Los huipas: los míticos asesinos seriales de Sonora

Una historia sobre cuatro yoremes mayos que cometieron una serie de asesinatos crueles y salvajes debido al satanismo, rencor, homosexualidad prohibida, la borrachera y el analfabetismo en el que vivían.

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oct. 21 2015, 1:00pm

La casa de Eusebio, en Bacapaco, Huatebampo, Sonora, en los años 50.

El libro El principio de una pesadilla / Bette Tenkutaieyo es la investigación de la escritora yoreme Emilia Butimea y está escrito originalmente en lengua mayo. Aquí publicamos un adelanto en versión bilingüe.

Crimen y confesión de los huipas

El deseo de venganza salió del coraje que sentía en su pecho, Eusebio o"Chebo" Yocupicio no se quedaría quieto en la ofensa que le había dado Vicente Buitimea. Pensó matarlo esa misma noche, pero se detuvo, no le convenía quitarle la vida en ese momento pues había testigos que presenciaron la calurosa discusión de ambos en la tienda de don Aureliano.

Desde meses atrás, el Vicente, hijo de Felipe —el cohetero—, se burlaba de Eusebio debido a su preferencia sexual; no medía el peligro de sus palabras pues sabía que entre sus "compadres" mantenían relaciones sexuales.

Chebo llegó a su casa de adobe al caer el sol, se sentó sobre el tronco de mezquite que tenía en el portal de su casa. Sentía gran rencor en su corazón, suspiró profundo y lanzó dos silbidos imitando al chonte, luego se metió a esa pocilga maloliente entremezclado de hierbas medicinales, sólo una cobija vieja de lana cubría la puerta de la casa abandonada de calor humano. No tardó ni en encender la vieja cachimba cuando llegaron Leonardo Huipas, Basilio Humo y Adelaido Huipas al lugar de reuniones nocturnas. Esa noche acordaron qué día iban a chingar a Vicente y otros hombres que traían en la mira.


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Hasta que un día del mes de abril de 1950, Vicente pasaba por la orilla del camino rumbo a Huatabampo; Eusebio hizo un gesto de alegría e inmediatamente avisó a Adelaido, Leonardo y Basilio del plan que tramarían. Basilio y Adelaido se quedarían en casa esperando la llegada de los tres al anochecer, mientras que Eusebio y Leonardo partirían detrás de la presa.

En el pueblo buscaron al indicado entre las dos cantinas que frecuentaban, hasta divisar al borracho de Vicente, quien tomaba una botella de bacanora con algunos yoremes de la comunidad de la Loma; tomaron lugar junto a ellos, chupaban el agua ardiente babeado por todos entre bromas, insultos y enojos hasta el anochecer.

Ya muy borrachos caminaron rumbo al mesón donde guardaban la vieja araña y el caballo, dirigiéndose rumbo al pueblo de Bacapaco en una noche oscura, sólo un tecolotillo los seguía volando alrededor de ellos por ese camino real rodeado de monte. Chebo se notaba tan tranquilo y de vez en cuando sonreía, Leonardo lo miraba de reojo. Como ya estaba muy noche nadie los miró cuando llegaron al pueblo.

Así entraron a la casa alumbrada por la vieja cachimba de gasolina, adentro lo esperaban Adelaido y Basilio. Ya tenían preparado el plan, al lado de Leonardo estaba un palo macizo del puro corazón de mezquite. Reunidos los cuatro siguieron bebiendo, entre pláticas y recuerdos soltaban las carcajadas, la hora se aproximaba, cuando Eusebio dio la señal con un movimiento de cabeza, Leonardo agarró el tronco de mezquite dándole un trancazo en la cabeza a Vicente, éste cayó desmayado al suelo, mientras Eusebio tomaba el palo para rematarlo, destruyéndole el cráneo. Ya muerto el hombre, le quitaron la ropa, e inmediatamente Eusebio con ayuda de Leonardo empezaron a cortar la piel (con una navajita de rasurar) del ombligo hacia abajo para quitarle la bichora y los huevos para disecarlos por un tiempo, mientras Basilio vigilaba la puerta y Adelaido alumbraba con la vieja cachimba. Con paciencia cortaban la piel, sin preocupación alguna a pesar de que sólo tenían unas cuantas horas de la madrugada para hacer limpieza y no dejar ningún rastro que lo delatara, excavaron un hoyo en el mismo cuarto de la casa y enterraron los restos del hombre. Al finalizar se tomaron una botella de vino tras el triunfo que habían logrado.

