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Cultura

El joven artista, Pirro Perras, es arrestado tres veces en un día por policías del DF

Lo que van a leer a continuación se planeó en un inicio como un video-reportaje. Sin embargo, los múltiples sucesos que leerán a continuación, nos obligaron a reducirlo a la siguiente crónica escrita.

por Ashauri López
16 Diciembre 2014, 4:00pm

Lo que van a leer a continuación se planeó en un inicio como un video-reportaje sobre la propuesta vanguardista del creador Pirro Perras. Sin embargo, los múltiples sucesos que leerán a continuación, nos obligaron a reducirlo a la siguiente crónica escrita, que esperamos, les ilustre a la perfección el día tan loco que pasamos al lado de este joven artista, y agitador social.

Foto por Rick Indeo.

Ésta es la historia del mejor día de Pirro Perras, un ícono en los circuitos artísticos underground de la ciudad, que por si fuera poco, es un aficionado a las protestas violentas y a luchar por ideales políticos arriesgados. Pirro tiene un gran enemigo: las fuerzas policiacas, esos representantes del gobierno que, según sus declaraciones, fueron creados por el Estado mexicano para proteger a sus ciudadanos, pero que desafortunadamente han sido deformados por la cultura de corrupción imperante en el país, hasta transformarse en traidores de la patria. Estos personajes, según la joven promesa, son un problema grave en el México de nuestros días. Pirro nos cuenta por qué cree esto, mientras desayunamos en las quesadillas de doña Marta, el mismo día en que suceden sus arrestos:

"Los policías son criminales avalados por el Estado para oprimir al pueblo y hacerlo sentir inferior al poder político, ¿qué mejor manera de provocar poca confianza en nuestra facultad de defendernos, que crear un ejército de policías abusivos, para recordarnos todos los días que no valemos nada?"

Doña Marta mira a Pirro molesta mientras mete nuestras quesadillas en aceite hirviendo. En la entrevista que le realizamos después de este agitado día, la dueña del puesto declara que detesta al artista, que es su peor cliente y no soporta sus discursos grandilocuentes sobre qué es lo que está mal en este país, ya que en sus mismas palabras: "¿Qué va a saber el joven de arreglar el país? Si ni siquiera tiene cuidado en su imagen personal, siempre viene a desayunar todo mugroso". Sobre el tema de los policías abusivos y corruptos, la señora comenta que aunque hay muchos que sí abusan, la mayoría han sido muy amables con ella, ya que sabe cómo "se mueve la cosa" y por lo mismo, invierte en sus respectivas cuotas policiacas para poder desarrollar el negocio sin problema.

El día en que suceden los arrestos, Pirro paga las quesadillas pidiendo descuento, pero Doña Marta le cobra completo. Nos alejamos caminando, y cuando pasamos las dos cuadras, Pirro nos da un discurso sobre su indignación ante las mujeres dedicadas al comercio informal de alimentos que no apoyan el arte: "Es una vergüenza, que esa quesadillera no tenga problema en pagarle a los policías, pero a mí, joven talento, no me apoye. A mí, que lucho por darle voz al pueblo que deformó la televisión abierta y los crímenes brutales en el México del siglo pasado".

Gracias a la indignación que le provoca Doña Marta, Pirro decide arrancar una protesta en contra del poco apoyo al arte juvenil, usando la vía preferida de los noventas y ochentas: la pinta de grafitti. Acompañamos al joven talento a un negocio de pintura Comex, y lo esperamos a que convenciera a uno de los encargados de regalarle algunas latas de pintura, en apoyo al arte callejero. Después de que pasa veinte minutos sin lograr convencerlos, opta por golpear brutalmente a los dos encargados, para después robarse tres latas de pintura del establecimiento. Corremos con él para escondernos de la policía, hasta que nos damos cuenta, de que nadie nos persigue. "Es que sí los dejé bien anestesiados, van a tardar un ratote en denunciarnos" comenta muy alegre Pirro.


Foto por Rick Indeo.

PRIMER ARRESTO

El pizzero justiciero

El lienzo seleccionado por Pirro para la protesta es un vehículo muy especial, ubicado frente a un conocido parque de la Ciudad de México. Se trata de un camión fuera de servicio, que es usado como foro de teatro, sala de exposiciones y salón de talleres por parte de programas culturales en la delegación.

