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Lo que el cambio climático le ha hecho a la estación antiguamente conocida como invierno

Las elevadas temperaturas que se han registrado de manera insólita y preocupante durante este invierno en el Hemisferio Norte apuntan al imparable avance del calentamiento global, que se ha convertido en una máquina insaciable de rebasar records de...

por Matt Smith
14 Marzo 2016, 10:17am

Foto di Laurent Gillieron/EPA

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No eres solo tú — realmente hace mucho calor.

El invierno del Hemisferio Norte se acerca a su fin. El desenlace será tan cálido como su prólogo, una narrativa abrasiva que no deja de batir records a su paso. A pesar de que ya se está extinguiendo, la ola de calor, que ha sido parcialmente achacada a la presencia de El Niño en el Pacífico, ha provocado que el promedio de temperatura de este invierno en Estados Unidos haya batido el enésimo registro: entre diciembre y febrero las temperaturas alcanzadas en Estados Unidos han estado 2,5 grados centígrados por encima de la media. Así lo ha publicado la National Oceanic and Atmospheric Administration, la organización responsable de registrar las estadísticas meteorológicas en el país que todavía preside Barack Obama.

La temporada invernal arrancó con unas navidades soleadas por todo el este, mientras que los tornados rastrillaron Texas, la costa del Golfo de México y el sudeste de Estados Unidos, entre diciembre y marzo. Hasta Alaska ha vivido el segundo invierno más cálido de su Historia desde que se tiene registro. Y si bien las cotas de nieve caída en el Hemisferio Norte era esperanzadoras en enero, las cifras experimentaron un estrepitoso descenso durante el mes de febrero, según cuenta Thomas Mote, geógrafo y climatólogo en la universidad de Georgia.

Mote explica que el insólito calor es producto de una tendencia cada vez más acusada — el paulatino calentamiento del planeta — y del fenómeno de calentamiento de las aguas del Océano Pacífico al que se conoce como el Niño, que ha provocado que las temperaturas globales hayan alcanzado, por segundo año consecutivo, un nuevo record de calor. Y si bien la presencia de el Niño se está extinguiendo, nada invita a pensar que la tendencia calurosa vaya a disminuir.

"Cada vez existen más periodos en los que las temperaturas suben por encima de lo normal, mientras que la misma tendencia no sucede a la inversa; es decir, la temperaturas frías son cada vez menos frías. Y tal es el escenario al que nos abocarán normalmente los gases de efecto invernadero. "De lo que no cabe duda es de que la magnitud de los cambios y el comportamiento de esos mismos cambios que hemos observado a la largo del año, son indicativos de que El Niño ha sido especialmente fuerte durante este ejercicio".

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Estados Unidos apenas representa un 2 por ciento del total de superficie de la Tierra. Sin embargo, el cálido e insólito invierno registrado, "es una manifestación a nivel local de un fenómeno de escala planetaria, que no es otro que el calentamiento global, que sigue batiendo records históricos un año detrás de otro", observa el climatólogo de la universidad de Pennsylvania, Michael Mann.

Al otro lado del Atlántico las cosas tampoco parecen muy halagüeñas. En muchas partes de la Europa Occidental, de la Europa Central y de Rusia, las temperaturas han sido más altas de lo normal tanto en enero como en febrero. La agencia meteorológica nacional de Gran Bretaña, la Met Office, ha informado que este está siendo el invierno más cálido del que se tiene registro en Inglaterra y Gales, además del segundo más cálido y del segundo más mojado del Reino Unido en su totalidad.

En el Reino Unido las temperaturas han estado dos grados centígrados por encima de la media — que es, exactamente, el tope que se ha marcado Naciones Unidas en su titánico objetivo de detener el cambio climático para el año 2100. Además, ha sido el segundo invierno más cálido del que se tiene registro en el Centro de Inglaterra, donde existe el termómetro en activo más viejo del mundo: 360 años registrando las temperaturas anuales.

