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Cultura

Platicamos sobre la muerte con algunos estudiantes de medicina

Después de esto, siento que debería donar mi cuerpo a la ciencia cuando muerta, aunque sé que seguro van a meter una pluma en mis tripas cubiertas de formol, nomás por diversión.

por Ovidiu Tiță
20 Agosto 2015, 3:00pm

Ilustración por Mircea Pop.

Hace poco me puse a pensar sobre la muerte y el proceso de morir. No es un pensamiento muy feliz, lo sé; a nadie le gusta pensar en su fin. La sociedad puso a los moribundos en cuarentena, los encierra en hospitales, hospicios y convirtió a la muerte en algo casi obsceno. Todos sabemos que está allá afuera, asechando desde el horizonte. Mejor cambiemos de tema, ¿les parece? Se me hiela la sangre.

Platiqué sobre esto con algunos estudiantes de medicina porque quería saber cómo se sienten al tener que lidiar con la muerte todos los días. La costumbre de hablar sobre la muerte y la habilidad de encontrar algo de humor en lo macabro que tienen los estudiantes de medicina hicieron que se creara toda una mitología profesional.

Supongo que es un rito de iniciación donde aprenden que el cuerpo humano es una maquina de una complejidad infinita que se va a descomponer con el tiempo. Honestamente, después de esto, siento que debería donar mi cuerpo a la ciencia cuando muerta, aunque sé que seguro van a meter una pluma en mis tripas cubiertas de formol, nomás por diversión.

Holanda y los cadáveres sonrientes

"Pocas veces recibimos cuerpos nuevos. Los cadáveres con los que trabajamos se quedan en el sol por mucho tiempo. En menos de un año se vuelven momias. Cuando estaba en Holanda, los guardaban en una habitación fría, húmeda y sin ventanas. Tuve que esperar mucho para ver el cadáver de cerca y analizarlo.

Quería hacer un doctorado en medicina forense. Me gustan los cadáveres porque no hablan, a diferencia de las personas vivas. Si no supera que el cadáver que tengo frente a mí estuvo vivo en algún momento, nunca me lo habría imaginado.

He trabajado con cuerpos muertos que estaban tan viejos que me quedaba así de "¿Qué no se supone que tenía que ver una arteria? Esto lleva años sin arterias". Una vez me encargaron a mí y a uno de mis amigos que cortáramos cráneos. Así que tomé una sierra de arco de mi casa y procedí a cortar cráneos para que me perdonaran las faltas. Corté tres cráneos y el laboratorio quedo oliendo a papas fritas.

Cuando estábamos en el laboratorio de anatomía, un colega me retó a hacer que un cadáver sonriera, entonces lo moví las mejillas e hice que sonriera. Mientas tanto, mi colega tomó el cadáver de la mano e imitó una chaqueta. Al parecer fue muy gracioso porque hasta el maestro se estaba riendo". —Cristian, estudiante de tercer año.

Morir de cáncer y una amoladora angular

"Una vez, cuando iba en segundo año, querían que abriera un cráneo con una amoladora angular. Los dos asistentes del maestro estaban teniendo dificultades para quitar el cerebro. Y como creyeron que yo era más fuerte, me pidieron ayuda. Después de media hora de cortar con la amoladora y de golpear con el cincel, por fin lo logramos. Créanme, es horrible escuchar cómo se abre el cráneo de un hombre en tus manos y que aparte le salga formol.

En nuestra sociedad urbana contemporánea, la muerte se considera una tragedia en vez de algo totalmente natural. Muchas veces, la medicina moderna no puede dar respuestas directas. Es feo ver cómo a alguien le da un infarto frente a ti. O ver como un hombre de 30 años de edad, casado y esperando a un hijo, recibe la noticia de que tiene cáncer".—George, estudiante de cuarto año.

Santa y la pluma dentro del cuerpo

"En la época de Navidad, a los estudiantes les dieron ganas de ponerle el sobrero de Santa Claus a uno de los cadáveres para que no le diera frío. Una vez me tocó un espécimen exquisito con rasgos fenotípicos que me hicieron pensar que había nacido en otra tierra y que terminó en mi mesa de disección por un desafortunado accidente. Después pensé que probablemente su familia estaba a miles de kilómetros de distancia y que tal vez no lo pudieron repatriar. De pronto se me ocurrió un guión para una película hollywoodense. Pero es inútil. Los especímenes son anónimos por definición.

El primer examen es el más difícil. Se supone que tienes que identificar correctamente los elementos anatómicos marcados con etiquetas numeradas en los cadáveres. Es una carrera contra el tiempo y solo te dan dos minutos. Si no lo logras, te atrasas un año, tu vida se acaba, buscas ayuda en la religión y pides trabajo en Walmart. Mucha presión, ¿no?

Como hay mucha nieve en esa temporada, los autobuses se atoraron y llegué tarde. Me puse la bata mientras corría, saqué los fórceps de mi bolsillo y entré a hurtadillas al salón. Logré que me hicieran el examen pero justo cuando iba a empezar me di cuenta de que no tenía guantes. Tenía que escoger entre hacer el examen y tocar el cadáver con mis manos desnudas o rendirme. Aún recuerdo esa textura que nunca antes había sentido. Y nunca lo volveré a hacer.

