Distrito Feral

Distrito Feral: La infame Chinche besucona y el mal de la muerte silenciosa

"Se mete en tu cama, te muerde y te caga, luego te rascas y te contagias".

por Andrés Cota
22 Junio 2015, 3:00pm

"Se mete en tu cama, te muerde y te caga, luego te rascas y te contagias". Así rezaba el graffiti que me topé deambulando por San Pedro Pochutla, un desquiciado paraje urbano enclavado entre la sierra y la costa oaxaqueña. Asfalto chicloso por el calor, trafico agobiante, comercio revuelto, un par de retenes militares bien ojetes y algunos tugurios de mala muerte que harían parecer a los de Tijuana como un mero entretenimiento para niños. En suma, todos los atributos necesarios para constituir exactamente lo opuesto al paraíso terrenal que uno tiene en mente cuando viaja a estas latitudes zapotecas. ¿Motivo de su visita? Escala obligatoria hacia la playa: cambio de trasporte, del autobús nocturno a la suburban colectiva. O quizás la razón sea de tipo monetaria, pues Pochutla es el poblado más próximo a Zipolite, San Agustinillo y Mazunte que cuenta con cajeros automáticos funcionales. Y también está la posibilidad, como era mi caso, de que la finalidad de pisar tan hosco territorio se deba al mercado de los lunes, donde se vende el mejor chicharrón de todo el hemisferio norte del planeta. En fin, no es tan importante, el punto es que al doblar una esquina me encontré de súbito con ese muro sudoroso. La roca áspera adornada por aquella leyenda incómoda.

Volví a leer los caracteres del rótulo pintados con color rojo de manera que asemejaban sangre y me llené de desconcierto, no estaba del todo seguro de a que se referían las frases angustiantes que formulaban aquellas palabras: "Se mete en tu cama, te muerde y te caga, luego te rascas y te contagias". Sonaba a la peor de las enfermedades venéreas. Sin embargo, tal hipótesis parecía más propia de la escena sado berlinesa que del México profundo. Fue entonces que atiné a identificar el dibujo de fondo. Al principio su contorno me pareció incomprensible, la pintura desgastada tampoco ayudaba en mucho al proceso. No obstante, tras recorrer varias veces la silueta con la mirada, poco a poco la anatomía plasmada comenzó a cobrar sentido. Hasta que no quedó lugar a dudas, se trataba de un insecto. Una especie de cucaracha grande y plana que hundía malignamente su probóscide dentro de un brazo humano. Sentí un escalofrío, había que reconocer que el artista tenía destreza: el dibujo producía asco.


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Me alejé perturbado por la grotesca imagen. Tenía la extraña sensación de que no era la primera vez que la veía. ¿Dónde había escuchado antes algo similar? Te muerde y te caga. Rumié mentalmente un poco al respecto, pero pronto el sol inclemente me hizo olvidar todo menos el deseo imperioso de un agua de guanábana.

No fue hasta unos días después que el asunto recobró importancia. En la ventana de una clínica de Puerto Ángel descubrí un cartel desgastado de la secretaría de salud y de golpe todas las piezas del rompecabezas encontraron su lugar. La superficie lustrosa mostraba tres fotografías de insectos similares al retratado en el graffiti que hubiera visto en Pochutla, acompañadas por la frase: "Zona de Chagas, extreme sus precauciones". En ese momento caí en cuenta de que me había equivocado en mi lectura del dibujo sobre la pared, no se trataba de una cucaracha, sino de la temible e infame Chinche besucona. Hurgué un poco en mi memoria y pronto los recuerdos de la carrera de biología comenzaron a aflorar. Claro que había escuchado la historia con anterioridad. El dejá vu dejó de ser un misterio para dar paso a la certidumbre, aquella pieza de arte callejero hacía alusión a la enfermedad infecciosa tropical conocida como "Mal de Chagas, la muerte silenciosa".

En palabras de la doctora Teresa Uribarren Berrueta, del Departamento de Microbiología y Parasitología de la Facultad de Medicina, UNAM: "La enfermedad de Chagas o trypanosomosis americana es una infección sistémica causada por el protozoo Trypanosoma cruzi. Es una zoonosis en la que participan un gran número de reservorios vertebrados y transmisores triatómicos (chinches). Su importancia radica en su elevada prevalencia, su incurabilidad, las grandes pérdidas económicas por incapacidad laboral, y la muerte repentina de personas aparentemente sanas. Se contempla dentro de la lista de las principales 'enfermedades desatendidas' por la organización mundial de la salud (OMS)".

No son declaraciones para ser tomadas a la ligera: según la OMS actualmente existen entre 8 y 10 millones de personas contagiadas, principalmente en México y América Latina, donde la enfermedad de Chagas es endémica, con un riesgo latente de que 25 millones de incautos más sean infectados próximamente, a razón de 56 mil nuevos casos anuales y 12 mil muertes sorpresivas por año. Asimismo cada vez son más frecuentes los casos en países donde antes no se encontraba el mal, incluyendo Estados Unidos, Canadá, Australia y varias naciones europeas, con un brote considerable en España.

