Drogas

Si todos consumiéramos drogas psicodélicas lucharíamos contra el cambio climático

Los científicos investigan cómo las sustancias psicodélicas pueden hacer que la gente se preocupe más por el medio ambiente

por Shayla Love; traducido por Laia Pedregosa
09 Julio 2019, 7:30pm

Sky-Blue Images / Stocksy, eskymaks / Getty

Artículo publicado originalmente por VICE Estados Unidos.

Después de tomar LSD, Bill se encontraba de pie en su cocina en Merseyside, Reino Unido, contemplando un enorme árbol. Cuando el árbol le empezó a hablar, lo único que le sorprendió a Bill fue que no se presentara, como contaba a VICE en 2017.

Durante el resto de su conversación de 15 minutos, el árbol iluminó a Bill con la intensa reflexión de que toda la vida que habita en la Tierra, como las plantas, los animales y los seres humanos, estaba íntimamente relacionada. “Era como si alguien estuviese dentro de mi cabeza, juzgando mis sentimientos, mis pensamientos y mis emociones”, dijo Bill. “También era como una calle de dos sentidos, podía sentir lo viejo que era; obviamente, había pasado por muchas cosas, teniendo en cuenta cómo es la Tierra y que el pueblo donde vivo se construyó alrededor de él.

Quien se haya drogado alguna vez, especialmente en el exterior, sabe que las sustancias psicodélicas como la LSD, las setas, la DMT o la mezcalina pueden provocar sensaciones de asombro hacia el mundo natural y generar muchas preguntas relacionadas con él. Todo ello se ha reproducido en un contexto más formal: en enero de 2018, científicos de la Escuela Imperial de Londres descubrieron que la psilocibina, el ingrediente activo de las setas alucinógenas, puede hacer que nazcan sentimientos de conexión con la naturaleza después de una simple dosis. Cuando pasan de siete a doce meses, el aumento de esos pensamientos sigue estando presente.

“Antes disfrutaba de la naturaleza, pero ahora siento que formo parte de ella. En el pasado miraba la naturaleza como si se tratase de la televisión o de un cuadro…”, comentó una de las personas que participaron en el estudio. “Pero ahora veo que no hay separación o distinción, existe una unión con ella”.

Se ha descubierto que las sustancias psicodélicas pueden ayudar con la adicción, la ansiedad y la depresión, pero más allá de la salud mental, los investigadores se preguntan si también pueden cambiar los rasgos de personalidad o las convicciones de las personas. Parece ser que el hecho de relacionarse con la naturaleza es un indicador extraordinario de felicidad, pero también se asocia con el bienestar del planeta. Se ha demostrado que hay una conexión entre la relación con la naturaleza y la dedicación hacia el medioambiente.



Esta unión con la naturaleza generada por las sustancias psicodélicas podría dar para un argumento mejor que el de Alicia en el país de las maravillas. En vista de una posible crisis medioambiental que conviene frenar, existe la necesidad de saber por qué algunas personas sienten motivación a la hora de actuar a favor del medioambiente y otras no.

Hace poco, la Organización de las Naciones Unidas anunció que solo quedan 11 años para frenar un calentamiento global irreversible y salvar el planeta. Una investigación de 2017 del Centro Pew reveló que mientras que tres cuartas partes de los estadounidenses tenían mucha conciencia medioambiental, solo uno de cinco era capaz de esforzarse por hacer un cambio drástico en su vida cotidiana. Mientras tanto, 100 empresas consideradas responsables del 71 por ciento de las emisiones globales siguen sin tomar medidas decisivas para frenar su impacto, y los gobiernos tampoco les piden que rindan cuentas de ello.

En vista de una posible crisis medioambiental que conviene frenar, existe la necesidad de saber por qué algunas personas sienten motivación a la hora de actuar a favor del medioambiente y otras no.

Los investigadores creen que el hecho de bombardear a la gente con datos sobre el clima no es la mejor manera de lidiar con este problema. El análisis minucioso de la experiencia con los estupefacientes psicodélicos podría ayudar a todos aquellos que elaboran las políticas, los científicos y los periodistas que intentan recrear la esencia de los sentimientos de la relación generada por las drogas: la sensación de que formamos parte de la naturaleza, de nuestros cuerpos y de nuestras vidas. Capturar eso puede hacer que se actúe con conciencia para proteger el planeta, ya que se trata de una extensión de las personas.

El ecologista Aldo Leopold escribió en 1949 que “abusamos de la tierra porque consideramos que se trata de un bien que nos pertenece. En el momento en que la veamos como una comunidad de la cual formamos parte, empezaremos a tener una visión más enfocada hacia el amor y el respeto por el planeta”. Desde entonces, muchos otros ecologistas y psicólogos sociales han propuesto que la desconexión de la naturaleza se debe, en cierto modo, a nuestra apatía frente al cambio climático.

