crimen y drogas

Centros privados de rehabilitación de adicciones en México: un paseo de terror

VICE News tuvo acceso a uno de los llamados 'anexos', donde decenas de personas que viven hacinadas por meses denuncian ser víctimas de abuso físico, emocional, y sexual, debido a sus problemas de adicción.

por Nathaniel Janowitz
28 Abril 2016, 1:00pm

Foto di Nathaniel Janowitz/VICE News

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No puedes ver la casa desde la calle. Está rodeada por un imponente muro cubierto de alambre de púas y una larga puerta de metal. Pero una vez adentro, parece un lugar pacífico. Hay árboles en el patio, la música suena, y se ven cuartos llenos de sillones afelpados y pinturas de Jesucristo.

Luego subes la escalera.

Ahí, otro cuarto cerrado lleva a una sala abarrotada con 80 adictos. En esa sala, la historia de terror inicia.

"Han pasado tres meses desde que vi a mi familia, desde que bajé la escalera", dice uno de ellos. Tiene 36 años de edad, habla suavemente desde la esquina del cuarto. "Si supieran que te estoy contando estas cosas me golpearían".

Las autoridades mexicanas proveen tratamientos muy limitados a los adictos a las drogas y el alcohol; por ello, las familias dependen casi exclusivamente de las clínicas privadas, conocidas coloquialmente como anexos para rehabilitación, y luchan por solventar los gastos que esto conlleva. La mayoría de quienes se encuentran en este lugar, llamados "anexados", reclaman haber sido internados en contra de su voluntad y estar enfrentando un amplio rango de abusos, muchos de ellos, criminales.

'Si supieran que te estoy contando estas cosas me golpearían'.

"Fue una sorpresa para mí cuando fui a estos centros y descubrí historias de terror, abuso y malos tratos", comenta Carlos Zamudio, un antropólogo que se especializa en drogas y adicciones. Él fue el referente para un reporte realizado por la Fundación Sociedad Abierta, publicado en marzo de 2016, el cual detalló denuncias de abusos físicos, emocionales y sexuales en centros de rehabilitación de drogas a lo largo de América Latina, haciendo un énfasis en los anexos mexicanos.

Zamudio dijo que para él, lo más impresionante de las historias que escuchó por parte de los adictos durante su investigación, fue descubrir que su única opción ante lo que vivían era tener que recurrir a algún otro centro, que muchas veces resultaba peor.

Los anexados son forzados a acudir a reuniones en el mismo cuarto en el que se les confina durante meses. (Imagen por Nathaniel Janowitz/VICE News).

Los anexos son administrados por los padrinos. En el mundo mexicano de la droga un padrino, o madrina para las mujeres, es un exadicto que se ha podido mantener 'limpio'. Muchos padrinos descubren que reintegrarse a la sociedad y encontrar un empleo normal es difícil, y varios deciden que la mejor opción es abrir un anexo o trabajar en uno.

A VICE News se le concedió acceso completo a un anexo con la condición de mantener el anonimato del lugar, de los padrinos, de los trabajadores y de los anexados.

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Detrás de las puertas cerradas

Somos recibidos y conducidos, a través de dos puertas aseguradas, al piso de arriba por varios de los 17 padrinos que trabajan en el anexo.

La primera sala es la enfermería. Cuando un adicto llega al centro, pasa muchos días en esta sala, como un método para limpiar la droga o alcohol de su sistema, antes de ser enviados a la sala principal, en donde pasarán mínimo cuatro meses.

En la siguiente sala, 80 inquilinos comparten un sólo retrete, y en ese cuarto se la pasan todo el tiempo. Tienen reuniones, comen y duermen en ese pequeño espacio. "Como sardinas", dice uno de ellos. Hay cámaras monitoreándolos las 24 horas del día. No pueden dejar el cuarto a menos que tengan una visita, y muchos han estado ahí cerca de un año. No les dicen en qué momento podrán salir, sólo les avisan en la víspera.

80 personas duermen "como sardinas" en un sólo cuarto durante meses. (Imagen por Nathaniel Janowitz/VICE News).