El parásito

Al igual que tantos otros males que aquejan a la humanidad, el Chagas es ocasionado por un parásito. Para ser más exactos por Trypanosoma cruzi, un diminuto protozoario flajelado que utiliza la sangre y los tejidos humanos, así como de otros mamíferos, como reservorio para multiplicarse y se vale de insectos hematófagos para propagarse. El nombre de este género de parásitos proviene del griego: τρύπανον, trýpanon, que significa taladro, y σῶμα, soma, que significa cuerpo; pues en su gran mayoría los miembros de este grupo taxonómico penetran dentro de la anatomía ajena a través del piquete de distintos tipos de artrópodos. Su ciclo de vida es sumamente complejo, involucra varios estadios distintos dentro de cada uno de los hospederos a los que invade. Otra enfermedad mundialmente famosa causada por un tripanosoma es el "mal del sueño", ocasionado por Trypanosoma brucei, principalmente en África.

Los vectores

Como quizás ya sea un tanto obvio para estas alturas del partido, el principal vector de trasmisión del Chagas es la Chinche besucona, conocida también como Vinchuca en el cono sur, Pito en Colombia, Chipo en Venezuela y Bareiros en Brasil. En realidad todos nombres genéricos para referirse a un grupo de insectos triatóminos que se alimentan de sangre. Se estima que existen alrededor de una veintena de especies distintas de este tipo de artrópodos capaces de trasmitir el parásito, siendo las más comunes en México Triatoma barberi, T. pallidipennis y T. dimidiata.

Los organismos de los que estamos hablando, son relativamente grandes cuando alcanzan su estado adulto, o al menos en lo que a chinches refiere, alcanzando unos 3 centímetros de longitud, con cuerpos anchos y aplanados. Cuentan con alas rugosas, seis patas alargadas, cabeza pequeña en relación con el cuerpo y antenas y probóscide prominentes. Sus colores y patrones varían de acuerdo con la especie, pero con frecuencia los ejemplares son negros con detalles naranjas, amarillos o cafés. No iría tan lejos como para afirmar que su aspecto es maligno, pero si uno quisiera forzar el término no resultaría del todo descabellado para el ciudadano promedio. Lo que es seguro es que su semblante invariablemente resulta inquietante.

La Chinche besucona es de hábitos nocturnos; suele refugiarse dentro de grietas y ranuras en áreas rurales durante el día y salir a buscar alimento por la noche. Cuando encuentra una merienda apetitosa, digamos un niño dormido por poner un ejemplo, clava su probóscide afilada a través de la piel y alcanza el dulce elixir que constituye su alimento. Siempre pican en áreas expuestas de la piel, por lo que no es extraño que el avance depredador suceda sobre el rostro del desgraciado. Sin embrago, a pesar de lo que podría parecer, el parásito no se transmite por medio de la picadura sino en las heces fecales del insecto. Sucede que el Trypanosoma cruzi se alberga en el tracto digestivo de su hospedero artrópodo y para ser capaz de invadir el torrente sanguíneo del siguiente organismo en su esquema existencial parasitario es menester que la chinche defeque sobre la piel del afectado. Claro que los estómagos de los triatóminos son pequeños y una vez saciado su apetito regularmente se ven en la necesidad de ir al baño. Siendo que los modales de los insectos no dictan nada en contra de comer y cagar en la misma mesa, no es extraño que el desecho que expulsan termine sobre la herida. Aumentando considerablemente la posibilidad de atinar en el blanco debido a la reacción urticante causada por la laceración del tejido, misma que lleva a la incauta víctima a rascarse o frotarse y así introducir de manera ingenua al parásito en su vida.

Cabe señalar que las heces fecales no necesariamente tienen que aterrizar sobre la picadura para que el tripanosoma cumpla con su cometido de invasión, cualquier otra herida abierta funciona para la misiva así como ojos o boca.

Aunque la chinche definitivamente constituye el medio de transmisión más importante, también existen otras maneras de contraer el parásito.

*Por transfusión sanguínea o transplante de órganos infectados.

*De manera congénita, de la madre infectada al hijo durante el embarazo o el parto; la OMS estima que únicamente en Latinoamérica hay unos 2 millones de mujeres en edad fértil susceptibles de pasar el parásito al feto.

*De manera oral. Por la ingesta de materiales contaminados con excretas de chinches o secreciones de otros reservorios infectados (armadillo, perro, gato, tlacuache, etcétera).

*Accidentes de laboratorio.

El mal de Chagas recibió su nombre gracias al investigador que la describió por primera vez en 1909: Carlos Justiniano Ribeiro das Chagas (1879-1934), célebre medico brasileño que dedicó gran parte de su trabajo a combatir las enfermedades tropicales y que hoy en día aún aparece plasmado en los billetes de la nación carioca.