"Su liga directa al gobierno, lo transforma en el mejor candidato, para iniciar esta protesta" Declara Pirro, antes de pedirnos vigilar las calles, para que no lo agarren los policías con las manos en la lata. Manda al sonidista a cubrir el parque, el camarógrafo se queda junto a pirro para grabarlo. Yo me quedo haciendo guardia en la esquina. Pirro comienza a pintar la frase de lucha que eligió para este movimiento: "Pinches quesadilleras mustias".

Cuando el joven artista está por pintar la letra "q" de quesadilleras, un repartidor de la cadena Domino's Pizza, se acerca a Pirro muy molesto, mientras le pregunta "¿qué estás haciendo, güey?" el camarógrafo sigue grabando sin perder detalle. El repartidor grita "¿Qué haces maldito criminal?" e intenta agarrar a Pirro, pero nuestro talento juvenil nacional, se le escurre de las manos y sale corriendo, el repartidor de pizza no se da por vencido y va tras él. Yo me voy corriendo detrás de ellos.

Alcanzo a Pirro un par de cuadras después, mientras trota por en medio del tráfico en un eje vial, le pregunto jadeando ¿qué pasó con el repartidor? y me contesta que hace unos segundos que no lo escucha, entonces un grito de "Puedes correr, pero no esconderte" lleno de odio, nos hace voltear hacia nuestras espaldas, donde descubrimos al repartidor montado en su moto de Domino's Pizza, sin casco y con los ojos enfurecidos. Aceleramos el paso para evitar ser atropellados. De pronto, Pirro se desvía sin avisar del carril en el que vamos, lo sigo entre los coches, hasta la entrada de una sucursal de la cadena de tiendas El Palacio de Hierro. Adentro el aire acondicionado nos refresca un poco, y seguimos corriendo a toda velocidad, chocamos con ropa y tiramos una pirámide de chocolates. Bajamos un par de pisos por las escaleras eléctricas, hasta llegar a los baños del sótano, donde nos escondemos del repartidor.

Pasamos alrededor de diez minutos parados arriba de un retrete, cuando de pronto, escuchamos que alguien abre la puerta del baño, sus pasos recorren los cubículos hasta el escusado donde nos escondemos, no hay duda, el pizzero nos ha atrapado. Pirro, en un intento de suavizar nuestro castigo, le argumenta a través de la puerta que: "somos estudiantes, no criminales". El repartidor responde abriendo con tal fuerza, que el seguro sale volando. Aparece frente a nosotros sonriente, y se sube la polo azul de su uniforme para mostrarnos una playera del equipo de fútbol, Pumas, perteneciente a la Universidad Autónoma de México, grita la porra característica del equipo (Goya, goya, cachún cachún ra, ra, goya, Universidad) y cuando termina nos dice: "Yo también soy estudiante, y estoy muy molesto con los estudiantes que realizan crímenes pensando que son protestas, porque hacen que la sociedad, nos vea a todos como unos criminales".

Pirro no se espera a razonar con él y lo golpea, el repartidor responde, ambos personajes tienen una pelea muy fuerte frente a los lavabos, donde Pirro termina sometido en el suelo, y con las manos amarradas por las agujetas de sus propios tenis. Antes de que pase otra cosa, le comento al empleado de Domino's, que soy de prensa, y estoy reportando el suceso, por lo que no es necesario que me pegue. Me llevo dos golpes por "joto", según me explica el repartidor de Pizza, antes de dármelos.

Subimos las escaleras de la tienda, rodeados de dependientes reclamándonos el desastre que causamos. Al salir, nos encontramos con dos patrullas: una viene por nosotros y la otra, por el repartidor, que dejó su moto azul en la entrada del estacionamiento. El pizzero de Domino's forcejea contra los policías, les explicar que se encontraba realizando un arresto ciudadano. A nosotros nos suben a una patrulla vial.

Dos policías viales abordan la patrulla. Pirro está tranquilo, y escucha atentamente lo que dicen. Los oficiales tienen una conversación sobre el hijo de uno, que acaba de ganar un torneo de Tae Kwon Do. Pirro voltea a verme en ese momento y me guiña el ojo, después dice "qué coincidencia, jefe, yo también estudio Tae kwon do", el policía voltea y le contesta "No juegues ¿es en serio?" Pirro y el policía tienen una platica por diez minutos sobre lo maravilloso que es este deporte olímpico, y sobre cómo te ayuda a tener una vida más sana y orientada. De pronto, los policías reciben una llamada de urgencia que los obliga a dejarnos libres, con el pretexto de que tienen que ocupar el asiento trasero de su unidad, con criminales más peligrosos que nosotros. Sin darnos más detalles, nos dejan cerca del camión, a donde llegamos caminando. Ahí nos encontramos al camarógrafo y al sonidista, que tienen consigo, dos de las tres latas robadas de la tienda Comex. El joven artista prosigue con su obra y el camión termina luciendo un "Pinches Quesadilleras Mustias" pintado a dos colores. Después de contemplar por un par de minutos su obra, Pirro nos pide que los sigamos al centro del conocido parque de la Ciudad de México, porque tiene ganas de pasar al baño, en medio de la madre naturaleza.