El comisario Vicente Ruiz, y curiosos.

Pasaron los días y don Felipe, el cohetero, veía que no aparecía su hijo, tenía un presentimiento que le apretaba el pecho, entonces decidió averiguar con quién se había ido su hijo el último día que salió de casa; nadie le daba señal del desafortunado, cuando un yoreme lo encontró y le dijo que la última noche lo había visto en la cantina con Eusebio.

Don Felipe, se dirigió a la casa de Eusebio para preguntar el paradero de su hijo.

—¡Buenas tardes, Eusebio!

—¡Quiubo, don Felipe! —respondió Eusebio.

—Pos me dijeron que vieron a mi hijo contigo la última noche que lo vieron y vengo a preguntarte si te dijo pa dónde iría —mencionó don Felipe.

—¡Ah, jijo! Pos creo que se fue rumbo a la loma a comprar más vino pues quería seguir tomando y de ahí ya no lo volví a ver —contestó Eusebio.

El viejecillo, con la esperanza de encontrar a su hijo, buscó en los pocos lugares donde vendían aguardiente y en la cárcel municipal nomás le dijeron que no lo habían visto.

En poco tiempo, habían desaparecido tres hombres del mismo poblado y el viejo Felipe, ya preocupado, fue a preguntar otra vez al Chebo que si dónde había visto a su hijo y en qué lugar lo había dejado.

Eusebio, ya un poco enfadado por tanta insistencia de don Felipe, se disgustó y le gritó:

—¡Don Felipe, no estés fregando conmigo! Yo no sé de tu hijo, tal vez se fue para otra fiesta o para Sinaloa, ¡no chingues!

Don Felipe no se fue conforme con la actitud de Eusebio, ya habían transcurrido 12 días de la desaparición de Vicente, mas el viejo consultó con una bruja para saber del paradero de su hijo y ésta le contestó que se asomara a la casa del hombre a quien le acababa de preguntar y que allí estaba su hijo. Con un fuerte presentimiento se dirigió hacia la casa de Eusebio, se asomó hacia dentro aprovechando que Chebo no estaba, y su corazón se estremeció al ver que en la pared de adobe estaba colgado el sombrero de su hijo. Fácilmente lo reconoció y su corazón latía como si fuera a salir de su pecho, rápidamente intentó salir de ese lugar pero al cruzar por el patio de la casa, de repente Eusebio estaba enfrente de él y le preguntó:

—Don Felipe, ¿qué anda haciendo? ¿Ya encontró al Vicente? —lo veía con una cara de aspecto tenebroso.

Don Felipe, con gran astucia, y disimulando sus nervios le contestó:

—¡Je! Ando viendo ese brazo de tu pino, me gusta para hacer el castillo de la fiesta del Espíritu Santo.

—¡Ah, pos llévatelo don Felipe! Ven, entra a la casa, yo te ayudo a cortarlo— le dijo Eusebio, con planes de matarlo en ese mismo rato para que no anduviera insistiendo el viejo alrededor de su casa.

—¡Nomás voy por la carrucha a la casa, orita regreso! —insistió don Felipe.

—Ta bien, no te tardes, aquí te espero —respondió Eusebio.

Cada paso que daba don Felipe sentía que sus piernas se le hacían como de trapo, por más rápido que quería caminar sentía que su cuerpo no respondía, pero no podía mostrar el miedo que sentía pues Eusebio lo descubriría. ¡Qué iba a regresar por el brazo del pino! ¡Puras mentiras, ni loco regresaría! Nomás llegó a su casa, tomó agua y se fue de paso con su compadre Francisco Vázquez, el delegado del pueblo a denunciar lo que había visto.