Sintomatología

Según la página de la OMS, la enfermedad de Chagas tiene dos fases claramente diferenciadas y una intermedia insidiosa y difícil de detectar.

El mal de la muerte silenciosa inicia con la fase aguda que dura unos dos meses después de contraerse la infección, tiempo durante el cual circulan por el torrente sanguíneo una gran cantidad de parásitos. En la mayoría de los casos no hay síntomas o éstos son leves. Pero puede presentarse fiebre, dolor de cabeza, agrandamiento de ganglios linfáticos, palidez, dolores musculares, dificultad para respirar, hinchazón y dolor abdominal o torácico. En menos del 50 por ciento de las personas picadas por un triatomíneo, un signo inicial característico puede ser una lesión cutánea o una hinchazón amoratada de un párpado llamado Romaña.

Durante la fase crónica, los parásitos permanecen ocultos principalmente en el músculo cardiaco y digestivo. Hasta un 30 por ciento de los pacientes sufren trastornos cardiacos y hasta un 10 por ciento presentan alteraciones digestivas (típicamente, agrandamiento del esófago o del colon), neurológicas o mixtas. Con el paso de los años, la infección puede causar muerte súbita o insuficiencia cardiaca por la destrucción progresiva del músculo cardiaco. Y bueno, también está la posibilidad sumamente sobrecogedora de que la muerte llegue sin previo aviso, sin que se presente ningún síntoma o signo que sugiera la presencia de la enfermedad, pudiendo haber sido contraída diez o quince años antes y nunca percatarse de ello, lo cual torna el asunto en una cuestión bastante turbadora y de ahí el título de muerte silenciosa.

Tratamiento

Como suele suceder con muchas otras patologías, el tratamiento efectivo del Chagas depende de un diagnóstico temprano. La dificultad, como ya se mencionó antes, radica en que en muchos casos no se presentan síntomas, lo que oscurece un posible diagnóstico. En todo caso, siempre son necesarias pruebas de laboratorio para determinar su presencia. En la fase aguda se buscan parásitos en la sangre y en la crónica, anticuerpos.

Existen dos medicamentos capaces de eliminar al parásito con gran éxito si se administran en los primeros meses de la infección: benznidazol y nifurtimox. El problema es que su eficacia decae radicalmente conforme avanza la enfermedad y que son fármacos relativamente tóxicos (con reacciones secundarias adversas en hasta el 40 por ciento de los pacientes) como para utilizarse de manera únicamente preventiva. Además de que ninguno debe de ser administrado a mujeres embarazadas, ni a personas con insuficiencia renal o hepática. Y el nifurtimox también está contraindicado en personas con antecedentes de enfermedades del sistema nervioso, neurológicas o trastornos psiquiátricos.

Debido a que existen una gran cantidad de animales, tanto domésticos como salvajes, que pueden fungir como posibles reservorios del parásito, suena sumamente improbable que algún día el Trypanosoma cruzi pueda ser erradicado por completo. Por lo que quizás la mejor arma para combatir el Chagas sea evitar su transmisión, es decir, mantenerse a salvo de la temida Chinche (dormir con mosquitero en zonas de riesgo), aumentar el control de calidad en la sangre destinada para transfusiones y prestar atención a la higiene de los alimentos.

Dos semanas después de haber presenciado el ya conocido rótulo que terminó desatando mi impulso por escribir este breve reportaje un grito me sacó de mi letargo costeño. Era de noche y me encontraba tumbado en un hamaca de una residencia en Zipolite cuando desde la cocina llegó la voz de alarma de mi primo. "No mames, ya me picó esta chingadera", lo escuché vociferar colérico y a la vez un tanto preocupado. De inmediato en mi cabeza comenzaron a barajarse posibles culpables del ataque. "No te vayas a rascar", me escuché decir estúpidamente mientras dirigía mis pasos hacia el lugar de los hechos. Evidentemente mi cerebro había elegido a una chinche como la probable responsable. Alcancé la habitación agitado. Mi primo estaba rojo como un jitomate y se sujetaba el brazo con dolor. "¿Qué fue?", inquirí con una voz consternada y quebradiza que denotaba que involuntariamente me preparaba para lo peor. "Esa pendeja", contestó mi primo señalando con la barbilla hacia una esquina en el techo. Giré la cabeza para constatar la identidad de la agresora, mis ojos adecuándose ya para identificar el rotundo contorno plano y gordo. Sin embrago, mi mirada no se topó con lo que esperaba y en cambió descubrió un pequeño nido de avispas con la mamá volando enfurecida. Suspiré, le di una palmada a mi primo que comenzaba a aplicar hielo sobre la herida y regresé a mi hamaca para seguir fantaseando con las infames Chinches besuconas.

Encuentra más información sobre el Chagas aquí:

http://www.facmed.unam.mx/deptos/microbiologia/parasitologia/trypanosomosis.html

http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs340/en/

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