En la isla de Svalbard, en Noruega, el asentamiento más septentrional del planeta, la temperatura media de los últimos 30 días no se ha movido de los 5 grados centígrados bajo cero, una cifra 11.5 grados centígrados más alta de lo habitual. Por su parte en el Ártico, enero y febrero han vuelto a ser los más cálidos desde 1979, el año en que se empezaron a registrar sus temperaturas, de acuerdo a las informaciones del Centro Nacional de Información sobre Hielo y Nieve de Colorado, Estados Unidos.

Las placas de hielo no habían estado tan bajas desde entonces, de manera que ahora los científicos van a seguir con lupa lo que suceda en el Ártico una vez esa capa de hielo se vaya encogiendo conforme se acerca el verano.

"A estas alturas, en lo que se refiere a la pérdida del hielo en el Ártico, estamos mucho más avanzados. Y lo digo en el peor sentido de la palabra", confiesa. "Los modelos de proyección indican que no deberíamos de encontrarnos con un Ártico desprovisto de hielo durante muchas décadas. Sin embargo, todos los cálculos apuntan a que tan drástico y desasosegante escenario sucederá mucho antes de lo que nos pensamos".

Mientras los científicos siguen dudando a la hora de señalar a un solo acontecimiento como el principal responsable del cambio climático, lo cierto es que durante las últimas décadas los inviernos están siendo cada vez más y más cálidos", explica Katharine Hayhoe, directora del Centro de Ciencias Climáticas de la universidad de Texas.

"Todavía nos quedan años de tiempo frío, de temperaturas heladas, de hielo y de nieve", comenta Hayhoe. "Sin embargo, todo aquello a lo que estamos acostumbrados está cambiando. De manera que, a día de hoy, cuando nos encontramos con un invierno que es como los inviernos que vivimos cuando éramos niños decimos: 'Santo Cielo, que invierno más inusual'. Pues el caso es que antes los inviernos eran así. Fríos".

"Los inviernos como el de este año, en los que las temperaturas se disparan de manera inquietante hacia arriba, son el indicador más incontestable de que las cosas están cambiando de verdad y de que estamos asistiendo a un fenómeno que nunca antes habíamos experimentado", cuenta. En realidad, cuando nos encontramos con inviernos tan inusuales como el que estamos viviendo este año, tenemos que entender que se trata de "un recordatorio de que todavía estamos a tiempo de hacer algo — por mucho que el tiempo sea cada vez menos".

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En diciembre del año pasado la plana mayor de los países del planeta se avino a cortar las emisiones de los gases que contienen dióxido de carbono y de otros muchos más, como los que provocan el efecto invernadero, con la intención de evitar que las temperaturas globales no lleguen a rebasar los 2 grados centígrados de calor para el año 2100. De tal modo, la meta es conseguir que la diferencia de temperatura entre la época preindustrial y el futuro, no sea mayor de 2 grados centígrados. Tal es el límite a partir del cual los efectos del cambio climático podrían empezar a ser seriamente devastadores, según ha coincidido en señalar la comunidad científica global.

En 2015, el mundo había aumentado 1 grado centígrado de temperatura respecto a la temperatura de la era preindustrial. O sea, hace un año, ya estábamos a mitad de camino del objetivo fijado para dentro de 85 años, cuando llegue el año 2100. Y lo más preocupante es que cuanto más calurosos son los inviernos más extremas son las tormentas y más drásticas son las sequías, cuyo promedio se disparará durante el resto del año, cuenta Hayhoe. "Claro que por mucho calor que haga este verano, seguiremos sin saber cuál es el escenario global", concluye.

"Un universo en el que las temperaturas sean 2 grados centígrados más bajas es un lugar radicalmente distinto al mundo en que vivimos hoy; de la misma manera que un invierno dos grados más frío sería radicalmente distinto a los inviernos que estamos conociendo hoy en día. Y el caso es que el invierno que nos hemos chupado este año será, cada vez más habitual. De hecho, las previsiones apuntan a que los records de calor se van a seguir batiendo, algo tan perturbador como algo que todavía estamos a tiempo de evitar.

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