Dentro de la enfermería, VICE News entrevistó a nueve adictos dispuestos a contar su historia, uno por uno.

Colocan nuestra mesa directamente debajo de una cámara de seguridad, y el padrino se sienta vigilante del otro lado de la sala. Los adictos cuentan en su mayoría, historias de horror de otros anexos. Insisten en que éste no es tan malo como los demás. Dos de los hombres piden hablar en inglés para que el padrino no pueda entender lo que dirá sobre el centro. Otro declara cosas similares en español, mientras el padrino le grita llamándolo mentiroso.

De acuerdo con varias testimonios, cuando se les permite recibir una visita familiar son llevados a la planta baja, en donde el centro se adorna de bonitos muebles e incluso de un minibar con botellas de alcohol. Nunca se les permite a los familiares ver la planta de arriba. Se les dice constantemente a los miembros de las familias que su ser querido es un mentiroso, y que dirá cualquier cosa para ser liberado del centro.

'Es un círculo... es como si te dieran una membresía o algo parecido'.

Cuando los internos tienen contacto con su familia son supervisados constantemente, si revelan algo sobre los abusos que enfrentan o sobre la precariedad de las condiciones en las que viven, saben que serán golpeados severamente y drogados con tranquilizantes más tarde.

Además de ser golpeados por varios padrinos a la vez, los anexados reconocen una gran variedad de castigos comunes. Ellos dicen que algunas veces puedes ser atado a una columna, a esto se le llama crucifixión. Cuando las manos son atadas a la espalda es llamado un pescadito. Otro castigo es estar parado por 24 horas forzado a doblar el cuello para que mires directamente a la cámara. Uno declara que en otros anexos este castigo puede durar tres días.

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Mientras están en esta sala, los adictos deben sentarse y participar en varias reuniones colectivas con pastores, padrinos o trabajadores sociales. El centro dice que se basa en el programa de los 12 pasos, pero los anexados se quejan de que son dejados por horas sin poder ejercitarse, o alguna cosa que hacer, y también sin ningún apoyo emocional.

"Yo pienso que crean personas que caerán en las drogas otra vez. Vas a cumplir tu tiempo aquí, pero cuando salgas vas a caer [en la droga]", comentó uno de los anexados. "No haces nada aquí adentro, cuando sales eres débil, física, mental y espiritualmente".

Esta es la octava vez que pisa el anexo. Los nueve entrevistados, comentan que ocho es el mínimo de veces que han estado internados. Uno de ellos ha sido anexado 47 veces.

"Es un círculo. Ellos saben que te tendrán aquí por seis meses, tal vez te vayas en dos meses, luego volverás. Es como si te dieran una membresía o algo", se ríe uno de ellos mientras responde.

'Patrulla enchancladora'

Mientras hablamos, se escuchan gritos afuera. Una mujer está chillando. Se escuchan ruidos en la enfermería. En el cuarto principal la gente se pone alrededor de la ventana para observar. De pronto, cinco hombres entran cargando a la mujer mientras ella grita "no" repetidamente con alaridos. La jalan a través de la enfermería y la lanzan al cuarto principal.

Una mujer grita y es forzada a entrar a la enfermería. (Imagen por Nathaniel Janowitz/VICE News).

Los que la llevan son padrinos o anexados que pronto serán liberados, y ahora están ganándose favores. Este grupo es llamado "patrulla enchancladora". Enchancladora es una palabra creada a partir de la palabra mexicana chanclas, que significa sandalias, y puede ser traducida como "aquellos que ponen chanclas".

Cuando se decide que un amigo o familiar debe ser enviado a un anexo, les dicen a los padrinos cuándo y dónde puede ser localizada la persona, normalmente mientras está dormida. Luego la 'patrulla enchancladora' se presenta y a la fuerza se lleva a la persona. Si ésta se resiste, recibe una golpiza hasta que se somete lo suficiente para ser transportada a un camión que lo conducirá al anexo.

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Una vez que la persona está completamente controlada en el centro, se le quitan los zapatos y reciben un par de sandalias. Esto es todo lo que se les permite usar durante su estadía en el lugar. En el anexo que visitamos, las sandalias eran en su mayoría estilo crocs de fabricación pirata.