“La devastación ecológica que estamos experimentando es un efecto secundario de la desconexión con la naturaleza”, dijo Sam Gandy, ecologista y asistente científico de la fundación Beckle. “Reconectar con la naturaleza es uno de los cometidos más importantes que debemos llevar a cabo teniendo en cuenta nuestros derechos como especies”.



Todos los factores que prevén que los comportamientos de conciencia hacia el medioambiente, la relación con la naturaleza y la conexión son los más importantes, dijo Gandy. Las personas que consumen sustancias psicodélicas no solo aseguran sentirse más conectados, sino que al mismo tiempo tienen ideales que favorecen el medioambiente en mayor medida que aquellas personas que toman otro tipo de drogas.

Esto no es nada nuevo: durante los 60 y los 70, el consumo habitual de drogas psicodélicas coincidió con el auge de movimientos relacionados con el medioambiente. Algunos sugieren que no es una coincidencia que esos dos elementos fueran de la mano. Pero afirmar que las drogas sí pueden inducir a una reflexión por el medioambiente, ya que el tipo de gente que las consume quizá sea la misma que ya se preocupa por el medioambiente.

Matthias Forstmann, psicólogo social y estudiante de postdoctorado en la Universidad de Yale intentó consolidar la asociación en un estudio de 2017, basado en una encuesta a casi 1500 personas sobre sus experiencias con las drogas, la relación con la naturaleza y la preocupación por el medioambiente, como el reciclaje o el ahorro de agua. La investigación también tenía en cuenta otro tipo de sustancias, rasgos de personalidad y factores demográficos (como la edad), “y curiosamente, el único indicador que encontramos de la relación con la naturaleza fueron las drogas psicodélicas”, dijo Forstmann.

Forstmann cree que las sustancias psicodélicas promueven este tipo de conexión con las actividades favorables para el medioambiente) a través de un fenómeno que se ha debatido mucho en el mundo de la investigación relacionada con los estupefacientes: la disolución del ego. Normalmente, discernimos claramente dónde acabamos nosotros y empieza el mundo exterior, pero estas sustancias consiguen que la línea entre ambos límites sea borrosa.

Gandy coincidía en que la disolución del ego es un mecanismo clave. Existe la creencia de que las drogas psicodélicas están pensadas para afectar al modo predeterminado de la red neuronal, un conjunto de regiones del cerebro interconectadas que están más activas cuando el cerebro está descansando o centrado en uno mismo.

Las sustancias psicodélicas promueven este tipo de conexión con las actividades favorables para el medioambiente) a través de un fenómeno que se ha debatido mucho en el mundo de la investigación relacionada con los estupefacientes: la disolución del ago.

“Se trata de un componente fundamental, en el que se cree que reside el ego, la sensación del ser como tal”, dijo Gandy. “Cuando se relaja, básicamente hace que se disuelva el sentido del ser como algo que no está unido al universo. Así que, las supuestas barreras entre el ser y lo que lo rodea se rompen, haciendo que se forme una superposición de la propia naturaleza”.

Cuando una persona empieza a humanizar la naturaleza o pensar en ella en un sentido antropomorfo, puede que se cree una empatía hacia ella. “Si me siento unido a la naturaleza o creo que somos un mismo ser, puedo atribuirle cualidades humanas, como la capacidad de sentir dolor o tristeza. Si siento que la naturaleza sufre, quizá me plantee tratarla mejor”, dijo Forstmann.

Actualmente, Forstmann está trabajando en un ensayo sobre el control mediante placebos, que estudiará el efecto de la relación con la naturaleza y la disolución del ego causada por el consumo de drogas psicodélicas. El diseño de este riguroso estudio podría ayudar a eliminar otros factores confusos: uno de ellos es el hecho de que la gente tome estas sustancias en la naturaleza, haciendo que sea complicado diferenciar el impacto en el exterior de la experiencia que supone consumir estos productos.

No está claro si la exposición a los elementos de la naturaleza es una pieza crucial del rompecabezas —algunas personas que han tomado drogas en laboratorios han formulado declaraciones anecdóticas y también han informado de esa conexión, dijo Forstmann. Pero Gul Dolen, un neurocientífico de la Universidad John Hopkins, opina que todo aquello que ocurre durante un consumo de sustancias psicodélicas es importante.

Dolen estudia el fenómeno de la plasticidad sináptica: las sinapsis son los puntos de conexión entre las dos neuronas y contribuyen a la habilidad de nuestros cerebros a al hora de aprender nuevos conocimientos y comportamientos. Ha probado la MDMA en animales como los ratones y los pulpos, y ha descubierto que puede hacer que el cerebro llegue a elevados niveles de plasticidad. En los humanos, puede generar la capacidad de crear nuevas asociaciones y nuevas creencias.

