Foto por @toogallo.

Así se siente quitarte el ombligo

“Los clones no tienen ombligo, los ángeles no tienen ombligo, porque no nacieron. Los no nacidos también son demonios”.

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oct. 12 2018, 4:51pm

Foto por @toogallo.

Artículo publicado por VICE México.

Paulina Landeros tiene 23 años y es de Guadalajara, Jalisco. Es modelo, estudia el último semestre de la licenciatura en turismo y realiza sus prácticas profesionales en una empresa de outsourcing y recursos humanos. A pesar de desarrollarse profesionalmente en un perfil económico y administrativo, Paw hace suspensiones corporales con perforaciones en su piel y se ha realizado diferentes modificaciones corporales en los últimos años, desde tatuajes, hasta dividir su lengua en dos y quitarse el ombligo. A continuación reproducimos su historia, contada por ella.

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Foto por @toogallo.

Es todo un trip. Los clones no tienen ombligo, los ángeles no tienen ombligo, porque no nacieron. Los no nacidos también son demonios. Es curioso como los ángeles y los demonios, que son tan opuestos, tienen eso en común. Me gusta mucho esa idea. Es algo que me gusta y que puedo aprovechar. Y de hecho, después de quitármelo, mi ombligo se convirtió en un regalo de amor. Yo se lo regalé al que entonces era mi novio. Ahora ex novio. Es un regalo que hasta la fecha él todavía conserva. Se ve negro, así como un frijolito apachurrado.

Realmente, ¿a qué se le puede llamar modificación corporal? Mi primera perforación me la hice en secundaria. Lo empecé a hacer por un sentido de pertenencia, para formar parte de algo. Pero mientras fue pasando el tiempo me di cuenta que en verdad me gustaba. Pasó de tener un sentido de pertenencia a uno de identidad.

Cuando tenía 17 años, un estudio de tatuajes me invitó a hacerme un corsé en la espalda. Son unos túneles, así se llama el tipo de piercing, en los que te ponen un listón para hacer el efecto de un corsé. A mí me encantó y quise intentar más. Después me tatué, luego empecé a hacer suspensiones corporales, me dividí la lengua y luego me quité el ombligo.

Fue hace tres años que empecé con la suspensión corporal. Primero lo vi como algo extraño, pero hoy en día lo percibo como una ceremonia. Me junto con algunos amigos y nos vamos a un espacio abierto, en contacto con la naturaleza, y ahí lo hacemos. Llevo aproximadamente ocho suspensiones corporales. No es tan frecuente porque no es tan fácil. Además es significativo, así que nos tomamos nuestro tiempo para prepararnos y hacerlo. Es algo muy íntimo y muy personal. Es un proceso muy respetuoso.

Yo no lo veo como dolor, yo lo veo como una sensación física extrema, por poner un nombre. Pero cuando bajas te sientes completamente relajada. Te quitan los ganchos, curas las heridas y te sientes muy bien.

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Foto por Itzia Maya Esparza García.

La lengua me la dividí en octubre de 2015. La recuperación es cabrona: te duele el cuello, el mentón, los ojos, la cabeza, los oídos. No puedes comer no puedes hablar, la boca te sabe a anestesia y a sangre. Eso dura como quince días. Tengo una amiga que tardó un mes en sanar. Me la he dividido tres veces porque se vuelve a pegar.

Lo último que hice fue tatuarme la lengua de color morado y perforármela. Hace dos años me la dividí y en febrero me la tatué. Y me llegó el dato de que soy la tercera o cuarta mujer sin ombligo aquí en México, pero tampoco es algo de lo que me sienta orgullosa porque tuve una mala experiencia con eso.

El motivo por el que decidí quitarme el ombligo fue por un trip que traía. Me llevaba muy mal con mi familia porque no sentía una verdadera aceptación de su parte, como si no les agradara quién fuera por los tatuajes, la lengua dividida, que hiciera suspensión. Y qué es el ombligo, sino esa unión que tienes. De alguna manera quería desprenderme de todo, así que decidí quitarme el ombligo.