El anexado que estaba hablando cuando la mujer llegó, dijo que se intentó resistir la primera vez que la 'patrulla enchancladora' llegó por él, fue llevado completamente golpeado y maltratado por sus esfuerzos. La última vez que fueron por él, se entregó en silencio.

Después de preguntarle si todo estaba bien a un padrino, contestó que "es solamente otro día luchando en contra de la adicción", mientras el sudor se pega con su ropa.

Los anexados son forzados a entrar en la parte trasera de esta camioneta para ser llevados al centro. (Imagen por Nathaniel Janowitz/VICE News).

Los anexos han existido por décadas en México y las denuncias por abusos también, pero muy poco se ha hecho para detener esto.

En 2011, una ley prometió que mejorarían las condiciones en los centros de rehabilitación, pero de acuerdo con el antropólogo Carlos Zamudio, ha servido de muy poco. Zamudio señaló que el mayor cambio se dio en 2012 con la creación de una fuerza especial de trabajo que empezó a cerrar centros en la Ciudad de México, pero eso impulsó a muchos de ellos a mudarse a las áreas limítrofes de la ciudad.

La ley requiere que todos los estados designen fuerzas de trabajo similares, pero muy pocos lo han hecho. Uno de los padrinos en el anexo que VICE News visitó dijo que el centro se mudó de la capital en 2013 debido a la nueva ley. Comentó que no han tenido problemas desde entonces.

El año pasado, Manuel Mondragón, el presidente de la Comisión Nacional contra las Adicciones (CONADIC) anunció una nueva ofensiva en contra del abuso en los anexos, la cual muestra que hay alrededor de 2.000 centros a lo largo del país. En diciembre, Mondragón mencionó que inspectores han visitado 48 centros en varios estados y han cerrado 28 de ellos. VICE News no ha podido constatar cuántos de estos lugares han sido cerrados desde entonces.

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Por su parte, Enrique Peña Nieto, presidente de México ha prometido un tratamiento más humano hacia los consumidores de drogas.

"El consumo de drogas debe ser atendido, primeramente, como un problema de salud pública", dijo el presidente en la Sesión Especial de la Asamblea General de Naciones Unidas sobre Drogas (UNGASS) hace unos días. "Las adicciones deben ser atendidas con prevención y soluciones terapéuticas integrales, y no con instrumentos penales que criminalicen a los consumidores, y dañen el desarrollo de su personalidad".

No está claro si estas promesas se pueden traducir en un cambio real a futuro. Mientras tanto, los abusos continúan.

Las familias nunca pueden ver lo que pasa arriba de las escaleras. Aquí ven a sus seres queridos. (Imagen por Nathaniel Janowitz/VICE News).

Un anexado dice que durante su estadía en otro centro en 2013 fue obligado a vestirse de mujer por tres días, y a sentarse en una silla hecha de cable. Para el final del tercer día, nos dijo, el cable estaba cortando su piel, causándole un dolor insoportable. Explica que era común que, en el anexo, llenaran una taza con agua y arena, para después arrojar la mezcla de ambas sustancias sobre su espalda como si fuera un latigo varias veces, y para la cuarta vez, la espalda estaba ya cubierta de magulladuras por la tortura.

'Si querías una cama, tenías que chuparle el pene a alguien'.

Otro hombre cuenta una historia que sucedió durante su internamiento en otro anexo en el año 2013. Cuenta que cuando fueron a buscarlo, le pusieron una camisa de fuerza y fue golpeado fuertemente. También dice que le quemaron los testículos al llegar, y que todavía tiene las cicatrices. Comenta que los padrinos aterrorizaban a los anexados con pistolas y abusaban sexualmente de los hombres más jóvenes, "si querías una cama, tenías que chuparle el pene a alguien", dijo el hombre, claramente enojado.

La Fundación Sociedad Abierta reportó detallados reclamos sobre asaltos sexuales en varios centros en México, como una víctima tenía tan sólo de 12 años de edad. Dos anexados le comentan a VICE News que han sido testigos de abusos sexuales en otros anexos, pero aseguran que eso no ha ocurrido en éste.

