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Me persigue la policía en navidad

En diciembre los policías salen a delinquir. Saben que la raza trae dinero y buscan cualquier excusa para extorsionarte o para entambarte con el objeto de que pagues una multa y le caiga algo a las arcas.

por Carlos Velázquez
01 Enero 2016, 4:00pm

Caminando por las calles de mi barrio, la poli me refrendo que la ciudad es un calvario. Viejo, ebrio y perdido salí el 27 de diciembre a comprar carne para asar. Si en el imaginario colectivo la culpa de todo la tiene Yoko Ono, en el norti la culpa de todo la tiene la carne. De nuestro incultura, de la gota, y de que yo cayera al bote.

Pinche karma, siempre me trampa la ley en navideth. La primera fue a los 19 años. Un domingo iba a patín a la casa de mi compa el Suizo. Me detuvieron por "actitud sospechosa". Como siempre he tenido problemas con las figuras de autoridad y además estaba pedo, les solté un inocente "putos voy andando". Me arrestaron. Por insultos a la autoridad. Pero al presentarme el cargo fue graffitero. Me sembraron un marcador negro Berol. Como prueba de mi falta. No voy a emprender un exhaustivo recuento de las ocasiones en que he caído a cana en diciembre. Pero desde esa ocasión fatídica (para usar un adjetivo de comentarista de futbol) todos los diciembres despido una feromona que seduce a los pitufos. Y siempre que me echan el guate me repito lo mismo con actitud zen: otra navidad en la trinchera.

A cuatro días de que concluyera 2015 una patrulla se detuvo junto a mí y a mi acompañante en la calle. Mi comportamiento les pareció estrafalario. ¿Todo bien? incordiaron. Sólo estoy gesticulando. Al parecer la palabra les pareció un insulto o una ofensa, porque ambos polis descendieron de la unidad. El chofer se me aproximó. Apestaba a alcohol. ¿Estás borracho? preguntó. Es diciembre, le respondí. Qué esperaba, que viniera de correr. Me tomaron por un payaso. Te vamos a remitir, me amenazó. Y yo en mi papel de comediante contesté con cortesía, ¿ah sí? No hay necesidad. Me subo solo. Consciente de que no había hecho nada. Pero sin recordar que en diciembre los policías salen a delinquir. Sí, saben que la raza trae dinero. Y buscan cualquier excusa para extorsionarte o para entambarte con el objeto de que pagues una multa y le caiga algo a las arcas. No acabé mi performance cuando me sometieron y me esposaron. Qué ricas esposas, apriétamelas más, le dije al patrullero. A quien lea esta columna le doy un consejo. Nunca repitan esa frase. Antes de que me treparan a la patrulla le pedí a mi acompañante que anotara el número de unidad, la 138.

En el mes de junio la policía de Torreón encabezaba la lista de dependencias con más denuncias ante la CNDH. En internet abundan historias espeluznantes de gente que ha sufrido de abuso policial. En 2015 el alcalde Miguel Riquelme dijo en una entrevista que fortalecería Asuntos Internos para disminuir el número de quejas. La policía de Torreón ha sido protagonista de las últimas administraciones. Durante su mandato, en medio de una de las crisis de seguridad más agudas de Torreón (la ciudad más violenta del sexenio), Eduardo Olmos limpió la organización debido a que el 99.9 por ciento de los elementos no pasó el control de calidad. El 30 de diciembre de 2015 amaneció con la noticia de que cuatro tránsitos habían sido dados de baja en el año y tres más se encontraban bajo el proceso de investigación. Y el mismo día se dio a conocer que hubo un intercambio de cariño entre malandros y policía. Hechos que contradicen las repetitivas declaraciones del gobernador Rubén Moreira de que Torreón es una ciudad segura.

Antes de encerrarme en los separos me llevaron a la DSPM. A que me revisara el médico. Durante el trayecto me percaté del modus operandi de la pareja de la unidad 138. Y de cómo se la aplican a los ciudadanos. Pasamos junto a un par de personas. Un chavo y una chava y redujeron la velocidad a vuelta de rueda. El copiloto iba comiéndose unas papitas con salsa y el interior del coche apestaba horrible. Qué te parece la patrulla, escrutaron. Es nueva, presumieron soltando risitas. En el camino vimos a la distancia un camión de la empresa del Grupo Modelo descargando cerveza en un expendio. Y se detuvieron a "indagar". Pero no consiguieron realizar ningún movimiento. Todo el camino yo venía payaseando con las esposas. Hacía gemidos de supuesto placer. Mi manera de tomarme las cosas no les causó gracia. Así que me dijeron, ya viene el comandante. Se estacionaron y su superior les dijo que me soltaran. No había hecho nada. Pero lo desobedecieron y me llevaron con la médico. Que me arrestaran arbitrariamente era una cosa, pero que no acataran órdenes es otra. Y eso da cuenta exacta del mayor problema de las policías del país. No se sabe para quién trabajan. ¿Para sus superiores, para la organización, para el Estado?

Para cuando llegué al DSMP ya tenía un apodo: El personaje. Todo porque no me sometí. ¿Este es El personaje? Preguntó el tira de otra unidad. La médico me preguntó si me habían golpeado. No, respondí. Pero una esposada gratuita cuenta como agresión. Al día siguiente se me hincharon las manos y me salieron moretones, además de los cortes que produce el metal. Salimos de ahí después de marcar nivel 5 en el medidor de alcohol. El máximo nivel que registra. Ser un borracho es un delito. Me tumbaron 200 pesos. Y pensé que me soltarían. Pero no. Fue sólo una extorción. Con cinismo me aseguraron que me pondrían la mínima. Para que me saliera bara. En lugar de los 2,000 que pretendían hacerme pagar. ¿O sea que después de que me esposaron sin motivo y me bajaron 200 pesos todavía me estaban haciendo un favor?

Al ingresar a los separos me quitaron las cintas de mis tenis y el cinturón. Me extrañó que no me pidieran ni el celular ni la cartera. Se supone que uno tiene derecho a una llamada. No a estar whatsappeando desde prisión (tomé una fotografía). Pero mientras me conducían por el pasillo entendí que no me habían quitado mis pertenencias para que adentro me las bajaran y me tuviera que agarrar a madrazos para conservarlas. Pero apenas entré me sentí como en casa. Todos los presos eran catarrines. Por qué te trajeron, fue el conscenso general. Por borracho, respondí y me gané la simpatía de todos. Y no tuve necesidad de rifarme un tiro con nadie. Que es lo de menos, uno. Porque allá adentro de madrean en montón. Una hora después estuve fuera. Pagué 300 pesos de multa y fui escupido al mundo.

Pero en mi libertad no conseguí quitarme de la cabeza a la palomilla de la ergástula. Puro don que seguro no tiene a la mano esos 300 para salir. Y se me partió el corazón. Por qué el estado trata así al hombre que bebe. Esa especie que todas las navidades las tiene que pasar en la trinchera.

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