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15 años de MUTEK México

Hablamos con Damián Romero para destacar momentos durante los quince años de MUTEK y conocer la relación intrínseca que tiene esta plataforma con la Ciudad de México.

por Lucas Alberto Benítez
01 Noviembre 2018, 8:09pm

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Crecer en una ciudad es vivir dentro de un organismo vivo grande, pero una como la Ciudad de México te traga si no soportas su caos ni entras en sintonía con sus cambios. Hay que entender cambios en un sentido amplio de la palabra y tomar en cuenta variables económicas, políticas, sociales y culturales; es un lugar difícil para las plataformas culturales enfocadas al arte, pocas pueden aguantar la marea en contra y una de ellas es MUTEK México––que además cumple 15 años en esta edición.

Quien ha estado a cargo de la dirección de MUTEK México desde antes que fuera una plataforma y festival internacional es Damián Romero. La primera vez que Damián tuvo un acercamiento con MUTEK fue durante la segunda edición del festival. Él había sido invitado por Mike Shannon a quien conoció a principios de los dosmiles cuando Mike vino a tocar al Technogeist en la ciudad conocida como Distrito Federal.

En MUTEK, Damían tendría una experiencia reveladora ante los contenidos, diseño y actos del festival como Narod Nikki. A partir de ese momento empezaría de manera orgánica una relación con la MUTEK de Montreal para armar algo en conjunto con la Feria de Libro en Guadalajara y en 2005 lograr la primera edición internacional de MUTEK México. Desde entonces ha crecido para transformarse del “bicho raro” a un nodo importante de la red global que MUTEK es en la actualidad.

Ya que los lustros son una manera peculiar de medir etapas, hablamos con Damián acerca de un momento y espacio de MUTEK México en cada quinta edición, así como la relación intrínseca que tiene con su entorno urbano.

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NOISEY: ¿Cómo fue la lucha de replantear y comunicar que MUTEK no correspondía a un tipo de fiesta masiva?
Damian Romero: Yo creo que desde el inicio, la idea de hacer MUTEK en México tenía que ver con un tema de apreciación. Claro que seguía presente el fenómeno rave y fue democratizando así como abriendo las cosas de manera masiva, lo cual lo convertía en algo sumamente interesante; pero al mismo tiempo se estaba alejando la verdadera noción de las cosas que hay detrás… es decir la apreciación, el arte detrás de las cosas.

Se estaba yendo completamente al mundo de lo que es el tabú de la música electrónica, estaba muy relacionado con la fiesta, las drogas y sólo ir a bailar, que también de alguna forma tiene su parte, pero se estaba desviando a otro lugar (que aún suele suceder). MUTEK siempre ha tenido la visión de ser una plataforma que muestra el trabajo y el arte, además de darle su lugar y respeto a lo que está detrás de la creación en todas estas diferentes manifestaciones, porque justo no solo es la música; hay muchas otras cosas más.

Siempre hubo ese foco de diferenciación de la parte frívola y superficial que se genera en ambientes festivos y por ende también las ambiciones de gente que buscó politizar todo el movimiento como algo cultural, cuando en realidad no se estaban deteniendo a ver qué era lo que estaba sucediendo; y como consecuencia terminaba siendo un producto de entretenimiento.

No digo que esté mal, a mi me tocó vivir los primeros raves en la Ciudad de México (antes Distrito Federal) y era una revolución porque era algo novedoso, se trataba de música relacionada con temas de alteración emocional y como generalmente sucede en los movimientos culturales relacionados a la música son euforias, pero también suelen pecar en irse al lado superficial.

Creo que MUTEK tuvo como objetivo desde sus inicios crear la plataforma para que también las formas evolucionaran y no se quedara en la estética o cosas del momento; un tema central para MUTEK ha sido profundizar la creatividad de la gente, darle un valor, y sostener eso ante la sociedad. Eso solo de la música, si hablamos de la sinergia con otras disciplinas y técnicas, se vuelve un fenómeno que se va haciendo cada vez más impredecible y por lo tanto cada vez más nuevo.

Definitivamente hay una relación intrínseca entre la Ciudad de México y MUTEK, ¿cuáles crees que sean las intersecciones o quizás impactos más significativos que han habido alrededor de los años entre este entorno urbano y el festival?
La ciudad siempre ha sido el lienzo del festival por su diseño, naturaleza y también por nuestros objetivos de buscar espacios que generen un diálogo con los contenidos que mostramos y por lo tanto trazar una experiencia mucho más trascendental.