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Al ver la seriedad del asunto, don Francisco fue por su sombrero y partieron a pie al ejido Moroncarit, con el comisario Vicente Ruiz para denunciar los hechos. El comisario los escuchó muy atento, ya había tantos desaparecidos en el mismo pueblo, y montando a caballo con rifle en mano se fue a investigar el caso rumbo a Bacapaco.

El comisario interrogó a Eusebio sobre Vicente Buitimea y el porqué estaba el sombrero en su casa, por lo pronto estaba amarrado de manos y pies como presunto sospechoso. La gente se empezó a remolinar en la casa maloliente al enterarse de lo que estaba pasando. Era ya tarde y a Eusebio le dio hambre, entonces mandó por comida a la casa de su madre y su hermana Regina fue a llevarle la tortillas.

—¡Hermana Regina, me tienen amarrado aquí culpándome sobre el Vicente! —dijo Eusebio.

Pa pronto Regina le contestó molesta:

—¡Ora, cabrón! ¿Y qué quieres?, ¿qué te defienda? ¡Si ya mero te comiste también a mi hijo!

A Eusebio le palideció la cara, no pudo ni hablar, hasta el hambre se le fue por la acusación de su hermana frente al comisario y la gente argüendera que estaba alrededor. Tras una largo interrogatorio del comisario a Eusebio, él negaba los hechos e insistió en ir a defecar al monte, le desataron las manos y pies, en la primera oportunidad que tuvo se escapó a toda velocidad; don Vicente hizo un tiro al aire para que se detuviera y causó más pánico entre la gente. Eusebio, muy astuto, corría en medio de la sequía —pues no tenía agua— rumbo al poblado del Riíto Mazaray; el comisario corrió a ensillar su caballo para alcanzarlo, mientras tiraba disparos al aire y Eusebio, más que correr, parecía que volaba, ni el comisario con su caballo a todo galope lo podía alcanzar, así corrió como cinco kilómetros, parecía que el malora lograba su cometido pero su suéter lo frenó al quedar atrapado entre los brazos de un árbol de Bacaporo.

El comisario le dijo que regresara a su casa, que él lo iba ayudar a salir del problema, que nada más le harían preguntas de Vicente de cuándo lo vio por última vez, del modo que lo convenció y llegaron juntos de nuevo a Bacapaco con el presunto culpable montado sobre el caballo a su lomo, sin amarrarle las manos y los pies. Los mitoteros todavía esperaban en la casa de Eusebio, para ver lo que había pasado; cuando los vieron llegar se alarmaron y empezaron a cuchichear, algunos ancianos regañaron al comisario por no tomar las debidas precauciones, que si no temía que a mitad del camino Eusebio lo atacara por la espalda o peor tantito, que lo hubiese matado y se escapara con el caballo. El comisario, con toda serenidad, contestó que cuando un hombre con culpa tiene miedo ya no hace nada.

***

Ante el comportamiento de Eusebio, el comisario lo trasladó a la cárcel de Huatabampo para levantar el acta.

Ya en la comandancia de policía, ante los interrogatorios y el verse acorralado, confesó únicamente la verdad sobre el destino de Vicente Buitimea y quiénes habían sido sus cómplices.

El comandante de Policía Municipal, Eligio Lico Matus Navarro, procedió a que el siguiente día trasladaran a Eusebio Yocupicio con una comitiva armada por Francisco Palomares Puente, jefe de la Policía Judicial del estado; Emilio Morales, cabo de la Policía Urbana; el licenciado Ernesto R. Coronado, agente del Ministerio Público y el licenciado Pascual López Quijada, juez de Primera Instancia para que hicieran las primeras investigaciones y procedieran a la captura de Adelaido, Leonardo y Basilio.

La noticia corrió como reguero de pólvora. El día 13 de abril de 1950, el pequeño Bacapaco se hizo grande, parecía hormiguero de gente conocida y desconocida, ya ni en la fiesta de la Santísima Trinidad se juntaba tanta gente.