El padrino de los padrinos

En la planta de abajo, una tarde de sábado, varias familias que organizaron visitas con los anexados esperan pacientemente en un sillón de cuero, a que sus seres queridos bajen por la escalera. Pasamos al lado de ellos para llegar a la oficina del padrino "Chicarcon", el término utilizado para referirse al líder de los padrinos en cada centro.

El padrino Chicarcon tiene el cabello peinado hacia atrás, numerosas coronas dentales de color dorado, y una playera parcialmente abotonada que revela el vello en su pecho. En su oficina hay una pantalla mostrando las grabaciones de cada una de las cámaras de vigilancia. Nos preguntó si queríamos ir algún día a su barrio, uno de los más peligrosos en el Estado de México.

En la oficina del padrino Chicarcon la televisión muestra lo que pasa arriba de las escaleras (Imagen por Nathaniel Janowitz/VICE News).

No aceptó ser entrevistado, pero dijo que podíamos hablar con uno de sus subordinados, el mismo padrino que escuchó las entrevistas que realizamos antes y que llamó a uno de los anexados mentiroso.

"Estas son personas con muchos problemas", dijo el subordinado, mientras nos sentamos en la oficina y revisa las cámaras con un orgullo evidente. "Ellos no vienen esperando quedarse en un lugar como éste, pero los familiares nos lo ruegan porque están hartos. Por eso somos estrictos y difíciles cuando vamos a buscarlos a las calles".

'Esta no es la casa de sus padres, es la casa de un padrino'.

Su camisa también está parcialmente abotonada, y su cabello también está peinado hacia atrás. "Nos gusta dar disciplina", comenta firmemente. "Esta no es la casa de sus padres, es la casa de un padrino".

Este es uno de tres anexos que posee este padrino Chicarcon. Las familias de los internos pagan 500 pesos a la semana, unos 28 dólares. Los 17 padrinos ganan distintos salarios y muchos viven dentro de la casa sin pagar la renta. El padrino al que entrevistamos gana 350 pesos al día, es decir, alrededor de 20 dólares. Todos los padrinos han estado en un anexo como éste cuando fueron adictos.

Algunos habitantes reclaman que el dinero que sus familias pagan no es para su bienestar. Varios declaran que mercados locales donan comida al centro, también distintos bienes esenciales como papel de baño y colchones, pero que los padrinos se quedan con la mejor comida, y los anexados comen vegetales, arroz y pan podridos.

En la planta baja los padrinos tienen en su oficina un minibar. (Imagen por Nathaniel Janowitz/VICE News).

"Este tipo de lugar es un gran negocio. Compras o rentas una casa, consigues algunos adictos y eso es todo. Ni siquiera necesitas camas, sólo un montón de colchones baratos", dice Sergio Covarrubias, un exadicto que trabaja por mejorar las condiciones de los anexos en donde él ha visto desde violaciones hasta asesinatos. "Pero ellos sólo están reproduciendo los mismos abusos que han experimentado, reforzando un modelo roto".

Covarrubias ha estado limpio por seis años, es un padrino, pero sus métodos se centran en la terapia y no el abuso. "Deben detener la violencia física y emocional, y dejar de estigmatizar a los adictos", señala. "Deben escuchar, apoyar y proveer terapia que refuerce a los adictos cuando se van".

El hombre que dijo que sus testículos fueron quemados me pide que le tome una foto: está llorando. Quiere que su familia vea su cara para que sepan lo arrepentido que está por todo lo que ha hecho.

Este hombre quiere que su familia vea lo arrepentido que está. (Imagen por Nathaniel Janowitz/VICE News).

Esta es su doceava vez en un anexo y, después de un año, espera ser liberado pronto. Él dice que su adicción al crack lo dejó sin nada, pero tiene un plan para cuando sea liberado para no convertirse en un anexado de nuevo.

"Quiero cambiar mi vida, ser una persona diferente, estoy cansado", dice. "Voy a tener una clínica como ésta, para ayudar a la gente, pero con buenos tratos".

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