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Cuando de repente incluso tu madre escucha trap

No es solo que todos tus amigos ya se ponen sus cangureras en el pecho, el tema es que tu madre se lo esté planteando.

por Pol Rodellar
02 Agosto 2017, 6:29pm

Foto: José Porroche, vía Vice España

Este artículo se publicó originalmente en Vice España.

Primero vinieron a buscar a los raperos, y yo no hablé porque no era rapero. Después vinieron a buscar a los modernos y los influencers de Instagram, y yo no hablé porque no era ni uno ni otro. Después vinieron por los poperos y punks, y yo no hablé porque no era ni popero ni punk. Después vinieron por mí y por mis amigos y sucumbimos. Finalmente vinieron por mi cuñado y en ese momento ya no quedaba nadie que pudiera escaparse del trap.

Es lamentable utilizar esta cita de Martin Niemöller para abrir este artículo pero, qué diablos, siempre está bien empezar con este tipo de discursos grandilocuentes, sobre todo si se habla de —me resulta incluso incómodo utilizar esta palabra— trap.

Es inevitable pensar que el trap ya está absolutamente en todas partes. Se puede pensar, equivocadamente, que este ya lo estaba desde hace tiempo, puesto que todos los medios y redes sociales que consultamos —centrados en un círculo de gente afín a nosotros— vienen repletos de referencias al trap, incluso lo han sobrepasado y lo interpretan con discursos metalingüísticos o lo tratan con cierto distanciamiento irónico. No me estoy refiriendo a que el trap esté de moda, me refiero a que el trap, simplemente, está.

Lo que primero fue un nicho reservado para los que ya estaban metidos en el asunto y los connoisseurs musicales, la prensa y su irreductible afán por conseguir clicks a base de intentar comprender y despedazar las culturas más ensombrecidas y minoritarias, se encargó de diseminar el género de forma distorsionada (esto es algo que deduzco —no entiendo de trap—, puesto que es lo que la prensa generalista normalmente hace) por muchas capas de la sociedad.

Yoga Fire, el tipo del que habla tu cuñado. Foto: Irving Cabello, vía

Ahora mismo su presencia ya se nota más allá de los circuitos de la modernidad en los que, en su momento, fue una novedad destacable y una obligación casi impuesta por los propios cánones del sector. El género ya está en ese punto en el que incluso "ya está pasado", nos encontramos en esa esfera existencial en la que la palabra trap puede ser espetada tanto por un crítico musical, como por un portero de un edifico en Pino Suárez: un tipo que viste con guayaberas color beige y que a nivel musical solamente tiene en su propiedad una carpeta en la tablet llamada "CANCIONES" en la que tiene temas sueltos de Camilo Sesto y José José y conciertos sacados de los recopilatorios "MAESTROS de la MUSICA" (sic).

El género está en ese punto en el que incluso "ya está pasado", nos encontramos en esa esfera existencial en la que la palabra trap puede ser espetada tanto por un crítico musical como por el portero de un edifico.

Quizás ese "está pasado" es un poco exagerado porque la fiesta sigue en la cresta de la ola, pero es innegable que cuando tu cuñado villamelón te interrumpe a la mitad de la comida familiar para informarte que el último Instagram Stories de Yung Beef es "épico", es que la cosa es seria. Es como cuando hacen ropa de niños con estampados de los Ramones.

La jurisdicción del fenómeno ha traspasado límites racionales. Que un trapero (o como se llame) aparezca en las portadas de las secciones de Espectáculos en los periódicos ya no impresiona, la cosa es que ya no son solo tus amigos ex-fans de Pavement los que comparten temas de Go, ahora tus cuñados y tíos quieren hablar de trap, y en contextos totalmente ajenos a tu realidad. Estudiantes de ingeniería están proponiendo trap para la siguiente quema de batas (o lo que sea que hagan los estudiantes actuales de ingeniería).

Y no sólo eso, todo el tema que se ha desatado sobre si el reggaetón es trap o si el trap viene del reggaetón y es una extensión del mismo, es parte de la irrealidad que surgido alrededor de todo el tema. Y es que, en realidad, todo parece que son formas de lo mismo: perreo a ratos, vida de noche, bebidas moradas, juventud en éxtasis. A ese nivel hemos llegado, que tenemos al trap totalmente descontextualizado.

Foto: David Barajas. Alemán en el Hip Hop Sound Fest Navideño, 18 de dic., 2016, vía

Supongo que en breve, como hicieron tus amigos en su momento hace más o menos un par de años —cambiarse la camiseta de Radiohead por una camisa de Ralph Lauren—, tu mamá va a empezar a tatuarse cosas raras en la cara —me imagino un Ferrero Rocher haciendo skate— y a los pocos meses, cambiará su falda lila por pants deportivos, sus Crocs por unas Nike con sus correspondientes calcetines y gorra, e irá al mercado con su cangurera cruzándole el pecho.

En fin, no conozco casi nada de trap, no sé de dónde surgió ni sé exactamente qué chingados es pero es innegable que —fuese ese su objetivo principal o no— ahora, más que nunca, impregna todos los estratos de la sociedad, con todo lo bueno y todo lo malo que esto pueda conllevar.

El género podría desvirtuarse, convertirse en un producto descafeinado alejado de la esencia original y quizás necesita volverse terco y desagradable.

Su estética está asimilada y ahora saltará al minado campo de "la gente corriente". Del garaje de The Oh Sees al trap de Somadamantina; de Elliott a Smith a Yung Beef; de Bisbal a Pimp Flaco.

El problema que le veo a esto es que el género podría desvirtuarse, convertirse en un producto descafeinado alejado de la esencia original, un material base modificado e higienizado para un consumo agradable y en cadena.

Quizás necesitaría volverse terco y desagradable, sus anfitriones deberían empezar a exacerbar la forma y el contenido de sus propuestas y volver a convertirlo en algo incómodo, aspirar a rebajar visitas en los vídeos de YouTube y buscar ese mundo minoritario que generaron en sus primeras andadas. Toda popularización de géneros necesita su propia dinamitación, una apuesta por la autodestrucción.

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