Siempre se ha nutrido el festival gracias a la ciudad, hemos sido muy inquietos en buscar espacios que no se usan o son inusuales, muchos de ellos también generan un entendimiento y una valorización por las instituciones que permiten que estos contenidos logren entrar a sus espacios.

Creo que al final del día, la ciudad nos ha aportado mucho y hemos aprendido manejar el proyecto dentro de la ciudad que es completamente caótica en todos los sentidos de la palabra. Es una ciudad sumamente compleja, nos hemos visto a la dura tarea de estar siempre pensando en cómo desarrollar ideas que parecerían poco probable de desarrollarse y creo que con el paso del tiempo, una de las virtudes del festival ante el ecosistema institucional ha sido precisamente nuestra historia de trabajar en tantos espacios con aquellas características.

Hemos evolucionado con la ciudad, la movida cultural hace quince o dieciocho años era otra totalmente distinta. La accesibilidad pre-internet, el conjunto de personas incursionando en riesgos en cualquier de las artes que me digas o cualquier de los aspectos era nulo. No había diseño gráfico, ni la gastronomía que hay en día ni promotores aventureros. Fuimos aprendiendo, porque éramos unos amateurs, tuvimos un montón de golpes contra la pared y mucha prueba y error, pero poco a poco fuimos partícipes de la evolución cultural de la Ciudad de México

Lo que nos llevó a nuestra situación actual es la persistencia, haber estado ahí ante todas las adversidades, nunca interrumpir ni soltar el proyecto con el paso de los años. Hasta el día de hoy ha sido una larga historia, también la cuestión generacional es muy asombrosa, vivir y tener un producto que ofrecer a gente más joven que puede traer lo suyo y quizás yo ya no pueda comprender por mi realidad generacional.

Es muy divertido estar entendiendo cómo se están comportando las cosas alrededor, qué significa crear una comunidad, escuchar a esa comunidad porque ahora tenemos canales para establecer un diálogo. También cómo puede uno coexistir, mejorar su producto y confiar en lo que es, saber que lo que haces aporta al ecosistema de lo que hoy es la Ciudad de México, no somos los responsables, pero sí contribuimos a este entorno.

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Vamos a hacer un recorrido de recuerdos de MUTEK México dividido por lustros, ¿qué espacio refleja la faceta de la edición que conmemoró los primeros cinco años?
Creo que algo muy representativo para el primer lustro fue cuando hicimos la primera edición internacional en varios museos y sobre todo diría que el Espacio Escultórico de la UNAM, eso fue en 2005 y todavía no sé cómo le hicimos.

No teníamos la experiencia de hacer algo de esa dimensión, éramos un grupo de personas que nos juntábamos y cada quien tenía su posición.

Te podría decir que fue algo esencial poder contar con el Espacio Escultórico tomando en cuenta que ese lugar dejó de ser un espacio vivo para el performance. Sin duda es un suceso muy memorable porque era un evento gratuito, vino mucha gente, y la pieza que presentó Robert Henke fue genial porque fue un diálogo real con el espacio. Nunca más pudimos volver a usar ese lugar, y de hecho fue la época en que Jorge Reyes hacía los conciertos del Día de Muertos, de alguna manera también pudimos ser parte del final del uso de ese espacio para este tipo de fines.

Siguiendo esta misma pregunta, cuéntanos sobre la décima edición
Aquí empezar a levantarnos después de la crisis del 2008, que ahí sí nos dimos contra la pared con ganas, en ese año fue justo cuando desaparecieron festivales; nosotros no cancelamos, aunque nos dimos un gran trancazo.

Fue duro porque en octubre sucedió la devaluación y por ahí de marzo fue la influenza, entonces todo lo que teníamos pensado hacer se tuvo que modificar. Yo en lo personal, no pude hacer nada en un periodo muy largo, tuve que agarrar una chamba para pagar todo lo que se tenía que pagar.

La edición diez fue una reafirmación del formato, empecé a trabajar con mis amigos y socios comerciales de COLOüRS que me ayudaron a levantar los patrocinadores y empezar otra vez a darle fuerza al proyecto. Es algo de lo que siempre estaré agradecido porque fueron determinantes para construir el proyecto a nivel financiero y poder darle vida de nuevo.

Esta edición fue muy fuerte, los públicos crecieron, la experiencia creció y se sintió que había un comienzo una vez más pero de manera distinta. A partir de esta edición se logró que el proyecto se sintiera mucho más coordinado, así como atendido técnicamente, fue donde pudimos presentar ‘ISAM 2.0’ de Amon Tobin en el Campo Marte como un tipo de proyecto con más esfuerzo técnico, despliegue y diversión.