Foto por Daniel Villa.

SEGUNDO ARRESTO

Tu lucha no es mi lucha

Seguimos a Pirro a través de familias adineradas y extranjeros solteros, que vienen a pasar un rato ameno en el conocido parque, que está ubicado en una de las colonias más chic y deseadas por la clase alta de nuestros días. A Pirro, le encanta hacer protestas en lugares como este, ya que para él, mucha de esta gente necesita recordar la mierda del mundo, y qué mejor manera de recordárselo, que con mierda.

En cuanto escucho que Pirro dice eso, mi mente empieza a volar. Durante la historia hemos visto distintos tipos de manifestaciones que usan las heces humanas, como vía para demostrar descontento, o también, como una metáfora de la situación social. Sin embargo, las ideas de Pirro muchas veces, tienden a ser más radicales que otras que hemos visto con anterioridad, en las protestas que han acompañado a la humanidad, durante toda su historia. Para mi sorpresa, la protesta no es nada arriesgada, sólo se trata de hacer sus necesidades, junto a lago lleno de patos, en el centro del parque. Nos pide que lo grabemos haciéndolo, pero nos negamos rotundamente. Mientras esperamos a que finalice sus necesidades, vemos a lo lejos, una patrulla, junto a una familia que señala a donde estamos. Dos policías corren hacia nosotros. Le grito a la joven promesa que ya nos cacharon.

Pirro corre junto a mí con los pantalones desabrochados, saltamos arbustos y esquivamos perritos. No sé si el camarógrafo y el sonidísta lograron escapar. Dejo de pensar en ellos y sigo corriendo. Nos salimos de la colonia chic. Llegamos a una glorieta muy concurrida, pirro se tira boca arriba al piso, jadea y mira al cielo. El cielo de la ciudad se nubla, para dar paso a una de esas extrañas lluvias breves, que se dan en esta época del año. Pirro le grita al cielo "Gracias por recordarme el camino" y se levanta para explicarme la siguiente protesta.

Tarda un rato en convencerme, pero por alguna extraña razón, lo logra. Su discurso es que los órganos sexuales, al ocultarse, provocan la cultura sexista actual, en la que para ser femenino o masculino, se necesita portar cierto tipo de ropa y cierto tipo de peinado definido culturalmente por la generación anterior, llevándonos inclusive a modificar nuestro cuerpo inflándolo y disminuyéndolo de partes específicas. Esto se puede romper, al mostrar los órganos genitales en todo momento ¿qué mejor manera de romper con los estereotipos sexuales, que definir tu sexualidad desde un principio, al mostrar sin tapujos, el órgano sexual?

Entramos a un Seven Eleven con la verga de fuera, sin dejar de reír, los dependientes nos ven con ojos de asco y llaman a una patrulla, pero no nos damos cuenta hasta que salimos de la tienda y sorpresivamente, tres patrullas aparecen frente las puertas de la tienda. Los policías nos golpean. Nos someten. Nos tratan como terroristas. Pirro no soporta por mucho tiempo este trato, y con uno de los movimientos escurridizos que lo caracteriza, se quita la chamarra de la que lo tienen agarrado, patea en las nalgas al policía que me tiene sometido en el suelo y se da a la fuga. Los policías, confundidos y enojados, llaman a más policías. Minutos después, toda la cuadra está inundada por patrullas y yo, sigo en el suelo, con las costillas y la cara, adoloridas por los golpes.