Otros investigadores, como el bioquímico David Olson de la Universidad de California David, ha hecho un descubrimiento similar que muestra que las drogas pueden cambiar la estructura de las neuronas en el cerebro con tal de aumentar el número de las dendritas, las espinas dendríticas y las sinapsis, y todas ellas juegan su papel en la plasticidad del cerebro. Olson ha utilizado un término para referirse a aquellas sustancias psicodélicas y otros componentes que pueden desencadenar este tipo de reorganización del cerebro: “psicoplastogenos”.

De todas maneras, tomar sustancias psicodélicas y obcecarse con ideas que se respaldaban en un pasado podría hacer que estas se reforzasen. Para conseguir que alguien que no siente motivación por la preocupación medioambiental se convierta en activista, primero hay que presentarle los conceptos de la relación con la naturaleza y la importancia de la acción climática durante el viaje psicodélico, dijo Dolen. Si se hace con una ventana abierta de nuevo a la plasticidad, los efectos pueden mantenerse más allá del efecto de duración de las drogas.

“Así pues, podemos enseñarles que existe una nueva relación con la Tierra”, dijo.

Para conseguir que alguien que no siente motivación por la preocupación medioambiental se convierta en activista, primero hay que presentarle los conceptos de la relación con la naturaleza y la importancia de la acción climática durante el viaje psicodélico

Entonces, ¿deberíamos darle a todo el mundo drogas en el bosque con el objetivo de salvar el planeta? En una entrevista para GQ, Micahel Pollan, autor del reciente libro How to change your name (cómo cambiar de opinión), en el que explora la naturaleza transformadora de las drogas psicodélicas, reconocía que las experiencias con estas sustancias podrían abordar la “crisis medioambiental, nacida de una sensación de distanciamiento de la naturaleza: la inclinación a pensar en la naturaleza como un objeto y verla como una simple fuente de recursos”.

Pero siguió con una dosis de realidad, “Entonces necesitas dar un paso atrás y decir, ‘Espera, ¿se puede recetar una droga psicodélica a todo un país?’”.

Las sustancias psicodélicas siguen siendo ilegales y no son apropiadas para todo el mundo; para algunas personas con antecedentes familiares de psicosis, los componentes que contienen podrían suponer un riesgo. Sin embargo, intentar averiguar cómo promoverlas, o como dijo Aldo Leopold, averiguar cómo fomentar la conciencia sobre nosotros mismos sin el uso de estas drogas podría ayudar a que sigamos perjudicando el planeta.

Otra manera de mejorar esta relación con la naturaleza es pasar más tiempo en el exterior, pero Gandy dijo que la comunicación entre seres humanos es parte de una necesidad principal del ecosistema desde un punto de vista emocional. Un estudio reciente descubrió que la conexión con la naturaleza puede ser mayor cuando los niños participan en actividades creativas y artísticas, en comparación con los paseos educativos en el exterior.

Gandy y Forstmann también se preguntaban si había alguna manera de representar la relación entre la naturaleza y la realidad virtual, que ha sido capaz de provocar experiencias fuera del cuerpo humano y modificar los prejuicios y estados de ánimo. Este conmovedor enfoque de la naturaleza podría generar considerables cambios cognitivos, similares a los que experimentan los astronautas con la visión panorámica de la Tierra. El hecho de ser capaces de ver nuestro planeta en su totalidad les ha ayudado a construir una noción más amplia que la que hay en la política y a sentir una conexión con este, hasta el punto de sentir una unión con él y querer protegerlo.

El biólogo E.O. Wilson escribió que las personas nacen con afinidad por los seres vivos y la naturaleza, una teoría a la cual él mismo puso el nombre de hipótesis de la biofilia. Esta planteaba que gran parte de la historia de la evolución va de la mano de la naturaleza: ser capaces de encontrar comida y cobijo, entender el funcionamiento de la tierra y poder aplicarlo desde diferentes localizaciones, y la conexión psicológica del mundo natural podría haberse seleccionado a través de los milenios (a fin de cuentas, en Estados Unidos los zoos cuentan con más visitas cada año que cualquier otro tipo de evento deportivo).

Según Gandy, este legado está ahí para que lo aprovechemos, ya sea a través de las drogas o de cualquier otro modo. “Soy muy consciente y agradezco profundamente todo lo que hacen las drogas psicodélicas”, dijo Gandy. “Pero para mí, la aplicación de estas sustancias en un contexto medioambiental y las implicaciones que eso supone son aspectos mucho más importantes a tener en cuenta, y deberían abordarse antes que cualquier otro asunto. Tiene que haber una conexión emocional y empática para motivar a un posible cambio en cuanto a la conciencia sobre el medioambiente”.

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