La persona que me lo hizo me daba toda la confianza para hacerlo; fue la misma persona que me dividió la lengua y todo salió bien. Pero con el ombligo no. Me lo hice en diciembre de 2015 y me dio malos consejos para la sanación. Me dijo que la herida tenía que estar descubierta, que solamente tenía que limpiarla. Y lo que pasó fue que nunca se me cerró. Como una herida de cesárea, tenía que estar cerrada, pero la mía quedó abierta. Yo tenía un agujero en el estómago. El mundo de las modificaciones tiene tristemente estos casos. A mí me suturó tres veces y nunca se me cerró, se me hizo una cicatriz queloide que mi mejor amigo me quitó y ahora la herida ya se ve plana. Mi mejor amigo también es modificador corporal, y le tengo muchísima gratitud por haberme ayudado a reparar mi obligo.

No se ve muy bien estéticamente, por eso me la tatué. Sí estuvo muy cabrón. Caí en cirugía reconstructiva después de eso. Esas personas me dejaron de hablar y yo me quedé sin dinero para poder curarme. Fue una de las etapas más difíciles de mi vida. Estuve todo el mes en cama. Mis papás se agüitaron conmigo muy cabrón.

Yo no me animé a demandar a esa persona ni me animé a quemarlo. No quise hacerlo porque organiza muchos eventos de tatuajes y como tatuador tiene buenos trabajos, pero da tristeza ver que alguien tan profesional, como él, no tiene nada de ética o de responsabilidad. Al final de cuentas, la mutilación es un delito. Lo pudieron haber metido a la cárcel. Yo prácticamente cometí un delito, aunque te lo hagas tu mismo es un delito. Después de tres años ya no procede nada, o puedo hablar abiertamente. Pero sí fue un problema haber hecho eso sin una licencia de médico porque no es médico.

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Foto por @toogallo.

Me gustaría seguir haciéndome modificaciones corporales. He pensado en ponerme implantes en la frente como cuernos. Pero por cuestiones laborales no puedo. Me voy a cerrar las orejas. Seguiré suspendiéndome. Quizá me haga más perforaciones, implantes en la mano...

Una modificación corporal no es muy diferente a una cirugía estética, pero esta última es socialmente aceptada, la primera aún no. Si te inflas las tetas o te fracturas la nariz para tenerla más bonita, está bien visto. Pero si me divido la lengua o me quito el ombligo es freak. Entonces, yo creo que en ese mismo sentido soy como un extremo. También hay un límite que cae en la ridiculez, como el hombre diablo de sudamérica o la mujer vampiro. Yo creo que hay que mantener una línea estética. Aparte creo que tengo una función.

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Foto por @c.pawlina

Estoy haciendo una carrera. Siento que tengo capacidad para más. Me gustaría demostrar que puedo ser la combinación de ambas cosas: estar modificada y tatuada, y a la vez pertenecer a un trabajo relativamente funcional para la sociedad. Yo en mi trabajo soy godínez, y no me discriminan aunque saben que estoy tatuada y modificada.

Alguna vez pensé que era la típica morra vale verga que está buscando superarse, pero definitivamente no. Tengo todo el potencial para hacer cosas grandes, pero también me gusta modificarme y colgarme a la verga, como puerco.

Estoy muy feliz. Uno siente que sentirse cómodo con su cuerpo. Yo siento que estoy plana, así que me tatué y me perforé los pezones para sentirme más cómoda con esa parte de mi cuerpo. Le di una resolución a ese conflicto con mi cuerpo, y ahora me gusta.

Definitivamente no volvería a quitarme el ombligo. Fue la peor experiencia. Los cuidados son ridículos: tienes que estar todo el día en cama en una sola posición, tienes que tener cuidado al ir al baño, al pujar, al toser, al reír. Y definitivamente ya no tengo la misma relación con mi familia, ahora me llevo muy bien con ellos. De todas maneras no me arrepiento, porque en su momento pensé que era lo que debía hacer, pero definitivamente no lo volvería a hacer. ¿Tú lo harías?

Busca a Pawlina en Instagram: @c.pawlina

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