La gente acostumbra tomarse fotos en la escuela o en su trabajo. ¿Por qué no habrían de hacerlo en la escuela de medicina? Supongo que el razonamiento detrás de una selfie con un cadáver no es más complejo que un limpiador de ventanas que se toma una foto limpiando ventanas. O la de un lava autos que se toma una selfie con el Ferrari de un cliente. Sin embargo, la diferencia es que el segundo podría tener problemas si publica la foto. Según las normas actuales, no está permitido.

Las bromas de laboratorio tienden a ser macabras o siniestras. No es lugar para ser políticamente correcto. Pero nunca he conocido a una persona a la que no le guste reír. ¿Conocen ese juego donde esconden algo, digamos, una pluma, y dirigen al que lo busca diciendo 'Marco / Polo' hasta que lo encuentra? Bueno pues una vez escondí la pluma de un amigo en un cadáver".—Bogdan, estudiante de sexto año.

El pito y los pájaros

"Escuché una leyenda urbana de que en el sótano de la universidad hay una alberca con formol donde guardan los cuerpos. Dicen que están encadenados a la orilla de la alberca y que los jalan cuando los necesitan. De hecho, muchos cuerpos tienen marcas de una cuerda. Su color es más oscuro comparado con el cuerpo de los vivos, son más pequeños y parecen pasas. Cuando terminamos de trabajar con ellos, les rociamos agua, sal y los cubrimos con una tela. Después los volvemos a meter a su bolsa y subimos el cierre.

La primera vez que vi un cadáver, tuve que darme vuelta y su cara se descubrió. En ese momento recordé que alguna vez fue una persona. Una vez me encontré un brazalete en la mano de un cadáver. Tenía grabado el nombre de "Ana". También me tocó un hombre con una pierna amputada, y una mujer con un cáncer de mama tan feo que se había extendido a la piel.

Los cadáveres son esenciales para la medicina. No creo que se puedan reemplazar con hologramas o maniquís. Aprendes con los libros de texto y haces consultas en el atlas pero los cadáveres son los que te muestran las cosas como son en realidad. La mesa de disección tiene una zanja en el borde que está llena de líquido amarillento de tejido graso y formol, y a veces la bata se mancha con ese líquido. Supe que unos colegas derramaron una cantidad considerable de tejido graso en el piso durante una disección y uno tuvo que recogerla con las manos, obvio, con los guantes puestos. Cuando eso pasa, lloras más que cuando cortas cebollas.

Una de las maestras nos contó que una vez, hace unos años, desapareció el pene de un cadáver. Al parecer alguien lo cortó y se lo robó. Las bromas de necrofilia son comunes, sobre todo entre machos alfa, como: "Si tienes hambre de sexo, tenemos muchos pájaros bien formados en el laboratorio".

A veces tenemos "sesiones de anatomía básica" entre compañeros donde alguno de nosotros se desviste para ver proyecciones superficiales. Como con cualquier grupo, algunos son más tímidos que otros. En mi primer mes de universidad, justo en la mesa de al lado, había una chica que trataba de tomarse una foto donde saliera su sonrisa y el cadáver en una bolsa negra. A veces es imposible no ver el parecido entre un cadáver y un pollo o una lata de atún. Muchos estudiantes les encuentran parecido con ciertos platillos. A fin de cuentas, es carne". —Ciprian, estudiante de primer año.


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"Steaky" y el cadáver decapitado

"Fellow fue mi primer cadáver. Tiene un parche con su nombre su número de seguro social escrito a mano y clavado en la frente. Después llegó Puffy, Mirabella y Jimmy. Cuando pasé a segundo año, llevaron a Straky. Straky tenía una pierna amputada. Gangrena diabética. Los recuerdo a todos. Estudié anatomía básica por dos años con ellos.

Mi primera disección fue una axila. No entendía nada. Sentía que era una fracaso. Quité un poco de grasa y me puse a espiar a los que parecían saber qué hacer. Nunca voy a olvidar cómo se ve la cara de un hombre cuando no tiene nada a partir de la ceja. En mi primer año, mientras paseaba por los salones de anatomía, escuché que habían traído a un cadáver decapitado o algo así. Y resultó ser cierto. Fue una imagen muy perturbadora". —Irina, estudiante de tercer año.

Disequé el rostro de una mujer y creí verla en el metro

"Tomé una sección de piel usando un par de fórceps y la corté con un escalpelo. La piel era más elástica de lo que creía. Después jalé los fórceps de la misma forma que le arrancarías la piel a un animal. Llegué al tejido graso, era color café. Seguí haciendo lo mismo una y otra vez por unos minutos hasta que no pude más porque mis ojos estaban llenos de lágrimas por el formol. Es un olor inconfundible. Es imposible acostumbrarse a él.

Disequé el rostro de una mujer y creí verla en el metro. Más o menos una semana después, en camino a la universidad, creí que la mujer en el asiento de enfrente era la misma a la que le había disecado el rostro. Eran muy parecidas. Me le quedé viendo un rato. No tenía miedo ni nada por el estilo. Esas cosas no me asustan. Sé que es imposible pero sí me sacó de onda. Me hizo pensar en el proceso de la muerte, en cómo el cuerpo de degrada y se descompone". —Paula, estudiante de tercer año.