Una vez en su casa, sin temor alguno, Eusebio indicó el lugar donde había enterrado a Vicente. Dentro de la casa oscura y maloliente, los yoris entraron a inspeccionar el lugar, cuando un policía puso su mano sobre la pared y en la oscuridad tentó un objeto fresco y aún con vello púbico, luego mandó por una lámpara de pilas y al alumbrar, grande fue su asombro, sobre la pared estaba un pene erecto aún con la piel fresca, clavada en una tabla sobre la pared, y en el otro cuarto encontraron más miembros disecados y un par de pechos de mujer.


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Eusebio ya se encontraba nervioso; Adelaido, Leonardo y Basilio, sólo callaban con la mirada hacia el suelo, sujetados de manos y pies con cuerdas de ixtle bastante resistentes y con la multitud alrededor, esta vez ya no habría escapatoria. En el brazo del pino que le había gustado a don Felipe para construir el castillo, los colgaban para que confesaran sus crímenes, la yoremada vociferaba maldiciones contra ellos, mas el maldito de Eusebio se reía a carcajadas como si no le importara el dolor o la asfixia, y más temor entró a los presentes cuando el brazo del árbol se partió por la mitad y con un gran estruendo cayó al suelo junto con el Chebo.

Después de horas, confesaron que habían asesinado y castrado a Lorenzo Valenzuela Bamayoa, al joven Santos Valencia y a Vicente Buitimea e indicaron el lugar donde los habían enterrado clandestinamente. A los cuatro asesinos les dieron palas para que exhumaran los cuerpos putrefactos; al excavar, el tufo hediondo se volvía insoportable.

Ya pasado mediodía, los familiares pidieron que se les diera comida a los cuatro asesinos; sin lavarse las manos que habían agarrado los restos putrefactos comieron sin molestia alguna, no cabía el asombró en la gente que vomitaba y se tapaba las narices al ver esto.

Colocaron los cuerpos en un carro torton del municipio para hacer la autopsia de ley. A los cuatro asesinos, amarrados de pies y manos, los trasladaron a la penitenciaría de Huatabampo para los interrogatorios de los crímenes. Así daba inició el famoso caso de los Huipas, cuatro yoremes mayos que cometieron una serie de asesinatos crueles y salvajes debido al satanismo, rencor, homosexualidad prohibida, la borrachera y el analfabetismo en el que vivían.

Al centro Eusebio Yocupicio, Leonardo Huipas, Adelaido Huipas y Basilio Humo, detenidos, ante los restos de dos de sus víctimas.

Huipam Yólüturia Entok Jabe Sussuayo

Bem jiapsipo yew weyei jabemew kusti enakewi, Chéebo ka kia junen tawanake Vicéenteta juena si aw nokaka béchïbo, jü tukarit a a mëbareka eyyai, të ka a yawak buetuk jü tuikarit kaaram jiapsita aw üwai, bueituksu watem aáma aanei bem noknatsakau bitchakame don Aureliano táanichipo.

Binwa naateka Chéente Eeusebiota a abuai aw a jamutle béchïbo, a nokaw ka junaktei, júnel kuja Chéebota kom a ëmachilei, bueituk su Chéebota tâyai a jachinatukai bueytuk suk aapo amak bobotei, wari béchïbo Léencho aw öwlei Chéebota jiokot yä béchïbo.

Chéebo a adobe kariwi yepsak täta áman wétcheyo, jüpa báanko kuttat yéxtek a joaw Jöta puxbapo a jipureipo. A jiapsipo ka türirata aw íneha,buewru jiabiteka wosa lulha chonteta biutek, wanay a joaw kiibakek jak aanimal mukila júbasi entok juyya jittoamaki naw kutilasi chïcha jubaapo, kia wépü jíniam öra joa öra puertapo chaalataka jak tü batorim kabepo. Ketune ke je kachimbata tayäk Leonardo, Basilio entok Adelaido aw yajjak jiba jak tükarimpo naw yayajai. Ju túukarichi jitaa taapo Léenchota bem ménake tawata bitcha entok waatem öwim bem mëbarewi.