Pasa no sé cuánto tiempo y uno de los policías se acerca al que me tiene sometido, para informarle que el comandante ha ordenado que me dejen libre. Las patrullas se alejan de la tienda. Yo me quedo sentado en la banqueta, mirando la sangre gotear de mi nariz. De pronto siento una mano en mi hombro, volteo y veo a Pirro, que me mira preocupado y furioso. "Esos pinche puercos", grita hacia el cielo "esos pinches puercos me la van a pagar". Se mete al seven enfurecido, y les grita a los dependientes ¿Qué número de patrulla es la que llamaron? ¿Eh?" Yo le digo que se calme, que no es para tanto, que ya me han golpeado antes por cubrir notas así de riesgosas. Pirro voltea a verme enfurecido y grita "No eres tú lo que me preocupa, sino mi chamarra favorita y mi cartera de los avengers, esos pinches puercos se las llevaron". Después de decir eso, regresa a pelear con los empleados del Seven para reclamarles su poca consideración ante el abuso que acabamos de sufrir. "¿Cómo es posible que se hagan los que no vieron nada? Por eso el pinche país está cómo está". Los empleados, fastidiados por el melodrama del artista, dejan de hacerle caso y siguen trabajando como si no estuviera ahí. Al ver esto, nuestra joven promesa enfurece aún más, por lo que antes de salir, golpea una de las ventanas de la tienda, hasta romperla.

En una entrevista posterior a ese día, los empleados del Seven explican que no hicieron nada por Pirro, porque ellos no ayudan a gente abusiva. En su opinión; personajes cómo el joven talento, tienen la culpa de que la sociedad crea que los artistas son unos buenos para nada y unos mugrosos. "Yo toco en una banda", me cuenta uno de los empleados "Y bueno la música no deja mucho dinero, así que tengo que trabajar en otra cosa, como en esto. Y no me quejo, sé que estamos en México, y la cosa, pues ha estado gacha por décadas, pero tampoco me preocupo, muchos de mis ídolos, que también son bandas mexicanas, empezaron como yo, desde cero, y llegaron lejos, aún en un país donde el apoyo al arte es bien poco, y por lo mismo, nacen tipos rebeldes y ridículos como el joven que vino a hacer desastres el otro día ¿Qué está logrando destruyendo y provocando? ¿cómo ayuda eso a darme voz a mí, que lo único que quiero es seguir esforzándome todos los días, para hacer lo que amo, sin que nadie me moleste? Todo lo que tengo, lo he conseguido con mis propias manos, no necesito que un dizque salvador, me venga a distraer de mi lucha, con su lucha".


Foto por Daniel Villa.

TERCER ARRESTO

Macanazos y conformistas

Caminamos de regreso al parque bastante golpeados, cuando nos sentamos en una de sus bancas, Pirro me cuenta la epifanía que tuvo mientras rompía el vidrio del Seven Eleven con su puño: "Estoy en medio de un grupo numeroso de gente, de varias edades y clases sociales, con un tubo en las manos y el rostro cubierto por un pasamontañas. Volteo alrededor y descubro que estamos atrapados dentro de cuatro vidrios gigantescos, que forman una especie de cárcel de cristal. La gente desesperada golpea los vidrios para ser liberada, pero nadie los ayuda. Esos vidrios son todos los crímenes que han cometido en contra de ellos, y que los obligan a vivir atrapados entre las mentiras de la misma gente que los quiere muertos. Los veo indefensos y agobiados por no saber cómo liberarse y por eso me siento obligado a hacer algo, no puedo quedarme con los brazos cruzados. Todas las atrocidades del lugar en dónde vivo, son provocadas porque nadie hace nada, porque a mi gente, desgraciadamente, le da más miedo ser libre, que vivir oprimida. Así que empujo a todos los conformistas en mi camino, hasta que llego al vidrio, y lo miro de frente y le grito: "Chinga a tu madre, maldito cristal represor" y le pego con mi indignación y rabia por todo lo que ha sufrido la nación, hasta que quiebra y las cuatro paredes de cristal se vienen abajo, y gracias a eso hay, desafortunadamente, veinticinco muertos por la lluvia de vidrios filosos, y mucha gente herida pero libre. Heridos y libres".