A nivel de consolidación y nuevos públicos, la edición 10 tuvo un rol muy importante en nuestra historia como festival.

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Ahora, háblanos del lustro más reciente y que celebraremos la cuarta semana de noviembre
Para este lustro creo que el año pasado fue determinante para no dejar de tomar riesgos, encontrar nuevos espacios y subir la experiencia de nivel. Para mi en la Fábrica fue un nuevo capítulo de hacia dónde queríamos llevar las cosas y cómo lo queríamos lograr, independientemente de que eso pudiera ser un riesgo gigante por alejarnos de la zona de confort.

Creo que fue una aventura intensa, porque pensé que al ser tan atrevido podía darme un coletazo, pero afortunadamente las cosas salieron bien y se tomaron las decisiones correctas. Eso sí, fue un año de duro, sobre todo en cuanto a lo emocional ya que hay que tener en cuenta y recordar los terremotos de septiembre.

Tuvimos que rearmar el equipo ante toda esta situación, ya que varios integrantes estaban viendo por sus familias, sus hogares y cosas. Fue complicado pero gratificante reconstruir todo en pocas semanas y hacerlo de una manera positiva como utilizar la infraestructura de nuestra plataforma para comunicar el apoyo que se necesitaba. La edición del año pasado fue inigualable porque nos retó a tomar las decisiones correctas, y creo que como resultado nos sentimos agradecidos de cómo cerramos el año.

Este tercer lustro fue un punto sumamente especial e importante para nosotros como equipo de trabajo.

Para concluir nuestra conversación quisiera saber, ¿si pudieran corresponder en esta relación que MUTEK tiene con la ciudad, qué cambio les gustaría suscitar en este entorno para reconfigurar la nueva etapa (el famoso sexenio) a la que está a punto de atravesar?
A mi lo que me gustaría sería que todo este trabajo hecho durante tantos años nos sirva para poder convertirnos en algo que abarque más, porque somos una plataforma anual pero nuestro festejo sucede una vez al año, no solamente local, también internacional y hay un montón de cosas que se pueden hacer.

Realmente espero que el nuevo gobierno y que las políticas culturales junto con todo este tema de inclusión de la sociedad que podemos leer ahora como discurso político, recaiga más allá de nuestro beneficio en algo que sirva para valorar el ecosistema de los proyectos independientes DIY que hay y que sea han respaldado de los apoyos de nadie porque no han existido los apoyos.

Me gustaría que pudiéramos ser parte de un consejo de asesores, porque somos los que conocemos la ciudad, somos quienes han hecho todo esto en este entorno con lo que hemos podido tener.

Tengo la esperanza de que este nuevo modelo gubernamental va a tratar de escuchar a los actores culturales para poder lograr una gran cantidad de proyectos. En lo personal lo que me gustaría para el futuro de nuestro festival sería la democratización de nuestros contenidos en el espacio público y en todos los lugares donde la gente no nos conoce, que no tenga que ser del nicho para poder disfrutar de los contenidos o inclusive aprender de ellos. Considero que la cuestión teórica/práctica es sumamente importante, porque es educación y que además compete al mundo de hoy y a sus intereses que están vinculados con la tecnología.

Para mi es muy significativo vivir en la ciudad que vivimos con la energía que tiene, que escale en su conexión social con los espacios donde cruzan la mayoría de la gente, donde hay miles puntos de intersección desaprovechados, no hay espacio púbico, no existe el concepto. Sin espacio público, ¿cómo podemos hacer que la cultura sea permeable o que los proyectos puedan filtrarse en más gente? Deberían poder acceder por motivos culturales, y por lo tanto educativos.

Creo que es desaprovechar a todas las personas que hacemos esto, imagínate que hubiera estas iniciativas en las que todos nos juntáramos (porque aparte somos familia) para hacer proyectos de la ciudad en la ciudad.

Y todo esto tiene que ver con políticas culturales, tiene que ver con escuchar, con entender, contemplar que debemos preservar nuestras culturas y nuestras raíces, pero también entender lo que está viviendo hoy el mundo y cómo se está manifestando la cultura y la educación en las nuevas generaciones.

Romper esos paradigmas de la cultura tradicional con esquinas que pareciera que son productos dentro de cajas, y romper eso porque es lo que están pidiendo las nuevas generaciones, lo que están leyendo, viendo y escuchando en el Internet.

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