Wanay ju taywari yepsak aabril metta 1950 ta ketweyopo, ju Vicente Huatabamew siikai boota mayoa weyyei, wanay Ju Eusebio a bitcha, lawti juenasi atchek. Láwti bem samarium nunnuk, naw acuerdota yawak. Basilio entok Adelaido Eusebiota tua tawanake entok Eusebio entok Leonardo arañam chayak wanay Huatabamewui rumbopo siika may alheka weyey.

Jum Pueblopo juka Vicenteta jaría wanay jum kaantinapa a tewak , may alehaka jeeye watem nakoram Lomata joawi, wanay amey yewyepsak, amew betana yeesak, tuysi alheaka vinota jeyei, watem oomteme, entok bari jiawnake te lawti kuptitaitey.

Tuysi namukiram jumuy yew siika, nawim siika jum aranyampo eriawi lulha, bakariapo rumbopo yew ssika, juri tukarichi tuysi ka machiakai, senu bawis kia amew násuk nïnake. Chebo yantisi aanei, te lawti alhenake. Entok Leonardo kia a bibitchai.

Júneli kaarichi waixa kiimuk senu kaachimbata jiba ama ili mamáchïria jumui waixwa ju Adelaido entok Basilio am bobitchai. Beja júnëyai jáchisü yaanake , Leonardo naas juka juupa kutta bettesi táwak, juka Chevota jiawi bobitchai. Jume naikim juka Viceenteta nookim jikkai sïmeta mausi ächei, láutti ju Chebo juka kobata naswike entok besa jiawa, Leonardo juka kutta buissek wanay juka Chenteta kobba sútti a beppa, kia láwti wetchek, wanay Chebota a anía juka kobat jámtia. Beja ka jiapsitukai ju owi, àa sankota uwak wanay láwti Leonardo ta beewa

chuktiataiek láwti Ju Chebo a anía juka bichom ento jume kabbam láwti chúktiak, Ju Basilio puertata suayai, kaabe a am bitnake béchïbo entok ju Adelaido juka Kachimbata nuuyei wanay sïmeta Vicenteta mäsuk kari waixwapo. Kia kayta ënake, sïme tukarichi juka tekilta yaanake. Marikaroapo ka obiachisi juka kárita tútënake wanay láwti jiitaitinake tüysi alheaka entok kusti machisi abbuanake.

Jume taywarim siika entok ju Vicente jákun kabetukai, ju don Felipe, Vicente átchai, kaabetuko beja ka alheyay a jiapsi jita bettesi eyai, wanay a járïatebo yew siika, të kaabe razón ta a makka, tüysi sirokaka weyei të senu öwi a éttejo wári tukarichi Eusebiotamak a bitlaukai.

Wanay ju ili öla Esusebio joawi siika a asoa natemaiseka weyyei.

—¡Ketche alheya, Chevo!

—¡Ketturi, Jeripe! —jiawa Eusebio.

—Pos senu yoreme ne texwak juka Chente

emokak bitchak wari tukarichi, ne che texwa si jakun lulha siika

—¡A jijo! Pos aapo Loma lulha yew siika pomti nuseka jiawa, wámi ka a na bitcha —a yómmia Eusebio.

Ju öra juka bem ásoata bitmachile ketune ámäni a jariwseka sika, sïmat nátema jákun a bitlatukai, te kabe juneyay.

Tuysi sirokaka a joawi yew notte, siime naa jum juyyapo, sekiam, karceliwi, Kaantinampo a jaría te kaabe.

Ka sualmachi, jume baix owim kabetukai, kaabe am bitlatukai, ka mekka yew sisimei buetuk ka yorinokka tayai të ju don Felipe ka yanti tawak wanay Chevota jow siika, a asoa natemaseka siika, aw waate iha jakun tawakalatukai.

Eusebio beja ka yantisi eyai, juka örata wox natemaksu tiyya, wanay tuysi ómteka a yómmia.