Justo cuando estoy a punto de cuestionar la posición política que presenta su epifanía, escuchamos a lo lejos unos gritos de protesta, que ponen como loco a Pirro y pregunta "¿De dónde vienen esas consignas?" de la misma manera en que un adicto a la coca pregunta "¿Quién trae la bolsita?". Llegamos corriendo a una de las avenidas más largas de América Latina, donde encontramos una importante manifestación, en protesta por un suceso que nos tiene consternados a todos. Sin pensarlo, la joven promesa se une al contingente que pide de manera pacífica un cambio en la nación. Le pregunto al artista qué pretende al incorporarse a este grupo de gente y no me contesta, sólo sonríe y para la oreja, como sí esperara escuchar algo. Caminamos con el contingente durante un par de cuadras por en medio de la avenida, hasta que suena una explosión de lo que parece un petardo. Volteo hacia mi izquierda y veo a varios personajes encapuchados que destrozan los vidrios de una tienda OXXO. En ese momento, Pirro, que ya trae un puesto pasamontañas, me entrega otro, junto a un libro viejo titulado Secretos para hacer ventas. Cuando le pregunto para qué es libro, me responde que para defenderme. Después, veo a la joven promesa agarrar una piedra gigante del suelo e impactarla en contra de la puerta de cristal de una sucursal de Banco Ixe. La puerta termina hecha trizas y los encapuchados gritan de emoción. Yo sigo caminando con el contingente, donde varios adultos y jóvenes sin la cara cubierta, gritan: "No violencia, no violencia" en repetidas ocasiones y graban el suceso con sus celulares. Pirro regresa a donde estoy sin quitarse el pasamontañas para decirme que pruebe ser un anarquista, y luego escriba al respecto. "Es como un trabajo de campo para el artista ¿cómo vas a destrozar a tu público, si no aprendes antes, a destrozar las sucursales de las corporaciones que tienen secuestrado al país?". Le digo que no voy a hacerlo abruptamente, pero antes pueda explicarle por qué, me da un golpe en la cara que me deja inconsciente.

Despierto en medio de una conocida calle en el Centro del DF, tirado sobre el asfalto caliente y rodeado de gente encapuchada, que le lanza piedras a un grupo de granaderos, los cuales avanzan por la calle, tragándose manifestantes que gritan: "No violencia", hasta que son callados a macanazos y sometidos en el suelo. Veo a un hombre que corre con su hijo mientras que a su espaldas, una señora con la cabeza bañada en sangre, es encapsulada por los escudos de elementos de la policía. Siento un empujón y escucho la voz del Pirro gritándome "¿Qué haces ahí parado, maldito conformista? Nos están dando en la madre, hay que detenerlos, están golpeando tu pueblo, a tu gente, a tus hermanos, nos están masacrando, llevan décadas haciéndolo sin que nadie pueda detenerlos. No podemos fallarnos otra vez, somos el pueblo y lo último que nos queda, en tiempos tan oscuros como estos, es defendernos los unos a los otros, a pesar de que pensemos distintos, a pesar de que no nos entendamos entre nosotros. Despierta, maldito conformista.". Inmediatamente después me da una bomba Molotov. Estas bombas son una tradición en los enfrentamientos ideológicos de los humanos. Usadas por primera vez en la Guerra Civil Española, cuando el ejercito Nacionalista, le lanza al ejercito Republicano lo que ellos llaman: "bombas de petróleo". A partir de ese momento, estas armas clasificadas por muchos gobiernos "dispositivos de destrucción" acompañan el descontento humano, cambiando de bando en múltiples conflictos, siendo usadas tanto como por gobiernos como por rebelados, hasta que durante la Guerra del Invierno en Finlandia, la fuerza aérea soviética lanza un ataque con bombas incendiarias contra el ejército Finlandés. Después de dicha acción, el Comisario del Pueblo para los Asuntos Exteriores de la Unión Soviética, llamado, Viacheslav Mólotov, miente en los medio, al decir que el ejército de su país no lanzó bombas, sino que más bien, los aviones, llevaron comida para el pueblo finlandés hambriento por la guerra. Los finlandeses muy enojados le responden "Si Molotov, trae la comida, nosotros ponemos los cocteles" y contraatacan a los soviéticos con los recién bautizados "Cocteles Molotov". Todo esto lo pienso mientras sostengo la botella que me acaba de dar Pirro, veo la tela en su interior remojándose, con gasolina y el ingrediente secreto del coctel: aceite de carro, el cual provoca que la gasolina en llamas se adhiera a cualquier superficie. Veo a los lejos a un granadero con el escudo y el casco envueltos en fuego. Sus compañeros lo rocían con un extintor. A mi alrededor hay una fiesta. Los encapuchados celebran las llamas. Volteo a ver de nuevo la bomba Molotov y pienso en toda su historia, en todas las causas nobles, y terribles para las que ha sido usada. ¿Por qué lucha la bomba Molotov? ¿Tiene ideales? ¿quiere un mundo mejor? Por supuesto que no, está hecha para incendiar, es un arma. Volteo a mi alrededor, veo a los encapuchados, a los granaderos, a los reporteros, a los pacifistas, y a las llamas coloreando la calle y de pronto, la escena en sí, me parece un arma.

