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Cultura

La vida en un pueblo ahogado

Tras la construcción de la presa Picachos en Sinaloa en 2009 cinco pueblos fueron inundados y sus habitantes desplazados. Sin embargo, algunos se negaron a irse; donde antes vivían cerca de 300 familias, ahora viven tres.

por José Luis Martínez Limón
05 Noviembre 2015, 2:00pm

Tras la construcción de la presa Picachos en Sinaloa en 2009 cinco pueblos fueron inundados y sus habitantes desplazados. Sin embargo, algunos se negaron a irse; donde antes vivían cerca de 300 familias, ahora viven tres.

Estoy sentado con Jaimito y Yoya, que además de ser una de las tres familias que se quedaron a vivir en San Marcos —un pueblo con más de 200 años de historia que quedó parcialmente inundado tras la construcción de la presa—, son los protagonistas del documental Los reyes del pueblo que no existe, presentado en la décimo tercera edición del Festival Internacional de Cine de Morelia, en donde ganó el premio al Largometraje Documental Mexicano. Con nosotros también está Betzabé García, la directora de este documental que narra la historia de las tres familias que se negaron a irse tras la inundación de su pueblo y como es la vida en este lugar tras quedarse sin vecinos.

"Cuando llegué ahí vi que salían unas tumbas del agua. Y después de cruzar por debajo de una cochera inundada, vi un poste de luz prendido, en medio del agua", me cuenta Betzabé. "Daba una especie de sensación apocalíptica".

En el documental se puede ver una lancha que recorre el agua entre casas inundadas y ramas para finalmente llegar a San Marcos, un pueblo en ruinas que está siendo recuperado por la naturaleza.

"La inundación fue la ruina de nosotros. Lo que teníamos se hizo nada", dice Jaime. "Yo tengo un terrenito, pero se va a enterrar. Mientras el agua empuje la tierra, poco a poco se va enterrando".

Sin embargo, aunque sus familiares y amigos se fueron junto con los demás desplazados al Nuevo San Marcos —que posteriormente también fue deshabitado por problemas de violencia y falta de trabajo— Jaimito y Yoya se quedaron en San Marcos a cuidar a los animales. "Pues ahí uno hace la vida cotidiana. Se levanta, va a ver a los animales, a barrer el patio y así la pasa uno", me dice Yoya. "La vida de un rancho son los animales".

Por otro lado, Betzabé me cuenta cuenta cómo conoció a Jaime y Yoya. "Me enteré de los pueblos que habían quedado bajo el agua y que había muchas broncas con la reubicación", me dice Betzabé. "Pero no fue hasta que conocí a Jaimito y me presentó su casa, que pude ver cómo es la vida en San Marcos. Encontré la vida en ese pueblo que ya daban por desaparecido".

A pesar de ser un pueblo silencioso y calmado, San Marcos se encuentra en una zona de Sinaloa en donde la violencia causada por el narcotráfico está siempre presente. Cuando el nivel del agua baja, se pueden escuchar camionetas y disparos a lo lejos: "Es como vivir en un estado de guerra. No sabes quién es. No sabes qué pasa. A veces es mejor no saber", dice Yoya, quien agrega que por lo regular el pueblo es muy tranquilo y que antes era más peligroso.

Jaime, Betzabé y Yoya en el FICM.

Además de la historia de Jaime y Yoya, Los reyes del pueblo que no existe narra las vidas de las otras dos familias del pueblo, su labor interminable por restaurar San Marcos, y el peligro oculto que se oculta tras toda esa soledad y calma.

Para realizar este documental, Betzabé pasó cinco años visitando San Marcos y conociendo a sus habitantes, a los animales, los cambios en el agua y en el pueblo: "Es impresionante cuando baja el agua y ves todas las ruinas de lo que queda abajo del agua. Es como ver un muerto que sigue ahí".

Mira el tráiler de Los reyes del pueblo que no existe aquí abajo:

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