—¡Don Felipe Ka te chicha jiawa! Inapo en asoa ka ne júneya, jibatuwa jákun paxko siika o Sinaroapo bicha, ¡beja yanti ne tojja!

Don Felipe ka yanti taawak juka Eusebiota yommiari bechibo, beja 12 taywarim amaw tawalatukai entok ju Vicente kabetukai. Te ju Felipe a jiapsipo ka yanti tawak wanay senu móriara a ásoa natema ju jámmut ineli a teswak juka owta Vicenteta che bat natemari entok juenasi a yommiakari wami jow a asoa tawalatukai, Chebo jowta yew nottek juri kabetukai, amani waixwapo yew bitchak, wanay a jiapsipo láwti tutubuktek juka Vicente móberi samipo katekai, láwti jumuy yew siika, paaku ámani ju Chebo a nankek wanay aw nátema.

—Don Felipe, ¿jítase imi joowa?, ¿beja yepsak ju Vicente? —may juenasi a bitchak.

Ju Felipe aw ówleka a yómmia, ka maxweka bénäsi. —¡Je! em pino kutta a musawleka tawak juka kastiom béchîbo komcheptewa paxco béchïbo.

—¡A ke a wéria Felipe! inapo enchi aníanake, binne weyye, in joaw waixwa —inéli a yommia ju Chebo ta a mebareyo eyai ka a jow chíkola chicha werameyei.

—¡Chubala ne bobitch! Juka kaaruchata in jow nuuse.

—Jeewi, lawte yepsak, imini enchi bobitnake —jiawa Eusebio.

Don Felipe wokim walkosi eria ka ara cheptek, ka ra bamseka weyyei, a takawa kia amaw wiwikei eyai, te ju Felipe úttiata yawak ju a mauxria ewsuk ka Eusebiota a bitnake bechibo ¡Jitasa nottinake juka kuttata nuubechibo! ¡Ni ka rokosi nottinake! Kia a karipo yepsak bä jeeka wanay láwti a Don Rancisco Joaw yew siika Bacaparia yahutra a juneriatebo.

Rancisco, juka Felipeta yoluturiam nokkim jikkaja, wanay a móberita nuuka, chubala a bobitachak wanay Moroncarit joara lulha sajjak Eusebio naatua béchïbo

Wokkimea sajjak Moronkaripo lulha, juri joara yepsayo, juka Vicente Ruiz jow yepsak, ju yahutra am jikkak wanay ka túreka taawak baix owim ka yew machilatukay jum bacapariapo , wanay láwti a wikota mammam weriaka a kabaipo yew siika bacariapo lulha.

Ju Yahutra Eusebiota aw natema jachimpo juka Vicente móberita a karipo katekai, lawti Eusebiota a mamman entok a wokim summak. Jume áma joakame amani montotaitek juneriabare jita ama wemta, beja baixim jiawa entok Chebota beja tebauretaitek wanay juka buabuanta ayewa nuusebo, wanay a sayla Regina tewakai, taxkarim aw tojjak.

—¡In sayla Regina, imini ne summala Juka Vicenteta nechem yew buisbaare jáchimpo ka yew machilutai! —Jiawa Eusebio.

Ju Regina tuysi nokaratukay ineli a yommiak:

—¡Ora, cabrón! ¿Jítase waatia? ¿enchi ne jinehunake? ¡Si empo in ásoa beja buabaure!

Eusebio puxpabo kia sawalisi aika, ka ara nokaka tawak, entok ka tebaureka tawwak juka bubuaanta kia jumuy tojjak buetuk ju komisariota entok jume bátorim nonokaram am jikak. Ju komisariota aw natemak jakun Vicenteta bitlatukai o jítasu a yalatukai te aapo kaita yommiai, wanay buitbarey jiawa, wanay juyyapo siika te amani am tö buitek, sekia amani kia nïseka buibuitek, wanay ju komisariota juka tirota jeekapo mayak láwti kabaipo aw saw buittek jeekata put puttiak të ka ara jajáse Chebo tuysi úttia buibuite, jume ama naw ruptilakamme tuysi bayteka, muy masweka tawak.

