerte dirigidas hacia la familia.

"Ella era una refugiada siria en Irak. Nos conocimos, y ahora ambos somos refugiados. ¡Esto es como la luna de miel!," dice Kakl. "Nuestra luna de miel comenzó en el "barco de la muerte, donde creíamos que nuestro viaje iba a acabar en el agua. Sólo abracé a mi esposa, que estaba llorando durante la travesía. Le dije: 'Cierra los ojos e imagina que estamos bailando'".

"Es muy difícil creer que esto esté pasando. Cuando le digo a mis amigos y familiares lo que estoy haciendo, se sienten como si me los estuviera inventando. Encontramos un cuerpo un día simplemente tumbados en la playa vistiendo un chaleco salvavidas ... ¿cuándo sucede eso en la vida de una persona normal? No había otra opción para esa persona que no fuese subir a un barco de mierda con otras setenta personas. ¿Por qué no hay un paso seguro para estas personas?"

Sigue a VICE News En Español en Twitter: @VICENewsEs

Más VICE
Canales de VICE