"Para mí, toda esta violencia es planeada", me dice la encargada del Oxxo, que fue destrozado durante los disturbios, en una entrevista días después: "No es la primera vez que atacan esta tienda, ya estamos acostumbrados. Pero lo que a mí me saca de onda, es que todas las veces es igual: llegan los manifestantes, después aparecen los anarquistas, arman un desmadre que provoca que los granaderos intervengan y golpeen inocentes, mientras que los encapuchados escapan. Hasta parece guionado, montado".

El día de los disturbios, Pirro me quita la bomba Molotov de la mano al tiempo que dice "Dame eso, pinche pacifista", enciende la mecha y con un lanzamiento digno de un Finlandés resentido lanza el coctel que impacta directo en un vehículo de la policía. Los granaderos retroceden. El joven talento celebra las llamas con todos los encapuchados. Lo levantan en hombros, celebran la victoria de la revolución como si hubieran metido un gol, hasta que un contingente de granaderos, que no habíamos visto, los encapsula y detiene.

Yo, al ver el peligro inminente me quito el pasamontañas, me hinco en el suelo, y empiezo a leer el libro "Secretos para hacer Ventas" en voz alta. Uno de los granaderos corre hacia dónde estoy, levanta su macana. En eso, varias personas se acercan a la escena mientras graban con su celular y gritan "No violencia, no violencia". Una mujer muy guapa y joven le dice al granadero enfurecida: "Está leyendo ¿por eso le vas a pegar, ignorante?". El granadero se detiene y al verse rodeado de celulares decide ir detrás de un encapuchado que intenta escapar al otro lado de la calle. Los manifestantes me jalan y corremos de los macanazos por varias cuadras. Veo cómo detienen a mucha gente más sin capucha. Ya nadie pide "no violencia", ahora en el centro, sólo se escuchan gritos.

Después de la locura, llego a mi casa jadeado, golpeado y sin un video reportaje para entregar. Me tiro en mi cama intentando asimilar todo lo que he vivido, a lado del creador Pirro Perras, pero lo único que llega a mi cabeza, es su imagen aventando piedras y bombas en medio de un conflicto que en si mismo, es una arma para muchos. Una arma mediática, económica, sociológica y política, cargada con nuestros ideales y sentimientos.

Días después de su misteriosa liberación, estamos los dos una vez más en las quesadillas de Doña Marta. Mientras nos preparan la orden, le pregunto a Pirro qué piensa al respecto de que su comportamiento anarquista, e ideas radicales, lo exponen a transformarse en un arma que, al igual que la bomba Molotov, puede ser manipulada y usada para fines de distintos bandos en el conflicto nacional actual. El artista se queda callado mientras espera sus garnachas, meditando mi pregunta. Después de comerse dos quesadillas de queso y una de papa con chorizo, me responde: "Pues mira, crecí mirando a la gente morirse en mi país, todos los días, sin que nadie hiciera nada, y eso me llenó de rabia e impotencia y por eso, la verdad, me vale que mis acciones sean usadas para el beneficio de intereses ajenos a mi lucha. Me vale, porque desafortunadamente es algo que no puedo controlar. No puedo controlar haber nacido en una época donde todas las luchas tienen un interés de poder oculto. Donde es casi imposible, encontrar una causa pura. Así que, la única manera de enfrentar las injusticias que me queda, es protestar de manera violenta para que los medios volteen hacia el problema y el gobierno se sienta obligado a actuar. Prefiero hacer eso, y formar parte del show mediático, hasta que me maten o desaparezcan, a quedarme en mi sueño materialista, leyendo sobre la revolución en internet, dando likes y RTs a causas nobles pero con los brazos cruzados, sin hacer realmente nada, sin ensuciarse las manos porque creer que este problema se debe resolver por la vía de la paz, como tú y todos los babosos que te leen, malditos conformistas". Dicho esto, Pirro, pide otras dos quesadillas de queso, que no alcanza a pagar con las pocas monedas que trae. Al final de una corta negociación con Doña Marta, donde ella le deja muy en claro que por ningún motivo, le va fiar, decido invitarle la comida a la joven promesa del arte en México, y apoyar así su causa, usando el mismo dinero que gano, con mi estilo de vida sometido, y conformista.