Ámani Riito joaram böjoway te beja batwepo yebissime wamy juka wakaporo kutta a Chevo sankopo wikkek ámani ka yew siika.

Wanay ju Vicente a teswak juka jita a yaalatukai am yew buisnake aapo a aníaroka , jakun Vicentete bitlatukai, jitasu aw nooka, ju chebo ka jialmachisi aw saw notte a kabaimpo wipopo a yew siika, ju komisirarota tokti ka sualmachisi yawak juka chebota ka mamam sumaka amapo ketchak, tokti ka masweka buittek.

Júneli Bakaparia joara yepsak, jume bátorim ama naurupteko kia am bitchai watem tuysi nooka juka wenta.

Jume ölam aw nooka jáchimpo ka masweka juka Chebota amapo weriaka yepsak, wanaisu si ámani juyyapo ju Chebo a jiapsiw uwanake o kobbapo jamtianake a kabay ebbuanake wanay amani a tö buitinake.

Te ju yahutra a jiapsipo yanti jiawa juka Chebota masweka werama kayta yaanake.

Ju Eusebio ka tulisi nuuka wami wepo ju komisario a takawa summak wanay aw natemataitek jaweisuk bitlutay, jitasu Vicenteta yawak, si apo móberita jipurekay jakusu a uwak, te Eusebio ka am yommia. Wanay wattabamewi karcelipo yew buissek.

Ámani juka Vicenteta a mewaka jiawa entok jábesu anía juka Leonardo, Basilio, entok Adelaido nátua.

Juka machisi wemta , ju komandante Liko Matuz, tawim yahutram nunnuk juka Francisco Palomares Puente,yahutram estatalpo anei, Emilio Morales, cabo yautra, Lic. Ernesto R. Coronado, ministerio público entok Lic. Pascual López Quijada, juecim watabamewi.

Ju jiawri kia polvorata chibelasi buitek, aabril metta, 13 cincuentapo, sïme bátoram joaram chikola amam yajjak, ju ili Bacapariapo buewrusu yawak, eyyem joawi bénasi aanei ni juka buere paxkota ka yun batoram naw tojjak, jitasu ama wam wepo bitbarei juka mukiram amam maalatukay.

Jum Bakapariapo bejasu naw ruptilatukai amam karipo wanay ju Chebo nooka jakun Vicenteta maalatukay junéli a yew buikkek. May chicha juubiakay.

Wanay ju yahutra waixwa karipo kimuk te tokti ka machisisi bitcha, a mámmam samipo ketchak te kia te jita sebesi mamtek wanay senu tajiria nuusebo ka sualmachisi tawak, jume bewam entok jume bichoram ama samipo chakai entok senu jammut pippim ket ama chakai.

Eusebio beja ka yanti anei, Adelaido, Leonardo entok Basilio kia kom bicha bitchai, eni ka aram tö buitek, tokti sumalatukai, simem batoram tuysi omteka a am bitchai. Wami jum kutachi Felipe musawlekai aman am chayak jume yahutram am bessutaitek wanay juneli nooka, jabesu melatukai juka Santos Valencia entok Lorenzo Valenzuela Bamayoa karipo waixwa maalatukay të tokti bem bichoram chuktiaritukai.

Lulha yexteko wanay jume naikim yoremem wawaim buabuam mikiha wanay am jibuayo ka bem mamam baxsia, tüysi chicha machitukai bueytuk jume mukilam mammantei kia ka chicha machisi jibuai entok jume bátoram nas chíkola ama anei ka sualmachisi am bitchai.

Júneli jume wawairam ka sualmachisi tawak, tuysim tiwek. Jume Eusebio entok Adelaido ayewam tokti rokosi buanai entok watem wawaim mukiram bétana tüysi ómtem, jume yahutram am yew tojja watabamewi lulha, Jume naiki owim ka yori nookai jítasu bem kobapo pasarua jibatua bem ka jita táyari, bem jiapsi ómteme, aw jámutle béchïbo wámi tiempopo ka tua tuysi turi a bibitchai.

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